¡QUÉ GOZADA!
jueves, 7 de marzo de 2024
01286 Los Embutidos y Quesos con Taralli
miércoles, 6 de marzo de 2024
01285 El Pollo Empanado y Sus Buenas Compañías
UNA FIESTA TOTAL
martes, 5 de marzo de 2024
01284 El Parque José Antonio Labordeta
EL PARQUE GRANDE DE ZARAGOZA
PARQUE DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA
Conforme visitaba el parque zaragozano, he recurrido a
Google para obtener los datos más sobresalientes de este pulmón de la ciudad y
que transcribo a continuación:
- - Conocido popularmente como el Parque Grande, ahora Parque José Antonio Labordeta desde 2010, fue inaugurado en 1929 por Miguel Primo de Rivera, cuando Zaragoza apenas superaba los 160.000
- Durante casi un siglo fue el parque más grande de la ciudad hasta la realización en el año 2008 del Parque del Agua Luis Buñuel, con motivo de la Expo Zaragoza 2008.
- Su acceso principal se realiza por El Puente de los Cantautores, denominado hasta abril de 2012, Puente Trece de Septiembre, en conmemoración del día en el que el general Miguel Primo de Rivera se pronunció desde la Capitanía de Barcelona. Tras cruzarla, se accede a la Avenida de San Sebastián, con jardines y fuentes inspiradas en el Palacio de Versalles. Al final de la avenida se encuentran las escalinatas y cascadas del Cabezo de Buenavista. Desde lo alto, además de ver la estatua de Alfonso I el Batallador, se puede hacer una de las mejores fotografías panorámicas del parque.
- Un lugar destacado es El Batallador, gran monumento al rey Alfonso I de Aragón, inaugurado en 1925 como conmemoración del octavo centenario de la reconquista de la ciudad por su parte.
- Otro monumento que se puede visitar en el parque es la Fuente de la Princesa, la primera fuente que se instaló en Zaragoza, a principios del siglo XIX.
- El Jardín Botánico de Zaragoza se encuentra en el interior del parque. Su origen se remonta a 1796.
domingo, 3 de marzo de 2024
01283 El Pan de Cristal
PA DE VIDRE
Recuerdo como si fuera ayer, y es que prácticamente fue
ayer, el primer día que probé este pan. Fue en el año 2009, en mi
establecimiento hostelero de referencia por aquella época, según puedo ver en
la data de las imágenes que lo atestiguan. Con su director, al que me unía una
entrañable amistad, acostumbrábamos, cuando sus obligaciones profesionales se
lo permitían, a sentarnos delante de algo comestible para hablar de la vida y
sus derivados. En una de esas ocasiones me sorprendió con un pan, al que
denominó de cristal, acompañado de queso y jamón. Me resultó algo delicioso e
inolvidable. Un pan crujiente, prácticamente todo corteza, y sin nada de miga. De
hecho, desde aquella primera vez, siempre que tengo la oportunidad de probarlo,
no la dejo pasar, aunque por mi pésimo masticar, acabe con alguna llaga en la
boca. Pero bueno, es cuestión, en mi caso, de ir con sumo cuidado.
Este pan, un derivado de la super popular chapata, fue ideado,
en 2014, por el panadero catalán Jordi Nomen, al parecer, «cansado de escuchar
el mito de que la miga engorda”. Se trata de un pan aplanado y con grandes
alveolos en la miga por tener una gran hidratación de la masa. El aireado de la
miga es tan grande que hace que el pan sea prácticamente todo corteza.
Acabo de leer que en los últimos años se ha popularizado
este pan en toda España, de la mano de una cadena de supermercados líder de
nuestro país, en donde fue el pan más vendido de 2021. No conocía el dato, aunque
sí el pan que comercializan. No está mal, para mi gusto no es de los mejores
que ofrece, pero nada que ver con los panes de cristal más artesanales que he
llegado a probar. Pero bueno, para gustos están los colores.
01282 Me Refugio en la Palabra
Y EN ESE MAR QUE NUNCA OLVIDO
viernes, 1 de marzo de 2024
01281 Los Piononos
CON SABOR A DESPEDIDA
Los piononos de Santa Fé son unos populares y tradicionales dulces de esta localidad granadina, cuya curiosa historia nace en el año 1897, y que se puede leer en la imagen que se adjunta. En síntesis, estos dulces fueron creados por Ceferino Isla González, hombre muy devoto de la Virgen, quien decidió bautizarlos así en honor al papa Pío IX que en 1984 había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción de María. Se trata de unos bizcochos enrollados, empapados en almíbar y rellenos de yema pastelera.
