lunes, 8 de agosto de 2022

01024 No Es Por No Decirte

 ALMA EN UNA ENCRUCIJADA


No es por no decirte.
Es que ya no quedan palabras.
Ya no es como cuando era pequeño
que todo lo contaba, 
limpio e ingenuo.
Lo siento,
pero ya no soy el de antes.

Cada día ensayo una mirada,
una voz, un gesto,
para que no se note nada.
Para que parezca que todo sigue
su curso,
como tu,
río de caudal firme y seguro.

Cada despertar invento un recurso
con el que tomarle el pulso
a la vida, 
que cada día que pasa
parece ser menos mía.
No te miento, te soy sincero, 
cada día que pasa, 
parece ser menos mía.

Dime que exagero,
que estoy fingiendo.
Te entiendo.
Tu eres río
y yo soy alma, 
alma en una encrucijada.

¿Te das cuenta
que no es por no decirte, 
sino porque ya no quedan palabras?




01023 La Paella

 DEBERÁ ESPERAR


Con la cantidad de horas que le habré echado a la cocina y sus fogones, y con el amplio recetario propio y ajeno del que dispongo, os queréis creer que nunca, que jamás de los jamases, he cocinado una paella. Claro que me gusta. Me encantan todas sus versiones y sus formas de elaboración, pero en mi vida me he visto delante de una paellera cocinando arroz.

Podría decir que tuve una mala experiencia en una ocasión y que no he vuelto a intentarlo, pero mentiría. Nunca ha sido así. Se me ocurre que podría confesar que siempre que lo he intentado me ha salido cruda o pasada. Tampoco sería cierto. Y ya puestos a buscar excusas, podría señalar que no acabo de cogerle el punto. Pero tampoco es verdad, no le cojo el punto ni la media porque, como digo, nunca he intentado hacer una paella.

El motivo no es otro, y este sí que es certero, es que siempre he tenido a mi lado a alguien "experto" en paellas que se me ha adelantado. Es algo similar, por ejemplo, lo que me ocurre a la hora de hacer brasas. Siempre aparece un "especialista" que hace las mejores brasas y ante esta premisa, y como ni me gusta discutir ni competir, y menos en hacer brasas, doy un paso a un lado. Pues lo mismo con la paella. En tiempos de mi madre, ella era quien las preparaba, y tengo que reconocer que las hacía deliciosas. Y ya casado, ha sido Gloria quien se ha puesto al frente de las paellas. Y también, las borda. Así que fuera, Fernandito.  Brasas sí que he hecho alguna que otra, cuando no ha habido más remedio. Pero paellas, ninguna. Sí que en alguna ocasión he estado tentado en hacerme una para mí solo, pero me parece tan triste, que finalmente he desistido. Porque, y esto es una opinión muy personal, la paella, como tantas otras cosas, sabe mejor si es en compañía.

El día que cocine una paella, si es que llega ese día, la pasearé por aquí con todos los honores. De momento, dejo dicho que me gusta, con las imágenes de una magnífica y sabrosa paella de pescado y marisco degustada en "La Marcelina", en el Paseo de Neptuno, en La Playa de las Arenas de Valencia. Lugar del todo recomendable para comer paellas y algo más.







01022 Los Árboles Botella

 JARDÍNES DEL TÚRIA


Cuando he viajado a la ciudad de Valencia, no ha habido vez que no haya paseado por los espectaculares Jardines del Túria. Me encantan y disfruto de los peculiares escenarios naturales que atesoran. Quien no los conozca, se los recomiendo por múltiples razones que van, desde la tranquilidad, hasta la belleza y originalidad de un espacio de más de 9 kilómetros transitables que unen, por decirlo de alguna manera, el Parque de Cabecera con la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Tras la riada de 1957 que desoló la ciudad, se desvió el cauce del río Túria al sur de Valencia, dejando libre de aguas una franja de terreno que, rodeando el centro histórico de la ciudad, la cruza de Oeste a Este. 

En 1986 se inauguraron estos jardines tras la actuación de diversos urbanistas y paisajistas encargados de diseñar los diferentes tramos del cauce, reproduciendo el antiguo cauce fluvial y creando un recorrido único poblado por distintas especies arbóreas, plantas aromáticas, estanques, así como áreas de recreo infantil y pistas deportivas. Considerado como uno de los parques naturales urbanos más grandes de España, está coronado por 18 puentes, entre los que destacan los históricos de Trinidad, del siglo XV, los Serranos, del Real y del Mar, del siglo XVI, y el puente de San José, del siglo XVII. Más recientes: el puente de la Exposición, del 9 de Octubre, el de las Flores o el de l'Assut d'Or, diseñados por Santiago Calatrava, el de las Artes, junto al IVAM, de Norman Foster, o el del Ángel Custodio, de Arturo Piera.

