lunes, 30 de diciembre de 2024

01569 Hay Despertares

 HOY ES DOMINGO


Hay despertares de amplio e incontrolado bostezo, de difícil acomodo horario. Hay días en los que bajar de la cama da vértigo, y no hacerlo, una decisión inútil. Hay despertares que buscan respuesta y otros que formulan preguntas. Y hay despertares de inesperada calidez.

Hoy ha sido un despertar cálido y dulce. Primero ha llegado el beso. Después, un trozo de tarta de brownie y queso elaborada por mi hija Jara.

Hay despertares a los que cuesta ponerles palabras; solo hay que disfrutarlos. Y además, es domingo.


01568 Paisajes Escritos (3)

 APACIBLE MIRADA


Se adivina la vida bajo las piedras calmas,
que hacen camino en la apacible mirada.

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015


01567 Una Nube por Montera

 DICEN QUE TODO ES POSIBLE


Se colocó una nube por montera
en una mañana de azules y malvas.

Despertó a su eterna quimera
y acariciando sus alas,
le susurró al oído la palabra certera,
a la espera de que el aire se la llevara en volandas.

Pasaron años de paciente espera.
Regresó el sueño bañado en sudores de aguas.
Lamió sus raíces y la planta entera.

Agua y sudor, con sabor a sal costera,
                                                                                    llegaron del mar soñado hasta la pequeña ladera,
                                                                                    donde aguardaba un árbol con una nube por montera. 
                                                                                    



01566 La Ensaladilla Rusa con Lechuga

 Y APAÑADO


En casa, nuestra afición por la ensaladilla rusa no tiene límites. En la entrada de este caleidoscopio vital número 00777 ya le rendí mi merecido tributo. Aunque habitualmente los ingredientes utilizados para su elaboración atienden a los gustos y "disgustos" de todos y cada uno de los miembros de la familia, hemos hecho tentativas de mil maneras. Me gusta de cualquier forma, salvo que sus ingredientes sean congelados, que entonces no me hace gracia alguna.

El caso es que cuando la preparamos en casa, hacemos para un regimiento y nos acompaña en la mesa un día y hasta tres de forma generosa. Bien es cierto, que el tercer día los platos ya no presentan tanta magnanimidad. Es entonces cuando entra en acción la fresca lechuga. Aparte de que la combinación es magnífica, el plato parece otra cosa, además de disimular la carestía de tan típico, popular y delicioso alimento. Incluso en alguna ocasión, según se antoje, reclamo la lechuga ya en el primer día y lo que en teoría es un apaño, se convierte en un verdadero y fresco platazo.


01565 La Morcilla con Pimientos Asados

 LA HUMILDAD HECHA PLATO


Aunque los dos ingredientes básicos de este apetitoso plato, morcilla aragonesa y pimientos asados, los consumo durante todo el año, recurro a ellos con más frecuencia durante la época invernal. No sé, se me antoja una propuesta de recogimiento, de compartir calor y mesa junto a un buen vaso de vino tinto y de disfrutar de alimentos que me han acompañado durante toda la vida. 

La morcilla aragonesa, elaborada básicamente a base de sangre de cerdo, arroz, piñones y especias, liga a la perfección con los pimientos. Aunque se trate de dos sabores bien distintos, su mezcla es potente y deliciosa. Me viene ahora a la cabeza unos pimientos rellenos de morcilla que probé hace unos años y que pasaron a formar parte de este caleidoscopio vital. Están recogidos en la entrada número 00243 de este blog. Dos propuestas bien distintas para los mismos protagonistas.

Este plato me gusta sacarlo a la mesa como entrante y a modo de anticipo de todo lo bueno que está por llegar. No tiene complicación alguna, salvo el tiempo empleado en asar los pimientos. Es tan sencillo como cortar la morcilla en generosas rodajas y freír ligeramente en una sartén con un poco de aceite de oliva virgen extra. Una vez asados los pimientos, se pelan, se cortar a tiras y finalmente se sazonan. Solo restará reunir a los dos protagonistas en una sartén y freír hasta que la morcilla se acabe de hacer. No se le puede pedir más a la humildad hecha plato.





01564 Déjala Entrar

NAVIDAD


Déjala entrar. No te ocupes de las ausencias. Solo recuérdalas. Enciende una luz por cada una de ellas y reconforta tu ánimo con todo cuanto fueron y significaron en tu vida. Déjala entrar. Por ti, por ellos, por todos a cuantos solo con escuchar su nombre, se les iluminan los ojos. Vamos, déjala entrar, aunque solo sea por quienes un día también te recordarán y a quienes alguien les dirá, abrid la puerta y dejadla entrar, que ya llega la Navidad. 




01563 El Pastrami

LLEGÓ PARA QUEDARSE


Han tenido que pasar 67 años, que son los que amontono, para probar tan delicioso alimento: el pastrami. Fue por casualidad en un desayuno improvisado. Por los establecimientos hosteleros que he acostumbrado a frecuentar, nunca hasta ese entonces reciente, me había sido ofrecido. Lo conocía de oídas y de haber leído algo sobre él, pero jamás lo había catado. 

Ese día de estreno, recuerdo aquel bocadillo de pastrami como algo excepcional. Servido en pan de cristal, el primer mordisco dado me pareció un auténtico espectáculo de sabor y frescura. Nada desentonaba al acompañamiento de esta suculenta carne ahumada para mí desconocida. Todo sumaba: los avinagrados pepinillos, la fresca lechuga, la mayonesa, la mostaza y algún otro ingrediente que no llegué a reconocer. En otro momento hubiese preguntado de qué se trataba, pero el establecimiento estaba a rebosar y no me pareció oportuno meter más presión a la que ya se respiraba en el ambiente.

