martes, 16 de mayo de 2023

01117 Las Patatas de Fin de Año

 SIN COMPLICACIONES


He comentado en alguna que otra ocasión, mi inclinación a denominar con nombres propios, de referencia o de situación, a determinados platos o elaboraciones gastronómicas. Mi listado en este sentido, empieza a ser amplio.

En esta ocasión, traigo, hasta este caleidoscopio vital, mi último bautizo a unas patatas al microondas, con mayonesa y una anchoa, o lo que es lo mismo, las patatas de Fin de Año. Fue mi aportación a la última cena de 2022.

Desde hace muchos años, en mi familia tenemos por sana costumbre, reunirnos en una casa de turismo rural para despedir el año y darnos los buenos propósitos para el siguiente. Al principio, la versión familiar era reducida, unos doce, y se elaboraba una cena al uso y para la ocasión. Para la comida de Año Nuevo, habitualmente nos íbamos de restaurante.

Con el paso de los años, la familia ha ido creciendo y se han incorporado a la cita otros hermanos. Por resumir, el año pasado nos contábamos en Enciso, La Rioja, muy cerca a la localidad de Herce, en número de treinta. 

Cuando la reunión comenzó a ser multitudinaria, pusimos en práctica la idea de hacer un concurso de tapas. Así, cada adulto tenía la obligación de hacer una tapa para cada uno de los asistentes. ¡Una barbaridad! El día de Año Nuevo todavía seguíamos comiendo tapas.

Los niños ya han crecido y son adultos, con lo que también se han incorporado al tapeo. La única novedad es que ya no hay concurso, fuera presiones. Que cada uno haga para el resto lo que le apetezca. No a todo el mundo le gustas cocinar, pero todos se empeñan en agradar. Lo cierto es que al final, sobre las alargadas mesas se exhiben deliciosos bocados y de calidad. ¡Otra barbaridad! El desayuno del primer día del año,  parte de la comida, y también de la cena, es a base de las tapas sobrantes.

Este año monté una tapa que pudiera gustar tanto a los niños, pocos ya, como al resto del personal y sus rarezas. Pensé en la patata como base, que gusta a todo el mundo. Luego era cuestión de darle un plus. Así que me incliné por la mayonesa y acompañarla de una anchoa. Las patatas están cocidas en el microondas, en unas pequeñas bolsas adquiridas en un popular supermercado. Una vez hechas, tardan unos siete minutos en cocerse, se sacan de la bolsa, se aplastan ligeramente, y se les incorpora una mayonesa casera y una anchoa de lata. Se culmina con unas escamas de sal Maldon, sin pasarse.

Cincuenta hice para la ocasión, y ni una quedó de muestra para el desayuno de Año Nuevo. 

 









lunes, 15 de mayo de 2023

01116 Una Tortilla Floja y un Tomate

 UN TOMATE Y UNA TORTILLA FLOJA


Clas, clas, clas, clas, clas..... Es el familiar y siempre reconocido sonido que sale de la cocina. Me hace sentir bien. No hay nada qué preguntar. Sólo esperar. Es todo muy obvio. Clas, clas, clas, clas, clas..... Quizás sea este el sonido más común de nuestras vidas, aprendido a la par que las cinco vocales. Una onomatopeya con olor a humildad, a reposo y sosiego necesitado. Clas, clas, clas, clas, clas..... Puede que sean los últimos. Si es así, entonces se hará el silencio. Un breve silencio hasta que se oiga una voz que invita a cenar.

Sobre el plato, la materialización de ese sonido amigo; una tortilla floja. No está sola. Le acompaña un tomate partido a gajos. Aunque pensándolo bien, no alcanzo a certificar quien complementa a quien. Se llevan bien. No se molestan. Saben compartir un espacio destinado al sustento, a un humilde, sencillo y delicioso sustento. No hay alardes ni florituras. Todo sobra y nada falta en el camino hacia las buenas noches.






sábado, 13 de mayo de 2023

01115 Las Salchichas con Salsa de Tomate Casero y Noodles

PLATO ÚNICO


Últimamente me estoy aficionando a los platos únicos. Desconozco el motivo, aunque posiblemente no lo haya. Me imagino que será una racha, como cuando me da por una fijación cualquiera. Ya pasará.

