domingo, 9 de agosto de 2026

01768 Un Visitante Inesperado

 NUNCA TAN CERCA


El día que una cigüeña visitó mi huerto
Cuando estoy en el huerto, las visitas son contadas.. Echo la vista a los tres últimos meses y que recuerde, he hablado con un par de individuos interesados por si se vendía la casa, es un clásico, el vecino con quien comparto riego una vez a la semana y un amigo que tenía interés por conocer el huerto del que tanto hablo. Esto es todo. Bueno, las "visitas de médico" casi a diario de mi amigo y compañero de teatro, Pepe, no las cuento. Pepe pasa los veranos en un chalet de una población vecina. Todos los días se da un largo paseo caminando, en cuyo itinerario se encuentra mi huerto. Si coincide que estoy, entra, echamos una "charradeta", como se dice por aquí, y antes de que apriete el calor, se vuelve para casa. No está conmigo más de quince minutos. Quince agradecidos minutos. Otros hortelanos me roban su presencia. Sus visitas me reconfortan y reaniman, pues me obligan a sentarme, tomar un café, fumarme un cigarrillo y despistar a mis pensamientos, que últimamente me tienen sobrepasado. Lo achaco al calor.

Hace unas semanas también recibí una visita totalmente inesperada. Estaba en cuclillas poniendo orden en las tomateras, cuando oí un sonoro ruido sobre mi cabeza que no alcancé a identificar. Me levanté como si me hubiesen puerto un petardo en salva sea la parte. Tan rápido me puse en pie, que todavía alcancé a ver tomar tierra a la causante de semejante susto; una cigüeña. La contemplé a distancia. Al principio la contemplé a distancia. Se paseaba como si conociese el lugar. Las plantas del huerto estaban todavía en sus inicios. Por un momento nos cruzamos la mirada. Seguí inmóvil para no asustarla como ella a mí en su reciente aterrizaje. El ave prosiguió recorriendo el recinto, altiva, como si caminara por una pasarela. Parecía encontrarse a gusto. Decidí acercarme a ella lentamente. Solo quería hacerle algunas fotografías con el móvil. Conforme me acercaba, la cigüeña se alejaba. No había manera de encuadrar una imagen en condiciones. Tomé algunas instantáneas a bote pronto para que me sirvieran de acta notarial de su presencia en el huerto. Y menos mal, porque a los pocos minutos, igual que llegó, se fue.

Acostumbrado como estoy a insectos, gatos, gorriones y a alguna que otra urraca, su presencia me distrajo de mis tareas diarias, lo que le agradecí enormemente. Además, nunca había estado tan cerca de una cigüeña, algo que también pasó a mi haber. Más que nada, porque los animales con pico no me gusta tenerlos cerca. Tengo la impresión de que esta cigüeña no fue la primera vez que visitaba mi huerto. 

 



No hay comentarios:

Publicar un comentario