jueves, 7 de marzo de 2024

01286 Los Embutidos y Quesos con Taralli

 ¡QUÉ GOZADA!


Hoy nos hemos remangado, dejado expedita la cocina y armado de paciencia para hacer unos deliciosos taralli italianos que tanto nos gustan. De ellos ya di buena cuenta en este caleidoscopio vital en la entrada 01267. En síntesis, los taralli italianos son como nuestros picos de pan o regañas andaluzas, pero más tiernos y, para mi gusto, más sabrosos, dadas las posibilidades que admite a la hora de elaborarlos. Aunque la base para su elaboración es similar (harina, aceite y vino), se personalizan de cientos de formas, según su autor o de la región italiana de donde procedan. En Italia se acostumbra a tomarlos para acompañar un vino, un queso o unos embutidos. A mí, sin acompañamiento alguno, me parecen una delicia y, sobre todo, si tienen un toque picante.

Los taralli de la última elaboración los comimos en compañía de unos amigos, a los que también les encantaron. Se comen como pipas y cuando te has querido dar cuenta, llevas metidos en el cuerpo un par de decenas de ellos. Los botes en los que los guardamos cuando los hacemos, no quise dejarlos muy lejos, pues estaba convencido que, sin que pasara mucho tiempo, los volveríamos a llenar, como así ha sido.

Para celebrar "nuestro emotivo" encuentro con los taralli, los hemos acompañado en esta ocasión con un surtido de quesos y embutidos, que es como acostumbran a tomarlos los italianos. ¡Qué gozada! Además, estaban, o por lo menos a mí, así me lo ha parecido, algo más picantes que en otras ocasiones, con lo que me han agradado sobremanera. 

Ha sido una muy deliciosa forma de despedir el día. No sé cuánto durarán en los botes, pero me temo que no serán muchos días.



miércoles, 6 de marzo de 2024

01285 El Pollo Empanado y Sus Buenas Compañías

 UNA FIESTA TOTAL


Aunque pueda parecer mentira, a tenor de cuanto voy escribiendo en este caleidoscopio vital, me alimentaría, única y exclusivamente, de pechugas empanadas. Me han gustado desde que tengo uso de razón, y ahora es que las adoro.

Digo que me alimentaría, no que me alimente sólo de este manjar. Por eso, cuando toca comer pechugas de pollo empanadas, es que disfruto de ese momento lo que no está escrito.

Podría parecer aburrido comer siempre lo mismo. No lo dudo, y máxime cuando como a mí, me gusta todo. Pero sería cuestión de presentarle al susodicho empanado unos compañeros adecuados. Que es, no obstante, lo que acostumbro hacer. Unos días puede ser con pimientos asados, otros, con un buen puré de patata o con alguna improvisada ensalada. También junto a un arroz blanco con alguna salsa, o con unos champiñones, o con unas simples y crujientes patatas fritas, por poner solo algunos ejemplos.

Y es que el pollo empanado tiene mucha facilidad para hacer amigos y llevarse a las mil maravillas a la hora de salir a la mesa. Y yo, tan feliz. Como un niño con zapatos nuevos, que se decía antes. En esta ocasión, al empanado pollo le he presentado unas pequeñas patatas asadas con aceite, sal y un poco de pimentón. ¡Madre mía, cómo estaban el uno en compañía de las otras! Una fiesta total.

Deben ser los estragos de la edad, que cada día apuesto más por la sencillez. No solo en materia gastronómica, sino también en todos los ámbitos de la vida, que bastante me la compliqué en otros tiempos.

No sé cuando tocará otra vez comer pechugas empanadas, pero espero ansioso que llegue el momento.  



martes, 5 de marzo de 2024

01284 El Parque José Antonio Labordeta

 EL PARQUE GRANDE DE ZARAGOZA


Hoy mis recuerdos se han vestido de pantalón corto, calcetines y zapatos Gorila, para pasear por un parque que no visitaba desde hacía medio siglo. Solo de pensarlo me entran escalofríos.

