PIÑONES Y PASAS
Cocinar cardo me lleva inevitablemente a la cocina y recetario de mi madre y sobre todo a la cena de Nochebuena.
Me gusta el cardo y acostumbra a estar presente en la mesa. No como a mí me gustaría, sino de manera más frugal y echando mano de la planta en conserva. Tras algún que otro fiasco, he dado con alguna que otra marca que no está mal. Un poco de aceite en la sartén, unos dientes de ajo cortados a láminas y rehogar el cardo durante unos pocos minutos es todo lo que se requiere.
Nada que ver con esta otra elaboración de tradición y grato recuerdo, que comenzaba ya con la adquisición del cardo en la verdulería de "tía Celia", en la calle de San Lorenzo. ¡Esos sí que eran cardos! ¡Recién cogidos de la huerta de Huesca! Grandes y hermosos, como ramos de flores, con olor a frío y a verdura fresca. Después limpiarlos. Por decir algo, posiblemente lo más entregado y laborioso, Pero daba igual, eran años en los que había tiempo y las prisas apenas hacían compañía. De cómo era ese cardo de recuerdo y tradición, lo contaré aquí llegado el mes de diciembre. Será un cardo, ya adelanto, de encuentro compartido.
El que hoy traigo es un pariente cercano de aquel; algo más cremoso y con el dulce añadido de las pasas.
Ingredientes: Un kilo y medio de cardos limpios, tres cucharadas de harina, un vaso de leche entera, 35 gramos de piñones, 35 gramos de pasas, 2 dientes de ajo, una nuez de mantequilla, sal y un par de cucharadas de aceite de oliva virgen.
Elaboración: Si los cardos son naturales, en primer lugar los limpiaremos, cortaremos en trozos y los cocinaremos en abundante agua con sal hasta que estén cocidos. Escurriremos y reservaremos. Si optamos por los cardos en conserva, simplemente los escurriremos. A continuación elaboraremos una salsa bechamel que nos quede más bien cremosa y que realizaremos como tengamos por costumbre. Para esta ocasión, añadiremos a la salsa al inicio de la elaboración un par de dientes de ajo bien machacados. Mientras acabamos de hacer la salsa bechamel, pondremos en una cazuela un par de cucharadas de aceite de oliva y calentaremos. Cuando el aceite esté caliente le añadiremos los cardos y simplemente rehogaremos para calentarlos. A continuación añadiremos al cardo la salsa bechamel y espolvorearemos piñones y pasas. Removeremos y listo para servir.
Como ya he comentado este plato es un pariente cercano del tradicional cardo navideño. Resulta más dulce por la presencia de las pasas y también algo más contundente por la cremosidad de la salsa bechamel; en el cardo navideño la salsa no es tan espesa.
domingo, 28 de octubre de 2018
jueves, 25 de octubre de 2018
00851 Días en Verde
DÍAS NECESITADOS
Necesitamos días en verde donde sembrar la esperanza, el aliento y la reposada calma.
Días de arraigo en el futuro donde alojar el alma descontrolada entre vaivenes y zozobras.
Necesitamos días en verde donde fijar la vista sin miedos ni horrores ni nada que no le asista.
Días de abrigo y cobijo, encuentro y remanso para las ilusiones errantes sin destino propicio.
Necesitamos días en verde para regresar al camino perdido; días perfectos desde donde retomar la nítida concepción de la vida.
Necesitamos días en verde donde sembrar la esperanza, el aliento y la reposada calma.
Días de arraigo en el futuro donde alojar el alma descontrolada entre vaivenes y zozobras.
Necesitamos días en verde donde fijar la vista sin miedos ni horrores ni nada que no le asista.
Días de abrigo y cobijo, encuentro y remanso para las ilusiones errantes sin destino propicio.
Necesitamos días en verde para regresar al camino perdido; días perfectos desde donde retomar la nítida concepción de la vida.
miércoles, 24 de octubre de 2018
00850 El Lomo con Queso
BUENA PAREJA
Cuando las calorías y michelines no estaban en mi vocabulario, uno de mis "bocatas" de diez, entre una larga, larguísima lista de ellos, era el de lomo con queso, cortado el primero bien fino, y el pan untado en tomate. Solo con pensarlo ahora se me alegra el estómago y tengo que decirle que no se cree falsas expectativas, que solo es un comentario traído de otros tiempos.
