jueves, 11 de enero de 2018

00613 Los Pimientos Rellenos

DE CARNE

He vuelto a recuperar uno de esos sabores que tenía dormidos. Un sabor de la comida tradicional con tonalidades festivas y de elaboración entregada. Lo tenía relegado me imagino que por el acelerado trajín de los días y hoy me he dado cuenta de lo que lo he echado en falta. Me refiero a los pimientos del piquillo rellenos de carne picada y su correspondiente salsa. ¡Qué delicia y festín!. ¡Qué reencuentro más afortunado! No sé a quien se le ocurriría la genial idea de rellenar pimientos, pero quien fuese, menudo momento de inspiración. Hoy son de carne, pero no me olvido de los de pescado o  marisco, de los de bechamel, de los de arroz, de los de morcilla... Todos ellos auténticas genialidades. Me estoy saliendo del renglón pero lo enderezo rápidamente.


El caso es que recientemente, casi sin querer, tuve la oportunidad de recrearme con unos pimientos del piquillo rellenos de carne picada, con su consabida salsa de piquillo. Estaban deliciosos. Me acordé entonces de los que hacía mi madre. Así es que me he ido al cuaderno de "Sabores de mi madre",  para recuperar esa receta que tan gratos momentos me ofreció y salivar en segunda y virtual convocatoria. 


Ingredientes: Una docena de pimientos del piquillo más 4 para la salsa, 250 gramos de carne picada (50 por ciento cerdo y ternera), una cebolla grande, un vaso de caldo de carne, un par de cucharadas de harina, medio vaso de vino blanco,  aceite de oliva y sal.

Elaboración: Preparamos primero el relleno. Para ello, picamos una cebolla y la rehogamos en una sartén con aceite y sal. Añadimos la carne picada y salpimentada, y la cocinamos por espacio de unos tres minutos. Rellenamos los pimientos con esta farsa y los colocamos sobre una tartera. Para la salsa, introducimos en un vaso de cocina el vaso de caldo, las dos cucharadas de harina, el medio vaso de vino blanco y cuatro pimientos del piquillo. Se tritura todo ayudados del brazo de cocina y se vierte sobre los pimientos rellenos. Cocinamos por espacio de unos quince minutos hasta que ligue bien la salsa y servimos.

Pues nada, rescatado el sabor.










miércoles, 10 de enero de 2018

00612 La Sierra de Jubierre

UNA APROXIMACIÓN

Sabía de su existencia y de su personal y trabajada belleza. Del particular encanto de sus parajes, de la arriesgada forma de sus piedras y de su encanto natural. Fue uno de los primeros enclaves monegrinos a los que fui incitado a conocer e incluso alguien me llegó a decir en una ocasión,  que si no había pisado la Sierra de Jubierre, no había estado en Los Monegros. En un micro espacio radiofónico, en Radio Sariñena, que lleva por título "Déjame tus ojos", y en el que intento conocer cómo es la tierra de Monegros a través de los ojos y el sentir de sus habitantes, la Sierra de Jubierre ha ido apareciendo, como si de una letanía se tratara, en la voz de los distintos protagonistas.

Hace un par de meses tuve la oportunidad de visitar este paraje gracias a la amable invitación de Margarita Bretos y Lourdes Biarge, de Viajes Sueña Monegros. Fue una visita rápida, en microbús, y con pequeñas caminatas bien dirigidas y explicadas por Lourdes. Apenas pude tomar unas cuantas notas. El espectacular e insólito paisaje, el continuo asombro en el caminar, el ansia por capturar imágenes, mi inquieta imaginación y el entusiasmo de Lourdes en sus explicaciones ocuparon el tiempo de lápiz y papel. En cada paso, una sorpresa, y en cada mirar, una sensación plácida y desacostumbrada.

Conocí que existe "una pasarela Cibeles", como así la denomina Lourdes, de la naturaleza, desde donde se divisa una tierra de fantasía y admiración, en medio de agrestes parajes donde la tierra se ensaya con los milagros. Supe de la existencia de las "lagrimitas de lluvia" que se agrupan para formar pequeños montículos de atractivo rojizo color. Me extasié con las formas que el viento y el agua ha ido esculpiendo en las piedras a través de los siglos. Respiré aromas y olores casi olvidados. Intuí la dureza de una tierra ahora más amable. Me sentí feliz en una placentera soledad en compañía. Y entendí el por qué la Sierra de Jubierre ha aparecido de forma tan reiterada en el decir de mis interlocutores radiofónicos.