Este parque fue uno de mis lugares de recreo cuando nos daban "suelta" en los cuatro años que pasé en un internado en la ciudad de Zaragoza. Era el premio conseguido al "buen comportamiento", que nos daban en el colegio, llegado el fin de semana.

Tengo vagos recuerdos de este escenario, que por aquel entonces lo asociaba con la libertad. Esa libertad a la que tanto cantó, quien ostenta en la actualidad el nombre de este paraíso urbano, José Antonio Labordeta. Los niños agraciados con el premio, íbamos caminando desde el colegio. Ya, en la entrada del parque, nuestros tutores nos daban suelta en el Parque Grande, así se le denominaba por aquel entonces, hasta una hora convenida.

En mi pausado caminar por el parque, he querido rememorar alguna escena de aquellos días, pero pocas imágenes me han llegado; apenas la entrada al recinto y la fuente. No sé si corríamos, jugábamos o nos sentábamos en algún banco a ver pasar las horas. Solo sé que aquí me sentía feliz y que de regreso al colegio, rezaba para que durante la semana no me viera envuelto en alguna "algarada" de chiquillos y que el castigo me dejara sin la recompensa de volver al parque. ¡Qué cosas!    

He recorrido el parque de norte a sur y de este a oeste, pero sin conseguir que aquel niño me trajese imagen alguna. No obstante, no hay mal que por bien no venga. Esa búsqueda me ha permitido conocer un lugar hermoso de la capital aragonesa, aunque la época del año no fuese la más propicia. Con todo, me ha parecido un parque muy aseado, amable, ordenado y que invita a ser paseado y disfrutado. En mi despedida, a las puertas del parque, le he dicho un “hasta pronto”, posiblemente, hasta la próxima primavera, para visitarlo en todo su esplendor.

PARQUE DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Conforme visitaba el parque zaragozano, he recurrido a Google para obtener los datos más sobresalientes de este pulmón de la ciudad y que transcribo a continuación:

-      - Conocido popularmente como el Parque Grande, ahora Parque José Antonio Labordeta desde 2010, fue inaugurado en 1929 por Miguel Primo de Rivera, cuando Zaragoza apenas superaba los 160.000 

      - Durante casi un siglo fue el parque más grande de la ciudad hasta la realización en el año 2008 del Parque del Agua Luis Buñuel, con motivo de la Expo Zaragoza 2008.

- Su acceso principal se realiza por El Puente de los Cantautores, denominado hasta abril de 2012, Puente Trece de Septiembre, en conmemoración del día en el que el general Miguel Primo de Rivera se pronunció desde la Capitanía de Barcelona. Tras cruzarla, se accede a la Avenida de San Sebastián, con jardines y fuentes inspiradas en el Palacio de Versalles. Al final de la avenida se encuentran las escalinatas y cascadas del Cabezo de Buenavista. Desde lo alto, además de ver la estatua de Alfonso I el Batallador, se puede hacer una de las mejores fotografías panorámicas del parque.


- El Quiosco de la Música, diseñado con motivo de la Exposición Hispano Francesa, celebrada en Zaragoza en 1908, para conmemorar el centenario de Los Sitios. 

- La avenida de los Bearneses, en honor a los numerosos comerciantes originarios de Bearn instalados en la capital aragonesa desde la Edad Media y la acequia de las Abdulas, que discurre paralelamente a la avenida.

- Un lugar destacado es El Batallador, gran monumento al rey Alfonso I de Aragón, inaugurado en 1925 como conmemoración del octavo centenario de la reconquista de la ciudad por su parte.

- Otro monumento que se puede visitar en el parque es la Fuente de la Princesa, la primera fuente que se instaló en Zaragoza, a principios del siglo XIX.

- El Jardín Botánico de Zaragoza se encuentra en el interior del parque. Su origen se remonta a 1796.