El último bocadillo que comí de estas características ni lo recuerdo por más que intento hacer memoria. Sin embargo, sí que me acuerdo cómo volvió a mi dieta el lomo con queso, con cuchillo y tenedor, aunque sin el untuoso pan. Fue con motivo de un régimen al que me sometí hace algunos años y a sugerencia de la báscula que con mudo sobresalto arrojaba el dígito 95.

Se trataba de una dieta fácil de llevar, entretenida y en ocasiones hasta atractiva. De aquellos días todavía hoy pongo en práctica alguna de las sencillas elaboraciones sugeridas. Como por ejemplo, el lomo a la plancha con queso. Cuando en el régimen diario y cambiante aparecía "lomo con queso", era como una fiesta en la mesa. Sí, para que fuera una fiesta con apoteosis final, le faltaba la chispa del pan con tomate. Pero estábamos a lo que estábamos y aunque la dicha no fuese completa, el sabor no engañaba al recuerdo ni a la báscula.
Ahora, cuando hay para comer lomo a la plancha, ya no se pregunta si va acompañado de queso; es una obviedad.
Cuando las calorías y michelines no estaban en mi vocabulario, uno de mis "bocatas" de diez, entre una larga, larguísima lista de ellos, era el de lomo con queso, cortado el primero bien fino, y el pan untado en tomate. Solo con pensarlo ahora se me alegra el estómago y tengo que decirle que no se cree falsas expectativas, que solo es un comentario traído de otros tiempos.
Se trataba de una dieta fácil de llevar, entretenida y en ocasiones hasta atractiva. De aquellos días todavía hoy pongo en práctica alguna de las sencillas elaboraciones sugeridas. Como por ejemplo, el lomo a la plancha con queso. Cuando en el régimen diario y cambiante aparecía "lomo con queso", era como una fiesta en la mesa. Sí, para que fuera una fiesta con apoteosis final, le faltaba la chispa del pan con tomate. Pero estábamos a lo que estábamos y aunque la dicha no fuese completa, el sabor no engañaba al recuerdo ni a la báscula.
Ahora, cuando hay para comer lomo a la plancha, ya no se pregunta si va acompañado de queso; es una obviedad.
martes, 23 de octubre de 2018
00849 Los Mejillones al Vapor
A PECHO DESCUBIERTO
Seguimos en época de mejillones. Con este molusco se pueden realizar infinidad de elaboraciones de suma sencillez. Pero si hay una a la que se le puede colgar la medalla de oro de la sencillez, es la de los mejillones al vapor. Además, es la forma de hacer que respeta al máximo el sabor del mejillón.
A esta minimalista preparación hay quien le añade limón, granos de pimienta, clavo o laurel, si bien mi propuesta no lleva absolutamente nada; el mejillón a pecho descubierto y sin disimulos de sabor. La sencillez no está reñida con el sabor y en este mucho menos.
Una vez limpios los mejillones y eliminadas las barbas que presentan, los depositamos en una vaporera de cocina a la que habremos vertido un dedo de agua. Sé de quien incluso no pone ni una gota de agua y solo se sirve de la que van desprendiendo los propios moluscos. Tapamos la vaporera y llevamos a ebullición. Una vez que rompa el agua a hervir, dejamos que se cocinen los mejillones por espacio de unos diez minutos y retiramos del fuego. Liberamos la carne de sus caparazones, descartando aquellos moluscos que no se han abierto al vapor, y colocamos los mejillones en la fuente para sacar a la mesa.
Hay que aprovechar estos meses en los que los mejillones llegan a las pescaderías y supermercados con un más que notable aspecto y pletóricos de sabor.
Seguimos en época de mejillones. Con este molusco se pueden realizar infinidad de elaboraciones de suma sencillez. Pero si hay una a la que se le puede colgar la medalla de oro de la sencillez, es la de los mejillones al vapor. Además, es la forma de hacer que respeta al máximo el sabor del mejillón.
Hay que aprovechar estos meses en los que los mejillones llegan a las pescaderías y supermercados con un más que notable aspecto y pletóricos de sabor.
