lunes, 11 de abril de 2022

00965 A ti te Pregunto

AUNQUE SEA ARRIESGADO


A ti te pregunto cuando aquí no albergo respuesta.
Trazo en el aire la palabra no escrita, 
la duda emergente, 
a veces inocente, 
que mentalmente anuncio.

La duda me abraza, 
me ahoga,
y cierro los ojos para coger fuerzas.

No hay prisa, te digo, 
sé de esperas.
Y advierto un perfume en el aire
que sabe a respuesta.

Retrocedo en el tiempo
y evoco madrugadas de llanto, 
noches de insomnio, 
días de sol con su claridad tenue y blanca.

Alúmbrame al menos, 
aunque sea arriesgado, 
en el porqué de las cosas.

Recoge las dudas
que aquí se aventuran
imprevisibles e inquietas.
Elige el momento,
cuando tu quieras, 
pero dame respuesta
aunque sea a través del ordenado silencio.




.

 





sábado, 9 de abril de 2022

00964 La Ensalada Campera

EN DÍAS DE LUZ, AIRE Y RECREO


Ya tengo ganas. O mejor dicho, tengo imperiosa necesidad. Necesito con urgencia recuperar pequeños placeres que en los últimos dos años nos han sido robados por culpa del bicho. No lo citaré. En este caleidoscopio vital solo tienen cabida cosas que me gustan. Y el bicho no es el caso.

Esas ganas de recuperar los pequeños placeres me lo recuerda esta ensalada campera disfrutada en mi última salida al campo en medio de un hermoso paraje; uno de tantos que nos regala la provincia oscense.

Recuperar el aire, la naturaleza, las largas conversaciones sin importancia tumbados al sol. Recrearnos y disfrutar de los platos típicos que conforman las necesitadas escapadas y que solo en estas circunstancias saben mejor, se aprecian más, adquieren otro gusto. Volver a jugar a con las piedras del frío río, mirar el ir y venir de las afanosas hormigas, rendirte plácidamente al prestado jardín de todos los jardines. Admirar acomodados paisajes de cerrado y apretado abrazo que salen al encuentro.

Todo así de sencillo, como esta sencilla ensalada campera que ahora miro y remiro hasta recordar cómo supo aquel día de aire, luz y recreo. No hay mucho más que explicar. Las cosas sencillas se desvisten de explicaciones.


viernes, 8 de abril de 2022

00963 Las Fresas

 DEL HUERTO


Me enfrento en esta ocasión ante un fruto que me ha gustado toda la vida, pero con matices. Me explicaré. 

Me gustan a la vista, la alegra. Me complace su olor. De hecho, su nombre botánico, "Fragaria vesca", procede del vocablo latino "fragans", que significa, precisamente, olorosa, una de las características de este fruto. Y como no, me gusta su sabor, aunque tiene que estar en su punto justo de maduración. Cuántos chascos no me habré llevado a la hora de comprar una caja de hermosas y olorosas fresas o fresones y al llegar a casa llevarme una enorme decepción. O bien escasamente sabían a fresa o estaban en su interior excesivamente verdes. Al final acababa consumiéndolas en batidos con leche y azúcar o en un preparado que acostumbraba a hacer mi madre cuando las fresas no tenían mucho sabor. En este caso, se cortan las fresas en cuatro partes de forma longitudinal y se ponen en un recipiente al que se le incorporan un par de cucharas con vinagre y otras tantas de azúcar. Se dejan reposar veinticuatro horas y a consumir. Y es que el vinagre o ácido acético, además de actuar como conservante natural, da a los alimentos un aroma especial, y junto al azúcar, hace la ingesta de esta fruta, cuando no está madura, más amable.

Hace tres años planté en el huerto una docena de pequeñas plantas de fresas que he venido cuidando con auténtico celo. Procuro que estén siempre libres de hierbas. Máxima atención a que no se las coman los pájaros y otros animales que habitan en el huerto. Y por supuesto, cuando llega el invierno, me encargo de que estén bien abrigadas. El resultado final hasta la fecha es de pocas fresas, sesenta a lo sumo en toda la temporada, pero no pueden ser más deliciosas. Tanto es así, que no he vuelto a comprar más. Quizás sea yo en este caso algo excesivo, pero es que el sabor de estas fresas recién cogidas de la planta es excepcional. Solo una de ellas te deja en la boca su característico sabor durante largo tiempo. Tengo que reconocer que, contra todo pronóstico, se han convertido en las mimadas del huerto.

