miércoles, 17 de enero de 2018

00617 El Monasterio de Pedralbes

LA COCINA


Decir que Barcelona es una bella ciudad llena de asombros, es una obviedad. De aquí, a bote pronto, saldrían varios cientos de cosas que me gustan. Calles, olores, edificios, instantes, colores, espacios... Hoy traigo hasta aquí mi última fascinación: El Monasterio de Pedralbes.

Lo visité recientemente casi sin querer. Fue en un domingo de amable paseo familiar, pausado y con aliento, atrapado por una luz que solo esta ciudad sabe regalar. Entre risas, recuerdos y miradas, de repente, se apareció ante mis ojos un atractivo y cautivador edificio; era el Monasterio de Pedralbes. Y así las cosas, sin pensarlo dos veces y aún sin saber si estaría abierto al público, nos adentramos en sus instalaciones.

Habían sonado ya las doce del mediodía y puede que hasta su primera hora de después. Fue una visita rápida en contraposición al tranquilo caminar que hasta el momento había llevado. No creo que estuviéramos más de una hora y media. Apenas pudimos ver algunas dependencias, parte de una exposición y los claustros, pero lo suficiente para dejarnos un grato recuerdo en la promesa de una visita más sosegada y con los ojos puestos en modo aprender.

De lo que pude ver, además de su magnífico claustro, me quedé prendado de su cocina. Un auténtico museo de la cocina monacal y que nos habla del pasar de los años: herramientas utilizadas para picar y moler, las cazuelas, las botas para el vino, la cámara frigorífica, los fogones... Situada junto al refectorio, leo que fue utilizada desde el siglo XIV hasta el año 1983. "La disposición de la cocina original se caracterizaba por un techo de gran altura y un hogar central en el suelo. La cocina primitiva fue reconstruida en 1602, tras haber sufrido un grave incendio. El coste de la reforma ascendió a 600 libras, que fueron sufragadas por el Consejo de Ciento de la ciudad".

Leo también que los fregaderos con pila de piedra que aún se conservan se instalaron alrededor de 1520 y que a finales del siglo XIX los antiguos hornos de pan del siglo XVI fueron reemplazados por unos fogones elevados de carbón. Además, se cubrieron las encimeras con azulejos blancos y azules, y se instaló la cocina económica de hierro forjado.

La regla del monasterio condicionaba la vida diaria de las hermanas. Regulaba el tiempo diario y también la alimentación. Las festividades que más se celebraban eran los días de Navidad, Todos los Santos, San Esteban y la Asunción de la Virgen, así como las fiestas prescritas por la Iglesia, como el Domingo de Pasión, la Pascua, la Cuaresma, el Domingo de la Santísima Trinidad y el Corpus. El año se dividía en dos grandes períodos: el de ayuno, desde el 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen, hasta la Pascua, y el resto del año. El consumo de carne era lo que diferenciaba los meses de ayuno, en los que era prácticamente nulo, del resto del año. El alimento más consumido era el pescado, fresco o salado. El alimento básico era el pan blanco que se elaboraba en el propio monasterio. Completaban la dieta las legumbres, el arroz, las aceitunas, los cereales, las verduras,los frutos secos y la fruta seca, según la temporada. El consumo de carne, muy restringido según el período, se limitaba a carne salada, sangre y espalda de cerdo, y en las festividades, a carnero y ternera. El cordero se consumía por Pascua.

Fue un disfrute visitar este espacio e imaginar a sus moradores entre fogones, silencios y haciendo de la nada virtud.

El monasterio de Pedralbes fue fundado por la reina Elisenda de Montcada en el año 1327, con el apoyo de su esposo, el rey Jaime II. Siguiendo las corrientes espirituales de la época, el nuevo monasterio fue habitado desde un principio por monjas clarisas, la rama femenina de la Orden de San Francisco, que residieron en él de forma prácticamente ininterrumpida hasta el año 1983. El edificio constituye uno de los mejores ejemplos del gótico catalán, tanto por la iglesia como por el claustro de tres plantas, uno de los más espaciosos y armónicos de este estilo.
















martes, 16 de enero de 2018

00616 Árboles en Soledad

SOLEDAD SOBREVENIDA

En las fotografías que voy archivando diariamente hay temas que se van repitiendo de manera usual, sea cual sea el escenario. Puertas, ventanas, agua, farolas, chimeneas, piedras, plantas... se cuelan entre reuniones y excursiones familiares, pueblos visitados o parajes disfrutados. Supongo que será uno de mis muchos tics que el visor de la cámara intenta complacer. Pero entre estas fotografías aleatorias, hay una familia de ellas que me tiene intrigado. ¿Por qué me gusta fotografiar árboles en soledad? ¿Qué imán ejercen sobre mí para que se repitan como un verso aprendido?

