martes, 26 de julio de 2022

1013 El Pollo al Limón

 AL ESTILO CHINO


El pollo me gusta de cualquier manera. Prueba de ello es el buen número de recetas que ya han ido apareciendo por este caleidoscopio vital y que han  estado dedicadas a esta ave.

En esta ocasión vuelvo a recurrir a la cocina china y a un libro, de cuando en la prehistoria de mi vida compraba todo libro de cocina que se ponía a mi alcance. Se trata del pollo al limón al estilo chino, uno de los platos típicos de los restaurantes chinos. Me encanta, y a ser posible que las piezas de pollo estén crujientes y bien, bien de sabor. Su elaboración no es nada complicada y el resultado, si gustan los sabores de la gastronomía oriental, es curioso. No es un plato de costumbre, pero de vez en cuando siempre es bien recibido.

Ingredientes: 6 pechugas de pollo, dos huevos, salsa de soja, 150 gramos de harina de maíz (Maizena), jengibre y aceite de oliva virgen extra.

Para la salsa: el zumo de un limón, media docena de rodajas de limón, la ralladura de un limón, Maizena, un vaso de caldo de pollo, un par de cucharadas de azúcar y sal.

Elaboración: Ponemos en un bol la salsa de soja y el jengibre picado. Mezclamos bien y añadimos las pechugas de pollo para su maceración. Introducimos el bol con las pechugas en el frigorífico y lo dejamos una hora.

Mientras maceran las pechugas, nos disponemos a preparar la salsa. Así, mezclamos en un bol el vaso de caldo de pollo, el zumo de limón, el azúcar y la Maizena. Batimos y ponemos la mezcla en un cazo a fuego lento con las rodajas de limón. Removemos hasta que espese la salsa.

La gracia de este plato está, o así me lo parece a mí, en el rebozado del pollo. Para ello, batimos un huevo con un poco de Maizena y vamos rebozando las pechugas de pollo que previamente habremos cortado en trozos. Una vez rebozadas todas las piezas, las freímos en aceite bien caliente. Cuando tengamos todos los trozos fritos, los incorporamos a la salsa. Si lo que deseas es que el pollo esté crujiente, en lugar de echarlo a la salsa, cúbrelo con ella cuando el pollo esté emplatado y vayas a sacarlo a la mesa.

A la hora de servir, puedes añadir la ralladura de un limón e incluso las rodajas de limón empleadas para la salsa. 





miércoles, 20 de julio de 2022

1012 De Nuevo el Hojaldre

PIMIENTOS VERDES, CEBOLLA Y MOZZARELLA


Entramos en la cocina en modo capricho, movido por los frutos que comienza a dar la huerta y la necesidad de comer algo distinto. El único inconveniente es que hay que utilizar el horno y con el verano que está haciendo es lo que menos apetece. Pero bueno, pienso en el resultado final y me vengo arriba.

Ya he comentado en alguna ocasión que el hojaldre me parece un gran invento por su versatilidad y capacidad de adaptarse a cualquier escenario gastronómico. Aunque generalmente esta fantástica masa se asocia más a elaboraciones dulces, particularmente a mí, y sin menosprecio alguno a estas, faltaría más, donde más se crece y luce es en las propuestas saladas. Aquí, sus posibilidades son innumerables. Ya he dado buena cuenta de alguna de ellas y lo que te rondaré. 

En esta ocasión quiero compartir un hojaldre con pimientos verdes, cebolla y mozzarella. La combinación de sabores resulta genial y es muy sencillo de elaborar. 

Ingredientes: una lámina de hojaldre, tomate frito, 2 pimientos verdes, una cebolla, mozzarella, aceite de oliva virgen y un poco de sal.

Elaboración: Como se acostumbra hacer en estos casos, comenzaremos por extender la lámina de hojaldre en la bandeja de horno, que previamente habremos forrado con una lámina de papel para horno, y la pinchamos con un tenedor para que no se suba al calentarla. A continuación, cubrimos la masa con tomate frito e introducimos la bandeja en el horno precalentado a 180 grados centígrados por espacio de unos 15 minutos. Mientras se va horneando el hojaldre,  pochamos en una sartén con aceite de oliva virgen los pimientos verdes, cortados transversalmente en finas rodajas, posteriormente hacemos lo mismo con la cebolla. Sacamos el hojaldre del horno y una vez pochadas las verduras, sazonamos y las extendemos sobre la masa de hojaldre a la que previamente le habremos incorporado láminas de mozzarella. Subimos el horno a 200 grados y volvemos a introducir la bandeja por espacio de otros 15 minutos o hasta que veamos que la masa de hojaldre comienza a dorarse. Sacamos el hojaldre del horno y dejamos enfriar ligeramente. También se puede degustar frío.