Por cierto, las fresas contienen una interesante riqueza mineral, especialmente de hierro y magnesio, además de ser excelente fuente de vitaminas C, K y ácido fólico. Ayudan a curar la anemia, previenen los problemas cardiovasculares y son una aspirina natural al contener ácido salicílico. 




miércoles, 6 de abril de 2022

00962 Inocente Paisaje

APUNTALAR EL TIEMPO


Buscó la manera de separarse de aquel momento,
pero sus ojos, como anzuelos, se enganchaban a cualquier aire del ensoñado paraje.

No había nada especial en él que no hubiera disfrutado antes. Una tarde silenciosa y queda, un cielo de preciada seda, un contraluz melancólico y sugerente, un excitante instante camuflado de presente. Y sin embargo, era incapaz de abandonar el inocente paisaje.

Inventó una soga sobre su cintura que le sacara sin reparos del advertido éxtasis. Lejos de conseguirlo, sus pies se anclaron a la dura tierra para hacer fracasar el imaginado invento. Un poco más, una mirada más, un segundo más de jovial y esplendorosa bondad.

Lo importante es apuntalar el tiempo, se dijo, ese tiempo que no sobra, imprescindible y sin trampas. Ese tiempo que nos roban con astucia meditada. Lo esencial es afianzar la dicha en el trayecto que atraviesa la convalecencia interminable de los días.
Todo parece estar ya visto, pero no sentido. Todo parece ya advertido, pero no vivido.

Llegó la noche, momento en el que para los ojos todo se iguala, y se dispuso a abandonar finalmente el placido lugar. Dejar atrás ese encanto al que se aferró y acabó abrazando como a un amigo, como a un hermano, con la sensación de que siempre será posible regresar a su lado. 


lunes, 4 de abril de 2022

00961 Cualquier Cosa

 VENCER A LA TENTACIÓN


Si hay una pregunta, con su consabida respuesta,  a la que temo a la hora de la cena es la de ¿Qué te apetece cenar? Y como un resorte se responde: "Cualquier cosa".

Y es que el significado de "cualquier cosa" es muy amplio y variopinto. Puede ser una sencilla ensalada, una frugal tortilla "floja", un vaso de leche por aquello de no irte de vacío a la cama o un par de piezas de fruta. También "cualquier cosa" admite un sandwich de lo que sea, restos de la comida, -sigo en mis trece de no tirar ni un gramo de comida a la basura-, un bocadillo o unas tostadas de mantequilla y mermelada. Hasta aquí, más o menos bien. Aceptable. Pero no, el noventa y nueve por ciento de las ocasiones en las que se formula la citada pregunta y se responde "cualquier cosa", desconozco el mecanismo que se pone en marcha en la cabeza, acaba por salir a la mesa todo tipo de "pecados gastronómicos". 

Y es que mi experiencia sobre "cualquier cosa" para cenar va muy ligada al antojo imprevisto o al esperado capricho. Con lo fácil que es decir voy a cenar tal o cual cosa. No, y lo ves siempre venir. Hay que hacer como que improvisas, como que son las manos que, de forma aleatoria, van buscando alimentos perfectamente combinados, apetecibles y gustosos. Y es curioso, siempre acaban, las manos digo, cortando embutidos y quesos, acompañados del siempre atractivo y recurrente pan con tomate. Esto sucede en el mejor de los casos. Ya es para nota cuando después se presenta sobre la mesa, sin previo aviso, alguna que otra vianda más ya que estamos metidos en materia. Y claro que entra bien en el cuerpo y que se disfruta del momento, aún a sabiendas de que al día siguiente se presentará el arrepentimiento. Por eso, conviene tener siempre una respuesta exacta a la pregunta sobre "qué te apetece para cenar" y vencer así la tentación de pronunciar "cualquier cosa", que dejará vía libre a la imaginación. También digo que a veces la voluntad se torna muy frágil y se deja llevar. No se puede, y creo que tampoco se debe, estar luchando permanentemente contra la tentación. Sobre todo cuando se presenta de manera tan deliciosamente ingenua.  