00848 El Ficus de Gantel
ABSTRACCIÓN Y ENCANTO
Hace tiempo que no traigo plantas a este caleidoscopio vital. He estado entretenido en otros menesteres.y cuantas plantas y flores hay en mi entorno, ya he aireado por aquí mi gusto por ellas. Tengo alguna que otra planta fotografiada a la espera de sumarse a estas diez mil cosas, pero no doy con su nombre botánico, ni con su apodo popular y ni siquiera tengo historia que contar al respecto. Solo sé de ellas que me gustan y poco más.
Algo parecido me sucedía con la planta que hoy muestro. A la vista está que se trata de un ficus, pero de este género de plantas ya hablé en algún momento. En concreto, en algún instante de mis días en el Pasaje "El Mirador", en Sariñena, donde se encontraba mi recordada por siempre Radio Sariñena. Allí, en la primera planta del pasaje comercial, espectaculares ficus benjamina convivían, conviven, con unas no menos espectaculares y hermosas buganvillas, bajo el cuidado y atenta supervisión de mi entrañable Juan.
Hoy, revisando fotografías, me he reencontrado con este ficus y me he propuesto no dejarlo de la mano hasta encontrar su apellido, que no es otro, si mi enciclopedia de flores y plantas no me engaña, que el de Gantel. El ficus está estrechamente relacionado a la ornamentación interior por su espectacularidad de crecimiento y fácil cuidado. Se trata de una planta muy agradecida. En el caso del ficus de Gantel, para mi gusto, tiene un valor añadido de elegancia y vistosidad, gracias a sus hojas que parecen pintarse día a día. Se me antojan como cuadros inacabados en los que la naturaleza tiene la última palabra. Sus tonalidades verdes sobre un fondo blanco amarillento le transfieren una peculiar y atractiva personalidad que invitan a una especial atención. No hay dos hojas iguales y cada una tiene su abstracción. Supongo que aquí radica su encanto y mi atención por ella.

Hace tiempo que no traigo plantas a este caleidoscopio vital. He estado entretenido en otros menesteres.y cuantas plantas y flores hay en mi entorno, ya he aireado por aquí mi gusto por ellas. Tengo alguna que otra planta fotografiada a la espera de sumarse a estas diez mil cosas, pero no doy con su nombre botánico, ni con su apodo popular y ni siquiera tengo historia que contar al respecto. Solo sé de ellas que me gustan y poco más.
lunes, 22 de octubre de 2018
00847 Los Almuerzos Improvisados
CON LO QUE SEA
No hay manera. Por más prisa que me dé y por más tiempo que invierta, no hay forma de controlar el archivo fotográfico. Cuando el número de fotografías sin archivar parece que lo tengo controlado, -para mí, tenerlo controlado es bajar del millar de fotografías a la espera de archivo-, observo con pavor que otras tantas están pendientes de destino en el teléfono móvil y similar número en la tarjeta de memoria de la cámara fotográfica. Es el cuento de nunca acabar.
Hay algunos bloques de fotografías que su archivo, por su temática, me resultan más fácilles ; una excursión, una reunión familiar, una elaboración gastronómica..., sin embargo, hay otras que aparecen como huérfanas de destino. Se trata, estas últimas, de imágenes sueltas, dos o tres, e incluso en la más absoluta soledad e independencia. Las voy guardando en el archivo general por si en algún momento me pueden ayudar a llevar adelante este proyecto personal consistente en llegar a escribir sobre diez mil cosas que me gustan. No siempre y en todo momento me sugieren algo y si lo hacen, no siempre y en todo momento acierto a ponerles palabra.
A estas imágenes que ilustran el quid de esta entrada hacía tiempo que les había echado el ojo, pero no les encontraba el aquel. Aparentemente, no son más que un par de huevos fritos con unas piezas de pollo al chilindrón saboreados y bien saboreados en un almuerzo en el pasado mes de agosto; en concreto, en la mañana del día 9 de agosto. En algún momento de este blog ya he mostrado mi gusto por los huevos fritos y sus acompañamientos, por los almuerzos de este tan señalado día y por alguna que otra versión más. Así que me faltaba acompañar con un apellido a la palabra almuerzo. Y ha sido hoy cuando lo he encontrado.
