NUBES ENCENDIDAS
Salí al campo a gritar, a desahogarme, a respirar otro aire menos contaminado de antipatía. Acostumbra a funcionar. Me senté sobre una piedra y miré a mi alrededor para cerciorarme de que estaba solo. Estoy algo loco, pero tampoco es cuestión de ir pregonándolo a los cuatro vientos. Me preparé para dar el grito deseado. Cogí aire para llenar mis pulmones y al levantar la vista para proferir mi aullido, me encontré en el cielo con un inesperado panorama. Pasajeras nubes habían encendido sus luces, regalando su presente de sosiego y serenidad. Me quedé embobado mirando su belleza, atrapado en su color de fuego, hasta que el grito se ahogó en mi garganta.

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