No tardamos mucho tiempo en volver a probarlo, pero esta vez en casa, aprovechando su nada habitual presencia en uno de los supermercados donde acostumbramos a comprar en nuestro día a día. Fue para cenar un sábado. Aunque me recordó en algo a aquel que tan inolvidable recuerdo me dejó, tenía alguna que otra carencia. Por ejemplo, el pan de cristal que compramos era como una broma. De cristal solo tenía el nombre adjudicado. Y en cuanto a los ingredientes, eché en falta algo. Quizás aquello que no me atreví a preguntar. Pero vamos, como no se trataba de competición alguna, el bocadillo casero de pastrami fue más que notable. Conclusión: el pastrami, aunque tarde, ha llegado a mi vida para quedarse.

El pastrami es carne de vacuno sometida a un curado en salmuera y posterior ahumado en caliente, que se corta y consume en finas rodajas. Pese a su extensa fama en Estados Unidos, tiene un origen judío en Rumanía, cuando buscaban una técnica de conservación de la carne. De hecho, el pastrami se podría considerar parte del embutido rumano. Con la emigración europea a Estados Unidos a finales del siglo XIX, se popularizaría este ingrediente gracias a los judíos rumanos asentados en Nueva York. No en vano, en esta ciudad se puede disfrutar el famoso sándwich de pastrami en Katz's, el restaurante donde se rodó una de las escenas de la película "Cuando Harry encontró a Sally".

Cómo hacer un sándwich de pastrami básico. Ingredientes: 2 rebanadas de pan de molde, 150 gramos de pastrami, mostaza, mayonesa, algún tipo de lechuga y pepinillos en lonchas. Elaboración: Untar una rebanada de pan con mostaza y cubrir con láminas de pepinillo. A continuación, colocar el pastrami doblando las lonchas. Añadir la lechuga. Cerrar el sándwich con una rebanada de pan untada en mayonesa.









01562 Al Haya Centenaria

SELVA DE OZA


Antes de que caiga en el olvido

y sea tan solo un hermoso y añorado recuerdo.

Antes de que el sueño encuentre su acomodo,

sin bostezo y sin cansancio,

en la quietud silente del invierno.

Antes de que se desnude para recibir a la vida venidera

y sirva de cobijo al frío algodón norteño.

Y antes,

justo antes, de que se cierre la valija de sus atesorados colores,

quiero dejar constancia de su existencia,

de lo que fue y necesito que siga siendo. 


01561 Los Rigatoni a la Carbonara

 NUMBER ONE


La cosa, como tantas otras veces, va de antojo. Me he levantado con la "necesidad" de tomar pasta a la carbonara. Habitualmente, son los espaguetis quienes dominan este delicioso plato nacido en Roma. Hace muchos años que aprendí a cocinarlos, si bien no fue hasta un viaje a Italia, cuando conocí la receta original y que tanto me sorprendió. Me explicaré. 

Los espaguetis a la carbonara que hasta entonces venía cocinando, además de huevo y queso, contenían beicon y nata para cocinar. Me parecía, y me sigue pareciendo, un plato brutal. Pero, como he mencionado con anterioridad, en ese viaje al país de la bota, supe del sabor y de los "errores" que venía cometiendo al respecto, según la receta original. Básicamente, no llevan nata y en lugar de beicon, se preparan con guanciale, una chacina italiana preparada con los carrillos del cerdo, que se frotan con sal y pimienta negra, y se dejan curar durante tres semanas. 

En esos días de nuestro viaje familiar por Italia, recalamos en la bellísima localidad de Orvieto, un municipio de la provincia de Terni, en la región de Umbría. Tras recorrer sus calles y "enamorarnos" de todo cuanto salía a nuestro paso, llegó la hora de la cena. Habíamos comido frugalmente y el apetito llamaba a nuestros estómagos. Bueno, es una forma de hablar, ya que en nuestro periplo italiano, no perdonamos ni una sola de las comidas. Todo apetecía y a cualquier hora. 

Accedimos a un  pequeño y acogedor restaurante, atendido por dos personas entradas ya en años. A través de una pequeña ventanilla se veía a una señora trajinar en la cocina, mientras el señor atendía las necesidades de la media docena de mesas de las que disponía el restaurante. Yo no tenía muy claro qué me apetecía cenar, hasta que leí en la carta "Espaguetis carbonara NUMBER ONE". Mis ojos ya no quisieron indagar más. Lo de espaguetis carbonara ya me estaba bien, pero lo de NUMBER ONE me llegó al alma. El plato era descomunal y el aspecto prometedor, aunque se me antojaba que no eran tal y como yo los elaboraba. El primer bocado me introdujo en la exquisitez del cocinado y entendí el apelativo de NÚMERO UNO. En la vida había probado cosa igual.

Como quiera que en ese momento no había mas que dos mesas ocupadas, llegados a los postres, me atreví a interrogar al amable señor sobre el fabuloso plato que acababa de disfrutar. Entre los conocimientos de italiano de mi hija Jara, tras un año de Erasmus en Rímini, y algo de español que sabía mi interlocutor, conseguí hacerme con la esencia original de este "platazo" NUMBER ONE. 

