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viernes, 5 de mayo de 2023

01112 Los Pulpitos Encebollados

 ¡VIVA LA CEBOLLA!


Con lo que me gusta la cebolla, me sorprende que haya tardado tanto en aparecer por este caleidoscopio vital. Me da igual tomarla en crudo, en guiso o como acompañamiento. Su versatilidad en la cocina es fascinante y nunca está demás. No sólo aporta sabor, sino que atesora un dechado de virtudes medicinales considerable. Sobre este aspecto me entretendré en otro momento.

Para abrir la veda a mi gusto por la cebolla, lo haré a través de un guiso encebollado, que no es otra cosa que una preparación compuesta por una buena cantidad de cebolla y que se acostumbra a condimentar con especias y rehogada en aceite de oliva. En esta ocasión, no por preferencia sobre otros encebollados, que la tengo, sino porque fue el último que cociné a petición del respetable, propongo unos pulpitos encebollados. Una elaboración muy sencilla para un resultado delicioso, como todo buen encebollado.

Ingredientes para 6 personas: 1 Kg de pulpitos limpios, 3 cebollas grandes, 3 dientes de ajo, 250 ml de vino blanco, aceite de oliva y sal.

Elaboración: Pelar las cebollas y cortarlas en tiras longitudinales. Pelar los ajos y laminarlos. Pochar cebollas y ajos en una cazuela con un poco de aceite y sal a fuego medio. Añadir los pulpitos y cocinar a fuego alto durante unos tres minutos. Añadir el vino blanco y llevar a ebullición. Cuando hierva, bajar el fuego al mínimo y dejar cocinar durante unos 30 o 45 minutos o hasta que observemos que los pulpitos están tiernos. Sobre todo, vigilar que la salsa no se seque. Si se seca demasiado, se puede añadir un poco más de vino.

 




martes, 20 de noviembre de 2018

00866 Los Choquitos Fritos

NO HAY MANERA


Me encantan los choquitos, me enloquecen. Son como las pipas del mar; empiezo a comer uno y es un no parar. Además, al igual que aquellas, siempre los relaciono con momentos de requerida calma, sosiego, sin tiempo y sin día. Su presencia siempre me resulta algo extraordinario. Solo tienen un pero... que no hay manera de que me salgan bien.

Mira que lo he intentado veces, pero no hay manera. Mira que me he fijado como un búho cuando los he visto freír, bien enharinados, pasados por un tamiz, en aceite bien caliente y no muchos a la vez. Con harina de trigo, de garbanzo o especial para fritos. No hay forma, siempre me salen fritos sin más o como un engrudo.

Los he secado bien antes de enharinarlos, he utilizado freidora, he seleccionado los ejemplares cuando he tenido oportunidad..... y nada, que no hay forma de sacarles el crujir en la boca. Me quedan gomosos, sin gracia o blandengues y sin alma. Son mi una de mis asignaturas pendientes en la cocina. No obstante, además de admitir mi falta de destreza con ellos, he llegado a la conclusión que el fiasco viene derivado del producto, siempre congelado y lejos de su hábitat. Así que hace tiempo que he desistido de torturarlos y de torturarme, y me conformo con disfrutarlos cuando la ocasión es propicia y están elaborados por quien sabe, tiene experiencia y los hace crujir. ¡Un auténtico disfrute!



lunes, 15 de octubre de 2018

00837 Los Mejillones en Salsa de Tomate

ENTRAN POR LOS OJOS


Regresan los mejillones a este caleidoscopio vital y lo hacen con un intenso y sugerente color. Estamos en la época de esplendor de este molusco de las costas gallegas y hay que aprovechar el momento. Solo al vapor sería más que suficiente, pero me apetece variar un poco y de paso,  aprovechar las últimas dádivas del huerto.

Como en tantas otras sencillas elaboraciones, cada "cocinetas tiene su libreta"  y le da a este guiso su toque personal o gusto particular. Yo, para no romper con el norte y guía de la tradición, plasmaré aquí la forma de hacer que tenía mi madre.

Ingredientes: Un par de kilos de mejillones, un vaso de vino blanco, tomates maduros, cebolla, pimiento verde, un par de cayenas, una pizca de azúcar, aceite de oliva virgen y sal.

Elaboración: Comenzaremos con los mejillones. Una vez limpios los depositamos en una cazuela con un vaso de vino blanco. Tapamos y cocinamos hasta que se abran. Reservamos. A continuación, elaboramos la salsa de tomate. Para ello, en una sartén grande incorporamos los tomates troceados, la cebolla, el pimiento verde, dos cayenas, todo también troceado, un generoso chorro  de aceite, sal y una pizca de azúcar. Cocinamos hasta que el tomate quede líquido y trituramos ayudados del brazo de cocina. Después pasamos por el chino y el resultante lo depositamos en una paellera o sartén grande. Solo quedará colocar en la salsa los mejillones desprovistos de una de sus vulvas, calentar ligeramente y servir. Si quedan, cosa que dudo mucho, se pueden tomar fríos arropados por la deliciosa salsa de tomate. Si es que entran por los ojos.