EL MANÁ PARA LAS JORNADAS SIN CAUSA
viernes, 12 de enero de 2024
01248 Dulce Aroma
jueves, 11 de enero de 2024
01247 El Tartar de Fuet
¡QUÉ OCURRENCIA MÁS RICA!
Ya he comentado en alguna ocasión, que son mis hijas quienes
me tienen al corriente de las actuales tendencias y novedades de todo tipo:
gastronómicas, musicales, culturales, cinematográficas, etc… En este caso, el
tartar de fuet lo conocí recientemente gracias a mi hija Loreto. No hace muchas
fechas lo hizo en casa y me fascinó su resultado. Mientras lo elaboraba, comentó
que se trataba de una receta que se “había hecho viral”. Yo pensé para mis
adentros, que mientras estuviera rica sería suficiente. No todo lo “viral” en
estos días es de mi complacencia. Y allí que estuvo un ratito largo, ocupada en
la cocina con su tartar de fuet y, que si dábamos su aprobación, sería la tapa
que elaboraría para nuestra multitudinaria cena familiar de Nochevieja.
Me encantó por su sabor, originalidad y presencia. Por
supuesto, contó con nuestro visto bueno para que fuese su tapa de Nochevieja.
¡Todo un acierto!
A continuación, comparto la receta utilizada por Loreto para
el tartar de fuet.
Ingredientes para un fuet: 1 fuet, ½ tomate maduro, ½ cebolla,
1 cucharada de alcaparras, 1 cucharada de mostaza antigua, 1 pepinillo
agridulce picado, 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra y pimienta molida.
Elaboración: Quitar la piel al fuet. Picar el fuet en
trocitos lo más pequeños posibles. Picar también muy finos, el tomate, la
cebolla, las alcaparras y el pepinillo. Colocar todos los ingredientes bien
picados en un bol y aliñar con la mostaza, el aceite y la pimienta molida.
Mezclar bien y emplatar como si se tratara de un steak tartar. Acompañar con
unas tostadas.
01246 Las Potas de Calamar en Salsa
ECONÓMICO Y DELICIOSO
Días de manta, sofá, libro… y en la mesa, un buen plato,
reponedor, de cuchara. Es lo que más me apetece. El frío y yo, no nos llevamos
bien. En esta ocasión, protagonista del guiso va a ser la pota de calamar, en
versión salsa. Un plato que, además de sabroso, resulta muy económico.
La pota es un molusco muy parecido al calamar y tiene
exactamente el mismo valor nutricional: es decir, bajo en grasas y alto
contenido en proteínas, hierro y vitaminas. La diferencia entre una y otro
estriba en el sabor y la textura. Así, la pota tiene un sabor menos delicado
que el calamar, si bien, son ideales para guisos, ya que requieren más tiempo
de cocinado.
Con estos mimbres, haremos frente al día grisáceo, frío y lluvioso,
pero pleno de sabor. El que no se consuela es porque no quiere. Propuesta
culinaria muy sencilla y resultona.
Ingredientes para 4 personas: 800 gramos de pota de calamar,
1 brick pequeño de tomate frito, 1 cebolla, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, ½
vaso de vino blanco, 300 cl de agua, 1 pastilla de caldo de pescado, 2 dientes
de ajo, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta.
Elaboración: Pochar en un cazo, con un poco de aceite de
oliva, el ajo, la cebolla y los pimientos, todo cortado con anterioridad, y
sazonar. Cuando comiencen a pocharse los ingredientes, incorporar el vino
blanco y cocinar hasta que el vino se evapore. A continuación, incorporar el
tomate al sofrito. Remover e incorporar la pota de calamar cortada a dados.
Remover y cocinar durante un par de minutos. Añadir el agua y la pastilla de
caldo de pescado. Cocer a fuego medio por espacio de unos 30 minutos o hasta que
observemos que la pota está tierna. Comprobar el punto de sal deseado, cocinar
unos 5 minutos más y servir caliente.
miércoles, 10 de enero de 2024
01245 El Chorizo con Pimientos Asados
TODO LO PUEDEN
viernes, 5 de enero de 2024
01244 Espumas, Brisas y Horizontes
COMPLACIDO, EMOCIONADO
martes, 2 de enero de 2024
01243 El Pudin de Queso
DULCE Y CREMOSO
Hacía tiempo que no probaba este dulce típico de la cocina
inglesa. Mientras lo degustaba con placer, me recordaba lo poco amigo que fue en
mis días de infancia y juventud. No lo podía ni ver. Al igual que el flan, me
daba auténticas “nauseas”. Si en alguna ocasión, uno u otro, se ponían delante
de mí, por educación, acababa comiéndolos, pero sin disfrute alguno. Es más, y
mira que es difícil, hasta se me hacía bola. Es una exageración, pero sirva el
símil para constatar lo cuesta arriba que se me hacía semejante postre. Con el
tiempo, irían desapareciendo esta y otras manías.
Mi gusto por el pudin de queso me lleva a Bilbao, en mi época universitaria. Una pareja de amigos tenía por costumbre acoger en su casa a estudiantes ingleses. No les cobraban pensión ni alquiler alguno. El único compromiso adquirido era que les hablaran en inglés. La comida corría a cargo del estudiante británico de turno. En mi vida vi “fabricar” en esa casa tanto sándwich de un montón de pisos y de ingredientes con combinaciones casi imposibles. En alguna que otra ocasión, incluso llegaban a cocinar dulces: galletas, pasteles y púdines. Y fue aquí, en casa de mis amigos Ignacio y Macu, donde rompí mi maleficio con este dulce, a través de un pudin de queso que hizo una de las “inquilinas” que llegué a conocer.