Aprendí que es un plato originario del Lacio, cuya receta original se basa en yemas de huevo, queso Pecorino, guanciale y pimienta negra, y que la pasta más utilizada generalmente son los espaguetis, si bien, también es muy común elaborarla con rigatoni. Conocí las excelencias del guanciale y su sencilla elaboración. Todo un descubrimiento. De hecho, desde entonces, siempre tenemos en casa este preparado de carne elaborado por nosotros. Y cómo no, también recogí su receta, que comparto a continuación. No pudo ser aquella noche en Orvieto, más reconfortante y entrañable. Siempre que tomo pasta a la carbonara, me acuerdo de aquella cena y de la simpatía de aquel amable señor.

En esta ocasión, he cambiado los espaguetis por rigatoni, y se ha añadido un poco de cebollino picado.

Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de pasta rigatoni, 150 gramos de queso Pecorino, 250 gramos de guanciale, 4 huevos, 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, pimienta negra molida y sal.

Elaboración: Mezclar en un bol los huevos, el queso rallado y sal y pimienta negra molida al gusto. Reservar. Cortar el guanciale a tiras un proco gruesas y no muy largas. En una sartén con tres cucharadas de aceite, dorar el guanciale. Una vez dorado, incorporar, junto con su grasa, a la crema de huevo y queso. Mientras tanto, cocer la pasta, siguiendo las instrucciones del fabricante. Una vez cocida la pasta, escurrir bien y mezclar con la salsa. Servir. 


01560 Aunque Me Repita

 PLATAZO COMBINADO


Puede que me repita, pero es que los platos combinados dan mucho juego. Además de salvar muchas comidas y cenas, de presentar en un solo plato un buen número de sabores y de alegrar la vista, son una magnífica alternativa para hacer desaparecer del frigorífico, los restos de alimentos que se van amontonando. 

Reconozco que soy un fan de los platos combinados y defensor a ultranza del aprovechamiento de los alimentos. Ya he repetido en numerosas ocasiones en este caleidoscopio vital, que en la cocina de casa "no se tira nada y se aprovecha todo", siguiendo las enseñanzas en las que fui educado. 

No siempre se consiguen platos de esos que dejan recuerdo y que, incluso, tomas nota para elaborarlo ex profeso y sin tener que esperar a que se vuelva a repetir la misma circunstancia. Todo depende de los mimbres con los que se cuente en cada momento.

En esta ocasión, las sobras con las que se elaboró este "platazo combinado" eran un cheque al portador. No podía fallar: tortilla de patata, anchoas albardadas, langostinos cocidos y lechuga. Salvo el vegetal, el resto de alimentos procedían de restos y sobras de precedentes comidas. Poco más puedo añadir al respecto. Lo disfruté a rabiar, tanto que me supo a poco. Y para que no se me olvide, lo traslado hasta aquí.

Me he dado cuenta de que son muchos ya los platos combinados que forman parte de este caleidoscopio vital, y en versiones bien distintas, pero es que así se escriben mis días gastronómicos.  





01559 Eterno Agradecimiento

 POR DEVOLVERME A LA VIDA


Dos imágenes. Idéntico escenario. Solo seis meses las separan. Es curioso comprobar, cómo en tan poco espacio de tiempo, cambian tanto las cosas. Los caprichos de la sin razón humana miden sus tiempos en décimas de segundo. La naturaleza, por aquel entonces, llamaba a la vida y a su renovación. En los preliminares de la primavera, “alguien”, de forma brutal y egoísta, quiso que cambiara por completo mi vida, y donde había luz, apareció la oscuridad, la desconfianza y la desolación. Pasaron seis meses entre una y otra imagen. En la primera había luz, y en mí, miedos, muchos miedos. Medio año más tarde, cuando el otoño comenzó a desnudar a la naturaleza, me volví, contra todo pronóstico, a sentir vivo. Y en lugar de temer a mis miedos, dialogué con ellos. Hacía seis meses, otro "alguien", esta vez bondadoso, confió en mí. Creyó en mi eterna primavera. Llegó el otoño, y como en la segunda imagen, también yo me desnudé para decir, simplemente, gracias por devolverme a la vida.


01558 Mañana de Domingo

 ESPONTÁNEO DESTINO


Así, tal se ven y se sufren las cosas del día a día, se tornan grandes las cosas sencillas. Una improvisada mañana de domingo y un espontáneo destino. Recuerdos de infancia, como en su día lo serán de mis hijas. Un paseo de la mano sobre el crujir de las ya cansadas bellotas. Y el espíritu con el ánimo se congracian y se abrazan. El paisaje es humilde, natural y hermoso. Olvido la plomiza pesadez de los días y de sus reiterados e indeseables acontecimientos. Cada rincón es una pintura, y en su conjunto, un museo de la naturaleza. Regreso a casa feliz.  


01557 El Cartero de Neruda

 ANTONIO SKÁRMETA


En los últimos meses estoy volviendo a leer libros que en su día me cautivaron. Me apetece meterme de nuevo entre sus páginas. Es el caso que traigo en esta ocasión hasta este caleidoscopio vital: “El cartero de Neruda”, del chileno Antonio Skármeta. Lo acabo de releer hace escasos minutos y, al igual que la primera vez que lo sentí, allá por finales de los ochenta del siglo pasado, lo he disfrutado de un tirón, con algunas breves interrupciones, cuyos motivos obviaré.