Al regresar de la rápida y tan arraigada visita, me preguntaron sobre qué me había parecido el enclave. Mi respuesta fue inmediata porque así la sentí al bajarme del autobús: "me da la sensación de haber cerrado una puerta para adentrarme en otro planeta".

Mi visita por esta sierra fue solo una fascinante aproximación. Ahora quiero más, saber más, conocer más, pisarla y sentirla más. Mi amigo Pedro se ha comprometido a ello. Espero ese y otros días con ilusión.

La Sierra de Jubierre es un paraje situado en el término municipal de Castejón de Monegros. Se trata de un espacio en declive que conecta la depresión de Sariñena, por donde transcurre el río Alcanadre, y la plataforma superior. La naturaleza de su estructura geológica, sensiblemente horizontal, en la que se alternan estratos de rocas duras y blandas, ha favorecido la formación de una importante red de barrancos. La intensidad de la erosión ha dado lugar a todo tipo de relieves y formas singulares.


















lunes, 8 de enero de 2018

00611 El Roscón de Reyes

POR TRADICIÓN Y SABOR 

Es otro de esos dulces que, aún sin ser goloso, están en mi listado de preferencias. Y está por varios motivos; por tradición, porque me gustan los ingredientes empleados en su elaboración y porque con él se pone fin a unos días de total descontrol alimentario. Con el último bocado de bollo y nata, en el postre de la comida del día 6 de enero o en el café de sobre mesa en casa de mi hermana Gemma,  mi Pepito Grillo me dice, "ya está, hasta aquí, a partir de ahora y hasta nueva orden, control". Y así es como con el último "lametón" de nata, inicio el regreso a mi ser.

Un dulce tradicional en la víspera o en el día de Reyes que nada tiene que ver con la llegada de los Reyes Magos a Belén. Su origen se localiza en el siglo II a. C., cuando a mediados del mes de diciembre, tras la finalización de los trabajos en el campo y a lo largo de una semana, se realizaban unas celebraciones paganas conocidas como "las saturnales", en homenaje al dios Saturno, deidad romana de la agricultura, en las que se festejaban el fin del periodo más oscuro del año y el inicio de la luz. En este periodo los esclavos estaban excusados de cualquier trabajo y podían pasar esos días de una manera más amable. Entre las muchas viandas que se preparaban para tal celebración se realizaban tortas a base de miel y a las que se les introducían algunos frutos secos, dátiles e higos. Un postre que se convirtió en uno de los más populares durante la celebración de la "fiesta de los esclavos", como también era conocido este festejo. Se calcula que fue en el siglo III d.C. cuando se introdujo la conocida haba, considerada como un símbolo próspero y de fertilidad; aquel que se encontraba en su porción de torta con esta legumbre se le auguraba prosperidad el resto del año.

La receta del roscón es antigua en el mediterráneo. Principalmente se elabora con harina, levadura, leche, huevos, agua de azahar, margarina, azúcar y sal, aunque se pueden añadir otros ingredientes,  como el anís o cualquier aromatizante al gusto. Para la decoración se suelen utilizar frutas escarchadas. Se dice que la fruta confitada de color rojo y verde, son el símbolo que representa las gemas y esmeraldas que los Reyes de Oriente llevaban en sus túnicas. El roscón clásico es sin relleno o relleno de nata, si bien con el paso del tiempo se han ido incorporando otros rellenos, como el de crema pastelera, chocolate o trufa.

