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martes, 5 de marzo de 2024

01284 El Parque José Antonio Labordeta

 EL PARQUE GRANDE DE ZARAGOZA


Hoy mis recuerdos se han vestido de pantalón corto, calcetines y zapatos Gorila, para pasear por un parque que no visitaba desde hacía medio siglo. Solo de pensarlo me entran escalofríos.

Este parque fue uno de mis lugares de recreo cuando nos daban "suelta" en los cuatro años que pasé en un internado en la ciudad de Zaragoza. Era el premio conseguido al "buen comportamiento", que nos daban en el colegio, llegado el fin de semana.

Tengo vagos recuerdos de este escenario, que por aquel entonces lo asociaba con la libertad. Esa libertad a la que tanto cantó, quien ostenta en la actualidad el nombre de este paraíso urbano, José Antonio Labordeta. Los niños agraciados con el premio, íbamos caminando desde el colegio. Ya, en la entrada del parque, nuestros tutores nos daban suelta en el Parque Grande, así se le denominaba por aquel entonces, hasta una hora convenida.

En mi pausado caminar por el parque, he querido rememorar alguna escena de aquellos días, pero pocas imágenes me han llegado; apenas la entrada al recinto y la fuente. No sé si corríamos, jugábamos o nos sentábamos en algún banco a ver pasar las horas. Solo sé que aquí me sentía feliz y que de regreso al colegio, rezaba para que durante la semana no me viera envuelto en alguna "algarada" de chiquillos y que el castigo me dejara sin la recompensa de volver al parque. ¡Qué cosas!    

He recorrido el parque de norte a sur y de este a oeste, pero sin conseguir que aquel niño me trajese imagen alguna. No obstante, no hay mal que por bien no venga. Esa búsqueda me ha permitido conocer un lugar hermoso de la capital aragonesa, aunque la época del año no fuese la más propicia. Con todo, me ha parecido un parque muy aseado, amable, ordenado y que invita a ser paseado y disfrutado. En mi despedida, a las puertas del parque, le he dicho un “hasta pronto”, posiblemente, hasta la próxima primavera, para visitarlo en todo su esplendor.

PARQUE DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Conforme visitaba el parque zaragozano, he recurrido a Google para obtener los datos más sobresalientes de este pulmón de la ciudad y que transcribo a continuación:

-      - Conocido popularmente como el Parque Grande, ahora Parque José Antonio Labordeta desde 2010, fue inaugurado en 1929 por Miguel Primo de Rivera, cuando Zaragoza apenas superaba los 160.000 

      - Durante casi un siglo fue el parque más grande de la ciudad hasta la realización en el año 2008 del Parque del Agua Luis Buñuel, con motivo de la Expo Zaragoza 2008.

- Su acceso principal se realiza por El Puente de los Cantautores, denominado hasta abril de 2012, Puente Trece de Septiembre, en conmemoración del día en el que el general Miguel Primo de Rivera se pronunció desde la Capitanía de Barcelona. Tras cruzarla, se accede a la Avenida de San Sebastián, con jardines y fuentes inspiradas en el Palacio de Versalles. Al final de la avenida se encuentran las escalinatas y cascadas del Cabezo de Buenavista. Desde lo alto, además de ver la estatua de Alfonso I el Batallador, se puede hacer una de las mejores fotografías panorámicas del parque.


- El Quiosco de la Música, diseñado con motivo de la Exposición Hispano Francesa, celebrada en Zaragoza en 1908, para conmemorar el centenario de Los Sitios. 

- La avenida de los Bearneses, en honor a los numerosos comerciantes originarios de Bearn instalados en la capital aragonesa desde la Edad Media y la acequia de las Abdulas, que discurre paralelamente a la avenida.

- Un lugar destacado es El Batallador, gran monumento al rey Alfonso I de Aragón, inaugurado en 1925 como conmemoración del octavo centenario de la reconquista de la ciudad por su parte.

- Otro monumento que se puede visitar en el parque es la Fuente de la Princesa, la primera fuente que se instaló en Zaragoza, a principios del siglo XIX.

- El Jardín Botánico de Zaragoza se encuentra en el interior del parque. Su origen se remonta a 1796.

 












sábado, 5 de agosto de 2023

01166 El Parque de Bomarzo

EL PARQUE DE LOS MONSTRUOS


Sería nuestro primer destino en un viaje inolvidable por la fascinante Italia, tras pernoctar la primera noche en suelo italiano en Civitavecchia. En el trepidante itinerario de cerca de 3.000 kilómetros en quince días, y de camino a la soñada Toscana, marcaríamos la visita obligada al Parque de Bomarzo.