Su lectura me entusiasmó hace más de treinta años y ahora lo ha vuelto a conseguir. Se trata de una pequeña novela llena de ternura, que versa sobre el amor, la amistad y que rezuma poesía a lo largo de toda la obra. Algo natural si Neruda está de por medio.

La historia es muy sencilla, como sencilla es la novela Skármeta. Una sencillez plena de matices, interpretaciones y sensibilidad. Toda la novela es un homenaje a la poesía, en la que un joven de 17 años es contratado, al disponer de una bicicleta, para llevar a Isla Negra las cartas que Neruda recibe a diario. Mario, que así se llama el joven cartero, a través de sus conversaciones con el vate chileno, acaba adorando al poeta, además de utilizar su poesía para conquistar a su amada. Pero también la novela recoge una historia amarga; el proceso histórico que lleva del régimen de Allende a la dictadura de Pinochet. La novela se inicia en 1969, y llega hasta los días del golpe militar y la muerte de Neruda, 11 y 23 de septiembre de 1973, respectivamente.

Según cuenta Skármeta en el prólogo del libro cuando escribió esta novela, “… trabajaba yo como redactor cultural de un diario de quinta categoría. La sección a mi cargo se guiaba por el concepto de arte del director, quien ufano de sus amistades en el ambiente, me obligaba a incurrir en entrevistas a vedettes de compañías frívolas, reseñas de libros escritos por ex detectives, notas a circos ambulantes o alabanzas desmedidas al hit de la semana que pudiera pergeñar cualquier hijo de vecino”. El director del rotativo le encargó que asaltara “la paz costeña del poeta Pablo Neruda, y a través de entrevistas con él, lograr para los depravados lectores de nuestro pasquín algo así, palabras de mi director, `como la geografía erótica del poeta’. En buenas cuentas, y en chileno, hacerle hablar del modo más gráfico posible sobre las mujeres que se había tirado”.

Skármeta se hospedó en la hostería de isla Negra, y aunque no consiguió el encargo encomendado, conocería a los personajes de su preciada novela, que llegaría a publicar en 1985 bajo el título de “Ardiente paciencia”, y que no era otro trabajo, que el desarrollo del guion de la película homónima que el escritor había estrenado en 1983. En 1994, Michel Radford la llevaría a la gran pantalla con el título de “Il Postino” (El cartero), con la participación de Philippe Noiret, María Grazia Cucinotta y Massimo Troisi, escritor y protagonista, que pospuso una cirugía cardíaca para poder terminar la filmación. Un día después de terminar la película sufrió un infarto cardíaco que le causó la muerte. Fue nominado póstumamente al Óscar al mejor actor. Si tanto la novela como la película original se localiza en la localidad chilena de Isla Negra y en torno a la década de 1970, “Il Postino” traslada la acción a la isla italiana de Salina en la década de 1950. Después del éxito de la película de Radford, la novela, por razones comerciales, pasó a llamarse El cartero de Neruda.

La película fue galardonada con más de 25 premios internacionales y recibió cinco nominaciones al Óscar, incluyendo a Mejor película, convirtiéndola en la quinta película de habla no inglesa en conseguir dicha nominación. Finalmente, obtendría una estatuilla en la categoría de mejor banda sonora.

En cuanto acabe de publicar en el blog esta entrada, me pondré a ver por tercera vez la película “Il Postino”. Me apetece disfrutar de nuevo con su historia. Seguro que seguiré encontrando nuevos matices.




lunes, 28 de octubre de 2024

01556 No Llevarse a Engaño

LA BELLEZA NO SIEMPRE ES VISIBLE


No llevarse a engaño.

La belleza no siempre es visible.

Muchas veces está oculta a los ojos,
que no saben de detalles.

Otras, pasa desapercibida,
como los días a los que no se les atiende.

La belleza no siempre salta a la vista.

Los ojos y el corazón
tienen que estar siempre atentos para encontrarla.




01555 El Osobuco

ESTOFADO CON ROBELLONES


Me apetece guarecerme en la cocina e impregnarme de algún olor familiar. Bueno, más que una apetencia, se trata de una necesidad. Desconozco el motivo, pero me he levantado con esa idea. Llegado a este punto, lo acostumbrado sería acudir al recetario que fui aprendiendo de mi madre. Quedan pocas recetas ya que traer hasta este caleidoscopio vital. Así, que he acudido a otra de mis fuentes de sabor e inspiración familiar; la de mi hermano Antonio.

Sus recetas las tengo recopiladas en una carpeta en folios y papeles. Hace tiempo que quiero pasarlas a un cuaderno, como hice con las de mi madre, pero no encuentro nunca el momento. Me lo apunto en mi larga lista de pendientes que no urgen. He comenzado a pasar papeles hasta que me he detenido en una receta para mí muy especial. Entre otras cosas, porque la primera vez que probé este manjar fue a través de uno de sus guisos. Lo recuerdo como algo excepcional. Me estoy refiriendo al estofado de osobuco con robellones.

A mí, que me encantan los guisos y la cocina sin tiempo ni prisas, me pareció un señor plato, de los de toma pan y moja. Nunca mejor dicho. La melosidad de la carne, la salsa y el acompañamiento de los robellones son de auténtico bodegón y homenaje al buen sabor. He tomado nota de los ingredientes necesarios y me he ido a la calle para hacer acopio de ellos.

De regreso en casa, y antes de ponerme manos a la obra, me he servido una copa de vino. No acostumbro a cocinar con una copa de vino al lado, pero la ocasión, así lo requería. He bebido un pequeño sorbo, alzado la copa y brindado por mi querido y añorado hermano. Con todos los ingredientes a la vista, he comenzado a impregnar la cocina de ese olor familiar que necesitaba.

