sábado, 30 de diciembre de 2023

01241 Más Huevos Rotos

 EN ESTA OCASIÓN, CON MORCILLA


Vuelvo a romper huevos. Otra cosa no, pero romper huevos, no se me da nada mal. Me encanta romper y estrellar huevos. Siempre en la mesa, claro. 

En las entradas de este caleidoscopio vital números 00914 y 00975, rompí huevos con boletus y con calamares, respectivamente. Solo escribirlo se me hace la boca agua. En esta ocasión, rompo y estrello los huevos con otra de mis debilidades, la morcilla.

Conocí este plato en una cena en casa de mi estimada amiga Chus. Siempre sorprende con sus degustaciones y es una gozada comer o cenar en su casa. Tanto me gustó, que tomé buena nota y pensé que esta sería la tapa que llevaría a nuestro multitudinario encuentro familiar para despedir el año. Se trata de un plato muy sencillo de cocinar, no hay que emplear mucho tiempo y el resultado es espectacular. Me pareció un plato curioso, original y a pesar de su apariencia, nada pesado, a no ser que te pongas las botas. Todo un acierto.

Volví a llamar a Chus para que me repitiera la receta y así no meter la pata. Me ha insistido en que la morcilla tiene que estar bien frita, una vez desembuchada, y el huevo frito no muy hecho. Así pues, tras estas recomendaciones, a por ello.

Ingredientes para 4 personas: 6 morcillas dulces de arroz, 8 huevos y aceite de oliva virgen extra. (En los huevos rotos con morcilla que hice como tapa para Nochevieja, incorporé un par de cucharadas de postre de pimentón dulce que espolvoreé por encima del plato una vez terminado. Y como se trataba de una tapa, acompañé al plato unas rebanadas de pan tostado).

Elaboración: Desembuchar las morcillas y freírlas en un poco de aceite de oliva. La morcilla tiene que quedar bien frita y suelta, nada apelmazada. Una vez frita, reservar. Freír los huevos, que no queden muy hechos, y colocar sobre la morcilla. Romper los huevos, remover un poco y servir caliente o templado.



viernes, 29 de diciembre de 2023

01240 La Reconciliación

 SIEMPRE, LA RECONCILIACIÓN


Olvida que todo fue mentira.
Te recuerdo que todas las cosas son secundarias,
cuando me refiero a las importantes.

Seguro que te fallé.

No siempre el volumen de la música
es el adecuado, 
como, en ocasiones, tampoco
lo es la gestión de los sentimientos.


Supongo que si volviéramos atrás,
el desenlace sería distinto.
O igual no.
Porque no hay días iguales,
ni sueños, ni paisajes, 
ni instantes idénticos.
Ni siquiera un minuto
está hermanado con el siguiente.
Ni una cicatriz
es melliza con la de al lado.


Si retomáramos ese momento,
ese instante de dolor, 
                                                                                    como no creo en las corazonadas,
                                                                                    solo te cogería de la mano,
                                                                                    para mirar juntos y en silencio,
                                                                                    un cielo azul, un prado, una sierra, un árbol
                                                                                    y respirar el aire de la reconciliación. 
                                                                                     






01239 Los Entremeses

 DE ARRAIGADA TRADICIÓN


Hablando recientemente con un conocido, muy moderno y progresista él, salió a colación el menú navideño previsto para estos señalados días. Cuando me tocó a mí participarle acerca de nuestras viandas, le hice saber que desde que contraje matrimonio, hace treinta años, Nochebuena y Navidad las pasamos en casa de mis suegros, y salvo alguna rara excepción, el menú siempre es el mismo. En Nochebuena, un delicioso surtido de entremeses, langostinos, paté, bonito con pimientos del piquillo y alguna cosa más de última hora. El día de Navidad, se repiten los entremeses, para terminar con cordero asado. Así, en líneas generales, amén de los consabidos dulces y turrones.

