Mostrando entradas con la etiqueta salsa de tomate. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta salsa de tomate. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de mayo de 2023

01123 Los Mejillones en Salsa de Tomate Picante

 DE TODO MI AGRADO


Hace tiempo que no paseo por aquí a uno de mis moluscos favoritos, que no es otro que el mejillón. Ya he comentado en alguna ocasión que me gustan de cualquier manera. Me da igual que se presenten simplemente hervidos que, con tomate, rellenos, en conserva… Tratándose del mejillón, todo me va bien. La forma de sacarlos a la mesa dependerá del tiempo que tenga a bien dedicarle en la cocina. En esta ocasión, voy a entregarme a él para cocinarlo con la “alegría” que trae el picante. Como siempre, receta sencilla y de todo mi agrado.

Ingredientes para 4 personas: Un kilo y medio de mejillones, 1 cebolla, 1 pimiento verde, 2 dientes de ajo, ½ kilo de salsa de tomate, 1 vaso de vino blanco, 3 cayenas, aceite de oliva virgen y sal.

Elaboración: Limpiar bien los mejillones e introducirlos en una cazuela con el vino blanco. Cocinar hasta que se abran. Reservar. A continuación, picar la cebolla y pocharla en una sartén con un poco de aceite de oliva. Una vez pochada, añadir los ajos y el pimiento verde, también picados. Sazonar. Cuando la verdura esté en su punto de cocinado, incorporar las tres cayenas (2 enteras y la tercera desmenuzada). Añadir parte del jugo de los mejillones y la salsa de tomate. Cocinar hasta que hierva la salsa e incorporar los mejillones con su concha. Cocinar removiendo durante unos cuatro minutos y servir.

 




sábado, 27 de junio de 2020

00919 La Salsa de Tomate

CASERA


En algún momento de este largo trayecto ya he dejado constancia de mi gusto por las salsas, pero si hay una por la que tengo auténtica querencia, esta es la salsa de tomate casera.

Como no podía ser de otra manera, la aprendí de mi madre. No me enseñó a hacerla, no. La interioricé de tantas veces ver cómo la elaboraba, como tantas otras cosas. Mi madre decía que esta salsa servía "tanto para un roto como para un descosido". Acostumbraba a utilizarla para un buen número de platos: huevos, carnes, pescados, guisos, albóndigas, arroz blanco, verduras, pasta..... Desde siempre me ha parecido una salsa deliciosa.

Esta salsa la tenia un tanto descuidada últimamente en beneficio de la comodidad envasada. Nada que ver, pero los tiempos modernos imponen sus leyes. El verano pasado, gracias a mi reincorporación al mundo de la horticultura, me reencontré con ella. Cómo no hacerlo teniendo los ingredientes frescos y sabrosos al alcance de la mano. Casi a diario hacía salsa de tomate, máxime cuando mi hija pequeña, Jara, se relamía y también la utilizaba para todo.

Nunca me he interesado por las cantidades exactas a utilizar, ya que está siempre deliciosa. Es la típica elaboración realizada a ojo, "según veas", como se suele decir. Los ingredientes: tomate, cebolla, pimiento, aceite de oliva virgen, sal y una pizca de azúcar. En ocasiones añado también un par de cayenas.

Su elaboración es muy sencilla. En una sartén se pone a calentar aceite de oliva virgen. Cuando esté caliente, incorporamos el tomate cortado a trozos. Una vez veamos que el tomate comienza a desprenderse del agua y empieza a hervir, incorporamos la cebolla, el pimiento, el ajo, la sal y la pizca de azúcar. Dejamos cocer todo hasta que todos los ingredientes los veamos ya cocinados. Solo restará triturar la salsa ayudados de un brazo de cocina y pasarla por un chino para que nos quede limpia de "tropezones".

La salsa podemos envasarla y conservarla en el frigorífico. Aguanta bien varios días. Bueno, la verdad es que no sé muy bien cuántos, pues en cuanto dejo el bote en el frigorífico, apenas le da tiempo a acomodarse en él.









martes, 19 de noviembre de 2019

00880 Calabacines en Salsa de Tomate

ARRABIATA, ENFADADA


Rellenos con distintas variedades, a la plancha, en crema, salteados, en tortilla, en puré, en tempura... La generosidad del huerto obsequiándonos con decenas de calabacines ha sido este año excepcional. De aquí que haya tenido que echar mano de una amplia batería de recetas con el calabacín tanto como protagonista como de actor secundario e incluso en la cocina de aprovechamiento que tanto me fascina.