Fue en este magnífico escenario donde vi por primera vez a los curiosos "árboles botella" o Chorisia Speciosa. Al observarlos salió el niño que llevo dentro y me paseó por lo más parecido al escenario de un cuento. No en vano, al espacio que ocupa esta singular especie arbórea, se le conoce como el bosquecillo de los "barrigudos". En un principio pensé que se trataban de baobabs y que el Principito podría aparecer en cualquier momento tras una de las múltiples barrigas que se alineaban ante mi infantil mirada. Algo me dijo que podía estar en un error, pues entre los baobabs que había conocido a través de fotografías y documentales africanos y los que estaba presenciando, había alguna que otra diferencia. Así que procedí a disipar mis dudas buscando información al respecto.

Los árboles que me rodeaban eran conocidos como "árboles botella", Ceiba Speciosa, también denominado Chorisia Speciosa, y popularmente llamado palo borracho, toborochi, árbol de la lana, palo rosado o samohu. Pertenece a la misma familia del kapok y el baobab, donde este último, es africano y en peligro de extinción. Se trata de un árbol de hoja caduca, de 10 a 20 metros de altura. El tronco, ensanchado en su tercio inferior, le sirve para almacenar agua en tiempos de sequía. Está protegido por gruesos aguijones cónicos. Las ramas tienden a ser horizontales y también están cubiertas de aguijones. Es un árbol frecuente en las provincias de Valencia, Málaga y Cádiz, al poseer climas cálidos con inviernos suaves.

Y así, entre dudas y recreos en un rincón de los Jardines del Túria, se fue pasando la mañana. Baobabs o no baobabs, barrigudos o botella, el caso es que se quedaron en mi memoria como un grato y ensoñado recuerdo y así formar parte de este socorrido caleidoscopio vital.







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domingo, 7 de agosto de 2022

01021 Los Tigres

 UN ENTRETENIMIENTO DE VICIO


Desde el primer día que los probé, hace ya algunas décadas en Bilbao, me ganaron mi alma gastronómica. Nada difícil, por otro lado, tratándose de mejillones, que menos crudos me gustan de cualquier factura. Fue Bego, una cuñada de mi hermano Antonio, quien en una de las siempre deliciosas comidas familiares se presentó con un par de bandejas repletas de deliciosos tigres. Las recuerdo todavía como un fantástico espectáculo. Lo que ya no recuerdo es cuántos llegué a comer, pero conociendo mi apetito por aquellos jóvenes años, debí dejar el pabellón bien alto.

Dicho esto, tengo que confesar que después de mi éxodo bilbaíno, salvo en alguna ocasión que los he elaborado en casa, pocas, el día del mejillón, el "Mejillón eguna", que organizaba mi hermano Antonio en su casa y que nos deleitaba con una variada elaboración de mejillones, entre ellos unos deliciosos tigres, y recientemente en un encuentro familiar al que acudió Bego con su excepcional especialidad, no es que haya tenido muchas ocasiones de extasiarme con mis añorados tigres. Y es que la elaboración de este mejillón, a medio camino entre croqueta y mejillón en salsa, aunque es de fácil ejecución, requiere una laboriosa y dedicada preparación. 

Hay muchas recetas al respecto que se diferencian unas de otras en pequeños matices y en la inclusión de determinados ingredientes. Como los de Bego son una auténtica delicia, traslado aquí la receta que en su día me facilitó. Así que a remangarse, mucha paciencia y a disfrutar de su resultado final.

Ingredientes para dos kilos de mejillones: 2 kilos de mejillones crudos con cáscara, 4 dientes de ajo, 100 gramos de pimiento verde, 2 cebollas, 3 cayenas, un poco de pimentón dulce, 150 ml de vino blanco, 250 ml de caldo de mejillón, una lata de tomate frito,  bechamel, pan rallado, huevos, sal y aceite de oliva virgen.