El Bosque Sagrado de Bomarzo, como también se le conoce, se localiza en la provincia de Viterbo, en el centro de la Tuscia del Lacio. Fue mandado construir en 1547 por el duque Pier Francesco Orsini, tras enviudar. Se dice, que el Jardín de Bomarzo es producto de una mente perturbada por el amor. Orsini, un singular personaje del Renacimiento, no pudo soportar la muerte de su amada Giulia Farnese. A partir de ese momento, su cabeza se llenó de monstruos. “La pareja acababa de abandonar el ruido de la ciudad y soñaba con disfrutar de la magnífica propiedad que la familia tenía en la región del Lacio. Pero el aristócrata, que durante 35 años se había dedicado al arte militar, no contaba con que su plan iba a irse pronto al traste y que la soledad se convertiría en su compañera de viaje hasta el final de sus días”.

De las pesadillas de Orsini salieron todos los monstruos que se pueden ver en este jardín renacentista y cuyo diseño y ejecución corrió a cargo del famoso arquitecto Pirro Ligorio, quien también supervisaría las excavaciones de Villa Adriana y creador de la Villa d´Este, en Tívoli. Según se cuenta, “Ligorio quiso crear un jardín sin ataduras formales y por ello no impuso espacios delimitados ni una ruta fija, dejando que quien paseara, lo descubriera a su aire”.

Durante casi 30 años, un equipo de artistas tejió en este 'parque temático' una red de esculturas talladas sobre la roca que se fue adueñando del tono verde de este bosque solitario. Cada monstruo lleva una inscripción, un mensaje que condensa el pensamiento de Orsini que consiguió hacer realidad, con sus particulares demonios, esta fantasía pétrea.



Este gran y peculiar espacio verde, como es el Parque de los Monstruos, Parco dei Mostri, acoge más de una veintena de grandes estatuas, basadas en las gárgolas y criaturas grotescas que adornaban las catedrales medievales, pero esculpidas en proporciones monumentales. Hay esfinges, monstruos, sirenas, elefantes, tortugas, sátiros, dragones, una casa inclinada… Muchas de las figuras están ligadas a la muerte, recordando que la belleza del jardín procede de la tristeza del duque por la pérdida de su esposa. 

Desde que se construyera el parque hace casi 500 años, muchos han sido los estudiosos, artistas e intelectuales que se han preguntado por las intenciones reales del Príncipe Orsini y sobre los significados escondidos y esparcidos por el parque. Un espacio cargado de simbolismo, con continuas referencias a la mitología y al mundo de lo fantástico. Una de las hipótesis que se baraja es que “fuera muy probable, que la intención del príncipe fuese la de crear una especie de ruta iniciática, donde, según palabras del mismo Orsini, fuera posible ´desahogar el corazón´, pero al mismo tiempo, sorprender a los ojos de los huéspedes”.

Este parque de las maravillas se redescubrió y revalorizó con el tiempo, sobre todo gracias al interés de muchos artistas, entre los cuales se encontraba Salvador Dalí. El pintor surrealista lo descubrió en el año 1948 y lo calificó como “una invención única”.  Quedó tan impresionado con la visita al parque, que encontró inspiración para una de sus obras: Las Tentaciones de San Antonio. Dicen que Dalí, “cuando tuvo noticias de la existencia de este escenario en Bomarzo, quiso adquirir las esculturas renacentistas, porque, según él, aquí había nacido el Surrealismo 500 años antes. No consiguió su propósito el artista catalán, pero sí contribuyó a difundir las maravillas de este lugar”. El escritor argentino Manuel Mujica Lainez  hizo lo propio con una novela, Bomarzo, inspirada en la historia de Pier Francesco Orsini, a la que siguió el libreto de una ópera.

A la muerte del duque en 1585, el bosque de Bomarzo quedó abandonado a su suerte durante cuatro siglos. En 1954 la propiedad fue adquirida por Giovanni Bettini, quien decidió resucitar este escenario.

Más allá de cuales fueran las intenciones reales del Príncipe Orsini, está claro que todo el complejo es una gran celebración de amor dirigida a la mujer Giulia Farnese. A ella, de hecho, está dedicado el Tempietto, un pequeño templo, que se encuentra sobre un pequeño montículo rodeado de un amplio espacio verde.

La visita a este extraordinario parque nos llevaría unas dos horas y media. Sin prisas y fijándonos en los cientos de detalles que esculturas y paraje ofrecen. Pasado el umbral de entrada y superadas las dos esfinges que reciben al visitante, nos encontraríamos con una colosal cabeza de un monstruo marino; la de Proteo-Glauco, el pescador que se convirtió en dios marino tras comer una hierba mágica.

La siguiente escultura que nos saldría al paso sería la de Hércules y Caco en una lucha entre gigantes. Hércules mata descuartizando con las manos a Caco, el hijo del dios Vulcano. Y a partir de aquí, todo un mundo mágico por descubrir a través de los grupos escultóricos de la Tortuga y del Pegaso Alado, un colosal Elefante y la estatua del dios Neptuno, además del Orco, con su enorme boca abierta, y en cuyo interior hay una mesa de piedra con unas sillas. Y sobre su boca, la inscripción: “Dejad todo pensamiento los que aquí entráis”; una invitación a abandonar las creencias racionales y encontrar la parte más instintiva y auténtica.