Ingredientes para 6 personas: 4 piezas de osobuco, 3 zanahorias, 2 cebollas, 4 dientes de ajo, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 250 gramos de  robellones, 500 ml de caldo de carne, 50 ml de vino de Jerez, 2 hojas de laurel, aceite de oliva, harina, sal y pimienta.

Elaboración: Enharinar los trozos de osobuco, salpimentar, dorar en una sartén y reservar. En una olla, dorar la cebolla y el resto de hortalizas en trocitos muy pequeños. Añadir el vino y cocinar hasta que se evapore el alcohol. Incorporar la carne con el laurel y los ajos. Verter el caldo de carne, en cantidad suficiente que cubra todos los ingredientes. Cocer a fuego medio/alto hasta que observemos que la carne esté tierna. Mientras tanto, saltear los robellones en una sartén con un poco de aceite de oliva y un diente de ajo muy picado. Cuando la carne vaya a estar a punto, incorporar los robellones al estofado y cocinar durante unos cinco minutos más. Servir caliente.

El nombre de osobuco, ossobuco, proviene del idioma italiano y significa “hueso hueco”, “osso” hueso, “buco” hueco. Se trata de un corte longitudinal de carne, que va desde la pantorrilla hasta la corva de la vaca o ternera, pero sin llegar a ser una pieza totalmente cilíndrica. Su grosor se estrecha en la parte inferior y se ensancha en la parte superior. Es una pieza muy gelatinosa, perfecta para asados.  Este corte de carne también es conocido como morcillo, zancarrón o jarrete.




01554 Un Lugar Donde Soñar

HABLANDO CON LOS SUEÑOS


Los sueños parecen no tener cobijo ya. Buscan lugares donde guarecerse, crecer y reconfortarse. Todo parece estar ocupado por el engaño, la mentira y el odio, me dicen. No tenemos cabida. Y sonrío. Sonrío por no llorar. Anoche les dije que mirasen en el mar, porque seguro que, en la orilla o en el ataviado horizonte, siempre hay un espacio para soñar.




01553 Los Jurelillos Fritos

 SANO PESCADO AZUL


El pez que traigo a este caleidoscopio vital lo vengo consumiendo habitualmente en conserva. Me encanta tenerlo presente en mis variopintas ensaladas. No hace mucho tiempo lo pude degustar a modo de pescadito frito. Me gustó y sorprendió.

El jurelillo, conocido también como chicharro, txitxarro o escribano, es un pescado azul rico en ácidos poliinsaturados muy saludables para nuestro organismo. De fácil digestión, es un alimento que aporta proteínas de alto valor biológico, similares a las del huevo o la carne, además de aportar vitaminas y minerales como el magnesio, hierro, yodo y calcio.

Se trata de un pez gregario, que recala periódicamente en nuestras costas. Los más adultos acostumbran a encontrarse a unas millas mar adentro, mientras que los más jóvenes, sobre todo en verano, pasan mucho tiempo al resguardo de las bahías y los muelles.

El nombre de Jurel procede del mozárabe, surel, y este, del latín, saurus, lagarto, y antiguamente, en la actualidad las cosas han cambiado, se consideraba comida de pobres. Leo que “la puesta de huevos se realiza en la superficie y es de más de 120.000 huevos de 1mm de diámetro. Los huevos dan a larvas que al nacer tienen un tamaño de 2.5mm de longitud y que adquieren rápidamente la forma de pequeños chicharros”. Las crías de este pez sobreviven con facilidad, ya que durante la mayor parte de la primera fase de sus vidas viven al refugio de los tentáculos de las medusas. 




01552 El Croisant con Mascarpone

 DE LAPACA


Ya he comentado en alguna ocasión en este caleidoscopio vital, que son mis hijas las que me ponen al corriente de las novedades hosteleras y gastronómicas de la ciudad. En esta ocasión, y aunque algo sabía por la prensa de las excelencias de este establecimiento, fue mi hija Loreto quien hace un par de años me llevó a desayunar a este Olimpo de la pastelería mundial, como es la pastelería gourmet de Lapaca, ubicado en la capital oscense y con la firma del joven maestro Raúl Bernal.

En aquella oportunidad, y aconsejado por mi hija, me tomé un croissant de mascarpone. Me pareció algo delicioso; contundente, pero delicioso. Lo recuerdo como algo muy original y difícil de olvidar. Un sabor especial para un croissant también muy especial.

Desde entonces no había vuelto al establecimiento hasta hace escasas fechas, si bien había degustado de aquí otros productos en improvisados desayunos que Loreto ha traído a casa. En mi segunda visita volví a apostar por el croissant de mascarpone. Estuve a punto de cambiar, pero finalmente me incliné por el croissant que tan gratísimo sabor siempre me ha dejado. El hojaldre del croissant me parece de una delicadeza extrema con su generoso relleno de mascarpone. ¡Fantástico!

Ahora que “ya me conozco” el camino, regresaré para seguir ampliando los sabores que este magnífico establecimiento ofrece y que, no me cabe la menor duda, pasarán a formar parte de este caleidoscopio vital, al igual que la propia pastelería. Otro encanto.