 




00960 Los Bollos de Mantequilla

 EXQUISITEZ BILBAÍNA


En el día a día, salvo en rarísimas ocasiones, soy de los de poner un pie en el suelo y funcionar toda la mañana con un café americano o dos si se tercia. Vamos, que ni almuerzo ni tostaditas, ni zumo de naranja ni ná. Cafetito, y a funcionar.

Distinto es cuando estoy de vacaciones fuera de casa, viajo o visito a mis hermanos desperdigados por la geografía española. Entonces, acostumbro a desayunar en condiciones y dejar el pabellón bien alto. Será, entre otras cosas, porque desayuno en compañía.

Cada destino tiene su particular desayuno y su personal fiesta gastronómica. Los bollos con mantequilla, que traigo en esta ocasión hasta este caleidoscopio vital, son los que alegran mis despertares cuando visito a mis hermanos en Bilbao y que pelean su protagonismo junto a las carolinas y los pasteles de arroz, exquisiteces típicas y originarias del "botxo", apelativo cariñoso con el que se conoce desde antiguo a esta magnífica Villa vasca. Estos deliciosos bollos, disfrutados mientras mi vista se recrea tras los ventanales con la ría bilbaína y el esplendoroso Museo Guggenheim, hacen de mis desayunos bilbaínos un pequeño lujo siempre recordado.

La personalidad de este dulce típico de Bilbao estriba en la acertada combinación del tierno bollo suizo de toda la vida con una suave y deliciosa crema de mantequilla. Según se cuenta, estos populares bollos llegaron a Bilbao desde Poschiavo, un pequeño pueblo Suizo. Lo hicieron de la mano de Bernardo Franconi y Francesco Matossi, dos primos que abrieron una pequeña pastelería en la calle Correo hacia el año 1830. Una pastelería que unieron a un café que había en la parte posterior, abierto hacia la Plaza Nueva. Los bollos de mantequilla de Bilbao tienen una forma ligeramente ovalada, si bien resulta más sencillo, si los hacemos en casa, darles una forma redonda.

Los bollos que aparecen en la imagen con la que inicio esta entrada están comprados en la pastelería Arrese, en la Gran Vía de Bilbao. El resto de fotografías se corresponden con "intentos" hechos en casa. Aunque son muchas las pastelería bilbaínas, y ¡qué pastelerías hay!, que ofrecen estos bollos, la pastelería Arrese es una de mis favoritas, ya no solo por los excelentes elaboraciones que preparan, algún día las traeré por aquí, sino por el regalo que supone a la vista su visita y poder admirar su impresionante mostrador de mármol de Carrara o sus vidrios emplomados. Otro deleite.

Lo ideal es probar estos bollos en Bilbao, pero si queréis aproximaros a su delicioso sabor, aquí os dejo una receta que cayó un día en mis manos y que es la que ponemos en práctica en casa. Lleva su tiempo pero merece la pena.

 









viernes, 1 de abril de 2022

00959 Al Final del Túnel

 SIEMPRE HAY LUZ


Siempre hay luz al final del túnel, aunque a veces lo olvidemos. Parece una frase hecha y socorrida. Puede ser, pero lo cierto es que siempre, siempre, queramos o no,  hay luz al final del túnel. 

Distintas tonalidades, paisajes diferentes que nos pueden resultar más o menos atractivos, distintos decorados, aunque no siempre sean los deseados, vaivenes de sensaciones, entreverados de soles, grises en plena disputa..... pero siempre, siempre, hay una luz que los une.

Cuando la luz se vislumbra al final del túnel, va quedando rezagada la desangelada soledad que parece estar distraída con los monstruos, con el vacío. Hacia adelante todo solo lo puede ocupar la luz. Luz esperanzada y tan necesitada. Dócil luz deseada para derrotar a cualquier adversidad. Es cuestión de paciente espera, de aguantar un poco más, de entregar tus miedos e inquietudes a ese eterno amanecer que se presenta al final del túnel.

Resulta todo tan transitorio, que hasta la oscuridad se escribe en un tránsito. Y es que, querámoslo o no,  siempre hay luz al final de cualquier túnel.