En Francia, en el siglo XVIII, un cocinero que tenía ganas de agradar al pequeño rey Luis XV, introdujo como sorpresa en el roscón una moneda de oro. Evidentemente, a partir de ese momento la moneda adquirió más valor simbólico que la tradicional haba, convirtiéndose en el premio deseado, mientras que nadie quería que le tocase la popular legumbre. En España, aunque la tradición de comer roscón estaba muy extendida, sería Felipe V quien traería la modalidad de introducir una moneda en el interior del postre. En la actualidad, las monedas han sido sustituidas por figuritas. Al comensal que en su trozo de roscón le sale la figurita es coronado como "rey de la fiesta" y al que le sale el haba, además de pagar el roscón,  es nombrado como el "tonto del haba", origen del popular insulto "tontolaba".

He aquí el roscón de Reyes/tradición de un gran banquete/en el cual hay dos sorpresas/para los que tengan suerte.

En él hay muy bien ocultas/un haba y una figura;/el que lo vaya a cortar/hágalo sin travesuras.

Quien en la boca se encuentre/una cosa un tanto dura/a lo peor es la haba/o a lo mejor la figura.

Si es la haba lo encontrado/este postre pagarás/más si ello es la figura/coronado y Rey serás.




  
   

     

   





viernes, 5 de enero de 2018

00610 Cada Cinco de Enero

LA NOCHE MÁS ILUSIONANTE DEL AÑO

Es cinco de enero. Se acaba la Navidad. Pero todavía nos queda por vivir y recrearnos con la noche más mágica e ilusionante del año. Buscaremos los ojos del mágico rey de la barba blanca; los del rubio, poblado y ensortijado cabello; o los del rey mago de negra faz. Encontraremos la mirada que se cruzará en el camino con miles de otros tantos mirares y renovaremos promesas, deseos y sueños por alcanzar.  Sacaremos lustre a los zapatos. Prepararemos dulces y bebidas para hacer más corto el camino y menos duro el trabajo. Medio dormiremos con nuestras ilusiones hechas un ovillo en el bolsillo del pijama y con el nerviosismo controlado de los que todavía creemos que todo es posible.

Esta noche, la noche más sigilosa del año, niños, niñas y mayores con piel de niño, compartiremos con los tres seguidores de la fabulosa Estrella de Oriente, momentos de inquietante espera. Esta noche, la del cinco de enero, las caras de todos nosotros escribirán una historia muy particular. Historias escritas con palabras de ilusión, encanto y fascinación.

En esta noche, el mundo mágico se dividirá en dos. En una parte se situarán aquellos a quienes los anhelos y sueños se cumplirán con la inmediatez del despertar. En la otra, nos encontraremos los que todavía creemos, también en la noche del cinco de enero, en la esperanza.

Acabo de ver llegar a los tres Reyes Magos de Oriente. Como todos los años, he buscado la mirada de Melchor y en nuestro encuentro me ha sonreído para decirme que se acuerda de lo que cada cinco de enero le pido, aunque este año con un particular añadido.

Ahora, la ciudad duerme para que los Reyes Magos trabajen tranquilos.



jueves, 4 de enero de 2018

00609 Las Anchoas Rellenas

DE BONITO CON TOMATE

Traigo hasta aquí por la puerta grande otra de las caprichosas delicias de la cocina doméstica de mi familia bilbaína. Otro de esos manjares que además de dejar un buen gusto en el paladar, buscan acomodo en algún rincón de la memoria. Rara es la vez que al regreso de la visita a esa querida casa fraterna mis sentidos gastronómicos no suman una buena nueva que contar.

En esta ocasión, la exquisitez salió de las manos de mi querida Sara, cuñada de mi hermano Antonio. Sara es experta en las elaboraciones que requieren tino, destreza y paciencia. Recuerdo, por ejemplo, y ya quedó su pequeña historia en este blog reflejada, los pimientos rellenos de bechamel y enalbardados. Otra delicia. Esta vez fueron unas anchoas rellenas de bonito con tomate. Solo volver a ver las fotografías ya salivo.

No es una elaboración dificultosa, pero sí entretenida. Primero, se limpian las anchoas frescas, que no sean muy grandes, y las colocamos  una a una abiertas en libro. Realizada esta operación, se prepara una farsa para el relleno a base de bonito y tomate frito. Mezclar bien hasta que el bonito quede totalmente desmigado. A continuación, se coloca una cucharada de bonito y tomate sobre una anchoa y tapamos la farsa con otra anchoa. Finalmente, se pasan por harina y huevo y se fríen.