 












domingo, 3 de marzo de 2024

01283 El Pan de Cristal

 PA DE VIDRE


Recuerdo como si fuera ayer, y es que prácticamente fue ayer, el primer día que probé este pan. Fue en el año 2009, en mi establecimiento hostelero de referencia por aquella época, según puedo ver en la data de las imágenes que lo atestiguan. Con su director, al que me unía una entrañable amistad, acostumbrábamos, cuando sus obligaciones profesionales se lo permitían, a sentarnos delante de algo comestible para hablar de la vida y sus derivados. En una de esas ocasiones me sorprendió con un pan, al que denominó de cristal, acompañado de queso y jamón. Me resultó algo delicioso e inolvidable. Un pan crujiente, prácticamente todo corteza, y sin nada de miga. De hecho, desde aquella primera vez, siempre que tengo la oportunidad de probarlo, no la dejo pasar, aunque por mi pésimo masticar, acabe con alguna llaga en la boca. Pero bueno, es cuestión, en mi caso, de ir con sumo cuidado.

Este pan, un derivado de la super popular chapata, fue ideado, en 2014, por el panadero catalán Jordi Nomen, al parecer, «cansado de escuchar el mito de que la miga engorda”. Se trata de un pan aplanado y con grandes alveolos en la miga por tener una gran hidratación de la masa. El aireado de la miga es tan grande que hace que el pan sea prácticamente todo corteza.

Acabo de leer que en los últimos años se ha popularizado este pan en toda España, de la mano de una cadena de supermercados líder de nuestro país, en donde fue el pan más vendido de 2021. No conocía el dato, aunque sí el pan que comercializan. No está mal, para mi gusto no es de los mejores que ofrece, pero nada que ver con los panes de cristal más artesanales que he llegado a probar. Pero bueno, para gustos están los colores.

 

 





01282 Me Refugio en la Palabra

 Y EN ESE MAR QUE NUNCA OLVIDO


Me refugio en la palabra
y en ese mar que nunca olvido.
Ayudan a compensar la ignorancia
de los días vividos
y a creer que todavía no está todo perdido.

Palabra y agua van unidas
igual que belleza y vida,
aunque en ocasiones,
nos parezca mentira.

Me refugio en la palabra,
como el sol en el mar
cuando toca atardecida
y la brisa acaricia,
                                                                                    sin disimulo, en la acogida.

Es la palabra, 
es el mar,
mi sustento de cada día.
                                                                                    

                                                                                    










viernes, 1 de marzo de 2024

01281 Los Piononos

 CON SABOR A DESPEDIDA


Los piononos de Santa Fé son unos populares y tradicionales dulces de esta localidad granadina, cuya curiosa historia nace en el año 1897, y que se puede leer en la imagen que se adjunta. En síntesis, estos dulces fueron creados por Ceferino Isla González, hombre muy devoto de la Virgen, quien decidió bautizarlos así en honor al papa Pío IX que en 1984 había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción de María. Se trata de unos bizcochos enrollados, empapados en almíbar y rellenos de yema pastelera.

Digo que saben a despedida, y añado que también a futuro reencuentro, porque fue el postre de la última cena de nuestro familiar y entusiasta viaje a Granada. Fue el mejor sabor con el que podíamos despedir “tan dulce, amable y entrañable” viaje. Y que espero a no mucho tardar, volver a repetir. Siete días en Granada dan para lo que dan y se quedaron muchas buenas sensaciones por disfrutar.

La textura esponjosa del pionono, junto a la jugosidad de la crema y el remate toque quemado, hacen de este pastel un dulce redondo al paladar, tan redondo como el viaje a Granada, difícil de olvidar.  

 





01280 El Cochinillo Asado

 PEQUEÑA HISTORIA DE UNA NOCHEVIEJA


El cochinillo asado, uno de los asados más tradicionales y famosos de Castilla, me encanta, siempre y cuando esté bien hecho. Me explicaré. Puede haber cocinados que, sin llegar a ser de sobresaliente, se pueden comer. Pero como un cochinillo asado no esté en su punto, apaga y vámonos. De hecho, se puede quedar en el plato, tal y como lo han sacado. Yo, que muy mal, muy mal tiene que darse la cosa para que le de la espalda a algo, he llegado a devolver a la cocina una ración de cochinillo porque no había por dónde cogerlo. Reseco y con un sabor muy poco agraciado. Así lo recuerdo.