Esta situación coincide con mi enésimo desencuentro con el pan de mis amores y también de mis temores. Así, que la cosa se complica. Pero que no cunda el pánico, que en la cocina hay solución para todo.

                                                                                    El caso es que me apetecía para comer unas deliciosas salchichas de cerdo especiadas, bañadas en una de mis salsas favoritas; la de tomate casera, y que quedó ya registrada en este caleidoscopio vital, en la entrada 00919. Pero tratándose de salsa y de buena salsa, sin pan, mala cosa es. Por un momento, he estado tentado de hacer una excepción, pero no, he preferido buscar una alternativa. La primera opción ha sido un simple arroz blanco hervido; absorbe bien y con las salchichas se lleva divinamente. Cuando he ido a buscar a la despensa el paquete de arroz, mis ojos se han topado con unos sobres de noodles, finos fideos chinos, también de arroz. Y he vuelto a pensar. ¿Y por qué no?

Así, que me he puesto manos a la obra. He frito las siempre riquísimas y tentadoras salchichas de carne de cerdo, para a continuación elaborar la salsa de tomate. Aquí copio y pego lo que en su día escribí: "Su elaboración es muy sencilla. En una sartén se pone a calentar aceite de oliva virgen. Cuando esté caliente, incorporamos el tomate cortado a trozos. Una vez veamos que el tomate comienza a desprenderse del agua y empieza a hervir, incorporamos la cebolla, el pimiento, el ajo, la sal y la pizca de azúcar. Dejamos cocer todo hasta que todos los ingredientes los veamos ya cocinados. Solo restará triturar la salsa ayudados de un brazo de cocina y pasarla por un chino para que nos quede limpia de "tropezones".

La salsa podemos envasarla y conservarla en el frigorífico. Aguanta bien varios días. Bueno, la verdad es que no sé muy bien cuántos, pues en cuanto dejo el bote en el frigorífico, apenas le da tiempo a acomodarse en él".

Una vez obtenida la salsa, la he incorporado a una sartén grande y añadido las salchichas para cocinarlas a fuego alto durante unos cinco minutos. Mientras tanto, he puesto en agua hirviendo los noodles durante otros cinco minutos, los he escurrido bien y los he ido depositando en los platos ya servidos de salchichas con tomate.

Tengo que confesar que tenía alguna duda al principio, pero finalmente los noodles me han convencido, cumpliendo su función de impregnarse con la salsa de tomate y dejar el plato limpio. No aportan sabor, pero me han ahorrado, por lo menos, media barra de pan. Lo cual es de agradecer. ¡Por Dios!













miércoles, 10 de mayo de 2023

01114 Las Amaryllis

 LA SUEGRA Y LA NUERA


Cada vez que veo una amaryllis, no puedo dejar de sonreír. En casa de mi madre, en el balcón de su dormitorio, siempre había una de estas encantadoras plantas. Llegado el verano, la floración de la planta constituía todo un impresionante espectáculo de belleza y color. Todos los días, desde que comenzaba a aparecer el pedúnculo que culminaría con el regalo de las flores, acudíamos al balcón para constatar su progreso. Ya, con la planta en flor, las visitas se hacían más frecuentes con el fin de deleitarnos con la florida imagen. Toda admiración era poca.

Pero lo que más me llamaba la atención de esta planta era el popular nombre con la que mi madre la denomina: “la planta de la suegra y la nuera”. Lo de amaryllis lo aprendí muchos años más tarde. Era muy niño y no entendía muy bien cómo suegras y nueras tenían el privilegio de prestar su nombre a tan bella flor. Un día mi madre me lo explicó. Me vino a decir que suegras y nueras no acostumbraban a llevarse muy bien, como las flores de esta planta, que nunca llegan a “mirarse”. No acabé de entenderlo. Era un niño. No conocía ni a suegras ni a nueras y sólo veía bellas flores, aunque entre ellas se dieran la espalda. Con el paso de los años, todo comenzó a tener sentido.

Ahora, cuando veo una amaryllis, no puedo dejar de sonreír, de contemplar su belleza y de recordar a mi madre en el balcón de su dormitorio, inclinada feliz sobre la belladonna.