Se trata de un buen sustito de los primeros platos para estos veraniegos días en los que el apetito va a la baja. A mí me resulta un plato delicioso.







martes, 19 de julio de 2022

1011 ¡Qué Manera de Sudar!

 Y NO ES POR EL CALOR


Trasládame confianza certera,
imagen dueña de mis pensamientos
en noches y días de desalientos,
idílico regazo, hechicera.

Busco entre tu florida cabellera
la armonía útil a mis hambrientos
deseos ávidos de sentimientos, 
recogidos, despiertos, en espera.

Ventanal de socorro y esperanza.
Silbido de aire puro engalanado.                         
Voz comprometida con el deseo.                            
 
Aspiro a tu contagiosa templanza.
No puede contemplarse más agrado.                       
Al fin y al cabo, no es más que un godeo.                                                             
                                                                                





Nota: Ahora entiendo a Lope de Vega cuando Violante le pidió que hiciese un soneto.

"Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante".....

Y encima, no lo habré hecho bien. Me duelen los dedos de la mano derecha de contar sílabas. Pero bueno, ya está hecho.



domingo, 17 de julio de 2022

1010 Las Trufas de Chocolate

Y A SER POSIBLE, LAS DE ARRESE


Traigo hasta este caleidoscopio vital otra de mis debilidades: las trufas de chocolate. Vaya por delante que se trata de una debilidad contenida. De hecho, según me indica la información de las fotografías que acompañan este texto, las últimas que degusté datan de diciembre de 2018. Una generosa caja que me regaló mi querida cuñada/hermana Ana en una visita a Huesca desde Bilbao. Los deliciosos dulces, a pesar de mi débil interés por mantenerlos en el frigorífico y así disfrutarlos durante unos cuantos días, no alcanzaron la tercera jornada con nosotros. Superior a mis fuerzas.  Bueno, por no faltar a la verdad, las Navidades pasadas comí una aproximación a este dulce. Sí, en la caja roja que las acogía ponía trufas de chocolate, pero nada que ver con las auténticas trufas, con la de verdad.

Y es que para hablar de trufas de chocolate del 10 tengo que volver a recurrir, como ya he hecho con anterioridad con algún que otro dulce, a la bilbaína Pastelería Arrese. Son las mejores que hasta ahora he podido probar. Me resultan deliciosas, finas, nada pesadas y con unos sabores muy, muy especiales: Baileys, Chocolate, Cointreau, Nata, y Nata y Chocolate, estas últimas para mí, el no va más de las trufas. Es por eso que cuando mi querida Ana, sabedora de mi debilidad por este dulce, me obsequia con una caja de trufas de Arrese, lo celebro como niño con zapatos nuevos.

Hubo un tiempo, en la prehistoria de mis días, que me dio por hacer trufas caseras con una receta que me facilitó mi hermana María Engracia. Dejé de elaborarlas porque comenzaron a convertirse en una adicción desmedida e incontrolable. Aunque no tenían nada que ver con las de Arrese, ni de lejos, salían “resultonas”. Todavía conservo la receta de puño y letra de mi hermana. Cualquier día de estos me vengo arriba y vuelvo a recrear la receta. Dice así:

Ingredientes: 250 gramos de chocolate fondant, una generosa cucharada de mantequilla, 200 ml de nata para montar y 200 gramos de fideos de chocolate. Opcional, un chorrito de cognac o del licor que se desee.

Elaboración: Ponemos en un cazo el chocolate troceado y la mantequilla, y derretimos a fuego medio. (Esta receta tiene ya sus años, así que ahora podemos derretir el chocolate y la mantequilla en el microondas). Montamos la nata que añadiremos al chocolate, una vez templado, y que mezclaremos con movimientos envolventes. Este es el momento, si se quiere, de incorporar el licor que nos guste. Dejamos enfriar la mezcla en el frigorífico durante un par de horas. Hacemos bolas con la masa y las rebozamos con los fideos de chocolate. Dejamos de nuevo en el frigorífico y listas para comer. Recomendación: hacer bolas que se puedan meter en la boca de un solo bocado.