A modo de información, decir que Raúl Bernal estuvo considerado en 2011 como mejor maestro chocolatero de España y que en 2023 obtuvo el premio al mejor bombón artesano de España. Recientemente, Lapaca entraba a formar parte del Olimpo de la pastelería mundial al ser incluida dentro de Relais Dessert, una agrupación con más de 40 años de existencia y a la que pertenecen únicamente los mejores establecimientos del mundo.




01551 Poner Música a los Paisajes

EMOCIÓN EN BANDEJA


Me gusta poner música a los paisajes que me encuentro en mis caminos. Una manía como otra cualquiera. Como no sé componer, imito las que ya están escritas. Como tampoco sé cantar, las tarareo. Para esto tengo buen oído. En esta ocasión, he probado con varias canciones. Finalmente, me he quedado y tarareado "Days are numbers", de la banda Alan Parson Project. La emoción ha venido servida en bandeja.


01550 La Sopa de Fideos con Mejillones

SOPA PARA UN DOMINGO


En estos días la cuchara ha llegado a la mesa para quedarse. Me apetecen los platos de cuchara en cualquiera de sus versiones, que no son pocas. Y ya que hace unos días retomé el cuaderno de recetas que aprendí de mi madre, le he echado una ojeada en busca de algo que me hiciera especial tilín en estos momentos. Y sí, lo he encontrado. Se trata de una sopa de fideos con mejillones que me encantaba cuando la cocinaba. Es muy sencilla, rápida y sabrosa. Si mal no recuerdo, habitualmente la elaboraba en días festivos y como algo excepcional. Y francamente, así la recibía yo. Curiosamente, ahora me percato que también es domingo.

Ingredientes para 6 personas: 400 gramos de fideos, un kilo y medio de mejillones, 1 litro de caldo de pescado, una lata pequeña de tomate frito, una cebolla mediana, 2 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: Limpiar los mejillones y abrirlos en una cazuela con un poco de agua. Separar la carne de la concha, reservar y colar el caldo. En una cazuela con un poco de aceite, sofreír la cebolla y los dientes de ajo, cortado todo muy fino. Cuando la cebolla comience a coger color, incorporar el tomate frito y rehogar durante un par de minutos. A continuación, añadir el caldo de pescado. En el momento de empezar a hervir, introducir los fideos y sazonar. Cuando los fideos estén casi listos, incorporar el caldo que se había reservado de los mejillones, remover e incorporar los mejillones. Cocinar un par de minutos removiendo continuamente y dejar reposar unos cinco minutos. Servir caliente. 




01549 Paisajes Escritos (2)

 EN LA ORILLA


En la orilla. Escuchando el agua como historia de un legado. Ríos vivos que vienen de nacer en puertos ásperos.

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015

01548 Por Castigo

 ¡AY, LOS HELADOS!


Me encantan los helados. Aunque tengo mis preferencias, me gustan de cualquier sabor. Me da lo mismo que haga frío o calor, que llueva o que luzca el sol. Nunca digo no a un helado. En tarrina, cucurucho, de palo, de bola o plano.

Creo que ya es suficiente para dejar claro que me chiflan los helados. Pero bueno, una cosa es que me gusten a rabiar y otra, que los consuma a diario. Lo haría si no fuese por ese Pepito Grillo que acostumbramos a tener al lado. Es él quien me tiene controlado. Tanto, que pueden pasar semanas y yo, sin catarlos.

Llevo últimamente tal abstinencia, tal control a mi afición sin pecado, que para más castigo, he mirado al cielo y me ha parecido ver un frío helado blanco.


01547 Los Guisos de Patatas

 CÁLIDOS Y SABROSOS


He salido, como todas las mañanas, a desayunar a la terraza. Bueno, lo de desayunar es una forma de hablar. Lo correcto sería decir que, como todas las mañanas, me he tomado en la terraza un café americano a modo de desayuno. No apetecía mucho estar a la intemperie, pero fumar es lo que tiene. 

Se ha levantado viento. Un viento del norte que hace poco grata la estancia en la terraza. El cielo está completamente cubierto y muy gris. Excesivamente gris para mi gusto. Con este primer y solitario café aprovecho para organizar mi destartalada cabeza. Lejos de conseguirlo, en ocasiones hasta la desordeno más si cabe. Hoy ha sido de los días en los que mejor dejar las cosas como están. Así, que me he puesto a pensar en qué hacer para comer.

El día con el que hemos amanecido me ha puesto sobre la pista. El primer plato tiene que ser de cuchara y recogimiento. Y sin saber el motivo, la cabeza y sus recuerdos lo sabrán, me he acordado de un guiso de patatas con pimientos que hacía mi madre y que, en su más tierna humildad, me parecía una maravilla. No me lo he pensado dos veces. He retomado la libreta donde fui recogiendo sus recetas, sin saber a ciencia cierta si estaría el mencionado guiso. Y sí, estaba. De cualquier manera, me acuerdo perfectamente de su cocinado simple y sencillo.

Me he puesto manos a la obra y sin darme cuenta se me ha pasado la mañana con la cabeza ocupada y distraída. Hasta el día, que sigue estando igual de gris, me parece más luminoso. En cuanto al guiso, la primera vez que lo cocino desde que mi madre falleciera, y de esto hace ya veinticinco años, está tal y como lo recordaba: cálido y sabroso.

Ingredientes para 4 personas: 6 patatas, 3 pimientos verdes, 1 cebolla, 1 pastilla de caldo de carne concentrado, aceite de oliva, sal y agua.