 




martes, 9 de mayo de 2023

01113 Los Rollitos Vietnamitas

 AMPLIANDO GUSTOS Y SABORES


Por lo que he escrito hasta la fecha, es fácil diagnosticar que soy un fan de nuestra cocina casera y tradicional. Esto no quita para que, con agrado en la mayoría de las ocasiones, me acerque a unas cocinas más vanguardista o de otras culturas.

No hace mucho tiempo, mi hija Jara, a la que no se le dan nada mal los fogones, nos sorprendió con unos rollitos vietnamitas de langostinos y verduras. Los encontré deliciosos, muy bien elaborados y con una mezcla de sabores muy interesante. Tanto me gustaron, que llevo varias semanas pidiéndole que los vuelva a hacer, aunque todavía no lo he conseguido. Todo se andará.

Movido por la curiosidad, me interesé por la peculiaridad de estos rollitos. Se trata de unos rollitos preparados con obleas de arroz, rellenos de una gran variedad de alimentos elegidos entre las verduras, carnes y pescados. Las obleas al tacto son duras y es necesario hidratarlas en agua fría durante unos segundos para que sean fácilmente manipulables. Estos rollitos se pueden comer tanto en frío como en caliente y se acompañan con salsas orientales.

Los que preparó Jara son de lo más sencillo, pero no por ello menos deliciosos. Para el relleno de los rollitos utilizó cebolla, pimientos verdes y langostinos. Los sirvió calientes y fueron acompañados con salsa de soja y salsa teriyaki. Esta última salsa está considerada como una de las salsas estrella de la cocina japonesa y se elabora con salsa de soja, vino mirín y azúcar. Otras versiones de esta salsa contienen zumo de piña e incluso jengibre.

Estas son las instrucciones que me traslada Jara de cómo hacer estos rollitos vietnamitas. He aprovechado para reiterarle que me gustaría a no mucho tardar volverlos a catar.

Ingredientes para 10 obleas de arroz: 1 cebolla grande, 1 pimiento tipo italiano, 1 pimiento rojo, 12 langostinos cocidos y pelados, aceite de oliva virgen, salsa de soja y salsa teriyaki.

Elaboración: Pochar a fuego lento la cebolla y los pimientos, cortado todo en juliana. Una vez pochadas las verduras, añadir las salsas de soja y teriyaki al gusto. Mojar durante cinco segundos las obleas de arroz para que se puedan manipular y secarlas a continuación con un paño. Trocear los langostinos y colocar los trozos en un extremo de la oblea. En el otro extremo, disponer las verduras pochadas. Enrollar la oblea y finalizar haciendo un paquete. Colocar los rollitos en una bandeja e introducir en el horno precalentado a 190 grados centígrados por espacio de unos 10/15 minutos, o hasta que observemos que el rollito está crujiente. Servir, en este caso, acompañados de salsa de soja y salsa teriyaki. 




viernes, 5 de mayo de 2023

01112 Los Pulpitos Encebollados

 ¡VIVA LA CEBOLLA!


Con lo que me gusta la cebolla, me sorprende que haya tardado tanto en aparecer por este caleidoscopio vital. Me da igual tomarla en crudo, en guiso o como acompañamiento. Su versatilidad en la cocina es fascinante y nunca está demás. No sólo aporta sabor, sino que atesora un dechado de virtudes medicinales considerable. Sobre este aspecto me entretendré en otro momento.

Para abrir la veda a mi gusto por la cebolla, lo haré a través de un guiso encebollado, que no es otra cosa que una preparación compuesta por una buena cantidad de cebolla y que se acostumbra a condimentar con especias y rehogada en aceite de oliva. En esta ocasión, no por preferencia sobre otros encebollados, que la tengo, sino porque fue el último que cociné a petición del respetable, propongo unos pulpitos encebollados. Una elaboración muy sencilla para un resultado delicioso, como todo buen encebollado.

Ingredientes para 6 personas: 1 Kg de pulpitos limpios, 3 cebollas grandes, 3 dientes de ajo, 250 ml de vino blanco, aceite de oliva y sal.

