miércoles, 31 de octubre de 2018

00854 Las Calles Empedradas

ALFOMBRAS PÉTREAS


He tenido que pensarlo varias veces antes de dar el sí definitivo a las calles empedradas y traerlas hasta este caleidoscopio vital o listado de mi relación con las cosas que me rodean. A mis ojos y sensaciones les encantan, no así a mi dolorido pie izquierdo donde hace años se asentó y acomodó un más que incómodo callo que cuando divisa un empedrado se teme lo peor. Al final, mi pie izquierdo me ha dado su consentimiento y me ha dicho que vale, que bueno, que todo sea por la originalidad, belleza y concienzudo y exclusivo trabajo que se aglutinan en estas alfombras pétreas y que tan caras de ver se hacen hoy en día.

Hasta hace unos años, las calles de los cascos históricos de muchas ciudades se cubrían a base de piedras y adoquines que fueron cediendo su espacio al asfalto en favor de la comodidad para su tránsito. Solo hay que echar un vistazo a fotografías y postales antiguas para comprobar cómo se han ido perdiendo estos suelos tradicionales por otros de aspecto "más urbano". Por eso, cuando en mis escapadas doy con una de estas alfombras pétreas me gusta mirarlas y admirarlas en su conjunto, en su espacio delimitado habitualmente por nobles edificios de recia piedra y curiosa historia. Me gusta transitarlas aunque mi pie izquierdo se queje. Es solo un momento, le digo, le engaño, solo un instante, lo que me cueste imaginar, recrear y sentir el cómo, el por qué y cuál fue su razón de ser. Porque también en este sentido, nada es azar. La piedra y su pétrea grafía no es un caprichoso, cada una tiene su por qué.






lunes, 29 de octubre de 2018

00853 Las Guindillas Rojas

EL ORO ROJO DE LA MESA

Con la recolección de las guindillas rojas se puede decir que mi huerto, versión verano, ha llegado a su fin. Ha habido una más que aceptable cosecha y ahora toca prepararlas para el invierno.

Me gusta el picante, con moderación, y tengo puestas en estas guindillas muchas expectativas que espero complementen un buen número de los guisos de la cocina tradicional de los fogones invernales.

Hay quien considera a este tipo de guindilla como el "oro rojo de la mesa", además de ser "una filosofía de vida". Esto último se lo leí en una entrevista a un chef italiano, Fabio Campoli, que tiene publicados varios libros con recetas picantes. Para este chef, "la guindilla es una filosofía de vida, no un simple ingrediente. Sus colores, la forma y su picante son sinónimos de alegría de vivir, sabor, carácter, emoción... Un mundo que conviene descubrir y que está hecho no solo de preciosas notas de gusto, sino también de ciencia y cultura".

He ojeado las bondades de la guindilla en relación con la salud y esto es con lo que me he encontrado. Es rica en vitaminas A, E, C, además de hierro. También es una buena aliada para combatir o prevenir ciertas enfermedades tales como la arteriosclerosis, artritis, reumatismo, enfermedades cardiovasculares o el cáncer. Según estudios, la capsaicina reduce el crecimiento de las células cancerosas. Además, entre otras bondades, la guindilla es un buen alimento anti depresivo. En China, por ejemplo, el pimiento picante rojo se utiliza contra la depresión, y en la India, la medicina tradicional ayurvédica sostiene que la guindilla "estimula el espíritu y la sangre".

Por el contrario, no deben abusar del pimiento picante quienes sufren de acidez de estómago, úlcera, hepatitis o hemorroides. No obstante, leo que tomado en dosis terapeúticas, puede ser útil para aliviar algunas de estas últimas enfermedades. En cualquier caso, el consumo de guindillas no debe ser nunca excesivo.

Tras todo lo dicho, me voy a preparar estos hermosos ejemplares para cuando llegue el invierno o se avecine una nueva depresión.






domingo, 28 de octubre de 2018

00852 El Cardo con Bechamel

PIÑONES Y PASAS


Cocinar cardo me lleva inevitablemente a la cocina y recetario de mi madre y sobre todo a la cena de Nochebuena.