Otra cosa es cuando está bien asado y pleno de sabor, crujiente por fuera y jugoso por dentro, como por ejemplo el que una vez llegué a comer en el popular Restaurante Mesón Cándido de Segovia, coincidiendo con una convención de la emisora en la que trabajaba. Lo recuerdo como algo excepcional. El cochinillo, me refiero, no la convención. No como aquel, pero con posterioridad, he llegado a degustar asados bastantes aceptables.

Aunque la del cochinillo al horno es una receta muy sencilla, agua y sal, requiere un conocimiento de experto y haber horneado muchos “cerditos”, con trucos incluidos. Así, que nunca me ha dado por cocinar uno, ni siquiera para probar. Sí en cambio, en este caleidoscopio vital de vivencias, cada vez que veo cochinillo asado, me viene a la memoria una, con el tiempo divertida anécdota, pero que en su momento, casi se convierte en catástrofe.

Sucedió hace unos quince años en un lugar que, por respeto y porque no me gusta hacer daño conscientemente, no señalaré. El caso es que, en nuestras reuniones familiares de fin de año, volvimos a repetir en esa casa de turismo rural en la que tan bien habíamos estado el año anterior. Antes de la despedida, le trasladamos al propietario nuestra intención de repetir al año siguiente. En el mes de septiembre, volvimos a contactar con él e ingresamos en su cuenta el anticipo que nos pidió. Todo perfecto.

Así, quedamos en vernos el 30 de diciembre. Fui el primero en llegar, pues era el que más cerca estaba del lugar elegido para pasar la Nochevieja y recibir al Año Nuevo. Me dirigí con Gloria a la casa para decir que había llegado la primera expedición y cuando nos vio el propietario se quedó blanco, de piedra. No sabía dónde meterse. Por resumir, la había alquilado sin contar con nosotros. Trágico momento.

Conforme iba llegando el resto de la familia, era informada de la “gran putada”. Mientras el dueño seguía sin reaccionar, por supuesto los segundos “inquilinos” nos dijeron que era nuestro problema y ni tan siquiera nos abrieron la puerta para solidarizarse. Yo intenté, a base de llamadas telefónicas, buscar un lugar donde se nos pudiera acoger a más de veinte personas, con niños pequeños incluidos. No hubo forma. Normal, tratándose de un 30 de diciembre y a las diez de la noche. También por resumir. Esa noche acabamos durmiendo, a las dos de la madrugada, como pudimos y con un frío horroroso, en la enorme casa de la abuela del propietario. Los siete niños sobre unos colchones y con todo lo que encontramos de abrigo, y los mayores, en camas y vestidos. Esa noche se había salvado, ¿pero y las dos siguientes?

Recuerdo que a las seis de la mañana no pude más y me levanté. Salí a fumar a la calle un cigarrillo y pensar en qué se podía hacer. No se me ocurría nada. ¿Volver cada uno a su casa? ¿Irnos a un hotel, si lo encontrábamos, y que lo pagara el lumbreras? Sobre las ocho de la mañana vino el propietario de la casa rural para comunicarnos que nos realojaría en dos apartamentos, a estrenar, propiedad, según nos dijo de un amigo.

Y allí que nos fuimos. La verdad, todo hay que decirlo, que los apartamentos estaban bien equipados y eran grandes. A la una de la tarde, el dueño de la casa de turismo rural se presentó con una bandeja de horno y sobre ella, un cochinillo asado para que lo pudiéramos cenar esa noche. Tal como lo dejó en una de las cocinas, así se quedó hasta el día 2, día de nuestro regreso a casa. Ni probarlo. La rabia y el enfado superaban a la tentación de saber cómo estaba. Solo sé que, cada vez que pasaba por esa cocina, no veía más que una cabeza de cochinillo que me miraba y que me daba mucha lástima.

También tengo que decir que, a pesar de todo, fue una Nochevieja inolvidable. Ya lo creo que fue inolvidable.