A mi conocido le sorprendió la tenaz apuesta por los entremeses y espetó, de aquí mi calificativo de “moderno y progresista”, que eso le sonaba a viejuno, prehistórico, tradicional y a tiempos de su abuela. Como no acostumbro a entrar a los trapos innecesarios, e intento evitar conflictos, puse cara de póker y allí quedó la conversación.


De regreso a casa, reflexioné sobre lo dicho por mi conocido. Puede que los entremeses, para mí, sinónimo de fiesta y celebración, en un pasado vivieran tiempos mejores. Mi madre así lo entendía también.

Han cambiado mucho las cosas en las últimas décadas, y la gastronomía no ha estado ajena a los vaivenes. Nuevos sabores, distintas formas de cocinar, según ordene la moda, nuevas propuestas…, pero esto no quita para que se infravaloren y desdeñen las tradiciones y el buen gusto.

Me faltó decirle que, además de todo el significado que conlleva para mí la Navidad, sentarme estos días a la mesa con mis suegros y mi cuñado, lamentablemente, ahora solo con mi suegra y mi cuñado, me produce satisfacción. Y que, aunque los entremeses puedan parecer algo viejuno y prehistórico, la calidad y el sabor de los embutidos que cada año selecciona mi cuñado, en nada se parece a los que mi conocido pueda, al parecer, recordar. Particularmente, cada año espero con ilusión el contenido de los entremeses y con qué delicadeza nos sorprenderá. Entremeses, por otra parte, que no volveré a degustar hasta el próximo año, siguiendo mi tradición. Así, que pasen por la puerta grande a este caleidoscopio vital, los denostados, para mi conocido, entremeses de toda la vida.  

 






martes, 26 de diciembre de 2023

01238 El Entrecot a la Milanesa

 EL FILETE EMPANADO DE TODA LA VIDA


No hace mucho, en una de nuestras esporádicas salidas a comer fuera de casa, me encontré en el menú con un “Entrecot de ternera a la Milanesa”. Me llamó la atención, pues habitualmente, quienes se dedican a dar de comer, no se andan con tantas florituras y van directamente al grano con un “Entrecot empanado”. Me llamó la atención. Lo pedí y lo cierto es que resultó estar bien bueno.

En algún lugar de este caleidoscopio vital, ya dejé bien clara mi afición por el empanado. Me da lo mismo que se trate de carnes, como de pescados, setas o verduras, por poner algunos ejemplos. Disfruto con los alimentos rebozados y sobre todo, si están bien cocinados.

Cuando llegué a casa después de esa mencionada comida, mi interesé por el motivo por el que al entrecot de ternera empanado se le denomina “a la milanesa”. Es lo que tiene también este reto personal de las diez mil cosas que me gustan, que me obliga a curiosear aspectos del día a día, y a ampliar conocimientos que, de otra manera, posiblemente, me pasarían desapercibidos.

Lo que pude llegar a leer al respecto es que, en el año 1134, cuando Milán era parte del imperio austro-húngaro, un cocinero italiano presentó en la Corte este plato por primera vez. Y es en esta ciudad italiana donde se conserva “un pergamino de mediados del siglo XII, que habla de un lumbulus cum panicio –carne de vaca o lomo con pan– como parte de un menú de nueve platos que ofrecía el abad de San Ambrosio en su Basílica, con motivo de las fiestas de San Sátiro”. Pero, evidentemente, una comida no son solo sus ingredientes, sino también su modo de cocción. Sería Bartolomeo Scappi, cocinero de altos mandos eclesiásticos, quien descubriría en el siglo XVI, que rebozar la carne con pan rallado y luego freírla, cuidaba, enternecía y mejoraba su gusto. Con la oleada de inmigrantes italianos a Argentina, la cotoletta alla millanese, se popularizaría y transformaría en la milanesa que todos conocemos.