Me ha venido a la mente cuando he recordado el momento de este almuerzo. No acostumbro a almorzar. Igual caen tres o cuatro almuerzos al año, no más. Surgió de manera improvisada. Una visita a alguien a quien aprecio como a un hermano y un cómo estáis seguido de un qué os apetece tomar, fueron suficientes. A los pocos minutos tenía delante de mí un par de huevos fritos acompañados de un delicioso pollo al chilindrón. Hacía días que no nos veíamos. Nos pusimos al corriente de nuestras vidas, de la de nuestros hijos, de nosotros, de lo que nos ocupa y preocupa, de cómo estamos y de cómo nos dejan estar.... Hablamos de todo menos de lo que cada día nos hierve la sangre. Bueno, alguna de esas cosas también, es inevitable, pero poca cosa.
Fueron cerca de tres horas de delicioso almuerzo improvisado. De hablar y no parar. De detener y prolongar el tiempo en una mañana no cualquiera del mes de agosto. Y en la despedida, un hasta cuando queráis que volveremos a improvisar otro par de huevos fritos con lo que sea.
Me ha venido a la mente cuando he recordado el momento de este almuerzo. No acostumbro a almorzar. Igual caen tres o cuatro almuerzos al año, no más. Surgió de manera improvisada. Una visita a alguien a quien aprecio como a un hermano y un cómo estáis seguido de un qué os apetece tomar, fueron suficientes. A los pocos minutos tenía delante de mí un par de huevos fritos acompañados de un delicioso pollo al chilindrón. Hacía días que no nos veíamos. Nos pusimos al corriente de nuestras vidas, de la de nuestros hijos, de nosotros, de lo que nos ocupa y preocupa, de cómo estamos y de cómo nos dejan estar.... Hablamos de todo menos de lo que cada día nos hierve la sangre. Bueno, alguna de esas cosas también, es inevitable, pero poca cosa.
Fueron cerca de tres horas de delicioso almuerzo improvisado. De hablar y no parar. De detener y prolongar el tiempo en una mañana no cualquiera del mes de agosto. Y en la despedida, un hasta cuando queráis que volveremos a improvisar otro par de huevos fritos con lo que sea.
viernes, 19 de octubre de 2018
00846 La Cocina de Puchero
DE NUEVO A ESCENA
Dejen paso las cocinas a los pucheros con sus legumbres, sopas y olores. Que garbanzos, alubias, lentejas, verduras y carnes inunden de aroma la doméstica estancia en su lento quehacer. Que la explosión de sabores de ancestro y tradición regresen a las mesas con entusiasmo y admiración.

Ya tenía ganas de volver a poner la mesa con la cuchara sobre el mantel. En los últimos meses, salvo días de excepción, la he echado en falta. Me encantan los platos de cuchara con su contundente sabor y mezclas casi prohibidas. Caldos, potajes, cocidos, fabadas, sopas... Todo en reposada elaboración y anhelado resultado.
Puchero de olor que todo lo ocupa. De puertas adentro los recuerdos de siempre y de puertas afuera, regalada aspiración al paso y de bienvenida a quien llega.
Tenía ganas de que llegaran los días de puchero, morcillas, pancetas, chorizos, huesos y remedios. Todo le va bien al humilde y socorrido puchero impaciente por salir de nuevo a escena.
Un puchero que no es un llanto, salvo el que traiga el placer al llantarlo.
Ya tenía ganas de volver a poner la mesa con la cuchara sobre el mantel. En los últimos meses, salvo días de excepción, la he echado en falta. Me encantan los platos de cuchara con su contundente sabor y mezclas casi prohibidas. Caldos, potajes, cocidos, fabadas, sopas... Todo en reposada elaboración y anhelado resultado.
Puchero de olor que todo lo ocupa. De puertas adentro los recuerdos de siempre y de puertas afuera, regalada aspiración al paso y de bienvenida a quien llega.Tenía ganas de que llegaran los días de puchero, morcillas, pancetas, chorizos, huesos y remedios. Todo le va bien al humilde y socorrido puchero impaciente por salir de nuevo a escena.
Un puchero que no es un llanto, salvo el que traiga el placer al llantarlo.
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