En una de mis acostumbradas visitas a cada de Macu e Ignacio, llegué justo en el momento en el que se disponían
a tomar un café/té, acompañado de un pudin de queso. Como he mencionado con
anterioridad, por cortesía, que no por apetencia, lo probé y me encantó. Creo
recordar, que hasta incluso repetí. A partir de ese momento, me hice amigo del
pudin e incluso hubo una temporada que hasta lo cocinaba, con la receta
facilitada por esa inglesa y cuyo nombre ya no alcanzo a recordar.
En un principio, la masa del pudin se envolvía en un paño y
era escalfada al baño María. La bola se servía caliente. Con el paso del
tiempo, los paños serían sustituidos por moldes desmontables. También en sus
inicios, se consideraba un postre de gente sin recursos, ya que era una
elaboración de aprovechamiento, habitualmente el pan. A medida que la clase
media tuvo acceso a ingredientes como los huevos, la leche, las pasas o el
azúcar, el pudin se hizo más sofisticado.
La historia de este postre es incierta. Pero se cree que el
pudín tuvo sus orígenes en Europa durante la Edad Media. Las versiones
anteriores de este dulce eran más densas y parecidas al flan, pero conforme
pasó el tiempo la receta fue cambiando. En la actualidad tiene la consistencia
de un postre suave, hecho a base de leche, crema, azúcar, vainilla o diferentes
sabores.
Ingredientes: 100 gramos de caramelo líquido, 5 huevos, ¼ de
litro de leche entera, 300 gramos de queso crema o queso mascarpone y 90 gramos
de azúcar blanco.
Elaboración: Verter el caramelo líquido sobre un molde
rectangular y extenderlo bien por toda la base. Mezclar en el vaso de la
batidora, los huevos, la leche entera, el queso crema o el mascarpone y el
azúcar. Batir bien hasta que se integre todo. Verter la mezcla en el molde,
evitando que se mezcle con el caramelo líquido. Precalentar el horno a 180
grados centígrados. Cubrir el molde con papel de aluminio y ponerlo en una
bandeja de horno. Calentar agua y verter sobre la bandeja que soporta el molde.
Hornear durante 60 minutos y dejar enfriar dentro del horno. Una vez frío,
retirar el molde del baño María y quitar el papel de aluminio. Introducir el
molde en el frigorífico por espacio de unas 4 o 5 horas, hasta que cuaje por
completo. Transcurrido este tiempo, desmoldar y servir.
01242 Las Focaccias
PARIENTE ITALIANA DEL BOCADILLO
Aunque ya conocía la focaccia, a través de
alguna esporádica ocasión en Madrid, las que hace mi hermana Gemma o las
adquiridas en algún supermercado, no fue hasta llegar a Italia, y luego en
Cerdeña, cuando disfruté de ella en toda su extensión. Las he probado sencillas
y reconocibles, contundentes, e incluso algunas, super deliciosas, difíciles de
olvidar y también de adivinar su contenido. La he comido dulce, salada, rellena, a
pellizcos, y en cualquier momento del día. Siempre apetecible.
Sus combinaciones son innumerables y muy emparentada con la
creatividad. Este pan plano, primo hermano de la pizza y emparentado con
nuestro tradicional bocadillo, es todo un símbolo de la cocina italiana. No se
conoce con exactitud su origen, si bien, los datos que se barajan, hablan de
que su nacimiento fue anterior a la popular pizza.
Existen varias leyendas al respecto. Por ejemplo, se
atribuye su origen a las zonas costeras del país. El aire salobre impedía que
el pan leudara correctamente, dar fermento a la masa con la levadura, y para
solucionar este problema, nació la focaccia. Rápidamente, se extendería por
todo el país su popularidad. Además, por sus cualidades específicas, que
favorece su conservación y almacenamiento durante varias semanas, se
convertiría en una comida perfecta para quienes debían embarcarse en alta mar.
Hay otra teoría que señala su origen en la ciudad de Recco.
Esta región fue atacada por piratas y sus habitantes tuvieron que sobrevivir
sin apenas alimentos. Con los pocos productos que disponían, elaboraron este
tipo de pan con lo que lograron vencer al hambre.
Aunque es cierto que la mayoría de las teorías atribuyen que
su origen hay que buscarlo en Italia, otras consideran que este invento nació
en las civilizaciones de los antiguos etruscos o griegos.
Elaboración: Desmenuzar en un bol la levadura fresca y añadir
el agua tibia. Mezclar bien ambos elementos hasta que la levadura se diluya.
Añadir la sal y el aceite de oliva. Remover bien. Agregar la harina con un
tamizador. Mezclar bien hasta que quede homogénea. Dejar reposar durante unos
20 minutos. Doblar la masa en forma de sobre, desde afuera hacia adentro. Dejar
reposar 20 minutos y volver a doblar del mismo modo. Dejar reposar 20 minutos
más y volver a doblar. Traspasar la masa a un bol untado con aceite de oliva y
dejar en el frigorífico, tapada con un paño, durante 24 horas. Poner papel de
horno sobre una bandeja y cubrir con aceite. Poner la masa sobre el papel y
extenderla con los dedos; desde el centro hasta los bordes de la bandeja. Hasta
aquí sería suficiente para hornear. Si se desea, se puede poner por encima de
la masa, romero, aceite de oliva y sal en escamas. Precalentar el horno a 250
grados durante unos 20 minutos, e introducir la masa. Bajar la temperatura a
230 grados y cocinar la focaccia durante unos 20 o 25 minutos.
| Focaccia de atún, huevo, toma, lechuga, cebolla, jamón y salsa. Tomada en la Focacceria Milese de Alguero, en Cerdeña. |