Me gusta el cardo y acostumbra a estar presente en la mesa. No como a mí me gustaría, sino de manera más frugal y echando mano de  la planta en conserva. Tras algún que otro fiasco, he dado con alguna que otra marca que no está mal.  Un poco de aceite en la sartén, unos dientes de ajo cortados a láminas y rehogar el cardo durante unos pocos minutos es todo lo que se requiere.

Nada que ver con esta otra elaboración de tradición y grato recuerdo, que comenzaba ya con la adquisición del cardo en la verdulería de "tía Celia", en la calle de San Lorenzo. ¡Esos sí que eran cardos! ¡Recién cogidos de la huerta de Huesca! Grandes y hermosos, como ramos de flores, con olor a frío y a verdura fresca. Después limpiarlos. Por decir algo, posiblemente lo más entregado y laborioso, Pero daba igual, eran años en los que había tiempo y las prisas apenas hacían compañía.  De cómo era ese cardo de recuerdo y tradición, lo contaré aquí llegado el mes de diciembre. Será un cardo, ya adelanto, de encuentro compartido.

El que hoy traigo es un pariente cercano de aquel; algo más cremoso y con el dulce añadido de las pasas.

Ingredientes: Un kilo y medio de cardos limpios, tres cucharadas de harina, un vaso de leche entera, 35 gramos de piñones, 35 gramos de pasas, 2 dientes de ajo, una nuez de mantequilla, sal y un par de cucharadas de aceite de oliva virgen.

Elaboración: Si los cardos son naturales, en primer lugar los limpiaremos, cortaremos en trozos y los cocinaremos en abundante agua con sal hasta que estén cocidos. Escurriremos y reservaremos. Si optamos por los cardos en conserva, simplemente los escurriremos. A continuación elaboraremos una salsa bechamel que nos quede más bien cremosa y que realizaremos como tengamos  por costumbre. Para esta ocasión, añadiremos a la salsa al inicio de la elaboración un par de dientes de ajo bien machacados. Mientras acabamos de hacer la salsa bechamel, pondremos en una cazuela un par de cucharadas de aceite de oliva y calentaremos. Cuando el aceite esté caliente le añadiremos los cardos y simplemente rehogaremos para calentarlos. A continuación añadiremos al cardo la salsa bechamel y espolvorearemos piñones y pasas. Removeremos y listo para servir.

Como ya he comentado este plato es un pariente cercano del tradicional cardo navideño. Resulta más dulce por la presencia de las pasas y también algo más contundente por la cremosidad de la salsa bechamel; en el cardo navideño la salsa no es tan espesa.



jueves, 25 de octubre de 2018

00851 Días en Verde

DÍAS NECESITADOS


Necesitamos días en verde donde sembrar la esperanza, el aliento y la reposada calma.

Días de arraigo en el futuro donde alojar el alma descontrolada entre vaivenes y zozobras.

Necesitamos días en verde donde fijar la vista sin miedos ni horrores ni nada que no le asista.

Días de abrigo y cobijo, encuentro y remanso para las ilusiones errantes sin destino propicio.

Necesitamos días en verde para regresar al camino perdido; días perfectos desde donde retomar la nítida concepción de la vida.

miércoles, 24 de octubre de 2018

00850 El Lomo con Queso

BUENA PAREJA


Cuando las calorías y  michelines no estaban en mi vocabulario, uno de mis "bocatas" de diez, entre una larga, larguísima lista de ellos, era el de lomo con queso, cortado el primero bien fino, y el pan untado en tomate. Solo con pensarlo ahora se me alegra el estómago y tengo que decirle que no se cree falsas expectativas, que solo es un comentario traído de otros tiempos.

El último bocadillo que comí de estas características ni lo recuerdo por más que intento hacer memoria. Sin embargo, sí que me acuerdo cómo volvió a mi dieta el lomo con queso,  con cuchillo y tenedor, aunque sin el untuoso pan. Fue con motivo de un régimen al que me sometí hace algunos años y  a sugerencia de la báscula que con mudo sobresalto arrojaba el dígito 95.