Elaboración: Pelar las cebollas y cortarlas en tiras longitudinales. Pelar los ajos y laminarlos. Pochar cebollas y ajos en una cazuela con un poco de aceite y sal a fuego medio. Añadir los pulpitos y cocinar a fuego alto durante unos tres minutos. Añadir el vino blanco y llevar a ebullición. Cuando hierva, bajar el fuego al mínimo y dejar cocinar durante unos 30 o 45 minutos o hasta que observemos que los pulpitos están tiernos. Sobre todo, vigilar que la salsa no se seque. Si se seca demasiado, se puede añadir un poco más de vino.

 




miércoles, 3 de mayo de 2023

01111 Los Langostinos a la Americana

Y COMERLOS CON LOS DEDOS


No había mucho qué preguntar sobre las viandas de la cena más entrañable y esperada del año. No recuerdo ni el cómo ni el por qué, pero se había convertido en todo un clásico aclamado y reclamado por todos los comensales. Era un plato, y nunca mejor dicho, de chuparte los dedos. Las normas de buena educación indicaban que había que comerlo con tenedor y pala de pescado. Pero en esa ocasión, estábamos en familia, era Nochebuena, y se permitía todo. Bueno, todo, menos hacer ruido con la boca mientras se chupaba la cabeza del langostino. Eso, no. ¡Qué manera de disfrutar de un plato! Y cuando ya no había langostino que llevarse a la boca, buena provisión de pan y a mojarlo en la salsa. Además, por aquellos años que ahora hago presente, no era muy habitual, por lo menos en mi casa, de comer langostinos el resto del año, con lo que la dicha era doble.

Evidentemente, la gracia de este plato está en la salsa americana. Aquí radica la esencia de este cocinado. Si bien hay varias formas de elaborarla, yo acudo, como no podía ser de otra manera, a la receta que aprendí de mi madre. Por lo que he podido comprobar, bien a través de otras recetas o de sugerencias que he ido recogiendo, se trata de la más sencilla de las elaboraciones. No por ello, igual es pasión, me sigue pareciendo algo espectacular y nada que desmerecer con el resto de propuestas para elaborar esta popular salsa.

Habitualmente, cuando recojo en este caleidoscopio vital alguna receta de las que aprendí de mi madre, acudo al cuaderno donde las tengo recogidas. Pero en esta ocasión, voy a copiar la receta literalmente de un pequeño recetario, ahora de páginas amarillentas, que guardo como un gran tesoro, y que a mi madre le gustaba imitar. El recetario en cuestión no habla de ingredientes ni cantidades. Estas las sugiero yo. En cuanto a la forma de redactar la receta, tampoco el autor se complica la vida.

Ingredientes para 4 personas: 12 langostinos, 100 gramos de mantequilla, 1 cebolla mediana, un vaso de vino blanco, 4 cayenas y 500 gramos de tomate frito.

Elaboración: Literal del recetario. “Se vierte en el fondo de una cacerola un poco de mantequilla, cebolla bien picada, sal, vino blanco, unas cayenas y el tomate ya frito”. Interpretado, es que hay que pochar primero la cebolla con la mantequilla y un poco de sal. Cuando esté pochada se añade el vino blanco. Una vez evaporado el vino, hay que añadir el tomate frito con las cayenas. Continua el autor. “Esta salsa se deja hervir unos minutos y a continuación se aparta la cacerola, añadiendo los langostinos mondados, que se dejarán cocer poco a poco, por espacio de quince a veinte minutos. Cuando estén cocidos, se disponen en una fuente honda, rociándolos con la salsa, que se habrá pasado por el tamiz”. Lo que viene a decir es que hay que dejar hervir unos cinco minutos, siempre a fuego medio, para que se acabe de ligar la salsa e incorporar los langostinos. Si bien el autor de la receta los incorpora ya mondados, en casa iban a la salsa tal cual. Una vez cocidos, no más de cinco o siete minutos, se sacan los langostinos a una fuente, y la salsa se cuela por el chino. Una vez colada la salsa, la incorporamos de nuevo a la sartén, incorporamos también los langostinos y les damos un golpe de fuego durante un par de minutos. Y de aquí, a la mesa.