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miércoles, 10 de enero de 2018

00612 La Sierra de Jubierre

UNA APROXIMACIÓN

Sabía de su existencia y de su personal y trabajada belleza. Del particular encanto de sus parajes, de la arriesgada forma de sus piedras y de su encanto natural. Fue uno de los primeros enclaves monegrinos a los que fui incitado a conocer e incluso alguien me llegó a decir en una ocasión,  que si no había pisado la Sierra de Jubierre, no había estado en Los Monegros. En un micro espacio radiofónico, en Radio Sariñena, que lleva por título "Déjame tus ojos", y en el que intento conocer cómo es la tierra de Monegros a través de los ojos y el sentir de sus habitantes, la Sierra de Jubierre ha ido apareciendo, como si de una letanía se tratara, en la voz de los distintos protagonistas.

Hace un par de meses tuve la oportunidad de visitar este paraje gracias a la amable invitación de Margarita Bretos y Lourdes Biarge, de Viajes Sueña Monegros. Fue una visita rápida, en microbús, y con pequeñas caminatas bien dirigidas y explicadas por Lourdes. Apenas pude tomar unas cuantas notas. El espectacular e insólito paisaje, el continuo asombro en el caminar, el ansia por capturar imágenes, mi inquieta imaginación y el entusiasmo de Lourdes en sus explicaciones ocuparon el tiempo de lápiz y papel. En cada paso, una sorpresa, y en cada mirar, una sensación plácida y desacostumbrada.

Conocí que existe "una pasarela Cibeles", como así la denomina Lourdes, de la naturaleza, desde donde se divisa una tierra de fantasía y admiración, en medio de agrestes parajes donde la tierra se ensaya con los milagros. Supe de la existencia de las "lagrimitas de lluvia" que se agrupan para formar pequeños montículos de atractivo rojizo color. Me extasié con las formas que el viento y el agua ha ido esculpiendo en las piedras a través de los siglos. Respiré aromas y olores casi olvidados. Intuí la dureza de una tierra ahora más amable. Me sentí feliz en una placentera soledad en compañía. Y entendí el por qué la Sierra de Jubierre ha aparecido de forma tan reiterada en el decir de mis interlocutores radiofónicos.

Al regresar de la rápida y tan arraigada visita, me preguntaron sobre qué me había parecido el enclave. Mi respuesta fue inmediata porque así la sentí al bajarme del autobús: "me da la sensación de haber cerrado una puerta para adentrarme en otro planeta".

Mi visita por esta sierra fue solo una fascinante aproximación. Ahora quiero más, saber más, conocer más, pisarla y sentirla más. Mi amigo Pedro se ha comprometido a ello. Espero ese y otros días con ilusión.

La Sierra de Jubierre es un paraje situado en el término municipal de Castejón de Monegros. Se trata de un espacio en declive que conecta la depresión de Sariñena, por donde transcurre el río Alcanadre, y la plataforma superior. La naturaleza de su estructura geológica, sensiblemente horizontal, en la que se alternan estratos de rocas duras y blandas, ha favorecido la formación de una importante red de barrancos. La intensidad de la erosión ha dado lugar a todo tipo de relieves y formas singulares.


















jueves, 14 de diciembre de 2017

00599 El Museo de Oficios Antiguos de Los Monegros

EN SENA

Su  visita me supo a poco. Excesivamente fugaz para retener en mis retinas los viejos oficios casi olvidados y que por un momento, parecían querer cobrar de nuevo vida. Cerca de cinco mil objetos dispuestos, limpios y aseados,  como para ser utilizados después de un descanso. Los recuerdos que me trasladaban los objetos expuestos se iban amontonando en mi asombro ante tales redescubrimientos. La barbería cuyo sillón se utilizó para rasurar y también para sacar muelas, la escuela, la carpintería, la guarnicionería, la herrería, la sastrería, así hasta sumar 60 antiguos oficios y que nos hablan de un ayer no muy lejano. Objetos y piezas de un pasado que se niega a caer en el olvido.

