sábado, 13 de octubre de 2018

00835 El Risotto de Boletus

QUE SIGA EL ESPECTÁCULO


En poco tiempo llevo saboreados, en distintos lugares, tres risottos de boletus edulis. Los tres, aunque diferentes en presentación y elaboración, deliciosos. Sin reparos a ninguno de ellos; correcta textura y generosa concurrencia de boletus sobre el plato, confiriéndole al risotto ese peculiar y personal sabor que solo este hongo es capaz de proporcionar.

Cada vez que sale a colación en alguna conversación el boletus edulis, siempre cuento la misma historia que paso a compartir aquí. Me encanta este hongo, el que más,  y si alguna vez he ido al monte a por setas, nunca, y cuando digo nunca es nunca, me he topado con uno. Por no faltar a la verdad, en una ocasión vi uno pero fuera ya de la tierra. Lo tenía ya Gloria entre sus manos y me preguntaba a mí, que no tengo ni idea de setas, si era un boletus edulis. Antes de que le respondiera con mi habitual "ni idea", el guía que dirigía la expedición por la Peña Montañesa en busca de setas para una posterior exposición de unas jornadas micológicas del Sobrarbe, dijo algo así como, "qué suerte, qué magnífico ejemplar de boletus edulis, estarás contenta". Y dicho lo cual, cogió el maravilloso ejemplar de boletus edulis y lo depositó en su cesta". Nos quedamos perplejos. Esa fue la vez que más cerca estuve de un boletus edulis en su hábitat, al margen de los que pueda ver en las tiendas de alimentación o los consabidos deshidratados.

Anécdota aparte, y volviendo a lo que me ocupa, de cuantas recetas hay al respecto,  la que traslado a continuación es la "menos arriesgada" para un buen resultado. Ingredientes para 4 personas: 300 gramos de arroz para risotto, 300 gramos de boletus edulis, una cebolla pequeña, medio vaso de vino blanco, 150 gramos de queso parmesano, un litro de caldo de carne o de pollo, sal y aceite. Elaboración: Si los boletus están deshidratados, lo primero que hay que hacer es ponerlos a remojo un par de horas antes de la preparación del risotto y reservar el agua para añadirla más tarde al arroz. Si los boletus son frescos los añadiremos directamente. A continuación, cortamos la cebolla en trozos muy pequeños y la sofreímos en un poco de aceite hasta que coja color. Añadimos las setas, sazonamos y rehogamos dos o tres minutos. El siguiente paso es poner a hervir un litro de caldo de carne o de pollo, junto al agua de hidratar los boletus si es que ha sido necesario. Se puede utilizar caldo ya preparado o una pastilla de caldo concentrado si no nos queremos meter en más complicaciones. Por último, añadimos el arroz a los boletus y la cebolla, rehogamos ligeramente e incorporamos el medio vaso de vino blanco. Dejamos que se evapore el vino, añadimos  poco a poco con un cazo el caldo al arroz y removemos ligeramente de vez en cuando hasta que el arroz quede cremoso. Unos minutos antes de que finalice la cocción del arroz, incorporamos el queso parmesano sin parar de remover. Servir a continuación y que continúe el espectáculo.


00834 El Rodaballo al Horno

CON PATATAS Y CEBOLLA


En algún momento de este caleidoscopio vital ya dejé constancia de mi gusto por este pescado y lo que me cautivó cuando lo probé por primera vez en el Restaurante "El Galeón", en Somo, Cantabria. Hoy lo traigo aquí cocinado de manera sencilla y bien sabrosa: al horno con patatas y cebolla. También es cierto que no lo he probado de otra forma.

Ingredientes: Un rodaballo limpio de vísceras, medio kilo de patatas, un par de cebollas dulces, tres dientes de ajos, un chorrito de vino blanco, aceite de oliva y sal.

Elaboración: Pelamos y cortamos las patatas, cebollas y ajos de forma no muy gruesa y colocamos los alimentos sobre una bandeja de horno. Añadimos un chorro de aceite y sal, y la introducimos en el horno pre calentado a 180 grados centígrados. Cuando cebollas y patatas comiencen a estar blandas, unos 20 minutos, las sacamos del horno y colocamos sobre ellas el rodaballo con la piel oscura hacia arriba. Sazonamos y regamos el rodaballo con aceite de oliva y un chorrito de vino blanco. Introducimos en el horno con el calor por arriba y por abajo por espacio de unos treinta minutos y listo para servir. El tiempo de horno dependerá del tamaño del pescado. La carne del rodaballo tiene que perder su color natural. Tampoco conviene que nos pasemos de horno para evitar que el pescado se nos quede duro y astillado.


viernes, 12 de octubre de 2018

00833 La Sopa de Melón

FRESCA, DELICIOSA Y ORIGINAL


Regresa a esta blog mi fruta favorita, el melón, y lo hace en forma de sopa. Aprendí la receta, una más, de la mano de mi hermano Antonio. Me pareció deliciosa y muy sencilla de elaborar. Además, su presentación es sumamente atractiva.