También nos encontraríamos con una Casa Inclinada, un edificio construido sobre un macizo inclinado. Se puede entrar a su interior, pero con cuidado. La perspectiva engaña a nuestros ojos hasta hacernos perder el equilibrio.

Piñas y Bellotas decorativas, con dos Osos heráldicos, Equidna, los Leones y la Furia, dos míticas figuras mitad mujer, mitad serpiente, con dos leones en el centro…. A la entrada nos sería entregado un mapa del parque con un itinerario y 36 puntos de interés. Todas las esculturas sorprenden, porque salen al paso asomadas entre los árboles, entre los parterres o junto a los arroyos.

En mi libreta de viaje apunté, tras la visita al parque y mientras tomaba un café en el mismo complejo, lo siguiente: curioso, inquietante, terrorífico, ¿un parque dedicado al amor?, brutal, colosal, ¡Una pasada! No me importaría volver a visitarlo con más calma y menos calor.

La visita la realizamos el 17 de junio de 2022, en plena ola de calor, con 36 grados centígrados a las 11 de la mañana.

 

"Vosotros que entráis aquí, considerad lo que veis y luego decidme, si tantas maravillas están hechas por el engaño o por el arte"











viernes, 19 de junio de 2020

00918 No Hay Camino

SIN DESTINO

No hay camino
que no nos devuelva mariposas.
Aquellas que alimentaron
nuestros días de asombros, dichas y fantasías.

No hay caminos que queden en el olvido,
como no hay pasos que dejan la misma huella
en el devenir del tránsito.

No hay camino sin destino
ni horizonte alcanzable.
Solo hay camino que se hace hueco en la memoria para acomodarse y quedarse como un susurro.

Pasarán edades, lluvias y anocheceres, pero el camino, aunque cambie en su semblante, seguirá siendo el mismo.

Porque no hay camino trazado para la indiferencia ni el descuido.



domingo, 22 de octubre de 2017

00564 La Fuente del Ibón

FUENTE DE RECORDADA INOCENCIA


Algo pasa por mis adentros que últimamente me da por visitar lugares que en algún momento fueron escenarios vividos. Acudo, los paseo, los miro y remiro, me veo, recuerdo, me siento, busco, siento, actualizo y los vuelvo a guardar. Hoy, todo esto es lo que he puesto en práctica en la Fuente del Ibón del parque Miguel Servet de Huesca. No sé por qué hoy mis pies han querido dirigirse hasta aquí. Al contrario de otras ocasiones, esta vez no ha sido un acto premeditado. Sin darme cuenta, me he encontrado sentado frente a ella y ha empezado a hablarme.

Me ha recordado que fue punto de quedada en los fines de semana en la edad del despertar. Cuando se convirtió en el punto de encuentro esperado donde lanzar cómplices miradas, no siempre bien atendidas, y esperar que alguien recogiera sentimientos soñados. Lugar de confesión y donde compartir dudas, además de inocentes juegos de una juguetona inocencia. También duda la fuente si fue testigo de mi primer beso de aprendiz de enamorado. Intento averiguar con ella si fue aquí o en un lugar de frondoso arbolado.

Me ha recordado, con reprimenda, los días de hacer campana y las salidas del instituto cuando quería alargar la mañana. Y he querido de nuevo ver a Esther, a Luis, a Blanca, a Víctor, a Celia, a Merche, a Paco y a tantos otros con los que vestí pantalón de elefante y chaqueta de pana. Queridos fueron como esta fuente que hoy me acompaña.







lunes, 29 de mayo de 2017

00483 El Estanque de los Patos

RECUERDO COMPARTIDO


He regresado por el camino alado de inocencia hasta llegar a  un lugar de aguas estancadas y mancharme los zapatos de limpio polvo y de paso, curar alguna herida en las rodillas de mi infancia. Posiblemente ahora no resulte a mis ojos aquel lugar de bello encanto y abstraída visión donde unos asombrados ojos custodiaban un pequeño paraíso de ánades y variopintos peces. Seguramente el mirar será ahora una excusa para un recuerdo compartido.

Unos niños tiran a los patos miguitas de pan. Copos de harina de una herencia transmitida. Las mismas nerviosas y cómplices risas como las de ese ayer cada vez más lejano y que pide necesitado transitorios abrazos. Los mismos torpes saltos de puntillas cada vez que la miguita desaparecía de la superficie del agua tras un sonoro chasquido. El mismo regocijo en una tarde impresa de reflejos en el agua.

He regresado a mi infancia por si me necesitaba, por si quería decirme algo cuando se quedó sin palabras. El agua, el estanque, los patos, el sol, la luz, los reflejos y la estampa estaban allí. También mi infancia, que solo quería abrazarme.