El Museo de Oficios Antiguos de Los Monegros está ubicado en la antigua fonda y herrería de Sena y se constituye como un homenaje a los oficios históricos, sustentos de muchas familias. El promotor de este entrañable museo es Alejandro Campoy quien recogió la afición de Pedro, su padre, por las antigüedades iniciada en la década de los años 70 del pasado siglo. En el año 2000 era tal el número de piezas coleccionadas que la familia Campoy necesitó más espacio para albergarlas. Fue en ese momento cuando surgió la idea de rehabilitar la fonda y convertirla en un museo abierto al público. Sin ayuda exterior alguna y echando mano de su oficio como albañil, el 13 de junio de 2015, el sueño se hizo realidad.

Nada, absolutamente nada, pasa desapercibido en este centro de la memoria colectiva. Todo está perfectamente estudiado. De ello se han preocupado Alejandro y su padre. Todas las piezas tienen su importancia y todas están en su importante espacio, sacadas del olvido de anticuarios, graneros y pajares. Viejos oficios que se entremezclan con antiguas estancias y alcobas que recogen celosamente la vida de generaciones pasadas.

La visita me hizo recordar que nuestra actual sociedad, tan tecnológica y cambiante, y que abandona los objetos en un breve espacio de tiempo por obsoletos, debería fijar su mirada en este y parecidos museos, y recordar la relación e importancia que las herramientas tuvieron para los artesanos de la vida y su ocupación en forjar piezas únicas que ayudaron a sobre llevar los días. Y como no, con el agradecimiento a la familia Campoy, como así dejé escrito en el libro de visitas, por guardar semejante tesoro.

Un consejo, acudir a este museo en compañía, con gente con la que compartir memoria y el sueño hecho realidad de Alejandro y Pedro.
















jueves, 7 de diciembre de 2017

00594 La Ruta Orwell

LAS TRINCHERAS DE ALCUBIERRE

Mi breve estancia laboral en tierras monegrinas ha conseguido, entre otras cosas, que haya aprendido a querer a una tierra para mí bastante desconocida, al margen de los lugares comunes de los que ya tenía constancia. La he conocido gracias al hacer y decir de sus gentes que me han transmitido con auténtica pasión los tesoros que este territorio preserva y que para mí han sido grandes, y también ya queridos, descubrimientos. Algunos ya los he traído hasta este blog. Otros irán apareciendo conforme me lo vayan pidiendo los sentimientos. Unos y otros quedarán aquí registrados como testimonio de agradecimiento a una tierra y unas gentes que en tan solo nueve meses han logrado cautivarme y regalado pequeños grandes momentos de vida y de hermosas y llanas sensaciones. Mi agradecimiento desde aquí a cuantos monegrinos han dulcificado todos los temores con los que un buen día del pasado mes de abril llegaron conmigo a Sariñena. Gracias.

Hoy traigo hasta este caleidoscopio vital un lugar que conocí esta pasada primavera, con motivo de la inauguración de una instalación artística realizada en la trincheras de Alcubierre por el artista italiano afincado en Monegros, Massimo Burgio. Una instalación contemporánea con la que el artista quería denunciar los horrores de la guerra, echando 8 toneladas de grava roja por el suelo de las trincheras.

Recuerdo en una entrevista previa que mantuve con el artista en la que me señaló que se trataba de "una intervención de impacto que simbolizaba una guerra fratricida y la sangre derramada en las trincheras. Un camino de grava roja que al pisarlo recordara el crujir de los huesos de las víctimas de la guerra". Tengo que reconocer que ese día que visité y caminé por las trincheras, me agobié. Mi cabeza me pidió salir raudo del parapeto. Con todo, la visita me dejó un buen número de encontradas sensaciones.

La Guerra Civil española tuvo en Aragón un importante y duradero frente de lucha. La línea de guerra atravesó la Comarca de los Monegros por la Sierra de Alcubierre, de gran importancia estratégica, propiciando la construcción de pertrechos militares y elementos de defensa civil en ambas estribaciones y en las localidades del entorno. En diciembre de 2005 se inauguró la "Ruta Orwell", una iniciativa de recuperación patrimonial y de difusión histórica auspiciada por la Comarca de Los Monegros, la Diputación Provincial de Huesca y el Gobierno de Aragón. Se recuperaba así para la vista del público uno de los sectores de trincheras más activos del frente de Aragón y uno de los escenarios en los que el escritor británico George Orwell sería destinado durante su estancia en España en 1937, Monte Irazo, y que describiera en su "Homenaje a Cataluña", relato de sus vivencias en España durante la Guerra Civil. Cuando en julio de 1936 se produce el levantamiento armado contra la República española, George Orwell decidió viajar a España para trabajar inicialmente como periodista, pero las circunstancias le llevaron a enrolarse en el partido marxista POUM. 