La primera receta en aparecer en un libro data del año 1855, en el libro “Gastronomía Moderna”, de Giuseppe Sorbiatti. Curiosamente, la receta se muestra bajo un nombre de origen francés: coteletta , pequeña costilla y dice así: "Coloca sutilmente seis costillas con gracia, sumérgelas en el huevo batido, luego pásalas por el pan, déjalas freír a fuego lento, dales la vuelta y después de dos minutos sírvelas en el plato con el limón a un lado”.

Curiosidades y anécdotas aparte, un entrecot de ternera empanado/milanesa bien ejecutado, ¡qué cosa más deliciosa!




01237 Los Empanadicos de Calabaza

 POSTRE DE TRADICIÓN


No siempre me ha gustado el empanadico. Es más, no me hacía ninguna gracia cuando lo veía. Las pasas y la calabaza de su relleno no me transmitían confianza alguna. Y sí, en contadísimas ocasiones, llegué a probarlo. Pero el trocito que me comía, por cortesía a quien me lo ofrecía, pasaba por mi particular disección antes de llevármelo a la boca, para quitarle todas las pasas, que tantas náuseas me producían. Sí, en cambio, me encantaban los empanadicos rellenos de manzana, menos habituales en este tradicional postre aragonés.

La culpa de que acabara por gustarme, la tiene la Asociación de Mujeres de la Hoya de Huesca. En una ocasión, estando todavía en activo, acudí hasta la sede de esta asociación para hacer un reportaje radiofónico. Fue próximo a las Navidades. Coincidió mi visita con la inauguración de una exposición con los trabajos artesanales que las asociadas habían elaborado en los últimos meses. Para una mejor y dulce inauguración, decidieron preparar postres caseros, incluidos el empanadico. Tenía una pinta fenomenal, pero como era mi costumbre por aquel entonces, ni me acerqué a él, hasta que la señora que lo había elaborado, vino a buscarme para ofrecerme una tira, más bien generosa, del dichoso dulce. Me lo ofreció con tanto entusiasmo, que no pude negarme a aceptarlo. En ese momento, no era cuestión de meterme en las entrañas del empanadico para “limpiarlo” de pasas, así que en un alarde de “valentía” y entrega a la causa, introduje el dulce en mi boca, cerré los ojos, le di un pequeño mordisco… y me gustó, a pesar de encontrarme con la denostada pasa. Tanto me agradó, que repetí, y hasta pedí la receta.

Después de mi personal estreno y definitiva aceptación, todas las Navidades, desde aquel entonces, hemos elaborado empanadicos en casa, con las calabazas nacidas en mi huerto y con el resto de ingredientes adquiridos en Ultramarinos La Confianza. Se ha convertido en una entretenida y expectante tradición.

Han sido varias las recetas puestas en práctica. Desde aquella primera que solicité y que nunca conseguí que me saliera igual, pasando por la que me dieron tras mi paso por un taller de elaboración de empanadicos, hasta la facilitada por la madre de una amiga, que es con la que año tras año intentamos mejorarlo. Reconozco que después de unos cuantos años, no acabamos de cogerle aquel. Buenos están, pero no como aquel que probé con tanto entusiasmo de las Amas de Casa de la Hoya de Huesca.

Este dulce de subsistencia y aprovechamiento, por lo que he podido comprobar, tiene tantas variantes, como manos lo elaboran. Así lo pude constatar siendo jurado en un concurso de empanadicos, en el que llegué a probar hasta 37 diferentes. No encontré dos iguales y todos tenían su alma.

La receta que a continuación comparto es la que venimos repitiendo en los últimos años. El empanadico está bueno, porque los ingredientes no engañan. Pero dicho esto, no acabamos de igualarlo al que probamos de la mano de quien nos facilitó la receta. Copio, tal cual, como así nos la pasaron, sin corregir una coma.