Se trataba de una dieta fácil de llevar, entretenida y en ocasiones hasta atractiva. De aquellos días todavía hoy pongo en práctica alguna de las sencillas elaboraciones sugeridas. Como por ejemplo, el lomo a la plancha con queso. Cuando en el régimen diario y cambiante aparecía "lomo con queso", era como una fiesta en la mesa. Sí, para que fuera una fiesta con apoteosis final, le faltaba la chispa del pan con tomate. Pero estábamos a lo que estábamos y aunque la dicha no fuese completa, el sabor no engañaba al recuerdo ni a la báscula.

Ahora, cuando hay para comer lomo a la plancha, ya no se pregunta si va acompañado de queso; es una obviedad.














martes, 23 de octubre de 2018

00849 Los Mejillones al Vapor

A PECHO DESCUBIERTO


Seguimos en época de mejillones. Con este molusco se pueden realizar infinidad de elaboraciones de suma sencillez. Pero si hay una a la que se le puede colgar la medalla de oro de la sencillez, es la de los mejillones al vapor. Además, es la forma de hacer que respeta al máximo el sabor del mejillón.

A esta minimalista preparación hay quien le añade limón, granos de pimienta, clavo o laurel, si bien mi propuesta no lleva absolutamente nada; el mejillón a pecho descubierto y sin disimulos de sabor. La sencillez no está reñida con el sabor y en este mucho menos.

Una vez limpios los mejillones y eliminadas las barbas que presentan, los depositamos en una vaporera de cocina a la que habremos vertido un dedo de agua. Sé de quien incluso no pone ni una gota de agua y solo se sirve de la que van desprendiendo los propios moluscos. Tapamos la vaporera y llevamos a ebullición. Una vez que rompa el agua a hervir, dejamos que se cocinen los mejillones por espacio de unos diez minutos y retiramos del fuego. Liberamos la carne de sus caparazones, descartando aquellos moluscos que no se han abierto al vapor, y colocamos los mejillones en la fuente para sacar a la mesa.

Hay que aprovechar estos meses en los que los mejillones llegan a las pescaderías y supermercados con un más que notable aspecto y pletóricos de sabor.


00848 El Ficus de Gantel

ABSTRACCIÓN Y ENCANTO


Hace tiempo que no traigo plantas a este caleidoscopio vital. He estado entretenido en otros menesteres.y cuantas plantas y flores hay en mi entorno, ya he aireado por aquí mi gusto por ellas. Tengo alguna que otra planta fotografiada a la espera de sumarse a estas diez mil cosas, pero no doy con su nombre botánico, ni con su apodo popular y ni siquiera tengo historia que contar al respecto. Solo sé de ellas que me gustan y poco más.

Algo parecido me sucedía con la planta que hoy muestro. A la vista está que se trata de un ficus, pero de este género de plantas ya hablé en algún momento. En concreto, en algún instante de mis días en el Pasaje "El Mirador", en Sariñena, donde se encontraba mi recordada por siempre Radio Sariñena. Allí, en la primera planta del pasaje comercial,  espectaculares ficus benjamina convivían, conviven,  con unas no menos espectaculares y hermosas buganvillas, bajo el cuidado y atenta supervisión de mi entrañable Juan.

Hoy, revisando fotografías, me he reencontrado con este ficus y me he propuesto no dejarlo de la mano hasta encontrar su apellido, que no es otro, si mi enciclopedia de flores y plantas no me engaña, que el de Gantel. El ficus está estrechamente relacionado a la ornamentación interior por su espectacularidad de crecimiento y fácil cuidado. Se trata de una planta muy agradecida. En el caso del ficus de Gantel, para mi gusto, tiene un valor añadido de elegancia y vistosidad, gracias a sus hojas que parecen pintarse día a día. Se me antojan como cuadros inacabados en los que la naturaleza tiene la última palabra. Sus tonalidades verdes sobre un fondo blanco amarillento le transfieren una peculiar y atractiva personalidad que invitan a una especial atención. No hay dos hojas iguales y cada una tiene su abstracción. Supongo que aquí radica su encanto y mi atención por ella.