Veo ahora las imágenes antes de que compartan archivo e intento, como si de un juego se tratara, averiguar el por qué de esta querencia. Puede ser por su atractiva plasticidad, por su cromatismo, por el juego de figuras, de sus luces y de sus sombras, por su sin igual armonía, por lo refrescante de su imagen, por su belleza desmedida o por una simple composición del paisaje. Cualquiera de estas sugerencias me puede servir.

Las vuelvo a mirar intentando leer en sus troncos y pelaje, en medio del paisaje, algo más que me indique el por qué de este capricho. Pasan los minutos y nada me dicen, salvo lo ya descrito; color, plasticidad, armonía, belleza... y si acaso, algún atisbo de soledad. Una soledad impuesta por una siempre sorprendente naturaleza,  en un ser vivo con ansias por sobrevivir aún en condiciones extremas. Y me los imagino hablando con el aire de paso, con el ave de travesía o con el agua agradeciendo su breve visita.

No hay que ser árbol para saber lo que se siente cuando la soledad es sobrevenida. Quizás, la solidaridad, también tiene algo que ver con mi querencia hacia los árboles en su queda y silenciosa soledad.





lunes, 15 de enero de 2018

00615 El Solomillo de Cerdo

CON SALSA DE QUESO AZUL

Hacía tiempo que quería asomar por este caleidoscopio vital esta pieza de tan noble animal. Ya no solo por su sabor, textura y versatilidad en la cocina, sino porque creo recordar que fue, junto al conejo con chocolate, que algún día también pasearé por aquí, una de mis primeras incursiones en la cocina, en aquellos mis primeros años en los que comencé hacer de anfitrión gastronómico.

El solomillo de cerdo me resulta una pieza muy agradecida. Con muy pocos añadidos el resultado final es sencillamente espléndido. A la plancha con alguna de las innumerables salsas, saladas o dulces; al horno, envuelto en hojaldre... de cualquier manera resulta siempre una propuesta de consideración.

Para esta primera aparición no me complicaré la vida y traigo hasta aquí un sencillo y sabroso solomillo, en medallones, con salsa de queso azul. Así fue como lo elaboré la primera vez hace muchos, muchos años para agasajar a unos amigos. Tan sencillo como cortar medallones de solomillo de unos dos o tres centímetros de grosor y pasarlos por la plancha al gusto del comensal. Los medallones los acompañaremos con una también siempre agradecida salsa de queso azul. Ya he comentado aquí su preparación, pero por si acaso, vuelvo a recordarla. Calentar medio litro de nata para cocinar o en su defecto misma cantidad de crema de leche y cuando vaya a hervir, incorporar 250 gramos de queso azul. Remover hasta conseguir la cremosidad deseada. A mí, particularmente, me gusta, una vez hecha la salsa, incorporarle el aceite sobrante empleado para hacer el solomillo a la plancha. Solo nos quedará colocar los solomillos en una fuente y echar por encima la salsa. De unta pan y moja.

Leo que el solomillo de cerdo es un alimento rico en vitamina B3; 100 gramos de esta carne contiene 13,17 mgs. de vigtamina B3, así como una alta cantidad de vitamina B1. Dada su alta cantidad de proteínas, el solomillo de cerdo es un alimento recomendado especialmente para el desarrollo muscular. Por su alto contenido en vitamina B1, el consumo de solomillo de cerdo ayuda a superar el estrés y la depresión.








viernes, 12 de enero de 2018

00614 La Iglesia de Santa María la Blanca

BERBEGAL


Otra joya de nuestro rico y no siempre bien valorado patrimonio cultural. Disfruté de ella no hace mucho y gracias a una marcha reivindicativa, con final en la localidad de Berbegal,  y que había sido organizada por la plataforma ciudadana "Sijena Sí". Se trataba de "exigir", una vez más, el retorno de los bienes pertenecientes al monasterio de Sijena, así como los denominados bienes eclesiásticos de la Franja, que se encuentran en Cataluña. Unos días después, mor a la justicia y tras más de veinte años de litigios, el 11 de diciembre, una fecha que pasará ya al imaginario colectivo, no solo de los vecinos de Villanueva de Sijena, sino de monegrinos y aragoneses,  43 piezas artísticas del cenobio sijenense, regresarían a su lugar de origen.