Elaboración: Pelar y trocear la cebolla. Limpiar los pimientos, quitarles las semillas y cortar a tiras. Poner un chorrito de aceite de oliva en una olla y rehogar la cebolla y los pimientos. Pelar y chascar las patatas (ayudados de un cuchillo, arrancar los trozos de patata, de manera que no quede un corte limpio, sino lo más irregular posible). Cuando  la cebolla comience a dorarse, añadir las patatas, el agua, de tal manera que cubra las patatas, y la pastilla de caldo de carne concentrado. Cocinar con el fuego medio/alto hasta que las patatas estén tiernas. Comprobar el punto de sal. Servir caliente.


01546 Misión Imposible

 ASOMBRO Y BELLEZA


Un día me dispuse a contar árboles, pero la belleza del bosque me distrajo del cometido. Después de un largo tiempo de asombro y bienestar, decidí dejarlo para otra ocasión. Quizás, cuando la belleza se retire para acicalarse.


01545 Las Croquetas de Morcilla

ORIGINALES Y SORPRENDENTES



Las croquetas con sus, para mí, nuevos sabores, me persiguen. No hace mucho me deleité por primera vez con unas deliciosas croquetas de chipirones (ver entrada de este blog 01510) y más recientemente, con unas de morcilla. Y además, para cenar. ¡Una auténtica pasada!

La culpable, mi hermana Gemma. Fui a pasar un fin de semana a su casa y me recibió con esta sorpresa. Siempre trata de sorprenderme con su buen hacer en la cocina. El resultado acostumbra a ser de sobresaliente y en esta ocasión, con las croquetas de morcilla, siguió manteniendo el listón muy alto.

Resultaron ser unas croquetas, además de muy bien ejecutadas, crujientes y sabrosas, originales y bien distintas. La primera que probé me sorprendió sobremanera. Evidentemente sabía a morcilla de la que se come por estas tierras aragonesas, -habitualmente hechas de arroz, sangre de cerdo, piñones, sal y especias, aunque estas no llevaban piñones-, pero tenían un dulzor y una suavidad especial, que pronto distinguí en mi paladar: manzana. No sé cuántas llegaría a tomar. Muchas. Y cada vez me parecían más deliciosas. Tan entusiasmado estaba con la croqueta que hasta se me olvidó hacerles una fotografía para traerlas hasta este caleidoscopio vital. De hecho, las imágenes que ilustran esta entrada son las que pude hacer al día siguiente a las cuatro que quedaron y que sacó Gemma a modo de aperitivo,  y que si me descuido, ni a estas pobres inmortalizo. 

Evidentemente, le pedí a mi hermana la receta, pues no creo que tarde mucho en hacerme con unas morcillas para "encroquetarlas". Faltaría más. 

Ingredientes: 350 gramos de morcilla, 2 manzanas, un par de cucharadas de postre de azúcar, sal, aceite de oliva virgen extra y bechamel, según se tenga por costumbre cocinarla.

Elaboración: Desembuchar la morcilla y desmenuzar su interior. Pelar, descorazonar y cortar las manzanas en dados pequeños. En una sartén con un poco de aceite, saltear la morcilla y añadirle un poco de sal. Añadir a continuación los dados de manzana, mezclar bien y rehogar durante un par de minutos. Añadir el azúcar, volver a mezclar y rehogar otro par de minutos. Retirar del fuego y reservar. Elaborar una bechamel cremosa. Cuando la leche de la bechamel comience a calentarse, incorporar la mezcla de morcilla y manzana que habíamos reservado. Remover de forma constante durante todo el proceso para evitar y hasta conseguir una bechamel fina y cremosa. Retirar del fuego y dejar enfriar a temperatura ambiente. Una vez la masa fría, introducir en el frigorífico un par de horas. Dar forma de croquetas a la masa, pasar por huevo y harina, y freír en aceite muy caliente.  





01544 Antes y Después

 FASCINANTE


Entre el antes y el después hay momentos de expectación, dedicación, interrogación, ilusión, animación, ensoñación, intención... para un final, sencillamente fascinante.


01543 El Poto

 UN TODO TERRENO


Esta planta me ha acompañado, salvo en pequeños lapsus de tiempo, toda mi vida. Ya no solo en las distintas casas en las que he vivido, sino también en mis lugares de trabajo. Ha sobrevivido a traslados y a algún que otro descuido. He tenido potos hermosos y también raquíticos, pero su sola presencia siempre me ha alegrado los días.

Que recuerde, los he tenido en maceteros de macramé, en la cocina, buscando su vida trepadora en una alacena del comedor, en una estantería e incluso en el baño. Menos en el dormitorio, creo que ha ocupado todas las estancias de la casa. Y es que se trata de una planta de lo más resistente y de las más fáciles de cuidar y mantener. Anda que no le he hecho perrerías a la pobre. Es lo que tiene ser una planta nada complicada. Se conforma con poco: luz, temperaturas sin excesos y humedad. Si será agradecida, que durante muchos años se conformó con vivir en el despacho de casa en una taza con agua hasta que su raíz ya no tuvo más espacio. Fue entonces cuando la trasplanté a una maceta y aquí sigue conmigo como una campeona.

Sí, me gustan los potos. Me alegra su presencia y sobre todo, le agradezco que no de problemas.

 






01542 Dale Limosna...

 FRANCISCO DE ICAZA


“Dale limosna, mujer,

que no hay en la vida nada

como la pena de ser

ciego en Granada.