Quienes visiten la Ruta Orwell se encontrarán restos muy bien cuidados de elementos de defensa civil como ramales de comunicación, alambradas, un pozo de tirador individual, un observatorio o pozo doble de tirador, un abrigo pasivo ligero, vivac,  e incluso una de las trincheras perfectamente rehabilitada.

La Ruta Orwell se ha convertido en un recorrido turístico distinguido con el sello a la excelencia turística de Aragón.


 



 















martes, 21 de noviembre de 2017

00587 La Cartuja de las Fuentes

RECOGIMIENTO Y SILENCIO



Sumo hoy a mi caleidoscopio vital un lugar de recogimiento y silencio. No se cómo se escribe el silencio. Solo puedo sentirlo e imaginarlo bajo una luz que parece querer hablar. De silencio sabe el edifico que hoy es motivo de mi interés. Un silencio que en los dos últimos años se ha visto grata y afortunadamente interrumpido para hacer de un abandono algo bello y hermoso como en sus tiempos de gloria y vida lo fue. En el siglo XVI,  cuando los Condes de Sástago fundaron la primera de las Cartujas erigidas en el Reino de Aragón, escogieron una antigua ermita dedicada a la Virgen de las Fuentes, en la que se hallaban los restos de un hijo fallecido. En el año 1562, muy cerca de la actual Lanaja, en Los Monegros, la esterilidad de la tierra y la aridez del clima obligaron a sus moradores a abandonar este primer asentamiento, para instalarse en las proximidades de Zaragoza.

En el año 1589, la Orden Cartuja tuvo que regresar al monasterio para poder recibir una herencia que estaba ligada a la fundación. Estos recursos económicos permitieron emprender la construcción de un nuevo conjunto monástico situado en un llano cercano al antiguo establecimiento. Las obras  de la nueva cartuja se prolongaron durante buena parte del siglo XVIII, siendo la etapa de mayor actividad constructiva la comprendida entre los años 1745 y 1777.

En el siglo XIX, la Cartuja de las Fuentes padeció el azote de la Guerra de la Independencia y poco después, los decretos desamortizadores de Mendizábal, que pusieron fin a la vida monástica. A partir de ese momento, los usos indebidos, el abandono y la desconsideración de su valor histórico y riqueza artística ocasionaron graves daños al monumento.

Hace dos años, la Diputación Provincial de Huesca lo adquirió para rescatar y sacar del olvido este importante patrimonio de la provincia oscense para uso y disfrute de los ciudadanos. Un singular complejo monástico ubicado en una finca de 58.000 metros cuadrados, de los que 15.000 están construidos. Una Cartuja, ejemplo de conjunto arquitectónico de estilo barroco tardío, que si por algo destaca, es por su conjunto pictórico, más de dos mil metros cuadrados de pinturas murales distribuidos por paredes y techos que constituyen la obra fundamental de Fray Manuel Bayeu, hermano del que fuera el pintor de cámara del rey, Francisco Bayeu y cuñado de Francisco de Goya. Un conjunto pictórico que de su mirar, me hace aquí entender mejor el significado del silencio.
Volverá por este blog, no sé cuando ni desde que perspectiva sentimental, esta maravilla monegrina. Hoy solo he querido recordarla y que sirviera de reclamo para que quien esto lea se acerque hasta este lugar mágico de luz y silencio. Se puede visitar todos los sábados y domingos del año, así como los festivos entre semana, con visitas guiadas. La empresa Sueña Monegros, no podía ser más acertado el nombre, es la encargada de coordinar el programa de visitas. Mi apreciado Alberto Lasheras, contador de historias, así tuve la oportunidad de conocerle, se encargará de narrar la historia y las vicisitudes de este emblemático edificio.