Digo que saben a despedida, y añado que también a futuro
reencuentro, porque fue el postre de la última cena de nuestro familiar y
entusiasta viaje a Granada. Fue el mejor sabor con el que podíamos despedir “tan
dulce, amable y entrañable” viaje. Y que espero a no mucho tardar, volver a
repetir. Siete días en Granada dan para lo que dan y se quedaron muchas buenas sensaciones
por disfrutar.
La textura esponjosa del pionono, junto a la jugosidad
de la crema y el remate toque quemado, hacen de este pastel un dulce
redondo al paladar, tan redondo como el viaje a Granada, difícil de olvidar.
01280 El Cochinillo Asado
PEQUEÑA HISTORIA DE UNA NOCHEVIEJA
El cochinillo asado, uno de los asados más tradicionales y
famosos de Castilla, me encanta, siempre y cuando esté bien hecho. Me
explicaré. Puede haber cocinados que, sin llegar a ser de sobresaliente, se
pueden comer. Pero como un cochinillo asado no esté en su punto, apaga y vámonos.
De hecho, se puede quedar en el plato, tal y como lo han sacado. Yo, que muy
mal, muy mal tiene que darse la cosa para que le de la espalda a algo, he
llegado a devolver a la cocina una ración de cochinillo porque no había por dónde
cogerlo. Reseco y con un sabor muy poco agraciado. Así lo recuerdo.
Otra cosa es cuando está bien asado y pleno de sabor, crujiente
por fuera y jugoso por dentro, como por ejemplo el que una vez llegué a comer
en el popular Restaurante Mesón Cándido de Segovia, coincidiendo con una
convención de la emisora en la que trabajaba. Lo recuerdo como algo
excepcional. El cochinillo, me refiero, no la convención. No como aquel, pero con
posterioridad, he llegado a degustar asados bastantes aceptables.
Aunque la del cochinillo al horno es una receta muy sencilla,
agua y sal, requiere un conocimiento de experto y haber horneado muchos “cerditos”,
con trucos incluidos. Así, que nunca me ha dado por cocinar uno, ni siquiera
para probar. Sí en cambio, en este caleidoscopio vital de vivencias, cada vez
que veo cochinillo asado, me viene a la memoria una, con el tiempo divertida anécdota,
pero que en su momento, casi se convierte en catástrofe.
Así, quedamos en vernos el 30 de diciembre. Fui el primero en llegar, pues era el que más cerca estaba del lugar
elegido para pasar la Nochevieja y recibir al Año Nuevo. Me dirigí con Gloria a
la casa para decir que había llegado la primera expedición y cuando nos vio el
propietario se quedó blanco, de piedra. No sabía dónde meterse. Por resumir, la
había alquilado sin contar con nosotros. Trágico momento.
Conforme iba llegando el resto de la familia, era informada
de la “gran putada”. Mientras el dueño seguía sin reaccionar, por supuesto los
segundos “inquilinos” nos dijeron que era nuestro problema y ni tan siquiera
nos abrieron la puerta para solidarizarse. Yo intenté, a base de llamadas
telefónicas, buscar un lugar donde se nos pudiera acoger a más de veinte personas,
con niños pequeños incluidos. No hubo forma. Normal, tratándose de un 30 de
diciembre y a las diez de la noche. También por resumir. Esa noche acabamos
durmiendo, a las dos de la madrugada, como pudimos y con un frío horroroso, en
la enorme casa de la abuela del propietario. Los siete niños sobre unos colchones
y con todo lo que encontramos de abrigo, y los mayores, en camas y vestidos.
Esa noche se había salvado, ¿pero y las dos siguientes?
Recuerdo que a las seis de la mañana no pude más y me
levanté. Salí a fumar a la calle un cigarrillo y pensar en qué se podía hacer.
No se me ocurría nada. ¿Volver cada uno a su casa? ¿Irnos a un hotel, si lo
encontrábamos, y que lo pagara el lumbreras? Sobre las ocho de la mañana vino
el propietario de la casa rural para comunicarnos que nos realojaría en dos
apartamentos, a estrenar, propiedad, según nos dijo de un amigo.
Y allí que nos fuimos. La verdad, todo hay que decirlo, que
los apartamentos estaban bien equipados y eran grandes. A la una de la tarde,
el dueño de la casa de turismo rural se presentó con una bandeja de horno y
sobre ella, un cochinillo asado para que lo pudiéramos cenar esa noche. Tal
como lo dejó en una de las cocinas, así se quedó hasta el día 2, día de nuestro
regreso a casa. Ni probarlo. La rabia y el enfado superaban a la tentación de
saber cómo estaba. Solo sé que, cada vez que pasaba por esa cocina, no veía más
que una cabeza de cochinillo que me miraba y que me daba mucha lástima.
También tengo que decir que, a pesar de todo, fue una
Nochevieja inolvidable. Ya lo creo que fue inolvidable.