El caso es que en una ocasión saqué a pasear a la popular plancha "Princess", que hacía tiempo tenía olvidada, y me puse a hacer verduras como si no hubiese un mañana. Berenjenas, cebollas, pimientos verdes y un magnífico ejemplar de calabacín fueron pasando de forma ordenada por la ardiente plancha. Ya en la mesa, el disfrute de sabores y texturas fue algo excepcional. Dimos buena cuenta de todo salvo de las monumentales ruedas de calabacín que parecían multiplicarse en la bandeja.

Al día siguiente, cuando me disponía hacer la comida, observé que en el frigorífico se habían ido acumulando varios restos, entre los que se encontraba una salsa elaborada con tomate también de la huerta. La cosa estaba clara: Ese día comeríamos calabacines con salsa de tomate en mi afán, costumbre y enseñanza heredada de que "en esta casa no se tira la comida".

Me surgió entonces un pensamiento, ¿y por qué no enfadar a la salsa de tomate? Unas piparras,que levantaban boinas y que no sabía qué hacer con ellas, podrían enojarla de forma sobresaliente. Así que me puse manos a la obra. A la salsa de tomate le añadí una cebolla bien picada, dos dientes de ajo también muy picados, una piparra troceada, un poco de aceite de oliva y sal;  lo que viene a ser una versión de la famosa salsa "arrabiata" italiana.

Una vez cocinada la salsa y catado su nivel comestible de enfado, calenté las ruedas de calabacín en el microondas y vertí sobre ellas el preciado líquido rojo.

De esto han pasado ya varias semanas y todavía me relamo.







lunes, 15 de octubre de 2018

00837 Los Mejillones en Salsa de Tomate

ENTRAN POR LOS OJOS


Regresan los mejillones a este caleidoscopio vital y lo hacen con un intenso y sugerente color. Estamos en la época de esplendor de este molusco de las costas gallegas y hay que aprovechar el momento. Solo al vapor sería más que suficiente, pero me apetece variar un poco y de paso,  aprovechar las últimas dádivas del huerto.

Como en tantas otras sencillas elaboraciones, cada "cocinetas tiene su libreta"  y le da a este guiso su toque personal o gusto particular. Yo, para no romper con el norte y guía de la tradición, plasmaré aquí la forma de hacer que tenía mi madre.

Ingredientes: Un par de kilos de mejillones, un vaso de vino blanco, tomates maduros, cebolla, pimiento verde, un par de cayenas, una pizca de azúcar, aceite de oliva virgen y sal.

Elaboración: Comenzaremos con los mejillones. Una vez limpios los depositamos en una cazuela con un vaso de vino blanco. Tapamos y cocinamos hasta que se abran. Reservamos. A continuación, elaboramos la salsa de tomate. Para ello, en una sartén grande incorporamos los tomates troceados, la cebolla, el pimiento verde, dos cayenas, todo también troceado, un generoso chorro  de aceite, sal y una pizca de azúcar. Cocinamos hasta que el tomate quede líquido y trituramos ayudados del brazo de cocina. Después pasamos por el chino y el resultante lo depositamos en una paellera o sartén grande. Solo quedará colocar en la salsa los mejillones desprovistos de una de sus vulvas, calentar ligeramente y servir. Si quedan, cosa que dudo mucho, se pueden tomar fríos arropados por la deliciosa salsa de tomate. Si es que entran por los ojos.


miércoles, 3 de octubre de 2018

00822 Los Huevos Escalfados

CON SALSA DE TOMATE CASERA


Es de esos platos que no necesitan mucha presentación. Su sola visión nos lo dice todo. Nos habla de toda la vida, de tradición y  de calor en torno a una mesa ajeno a cualquier moda que pueda llegar.

El quid de la cuestión estriba en la salsa de tomate hecha en casa como antes se hacía todo. Buen tomate, buen pimiento verde, buena cebolla, buen ajo, buen aceite de oliva y buena cocción, lenta, burbujeante y serena. Triturar y pasar por el chino. De vuelta la salsa a la sartén, que sea ancha para que los huevos no se incomoden y respiren. Fuego medio y salsa caliente. Acomodar los huevos y tapar. Prestar atención, mucha atención, para que no se pasen y que la yema "llore" cuando sea requerida. Todo un placer al gusto y a la vista.

Ni un pero ni un reparo, si acaso moderación con el pan a la hora de untar. Pero qué digo, ni eso. Un día es un día y los huevos escalfados con salsa de tomate casera, el de toda la vida, así quieren que sea; buen untar, que ya me cuidaré otro día.