Elaboración: Comenzaremos por limpiar bien las conchas de los mejillones, además de quitarles las barbas con la ayuda de un cuchillo. Ponemos dos dedos de agua en un cazo y lo llevamos a ebullición. Introducimos los mejillones en el cazo con agua hirviendo, tapamos y dejamos que se vayan abriendo los moluscos. Conviene no poner todos los mejillones a la vez, a no ser que dispongamos de un cazo de considerables proporciones. Así que repetiremos esta operación hasta tener todos los mejillones abiertos. A continuación, separamos la carne de las conchas, colamos el caldo y reservamos. Pochamos el ajo y la cebolla, que habremos cortado lo más fino posible, en una sartén con aceite de oliva y un poco de sal, a fuego muy bajo para evitar que se doren. Una vez pochados añadimos el pimiento verde, también cortado lo más fino posible y el perejil para repetir la operación, siempre con el fuego muy suave. Es aconsejable tapar la sartén durante este proceso. Subimos de temperatura el fuego e incorporamos el vino blanco que dejamos cocinar hasta que se evapore por completo.

Una vez fríos los mejillones, y ayudados de unas tijeras de cocina, los vamos cortando en trocitos muy pequeños. En un bol con bastante capacidad introducimos los mejillones ya cortados, las verduras pochadas, además de las tres cayenas desmenuzadas, el pimentón dulce, un poco del caldo de cocer los mejillones que habíamos reservado y sal al gusto. Mezclamos todo ayudados de una cuchara de madera.

El siguiente paso para la elaboración de los tigres consiste en verter la lata de tomate frito en una paellera o sartén grande y antes de que comience a hervir, incorporar la mezcla de mejillones y verduras pochadas. Removemos a fuego medio hasta conseguir que desaparezcan todos los ingredientes líquidos. Retiramos del fuego y dejamos enfriar.

Mientras se enfría, preparamos una bechamel no muy espesa y exenta de grumos. Dejamos también enfriar. Es el momento de rellenar las conchas de los mejillones. Seleccionamos las más limpias y aparentes y ayudados de una cucharilla las vamos rellenando, procurando rellenar toda la concha. Cuando ya las tenemos todas rellenas, las cubrimos con la salsa bechamel. Es quizás, la parte más engorrosa de todo el proceso. Solo restará pasar las conchas rellenas por huevo y pan rallado, y freír en abundante aceite de oliva. Si no se van a comer todos los tigres en un mismo día, una vez pasados por huevo y pan rallado, y sin freír, se pueden congelar.

Elaborar tigres es laborioso pero, creedme, merece la pena. Es cuestión de echar la mañana o la tarde en un día sin reloj.

 















sábado, 6 de agosto de 2022

01020 Hasta Donde la Imaginación Nos Alcance

MONTADITOS DE... TÚ MISMO


No es la primera vez, y me imagino que tampoco será la última, que traigo hasta este caleidoscopio vital esta forma tan sugerente y deliciosa de presentar los alimentos. Me encanta su versatilidad a la hora de prepararlos, sientan fenomenal a cualquier hora del día y siempre son bien recibidos, en ocasiones, hasta con aplausos.

Los montaditos, como el papel, lo soportan todo. Su abanico de posibilidades es muy amplio. Desde la sencillez más extrema, hasta donde nos lleve la imaginación, sin pasarse veinte pueblos, los montaditos parecen estar dispuestos a cualquier sugerencia. Son como el refinamiento de nuestro queridísimo "bocata". De hecho, parece ser que el origen del montadito se remonta hasta los siglos XV o XVI, cuando el pan era el alimento básico y principal en todos los hogares. Para darle sabor y más consistencia al pan se "montaban" sobre él las viandas. De aquí el nombre de montaditos. 

Para cumplimentar esta nueva aproximación a los montaditos, propongo dos sencillas elaboraciones que siempre que salen a la mesa son un éxito y que, junto con otras "especiales" que cualquier día traeré por aquí, forman parte de mi "especial menú degustación de montaditos". Se trata de un montadito de morcilla y otro de bacalao confitado.

Montadito de morcilla: Necesitaremos un par de morcillas de burgos o aragonesas, dos manzanas reineta, aceite de oliva virgen y pan.

Para su elaboración, comenzaremos por pelar las manzanas, quitándoles el corazón y las semillas. Colocamos una sartén al fuego con un poco de aceite de oliva y cuando esté caliente incorporamos las láminas de manzana. Ayudados de una cuchara o tenedor de madera vamos deshaciendo la manzana hasta conseguir una compota. Reservamos. Quitamos la piel de las morcillas y desmigamos el embutido para a continuación incorporarlo a la sartén con la compota de manzana. A fuego medio, mezclamos bien la morcilla y la manzana y reservamos. Tostamos unas rebanadas de pan, a ser posible de tipo rústico, rociamos con unas gotas de aceite de oliva y repartimos por encima la mezcla de morcilla y cebolla. Si se quiere, se puede finalizar el montadito con una tira de pimiento del piquillo.

