domingo, 22 de febrero de 2026

01722 Fugaces e Inesperadas Visitas

 DÍAS DE HUERTO


En el huerto no hay espacio para el aburrimiento. Siempre hay algo que hacer o alguno de sus muchos asuntos pendientes reclama mi atención. Hasta los breves descansos se tornan activos. En estos últimos casos es la vista quien toma el mando, bien para pasar revista al trabajo realizado, bien para enumerar el orden de las faenas a ejecutar sin mucho tardar. El caso es estar siempre en movimiento para que la dicha en el huerto sea completa.

A todo lo mencionado hay que añadir algo más; los bellos e inesperados instantes que de vez en cuando me sorprenden y acaparan toda mi atención. Me refiero a los eventuales visitantes que transitan por el huerto, en su mayoría aves e insectos. Parecen encontrarse a gusto entre las plantas y no seré yo quien turbe su placidez. Todo lo contrario. Recibo con agrado su visita. Me siento acompañado en mis largas y deseadas horas de soledad. Observo sus estudiados y repetidos movimientos, que se transfieren hacia mí como un entretenimiento. Sus visitas acostumbran a ser muy cortas, excesivamente cortas para mi gusto. Es lo que tiene ser un alma libre y viajera. No siempre consigo fotografiar su presencia. En cuanto me perciben, desaparecen como estrella fugaz. Me gustaría decirles que no tienen nada que temer, pero me temo que no me creerían. Y lo entiendo, cómo creer en la palabra de un ser humano. A mí me sucede lo mismo. Sea como fuere, seguiré disfrutando de esos inesperados instantes de fugaces visitas y que tanto agradezco.





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