Por cierto, muchos son los países que se adjudican el descubrimiento de las trufas de chocolate. Si bien, todo parece apuntar que este dulce se debe a la imaginación de Louis Dufour, un pastelero de la localidad francesa de Chambéry, en el departamento de Saboya. Al parecer, “el 28 de diciembre de 1895 el señor Dufour se dio cuenta de que su almacén se había quedado vacío de provisiones y que no iba a poder surtir sus clientes. Rehusó a pedir ayuda a otros pasteleros de la región, por lo que tuvo que imaginar una solución. Decidió entonces fabricar él mismo un producto digno de la calidad de su boutique pero que fuera de fabricación rápida. Primero removió la crema, luego añadió cacao, vainilla y en un instante la mezcla estaba hecha... Con mucho cuidado formó pequeñas bolitas que mojó en una cobertura para después hacerlas rodar en el polvo de cacao. Así nació la primera trufa, una pequeña creación saboyana que fue la última inspiración de este genial pastelero”.

 




viernes, 15 de julio de 2022

01009 Las Gambillas

 TORRENUEVA, GRANADA


Hoy toca poner un poco de orden al ingente número de fotografías que he ido acumulando en los últimos años. Me temo que es lo único que, con paciencia, mucha paciencia, voy a ser capaz de ordenar. Y si no lo consigo, por lo menos disfrutaré de nuevo de pequeños y felices instantes vividos.

He comenzado por revisar un archivo titulado Almería Granada, de fecha julio de 2019. Las imágenes se reparten entre momentos familiares muy necesitados por aquellas fechas y hermosos parajes de estas dos provincias andaluzas, junto a alguna curiosidad y estampas de una deliciosa gastronomía novedosa para mí.

No sé muy bien y sin venir a cuento, no hace mucho tiempo, me acordé de unas curiosas y agradables gambas que tomé en aquel viaje. No las he vuelto a probar ni las he intentado hacer en casa por falta de género adecuado. Las recuerdo con auténtico placer. Supe de su existencia a través de las redes sociales a la hora de buscar un lugar donde tomar algo especial y a buen precio en el entorno de la granadina localidad costera de Torrenueva, próxima a Motril. Varios de los comentarios a los que accedí coincidían en señalar un lugar popular, sin pretensiones, con amplia carta para comer o tapear, con especial atención a los fritos, buenos precios y buen servicio. Y de entre sus especialidades, "las gambillas". El establecimiento hostelero en cuestión: Café-Bar Cerezo, en carretera de Almería, s/n.

Tras una espectacular mañana y después de alimentar la vista con paisajes de agua y ensueño, nos dirigimos con Gloria hacia el lugar recomendado. Era tal y como indicaban nuestros desconocidos informadores internautas. Apetecía todo, pero el objetivo era comer las populares "gambillas". Al poco de demandarlas, una amable camarera depositaba sobre la mesa un generoso plato de gambas con la cabeza cortada y fritas con un ligerísimo rebozado que casi parecía una tempura. Cogí el primer ejemplar, lo metí en la boca, lo saboreé, lo volví a sacar de la boca, pelé con suma facilidad la gamba y de nuevo la introduje en la boca para mi deleite. Y así una tras otra "gambilla", como si fueran pipas, hasta finiquitar el plato. No sé si fue el momento, el lugar, la luz, la complicidad, el ambiente o la necesidad de estar bien, que me pareció algo extraordinario y más si cabe, cuando nos trajeron la cuenta: una caña, una cerveza y un plato de "gambillas", 14 euros, IVA incluido. 

Mira que he podido llegar a tomar gambas en mi vida y en lugares bien distintos, pero pocas me dejaron tan grato recuerdo como estas de Torrenueva. Habrá que pensar en volver.






miércoles, 13 de julio de 2022

01008 El Pisto de Verduras

UNA DELICIA DE VERANO


Los huertos comienzan a dar sus primeros frutos; no el mío, que este año, mor de mi amigo perruno Humphry, no tengo.