El resultado no puede ser más placentero al paladar. La anchoa es siempre un éxito seguro y en este caso, los añadidos que la acompañan no pueden ser más certeros. La paciencia y dedicación a esta elaboración tienen su justa recompensa. Sencillamente una exquisitez.






miércoles, 3 de enero de 2018

00608 Las Gildas

VERDES, SALADAS Y UN POCO PICANTES

Si hay un pincho que ha sabido sobrevivir ajeno a modas, usos y corrientes, este ha sido el palillo con aceituna, guindilla y anchoa, popularmente conocido y reconocido como "Gilda". Apetecible a cualquier hora, bajo en calorías y llevadero con cualquier tipo de bebida. Un pincho sin distingos, popular y que sigue gozando de buena salud,  después de más de sesenta años de historia,  entre los asiduos del  aperitivo. Un pincho sencillo, barato y genial, con una mezcla de sabores que lo hace delicioso.

Se cuenta que tan popular pincho o banderilla nació en la Donostiarra y mítica Casa Vallés, un referente de la cultura culinaria tradicional vasca. En el año 1946, cuando el vino se ofrecía en porrón y los taberneros servían aceitunas, guindillas y anchoas para acompañar, un cliente, un tal Txepetxa, decidió ensartar los tres alimentos en un palillo, y tal fue la aceptación, que pronto se convertiría en el pincho estrella. Fue también este parroquiano quien bautizó la tapa como "Gilda", en honor a la película protagonizada por Rita Hayworth, estrenada precisamente ese año de 1946, y que como el pincho,  era "verde, salada y un poco picante".



00607 Cazar Nubes

COMO UN TIC

Me resulta curioso comprobar como en todas mis salidas al campo o cuando hago fotografías al aire libre, entre las imágenes, de forma salpicada, aparecen nubes. No sé el motivo de tal práctica. Será porque me gustan sus formas, los contrastes que ofrecen, su fragilidad o su espontaneidad. No hay nada premeditado. Simplemente, desvío mi atención sobre mi cabeza y zas, nube que cazo e introduzco en mi variopinto zurrón de imágenes.

Estas que acompañan el texto las cacé en la hermosa y enigmática sierra de Jubierre, en mis queridos Monegros. Quiero decir con esto, que aún siendo el paraje y su paisaje espectacular y lleno de encanto, además de ser totalmente nuevo para mí, no sé el motivo que me hizo subir la mirada para detenerme por unos segundos en las nubes que en ese momento ilustraban el cielo. Es como un tic, sin llegar a ser obsesivo, pero un tic. Y resulta más curioso todavía observar que en los lienzos que pinto, siempre paisajes, no aparece nube alguna. Siempre los cielos aparecen limpios. Si no fuese así, se podría decir que cazo nubes para luego trasladarlas a los paisajes. Pero no es mi caso. Me gustan las nubes pero no en mis paisajes. Como dijo aquel, que me compre quien me entienda.

Por cierto, al hilo de esta cuestión, acabo de enterarme de que existen los cazadores de nubes y no se trata de una frase poética. Cuenta la mitología inca que el dios Kon, quien pobló la tierra de seres humanos, castigó a sus descendientes por olvidar rendirle culto, con una sequía que transformó en desiertos las zonas costeras de Perú. Cuatro mil años después de que los incas comenzaran a ofrecerle los tributos exigidos por Kon para apaciguarlo y recibir la lluvia, los habitantes del imperio inca del siglo XXI, desde Perú hasta Chile, ahora no solo oran, sino que también cazan las nubes para saciar su sed, por lo menos en parte.

Los caza nubes, también llamados caza nieblas, son grandes mallas de plástico, de al menos seis metros por cuatro, capaces de captar las nubes de niebla arrastradas por el viento. Ante el impacto con la malla, la humedad se convierte en gotas de agua que, por gravedad, caen en un tubo dispuesto en la base y de ahí a un tanque conectado a una red para el suministro doméstico o a un sistema de irrigación. Un mecanismo sencillo pero eficaz, empleado también en otras regiones del mundo con características parecidas a las de la capital peruana, como en el desierto chileno de Atacama o en algunos países africanos.