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viernes, 19 de julio de 2024

01421 Cuidar los Libros

 UNA NECESIDAD IMPUESTA


Los libros, al igual que los sentimientos y las emociones, conviene asearlos y revisarlos cada cierto tiempo.


lunes, 19 de febrero de 2018

00646 Las Citas a Ciegas

CON LOS LIBROS


Desde la biblioteca municipal de Sariñena se nos propone para estos días una “cita a ciegas con un libro”.  Una original idea que cumple su tercera edición y que en esta ocasión también cuenta con los lectores más pequeños. Tras una selección de medio centenar de títulos, en su mayoría de autores poco conocidos o menos prestados, los ejemplares son envueltos en papel de regalo. Se puede decir que son libros “sorpresa”, que no se descubren hasta que el lector los ha solicitado. Según la bibliotecaria del centro, Luisa Casañola, “la temática es muy variada y se da la oportunidad a nuevos géneros y autores, así como una segunda oportunidad a determinados libros”.

Con esta iniciativa se pretende que el libro encuentre su lector y que el lector encuentre su libro.  Me gusta la propuesta de mantener una cita a ciegas con los libros. Nunca se me hubiese ocurrido una cita a ciegas con la palabra, el sentimiento, el verso, la tradición, la fantasía, la intriga, el amor o el desamor, el apego, la confesión, la vivencia personal... y además, una cita envuelta en papel de regalo. Nada se sabe de ellos, ni de su decir, ni una reseña, ni un sugerente título, ni una portada que nos pueda atraer o atrapar. Nada, solo que están allí en espera de una cita.

Una cita atractiva y poco arriesgada, que ya no estamos para sobresaltos ni para aventuras descontroladas.




miércoles, 3 de mayo de 2017

00474 El Principito

"LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE ES INVISIBLE"


No me preguntéis el por qué, pero siempre que observo los narcisos de la terraza de casa, me acuerdo de "El Principito". Y me pregunto si coincidiríamos en el mismo discurso y significado más allá de la simple flor. En cual de sus reflexiones podrían anclarse; en la soledad, en la amistad, en el sentido de la vida, en la pérdida de lo que queremos... Seguro que alguna sorpresa me depararía. "Los hombres ya no tienen tiempo para conocer nada; compran las cosas ya hechas a los comerciantes; pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos"


No voy a confesar lo que imagino que son estas flores amarillas cuando en cada despertar les doy los buenos días. Mejor dicho, les daba. Como tantas otras flores, como tantas cosas, son excesivamente efímeras. Solo me queda ya el recuerdo de lo que fueron gracias a estas imágenes que me recuerdan, una vez más, a ese pequeño príncipe de otro planeta que un día se encontró con un aviador. "Esto que veo aquí no es más que una corteza. Lo verdaderamente importante es invisible"

He llegado a pensar que este blog, además de ser mi caleidoscopio vital, tiene algo, con perdón y desde la humildad, de ese principito que leí por primera vez siendo niño y que no llegué bien a entender. Sería unos años más tarde y en francés, cuando pude y supe apreciar la exquisitez y lecciones de vida que se esgrimían en todas y cada una de las situaciones que se iban produciendo en cada paso de página. Hace poco un amigo, asiduo lector de estas diez mil cosas, me dijo que era un "buen tuneador de la realidad". Soy falto de reflejos y en ese momento no supe si era una crítica o un halago. Conociendo a mi amigo, la rotundidad de la frase me sonó bien. "Se debe pedir a cada cual lo que está a su alcance realizar"

Por imaginar, hasta puedo fantasear cómo podría ser una conversación con este pequeño sabio principito. Mejor aún. No conversaríamos. Yo solo preguntaría y buscaría en sus palabras poéticas y serenas el remanso de las diarias y cada vez más abundantes zozobras. Estoy convencido de ello. "El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante". "Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente, es que eres un verdadero sabio" "No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo"

Algo más tenía pensado escribir, pero lo dejaré aquí. No tengo acuarelas con las que acompañar el texto como hiciera su autor. Sí en cambio, unos narcisos que cada vez que los observo y les doy los buenos días me recuerdan a él, a "El Principito" y del que aprendí que  "Cuando uno está muy triste son agradables las puestas de sol"

Y lo vuelvo a releer, "Cuando tenía seis años, vi una vez una imagen magnífica en un libro sobre la Selva Virgen que se llamaba "Historias Vividas". Representaba una serpiente boa que tragaba una fiera. He aquí la copia del dibujo.....











viernes, 7 de agosto de 2015

00090 Los Libros

MIS LIBRERÍAS

En alguna ocasión leí que a través de los libros que atesoramos en nuestras librerías,  podemos hacer un perfil de quien los posee. Puede que sea cierto, pero en mi caso, volvería loco a quien lo tuviera que realizar. Mi postura y gustos ante la lectura, como en tantas otras cosas de mi vida,  es bastante ecléctica.

En mis cuatro saturadas librerías domésticas y una decena de cajas que se apilan en el ya también rebosante trastero, "vive" el más del millar de libros que he ido recopilando a lo largo de toda mi vida. Poesía, novela, narrativa, cuentos, enciclopedias, colecciones, literatura, viajes, biografías... Libros que han sobrevivido a cuatro traslados de domicilio y a un buen número de avatares. Hago hincapié a esta situación porque habitualmente es en un cambio de casa cuando aprovechamos a desprendernos de objetos que el paso del tiempo los ha convertido en obsoletos o inútiles. Algo que no  ha sucedido con ejemplar alguno. Todos tienen su interés, su pequeña o gran historia, su momento estelar. Creo que nunca me he desprendido de un libro, salvo aquellos que en su día dejé y que nunca más regresaron.