Mientras esperaba la llegada de los reivindicativos andarines, me dediqué a recorrer la "coqueta" localidad, y cuya espectacularidad y sensaciones trasladaré aquí en otra ocasión. Un recorrido que finalicé, como no podía ser de otra manera, con el recreo de la Iglesia de Santa María la Blanca. Ya el nombre me parece hermoso. Se trata de una iglesia románica, interrumpida e inacabada, que se proyectó y comenzó a construir en los primeros años del siglo XII. Según leo, en un inicio se contempló como una iglesia de tres ábsides y tres naves cubiertas con bóvedas de medio cañón, pero las obras se detuvieron y no se retomaron hasta finales del siglo XII. Las naves se terminarían de forma apresurada con un solo tramo más. 

Son muchos los detalles que conforman y adornan el templo. Desde la puerta, que simboliza la frontera entre la tierra y el cielo, hasta el Cristo Pantocrator, el crismón trinitario o los capiteles que decoran los vanos absidales. Un auténtico disfrute. Si a quien pudiera leer estas líneas le interesa más datos técnicos e históricos al respecto, le sugiero una visita a la página www.romanicoaragones.com, de Antonio García Omedes, gran experto y conocedor del románico de esta comunidad.

Que Berbegal fuera el final de la citada marcha reivindicativa no fue un capricho de la organización. Cuando se construyó la torre de la iglesia, se adquirió un frontal para adornar el altar mayor. Era menos costoso que decorar la iglesia con pinturas murales. Estas obras pintadas imitaban las suntuosas piezas de oro, piedras preciosas y esmaltes que poseían los principales centros religiosos del occidente románico europeo. De hecho, según leo, los frontales pintados son una excepción en el resto de Europa y en su mayoría proceden de núcleos rurales de Aragón y Cataluña, alejados de las rutas de peregrinación y comercio. "La dependencia jurídica de Berbegal del Obispado de Lérida en el momento en que algunos obispos iniciaron el Museo de esta diócesis, desvincularon esta pieza, única y excepcional de sus legítimos herederos". O como dice el propio García Omedes, "un asunto tan esperpéntico como vergonzoso es el de la retención del frontal de Berbegal a cargo del desobediente obispo de Lérida, que parece no reconocer la potestad de las decisiones Vaticanas". Un frontal, una obra maestra y única, de 2,51 por 0,99 metros, realizada entre 1200 y 1210. Desde 1904 figura en el inventario de los bienes del Museo Arqueológico del Seminario de Lérida, hoy, Museo de Lérida Diocesano y Comarcal, centro museístico en el que hasta el 11 de diciembre se encontraban las 43 piezas, ahora ya en el monasterio de Sijena.
El citado frontal fue trasladado a Lérida por mandato del obispo Messeguer y "a pesar de todos los esfuerzos para lograr su reposición a sus propietarios, la iglesia de Berbegal, el tema sigue aún congelado. No tengo más adjetivos que vergonzoso y desmotivante", concluye García Omedes.








jueves, 11 de enero de 2018

00613 Los Pimientos Rellenos

DE CARNE

He vuelto a recuperar uno de esos sabores que tenía dormidos. Un sabor de la comida tradicional con tonalidades festivas y de elaboración entregada. Lo tenía relegado me imagino que por el acelerado trajín de los días y hoy me he dado cuenta de lo que lo he echado en falta. Me refiero a los pimientos del piquillo rellenos de carne picada y su correspondiente salsa. ¡Qué delicia y festín!. ¡Qué reencuentro más afortunado! No sé a quien se le ocurriría la genial idea de rellenar pimientos, pero quien fuese, menudo momento de inspiración. Hoy son de carne, pero no me olvido de los de pescado o  marisco, de los de bechamel, de los de arroz, de los de morcilla... Todos ellos auténticas genialidades. Me estoy saliendo del renglón pero lo enderezo rápidamente.