Empanadico de calabaza de la madre de Julia. Para medio litro de agua se echan dos cucharadas soperas de azúcar, una cucharada de anís en grano, una piel de naranja y una pizca de sal. Se pone al fuego hasta que hierva. En un cuenco grande se echa la harina formando un volcán, y en el centro se echa una medida (tazón) de aceite de oliva suave y dos medidas de agua escaldada, hirviendo y colada. Amasar suave hasta que se trabaje bien. Acto seguido y sin reposar, se hace una bola como un puño y se estira. Se coloca sobre papel de horno. En un bol se mezcla azúcar con canela. Aproximadamente, para medio kilo de azúcar, dos cucharadas de canela. Mezclar bien. Poner esta mezcla sobre la mitad de la lámina de masa, que quede bien extendida. La calabaza se corta como para tortilla y se coloca sobre el azúcar de forma generosa y sin que queden huecos. Encima se ponen las pasas y los piñones. Se espolvorea con el azúcar de la mezcla y se echa un chorrito de aceite por todo. Se tapa con la otra mitad de la masa extendida y se espolvorea azúcar blanco y un chorrito de aceite. Se pincha con una tijera y se coloca en el horno, precalentado, a una temperatura entre 175 y 200 grados centígrados. Aproximadamente, debe estar entre 20 o 30 minutos con aire arriba y abajo.

 

 













jueves, 21 de diciembre de 2023

01236 Donde Descansar la Espera

 NOTABLE NATURALEZA


Del mar llegan espejos para el alma, 
encantos sin límite,
para el atardecer y en la madrugada.

Sonidos de un regreso,
limpios, silenciosos,
sin obstáculos ni quebradas.

Entregado a su liturgia,
detengo el tiempo, 
contengo el ansia.

Rubrico con mi mirar
cada arruga de tu agua salada,
cada horizonte que nunca se alcanza.

Del mar,
notable naturaleza,
llega un azul adormecido
donde descansar la espera.










miércoles, 20 de diciembre de 2023

01235 Los Espaguetis con Pollo al Curry

 PARA MOMENTOS DE CAPRICHO


 De vez en cuando, me gusta salirme del guión e incorporar al menú diario algo distinto y susceptible de capricho. En los últimos años, cuando esto sucede, acudo a las especias y a su fascinante y aromático mundo, pleno de gratas sensaciones. Habitualmente, acudo al ras el hanut y al curry. En esta ocasión, me he decantado por unos espaguetis con pollo al curry.

Tanto el curry como el ras el hanut, no se trata de una única especia, sino de un combinado de muchas. Esto se traduce en que, según el origen o la marca comercial, tendrá su particular sabor. En el caso del curry, leí que hay más de 50 variedades, ya que en cada región se añaden distintas especias y en desigual proporción algunas de ellas. Todo un mundo al que, en otro momento, le dedicaré una entrada en este caleidoscopio vital.

En cuanto a los espaguetis con pollo al curry, existe una gran variedad de recetas al respecto. Acostumbran a ser muy sencillas y la diferencia estriba en los ingredientes a utilizar. En mi caso, sigo las instrucciones de una amiga, que fue la que me introdujo en este plato y que tanto me gusta.

Ingredientes parda 4 personas: 600 gramos de pechugas de pollo cortadas en tiras o a taquitos, 400 gramos de espaguetis, ½ cebolla, ½ pimiento verde, ½ pimiento rojo, 2 dientes de ajo, 200 ml de nata para cocinar, 1 cucharada de curry en polvo, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta.

Elaboración:  Cortar la cebolla y los pimientos a tiras, y dorar en un poco de aceite de oliva hasta que se pochen. Añadir el pollo, saltear unos minutos y cuando comience a coger color, retirar del fuego y reservar. Calentar la nata en un cazo y añadir el curry poco a poco, removiendo continuamente hasta que la especie se integre bien. Obtenida la salsa, incorporar a ella el pollo y remover. Verter el pollo sobre los espaguetis, que habremos cocido con anterioridad.