Los libros forman parte de mi ADN y de mis vivencias. Todos tienen su razón de ser y estar. A todos les debo algo e incluso me recuerdan a alguien. Hubo un momento que hasta llegué a hacer fichas según los iba leyendo. Aún conservo el fichero que me hace sonreír cuando lo veo.

He de confesar que ahora leo muy poco y que últimamente se han incorporado escasos libros a mis estanterías. He perdido el hábito. Ahora tengo más tiempo y he vuelto a dedicar a la lectura el protagonismo que nunca debió perder. Pero cuesta. Mi cabeza se dispersa y pierde el hilo argumental más de lo habitual. Supongo que será cuestión de práctica y dedicación. De hecho, recientemente limpié una de las librerías y al leer algunos títulos, volvieron a recorrerme gusanillos por el estómago. ¡Eso está bien!, me dije. Es buena señal.

Finalizada la labor de aseo de los ejemplares, pensé que los libros son como los buenos amigos; no siempre puedes estar con ellos, pero sabes que están allí. Y eso, me tranquiliza





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miércoles, 4 de marzo de 2015

00020 Walt Whitman

VERSO LIBRE

Siempre he defendido la importancia, e incluso la necesidad, de tener a alguien a tu lado que te enseñe, forme e instruya. Necesario en cualquier momento de tu vida; vital en los años de formación académica. 

Mi gusto por la literatura se la debo a un profesor que tuve cuando cursé bachillerato en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca. Fueron solo dos años los que tuve la oportunidad de participar de sus conocimientos y de sus clases. Como tantos otros docentes, era un ave de paso para acercarse, en este caso, hasta Pamplona. No he vuelto a saber nada de él. No se imagina cuánto bien dejó entre algunos, quizás muchos, de los todavía imberbes alumnos. Salvando las distancias, cuando ví la película  "El Club de los poetas muertos", se me representó en Robin Willians ese profesor de literatura que me enseñó a entenderla y gustarla. 

Pasamos de estudiar a Lope de Vega, pongo por caso,  como escritor que se casó yo qué sé cuántas veces y que tuvo más de una docena de hijos y que 
escribió no recuerdo cuántos libros, a conocer el por qué de su forma de ser, el escenario histórico en el que se desenvolvió el escritor y su obra o  por qué durante su vida, sus obras tuvieron una mítica reputación. Y así autor por autor, a cada cual más apasionante.


Un día se presentó en clase con un libro de un tal Wal Whitman, "Hojas de Hierba". Recibimiento poco cálido. Poesía. En torno a 700 páginas. ¡Qué horror! Pero nada más lejos de la realidad. Comenzó a hablarnos de su vida, "considerado como uno de los más grandes poetas norteamericanos,  ejerció los oficios más dispares, desde maestro de escuela hasta enfermero,  pasando por carpintero o topógrafo. "Se inscribe en la transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico". No entiendo.  "Llamado el padre del verso libre y autor controvertido a raíz de la publicación de su libro "Hojas de Hierba", al ser considerado  como un trabajo obsceno por su abierta sexualidad". Esto ya es otra cosa, imagino que debí pensar. Y me atrapó, ¡Ya lo creo que me cautivó! 

Hizo conmigo muchos viajes y ha hecho también conmigo alguna que otra mudanza. Hace tiempo que duerme arrinconado en la estantería. Hoy me he reencontrado con él, con Whitman y sus "Hojas de Hierba". De mi profesor de literatura, Santiago Arellano, nunca más supe de él. No tuve la oportunidad de mostrarle mi agradecimiento. Lo hago ahora en esta locura que acaba de comenzar y que tiene como objetivo,  escribir sobre "Diez mil cosas que me gustan". Va por usted, Don Santiago.


"Llamo cantando a las rocas y a todos los árboles de los bosques,

a las llanuras de los poemas de héroes, a las praderas vastísimas,
al mar lejano y a los vientos invisibles, y al aire salubre e impalpable".






sábado, 21 de febrero de 2015

00011 20 Poemas de Amor...

... Y UNA CANCIÓN DESESPERADA

No recuerdo con exactitud mi gusto por la poesía. Sí en cambio, cómo llegó a mí la existencia de Pablo Neruda. Fue a través del poemario "20 Poemas de amor y una canción desesperada". Formaba parte de un jovencísimo grupo de teatro; todo por hacer, todo por descubrir y aprender, todo en lo que soñar.

Un libro de bolsillo haría las veces de manual para adentrarnos en el arte de la declamación. Ahora riendo, ahora llorando, ahora con indiferencia... Y cada verso era aprendido como una letanía. "Te recuerdo como eras en el último otoño..."



Los primeros amores frustrados se mostraban en las páginas una y otra vez declamadas. "Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras..." Hermosas metáforas despertaban sentimientos aparentemente desprovistos de palabra. "Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos..." 


Cómo alguien, lo normal y cotidiano, podía convertirlo en algo bello y magnífico desde la sencillez y desde esa misma juventud que tu sufrías y también disfrutabas.

 Ahora, ese mismo libro, antaño de hojas albas, lo recupero para recordarlo. Sus páginas huelen a descuidado olvido. Sus hojas han perdido el apresto y la blancura. Y en el poema 20, uno de mis preferidos, algunas manchas de café de alguna noche no dormida.







Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo, "La noche está estrellada, 
y tilitan, azules, los astros, a lo lejos"
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise,y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.