El caso es que recientemente, casi sin querer, tuve la oportunidad de recrearme con unos pimientos del piquillo rellenos de carne picada, con su consabida salsa de piquillo. Estaban deliciosos. Me acordé entonces de los que hacía mi madre. Así es que me he ido al cuaderno de "Sabores de mi madre",  para recuperar esa receta que tan gratos momentos me ofreció y salivar en segunda y virtual convocatoria. 


Ingredientes: Una docena de pimientos del piquillo más 4 para la salsa, 250 gramos de carne picada (50 por ciento cerdo y ternera), una cebolla grande, un vaso de caldo de carne, un par de cucharadas de harina, medio vaso de vino blanco,  aceite de oliva y sal.

Elaboración: Preparamos primero el relleno. Para ello, picamos una cebolla y la rehogamos en una sartén con aceite y sal. Añadimos la carne picada y salpimentada, y la cocinamos por espacio de unos tres minutos. Rellenamos los pimientos con esta farsa y los colocamos sobre una tartera. Para la salsa, introducimos en un vaso de cocina el vaso de caldo, las dos cucharadas de harina, el medio vaso de vino blanco y cuatro pimientos del piquillo. Se tritura todo ayudados del brazo de cocina y se vierte sobre los pimientos rellenos. Cocinamos por espacio de unos quince minutos hasta que ligue bien la salsa y servimos.

Pues nada, rescatado el sabor.










miércoles, 10 de enero de 2018

00612 La Sierra de Jubierre

UNA APROXIMACIÓN

Sabía de su existencia y de su personal y trabajada belleza. Del particular encanto de sus parajes, de la arriesgada forma de sus piedras y de su encanto natural. Fue uno de los primeros enclaves monegrinos a los que fui incitado a conocer e incluso alguien me llegó a decir en una ocasión,  que si no había pisado la Sierra de Jubierre, no había estado en Los Monegros. En un micro espacio radiofónico, en Radio Sariñena, que lleva por título "Déjame tus ojos", y en el que intento conocer cómo es la tierra de Monegros a través de los ojos y el sentir de sus habitantes, la Sierra de Jubierre ha ido apareciendo, como si de una letanía se tratara, en la voz de los distintos protagonistas.

Hace un par de meses tuve la oportunidad de visitar este paraje gracias a la amable invitación de Margarita Bretos y Lourdes Biarge, de Viajes Sueña Monegros. Fue una visita rápida, en microbús, y con pequeñas caminatas bien dirigidas y explicadas por Lourdes. Apenas pude tomar unas cuantas notas. El espectacular e insólito paisaje, el continuo asombro en el caminar, el ansia por capturar imágenes, mi inquieta imaginación y el entusiasmo de Lourdes en sus explicaciones ocuparon el tiempo de lápiz y papel. En cada paso, una sorpresa, y en cada mirar, una sensación plácida y desacostumbrada.

Conocí que existe "una pasarela Cibeles", como así la denomina Lourdes, de la naturaleza, desde donde se divisa una tierra de fantasía y admiración, en medio de agrestes parajes donde la tierra se ensaya con los milagros. Supe de la existencia de las "lagrimitas de lluvia" que se agrupan para formar pequeños montículos de atractivo rojizo color. Me extasié con las formas que el viento y el agua ha ido esculpiendo en las piedras a través de los siglos. Respiré aromas y olores casi olvidados. Intuí la dureza de una tierra ahora más amable. Me sentí feliz en una placentera soledad en compañía. Y entendí el por qué la Sierra de Jubierre ha aparecido de forma tan reiterada en el decir de mis interlocutores radiofónicos.

Al regresar de la rápida y tan arraigada visita, me preguntaron sobre qué me había parecido el enclave. Mi respuesta fue inmediata porque así la sentí al bajarme del autobús: "me da la sensación de haber cerrado una puerta para adentrarme en otro planeta".

Mi visita por esta sierra fue solo una fascinante aproximación. Ahora quiero más, saber más, conocer más, pisarla y sentirla más. Mi amigo Pedro se ha comprometido a ello. Espero ese y otros días con ilusión.