La primera vez que leí estos cuatro versos adosados a un muro en la Alhambra de Granada, me produjeron tanta ternura y emoción, que hasta conseguí aprendérmelos de memoria. De esto hace medio siglo, en un viaje de estudios de cuando cursaba bachillerato. Una de mis muchas asignaturas pendientes es la memoria, tal y como ya he dejado escrito en varios momentos de este caleidoscopio vital. Pero en aquella ocasión, a base de repetir y repetir el bello poema, quedó grabado en mi mente para siempre.

Hace un par de años volví a la hermosa e histórica ciudad de Granada y pude observar que el poema se había convertido en un emblema de la ciudad, a tenor de lo extendida que estaba por la urbe granadina, a través de azulejos y souvenirs. En aquella primera visita me quedé con el poema y las sensaciones que me produjo. Fue en mi segunda y reciente visita cuando me apeé de mi ignorancia y conocí su procedencia.

El citado poema se encuentra escrito desde 1957 en una placa de piedra adosada al muro exterior de la Torre de la Pólvora, en el extremo Oeste del Jardín de los Adarves, al sur de la Alcazaba de la Alhambra. Su autor es el poeta mexicano Francisco de Icaza (México 1863/Madrid 1925), un ferviente apasionado de la literatura española, además de crítico literario, historiador, poeta y diplomático. En 1895 contrajo matrimonio con “la joven y adinerada española Beatriz de León y Loynaz, a la que casi doblaba en edad. Su esposa, aunque había nacido en La Habana se crio en Granada.

El poeta era un enamorado de la ciudad de Granada. La visitó por primera vez con veinte años y volvió en su viaje de novios con su esposa Beatriz. Se cuenta que, durante un paseo de la pareja por la Alhambra, un ciego tendió la mano para pedir una limosna. Fue en ese momento cuando surgieron los populares versos que más tarde, en 1922, publicaría con el título de “Para el pobrecito ciego”.

En marzo de 2023, el Ayuntamiento de Granada entregaba a los descendientes del poeta, a través de su alcalde y con la unanimidad de la corporación municipal, el nombramiento a título póstumo de Hijo Adoptivo de la ciudad. 


01541 Los Boletus Edulis

 EL REY DE LOS HONGOS


Hoy toca seguir archivando fotografías. He abierto un archivo que contiene imágenes solitarias y que en su día guardé movido por algún sentimiento o porque sencillamente albergaban un significado especial para mí. Es el caso de esta atractiva y sugerente abarca de boletus edulis. La imagen me la remitió vía wasap mi hermano Antonio en respuesta a otra que le envié y que recogía una cesta llena de trompetillas amarillas. Hablamos, por lo que puedo ver en la información recogida en la fotografía, del 31 de octubre de 2014. Y ahora que lo pienso, desde entonces no he vuelto a ir al monte a coger setas. No tengo con quien ir y solo no me seduce.

En mi vida solo he cogido un boletus y ni siquiera me lo pude llevar a casa para disfrutar de su sabor. Lo recolecté en Aínsa, en la Peña Montañesa, hace un porrón de años, como participante en una salida micológica organizada. Cuando lo tuve delante de mí, no cabía de gozo. Era mi primer boletus edulis. Toda una proeza para mí. Pero poco dura la alegría en casa de los pobres. Apenas pude olerlo, cuando me fue arrebatado de las manos por el guía asignado a nuestro grupo. Sin gratitud alguna, me dijo que lo recogía él para incluirlo en la exposición micológica que se exhibiría al día siguiente. El caso es que nunca más volví a ver ese boletus, ni siquiera en la exposición mencionada. ¡Porca miseria!

En el plato, este rey de los hongos, lo he visto más veces. Tampoco muchas, pero las suficientes como para testificar que se trata de un más que delicioso bocado. La primera vez que probé un boletus me fue ofrecido, como no podía ser de otra manera, por mi hermano Antonio en Bilbao; en finas lonchas a la plancha, con unas gotas de aceite y unas escamas de sal. Me pareció un manjar. Con posterioridad, fue otro Antonio, Arazo, un reconocido maestro de la cocina oscense y amante de la micología, quien me dio a probar, además de enseñarme a elaborar, una crema de boletus. ¡Espectacular! La última vez que tuve contacto con el inconfundible sabor de este hongo fue en modo croqueta. ¡Delicioso! Ya me gustaría haber tenido más relación con este gran manjar otoñal, pero como dice una gran amiga, ¡esto es lo que hay!

Comparto a continuación la receta de la crema de boletus que en su día me facilitó mi amigo Antonio Arazo, y que cuando he tenido oportunidad, he puesto en práctica. Sencilla y brutalmente sabrosa.

Ingredientes: ½ kilo de boletus edulis, 1 puerro, 200 ml de nata, ½ litro de caldo de verduras o de pollo, pimienta negra molida, aceite de oliva virgen extra, una cucharadita de mantequilla y sal.

Elaboración: Limpiar y trocear el puerro. Sofreír con una cucharadita de mantequilla hasta que se dore. Sazonar y reservar. Limpiar los boletus con un paño húmedo y cortarlos en dados. En una sartén con muy poco aceite dorar los dados de boletus. Reservar. Mezclar el puerro y los boletus, y volver a sofreír a fuego medio, removiendo continuamente hasta que los hongos suelten el agua. Cubrir con el caldo elegido, verduras o pollo, y dejar cocer unos veinte minutos. Añadir un poco de pimienta negra molida y un poco de sal. Pasar por la batidora para obtener una crema. Incorporar la nata líquida y mezclar bien. Servir caliente.