Recuerdo una tarde de esas juguetonas que puse a prueba a mis amigos de facebook, retándoles a que dijeran de qué plato se trataba y cuáles eran sus ingredientes. Costó incluso dándoles pistas. No era fácil. Sobre todo en lo concerniente a las cuatro esferas centrales del plato; que si melocotones, que si yemas de huevo... Al final, el personal se estaba volviendo tarumba y acabé por enumerar los cinco ingredientes de los que consta el plato.

Aquí van los ingredientes y la elaboración de tan singular y sencilla sopa de melón: Un melón de piel de sapo, un melón francés, un puñado de pistachos, confitura de frambuesa y unas hojas de menta. Empezamos por pelar y cortar en pequeños trozos un melón de piel de  sapo que habremos enfriado en el frigorífico. A continuación, lo licuamos o trituramos y lo vamos sirviendo en platos hondos individuales. Ayudados de un sacabolas o cuchara parisina extraemos unas bolas al melón francés que colocaremos sobre la sopa de melón. Solo falta la decoración para el toque final que consiste en espolvorear unos pistachos desmenuzados, verter un poco de confitura líquida de frambuesa y una hoja de menta. Lista para servir esta fresca, deliciosa y original sopa.




00832 El Tomate con Cebolla

DELICIOSA COMBINACIÓN



Continuo recogiendo el huerto; ese pedacito de amable tierra que tan gratos momentos me ha deparado y tan deliciosos alimentos regalado.

Los pepinos fueron los primeros en despedirse y tras ellos, las judías tiernas y las lechugas. Todavía mantienen el tipo los calabacines, pimientos, piparras, cebollas y berenjenas. Las tomateras apenas desprenden olor y sus pocos frutos parecen suspendidos en el aire. Confieso que me da pena. Han sido cinco meses de diario contacto y dedicación casi plena. Cinco meses de ver crecer plantas, salir flores y alegrarme con cada uno de sus frutos. Pero la naturaleza es así de sabia y contundente.Ordena recoger y es lo que toca.

Es el momento de guardar también sabores hasta que llegue el próximo verano. Sabores en estado puro sin trampa ni cartón. Tomate abierto, dulce cebolla, aceite y sal. Para qué más. Es la perfecta combinación para un nuevo tiempo de espera.




jueves, 11 de octubre de 2018

00831 Las Patatas Fritas Enlatadas

BONILLA A LA VISTA


Me encanta el "laterío" en general hasta el punto de convertirse en una debilidad. Cuando voy a un supermercado, una de mis secciones favoritas es precisamente la relacionada con los alimentos enlatados. Rara es la vez que no me encuentro con alguna grata y suculenta sorpresa. Y cuando, ingenuo de mí, pensaba que lo había visto todo en materia de enlatados..... aparecen las patatas fritas. Mi sorpresa fue mayúscula. Jamás me pasó por la cabeza que se pudieran vender patatas fritas enlatadas.

Mi "descubrimiento" no fue en un supermercado sino en un chiringuito de playa en Huelva, "El Portugués",  donde acostumbro a finalizar, con un café, mi paseo matinal en periodo vacacional. Tras pedir el consabido café americano,  mis ojos curiosearon el lugar para detenerse en unos coloristas parterres de variopintas plantas. Justo al lado, algo rompía el encanto. Se trataba de unas blancas latas. Algunas de ellas hacían ya las veces de improvisados maceteros y otras se encontraban apiladas a la espera de uso. Fue entonces cuando mis ojos se clavaron en las letras de los envases: "Patatas Fritas. Fritas con 100% aceite de oliva. Bonilla a la vista". Como digo, nunca había visto ni imaginado que las patatas fritas se pudieran servir desde una lata.


Conocida mi afición por las patatas fritas, tiempo me faltó para pedirle al camarero un plato de ellas, aunque fueran acompañadas de café. El simpático camarero me dijo que imposible, que no tenían y que lo de guardar las latas había sido un capricho del dueño del chiringuito.