La Sierra de Jubierre es un paraje situado en el término municipal de Castejón de Monegros. Se trata de un espacio en declive que conecta la depresión de Sariñena, por donde transcurre el río Alcanadre, y la plataforma superior. La naturaleza de su estructura geológica, sensiblemente horizontal, en la que se alternan estratos de rocas duras y blandas, ha favorecido la formación de una importante red de barrancos. La intensidad de la erosión ha dado lugar a todo tipo de relieves y formas singulares.


















lunes, 8 de enero de 2018

00611 El Roscón de Reyes

POR TRADICIÓN Y SABOR 

Es otro de esos dulces que, aún sin ser goloso, están en mi listado de preferencias. Y está por varios motivos; por tradición, porque me gustan los ingredientes empleados en su elaboración y porque con él se pone fin a unos días de total descontrol alimentario. Con el último bocado de bollo y nata, en el postre de la comida del día 6 de enero o en el café de sobre mesa en casa de mi hermana Gemma,  mi Pepito Grillo me dice, "ya está, hasta aquí, a partir de ahora y hasta nueva orden, control". Y así es como con el último "lametón" de nata, inicio el regreso a mi ser.

Un dulce tradicional en la víspera o en el día de Reyes que nada tiene que ver con la llegada de los Reyes Magos a Belén. Su origen se localiza en el siglo II a. C., cuando a mediados del mes de diciembre, tras la finalización de los trabajos en el campo y a lo largo de una semana, se realizaban unas celebraciones paganas conocidas como "las saturnales", en homenaje al dios Saturno, deidad romana de la agricultura, en las que se festejaban el fin del periodo más oscuro del año y el inicio de la luz. En este periodo los esclavos estaban excusados de cualquier trabajo y podían pasar esos días de una manera más amable. Entre las muchas viandas que se preparaban para tal celebración se realizaban tortas a base de miel y a las que se les introducían algunos frutos secos, dátiles e higos. Un postre que se convirtió en uno de los más populares durante la celebración de la "fiesta de los esclavos", como también era conocido este festejo. Se calcula que fue en el siglo III d.C. cuando se introdujo la conocida haba, considerada como un símbolo próspero y de fertilidad; aquel que se encontraba en su porción de torta con esta legumbre se le auguraba prosperidad el resto del año.

La receta del roscón es antigua en el mediterráneo. Principalmente se elabora con harina, levadura, leche, huevos, agua de azahar, margarina, azúcar y sal, aunque se pueden añadir otros ingredientes,  como el anís o cualquier aromatizante al gusto. Para la decoración se suelen utilizar frutas escarchadas. Se dice que la fruta confitada de color rojo y verde, son el símbolo que representa las gemas y esmeraldas que los Reyes de Oriente llevaban en sus túnicas. El roscón clásico es sin relleno o relleno de nata, si bien con el paso del tiempo se han ido incorporando otros rellenos, como el de crema pastelera, chocolate o trufa.

En Francia, en el siglo XVIII, un cocinero que tenía ganas de agradar al pequeño rey Luis XV, introdujo como sorpresa en el roscón una moneda de oro. Evidentemente, a partir de ese momento la moneda adquirió más valor simbólico que la tradicional haba, convirtiéndose en el premio deseado, mientras que nadie quería que le tocase la popular legumbre. En España, aunque la tradición de comer roscón estaba muy extendida, sería Felipe V quien traería la modalidad de introducir una moneda en el interior del postre. En la actualidad, las monedas han sido sustituidas por figuritas. Al comensal que en su trozo de roscón le sale la figurita es coronado como "rey de la fiesta" y al que le sale el haba, además de pagar el roscón,  es nombrado como el "tonto del haba", origen del popular insulto "tontolaba".

He aquí el roscón de Reyes/tradición de un gran banquete/en el cual hay dos sorpresas/para los que tengan suerte.

En él hay muy bien ocultas/un haba y una figura;/el que lo vaya a cortar/hágalo sin travesuras.

Quien en la boca se encuentre/una cosa un tanto dura/a lo peor es la haba/o a lo mejor la figura.

Si es la haba lo encontrado/este postre pagarás/más si ello es la figura/coronado y Rey serás.