Montadito de bacalao confitado: Serán necesarios 4 lomos de bacalao desalado, aceite de oliva virgen suave, cuatro dientes de ajo y dos cayenas.

Para su elaboración, echamos en una cazuela abundante aceite de oliva virgen y lo calentamos hasta alcanzar los 80 grados centígrados. Agregamos los ajos enteros pelados y las guindillas, y dejamos unos minutos hasta que el aceite coja sabor. A continuación, incorporamos los lomos de bacalao con la piel hacia abajo, procurando que queden completamente sumergidos en el aceite y manteniendo constante la temperatura de 80 grados centígrados. Confitamos durante 15 o 20 minutos hasta que veamos que las lascas del bacalao se separan fácilmente.

Solo faltará tostar unas rebanadas de pan, que untaremos con tomate, y colocar el bacalao sobre ellas. Sazonaremos con un poco de sal, pimienta y aceite al gusto. Si se quiere se puede añadir sobre el bacalao un poco de alioli.

Y a disfrutar, que la vida son dos días, y no siempre bien aprovechados.




 

martes, 2 de agosto de 2022

01019 Si la Vida se Tuerce

 VENGA, HACIA ARRIBA


Si la vida se tuerce,
mira hacia el cielo 
y toma un respiro.

Busca acomodo
en el mejor sentido.
Ata los machos,
burla al destino 
y orienta el camino
de piedras y espinos.

Invierte el esfuerzo
en la esencia del oficio,
                                                                                    que es la vida.
                                                                                    Y con este remiendo,
                                                                                    venga, hacia arriba, 
                                                                                    que no se diga.

                                                                                   Si la vida se tuerce, 
                                                                                   no caigas ni desistas.
                                                                                   
                                                                                   Encuentra un abrazo de acomodo,
                                                                                   unos ojos aseados, 
                                                                                   un reposo liberado
                                                                                   y un hacia adelante decidido.

                                                                                   Considera el quiebro
                                                                                   como una prueba,
                                                                                   como un mal necesario,
                                                                                   aunque no sea bien entendido.

                                                                                   Y con pulso firme y plomado, 
                                                                                   venga, hacia arriba,
                                                                                   que no se diga.
                                                                          

                                                                                   
                                                  

                                                                                  
                                                                                   

                                                                                   

                                                





lunes, 1 de agosto de 2022

01018 El Tomate y la Vida

 LA COSA VA DE PARANGONES


En ocasiones me da por buscar parangones entre la cocina y la vida, o viceversa. Es un entretenimiento como otro cualquiera. No hay manera de que mi cabeza y sus pensamientos estén tranquilos. Siempre necesitan algo en lo que estar entretenidos. Llevo muchos años así y a estas alturas es difícil cambiar.

Y así ha sido como, mientras cortaba y preparaba un tomate para cenar, he llegado a la conclusión de que la cocina y la vida pueden ser muy sencillas, aunque no por ello, exentas de sabor y placer.

El sofocante calor que nos acompaña durante estos días ha mermado considerablemente mi capacidad de acción y también mi apetito. En la cocina, si es posible no encender el fuego de la vitro, mejor que mejor, y ya puestos a pedir, que los alimentos que salgan a la mesa, preferiblemente que estén fresquitos y que no necesiten de mucha manipulación. Y es entonces, bajo estas premisas, cuando aparece el rey de la huerta: el tomate. El siempre auxiliador y delicioso tomate.

En esta ocasión voy a invertir el mínimo esfuerzo posible. No creo que se pueda superar. Bastará con lavar el tomate, sanearlo, cortarlo en recias rodajas y aliñarlo con unos dientes de ajo picados, un buen aceite de oliva virgen y sal. ¡Nada más! Ni acompañamientos ni predicamento alguno. Hoy no toca. Ni abrir una lata. ¡Y qué bueno está el condenado! Sólo él se basta y se sobra.

Mientras me recreaba con tan deliciosa exquisitez, se me ha antojado que la vida es como este tomate. Para disfrutarla no es necesario disponer de muchos productos y accesorios a tu alcance. Será suficiente con tener uno y sacarle el máximo provecho y sabor posible. La vida, y cada día estoy más convencido de ello, está llena de deliciosos tomates a nuestro alcance.