A falta de patatas, me dispuse a conocer algo de ellas. Leí que "Bonilla a la vista suelta amarras y se lanza a la conquista de los océanos en el año 1932, en Ferrol, a las órdenes de Salvador Bonilla, padre del actual capitán, César Bonilla".... "En 1950, los momentos Bonilla a la vista eran aclamados por los coruñeses. La bicicleta primero, y la moto Bonilla a la vista de la marca Guzzi después, se convirtieron en navíos de tierra, repartiendo patatas fritas Bonilla a la vista envasadas en latas de 1 Kilo, retornables a las cafeterías de la ciudad"..... "En 1958, a Bonilla a la vista le era imposible crear de forma artesanal sus productos, por lo que el capitán en aquel momento, padre del actual, da orden de detener la producción de patatas fritas. Sin embargo, la idea no desapareció del todo, y 30 años después las patatas Bonilla a la vista regresaron....... gracias a la creación de la fábrica Bonilla a la vista en Arteixo". A partir de aquí, la historia de esta empresa familiar está jalonada de éxitos y proyectos que os invito a leer en su web bonillaalavista.com. Me parece interesante.

A la vuelta a casa supe que una empresa distribuidora las comercializaba en Huesca. Tiempo me faltó para hacerme con una lata de medio kilo. El resultado, unas patatas exquisitas gracias a su fino corte, crujiente textura y especial sabor. La lata garantiza su perfecta conservación durante varios meses. No le dimos tiempo a comprobarlo. Cayeron en un par de días.

Ah! Por cierto, la lata, como las de "El Portugués", está amagada en la terraza de casa a la espera de algún cometido.

miércoles, 10 de octubre de 2018

00830 Los Caracoles a la Brasa

CON UN BUEN ALI OLI


Jamás los he cocinado. Ni siquiera he tenido el amago de hacerlo. Con los caracoles me sucede como con la paella que tiene que ser la primera vez que prepare una. Cuando lo cuento la gente se sorprende. No se lo creen. Con lo que te gusta la cocina, me dicen, no entienden cómo no he preparado ni siquiera una. Pero así es, en mi entorno siempre ha habido alguien que las hace de vicio y no es cuestión de competir. Ni me lo planteo.

Con el cocinado de caracoles me sucede lo mismo, siempre hay alguien dispuesto a prepararlos de manera sobresaliente, así que me dejo llevar. Si me pusieran un centenar de caracoles delante, no sabría qué hacer con ellos salvo organizarles una carrera, que es lo que hacía en mi infancia cuando mi madre los preparaba. Siempre le "sisaba" tres o cuatro antes de su purga, para mi particular entretenimiento. En el suelo del cuarto de los juguetes pintaba con una tiza algo parecido a un circuito, situaba a los caracoles en la línea de salida, tras elegir a "mi favorito", y a esperar a que alguno alcanzara la meta. No recuerdo si en alguna ocasión llegué a laurear a alguno. Me temo que no.

Volviendo a los caracoles a la brasa, sin duda alguna es como más me gustan, acompañados, eso sí, de un buen ali oli. Siempre el mismo ritual; coger el caracol, chupar toda la sal, insertar en el palillo, así hasta tres veces, e impregnarlos bien de ali oli. Y entre bocado y bocado, hablar. Sí, hablar, porque los caracoles hay que comerlos en compañía, en grata compañía. En soledad se puede comer una ensalada o unos macarrones, nunca unos caracoles a la brasa.




martes, 9 de octubre de 2018

00829 Los Champiñones Rellenos

DE JAMÓN Y CEBOLLA


Las diez mil cosas que me gustan dan la bienvenida a los champiñones. Han tardado un poco pero ya están aquí y no será esta la única ocasión que por aquí se asomen.

Me encantan los champiñones sea cual sea su forma de salir a la mesa: rellenos, en revuelto de tortilla, protagonizando una crema, como acompañamiento, a la plancha, fritos o laminados crudos en ensalada. De cualquier manera me gustan.

Se estrenan aquí en una sencilla de las muchas elaboraciones que necesitan su paso por el horno: rellenos de jamón y cebolla. Sus ingredientes: Una docena de champiñones, 150 gramos de jamón serrano, media cebolla, aceite de oliva virgen extra, pimienta y sal. En cuanto a su elaboración, comenzaremos por elegir una docena de champiñones hermosos y tras quitarles el pie, pasamos los hongos por el grifo para limpiarlos, los colocamos en una fuente de horno con unas gotas de aceite y un poco de sal, para hornearlos a continuación durante unos minutos, que pierdan su natural textura, a 180 grados centígrados. A continuación, pochamos la cebolla hasta que quede transparente y reservamos. Sacamos del horno los champiñones, cortamos el jamón a tiras o en pequeños tacos y lo vamos depositando dentro de los champiñones,  que coronaremos con la cebolla pochada y un poco de pimienta molida. Introducimos los champiñones ya rellenos de nuevo al horno a 180 grados, con el calor por arriba y por abajo, hasta que los trozos de jamón queden asados. Y de aquí, a la mesa.

Se pueden tomar como aperitivo, entrante o como acompañamiento a alguna carne. El sabor está garantizado en apenas cuarenta y cinco minutos de dedicación.