Sea como fuere, menos mal que siempre hay algún alma caritativa que se acuerda de uno y le agasaja de vez en cuando con algún presente hortícola,  sabedora de mi querencia por el huerto y sus frutos, y mi gusto por el verano con sus sabores y olores de presente y recuerdo.

Estrechamente ligado al verano y también al recuerdo, en este caso de infancia y juventud, llega a este caleidoscopio vital un básico en la cocina: el pisto o combinado de verduras. Esta es la mejor época del año para llevarlo a la mesa, ya que los alimentos empleados para su cocinado están en su máximo esplendor de sabor.

¡Qué sorpresas nos deparan muchos cocinados! El pisto, que ahora me encanta, no lo podía ni ver. A veces hasta me daban náuseas verlo en el plato delante de mí. Y para qué contar cuando mi madre lo acompañaba con una tortilla francesa. Me resultaba una imagen del todo rechazable. Eso sí, me lo comía sin rechistar. Gustara o no, para adentro. No quedaba otra. No eran tiempos para hacer tonterías con la comida ni con casi nada.

Mi madre acostumbraba a cocinar el pisto con tomate, pimiento rojo, pimiento verde y cebolla. Me imagino que me fui acostumbrando a él con el paso de los años. Lo que sí recuerdo es que en ocasiones, sobre todo cuando venía a casa mi hermano Manolo, mi madre le preparaba un plato con pisto, que le encantaba y al que yo me sumaba con sumo agrado. Yo le llamaba "pisto de fiesta". Se trataba de un buen plato de arroz blanco hervido que mi madre ponía en forma de volcán en una fuente de mesa, o en un molde circular, y lo llenaba de pisto al que añadía algunas latas de atún en escabeche. Lo recuerdo como algo excepcional. Nunca más, desde aquellos felices días, lo he vuelto a probar. Cualquier día de estos me pongo manos a la obra y recupero ese maternal sabor.

Elaborar un buen pisto no tiene mucha ciencia. Con tener buenos productos es más que suficiente. Además, admite muchas variantes, según los gustos personales de cada uno. El pisto que propongo es el más sencillo y común.

Ingredientes: medio dilo de tomates maduros, una cebolla grande o dos pequeñas, un pimiento rojo, un pimiento verde, un diente de ajo, un chorrito de vino blanco, aceite y sal.

Elaboración: Se cubre el fondo de una cazuela con aceite de oliva virgen extra. Calentamos y cuando coja temperatura incorporamos la cebolla picada. Sofreímos e incorporamos el ajo picado, los pimientos cortados en tamaño similar y el tomate cortado a cuadraditos. Salamos al gusto e incorporamos un chorrito de vino blanco. Cocinamos a fuego bajo por espacio de 30-40 minutos y vamos removiendo para que se mezclen bien los ingredientes.

El pisto solo es una delicia y acompañado de unos huevos fritos, por ejemplo, un pequeño placer para cualquier día de verano. ¡Quién me lo iba a decir a mí!






01007 No Es Gran Cosa

 INSPIRADA CREACIÓN


No es gran cosa.
Nunca pasa nada.
Llega.
Deja un manojo inconexo de sensaciones.
Y se va.

Las preguntas se hacen innecesarias.
No hay respuestas.
Sobra todo.
Hasta las palabras.
Sí, hasta las palabras sobran.

Hay momentos en que parece
que todo ha sido soñado.
Mirar sin respirar,
mientras el silencio se torna reflejo.

No, hoy no pienso hacer nada.
Ni siquiera voy a imaginar.
Tampoco adivinar ni inventar.
Quietud.
Espera.
Esperar a sentir en el fondo
algo así como una especie de muda alegría.

¡Qué cosa tan idiota!

Lo cuento y me sorprendo.
¡Qué lejano y exiguo se me hace todo en este 
instante!                                                                                             
El dorado camino me invita a transitar
sobre su piel de agua.
Pero no.
Hoy no.
Hoy ni voz ni forma.
Solo una inspirada Creación.
Un momento magistralmente inmortalizado.
Un cálido espacio de vida
donde nace la belleza.

La luz se va en busca de otro amanecer
sin pedir permiso ni disculpas.
¿Has visto algo más hermoso?

No es gran cosa.
Lo sé.
Nunca pasa nada.

Es la vida que corre escaleras arriba.