En Aragón, en según qué comarcas, a esta fritada se le llama también pisto o firigolla.
viernes, 3 de agosto de 2018
00766 La Fritada Aragonesa
PISTO O FIRIGOLLA
Del huerto sigo trayendo calabacines día sí, día también. En la bolsa que va y viene de casa al huerto y del huerto a casa se han incorporado los primeros pimientos verdes y también las primeras cebollas. Visto lo cual, junto a unas patatas, tengo la materia prima para elaborar una fritada aragonesa, uno de los platos indispensables del recetario tradicional aragonés.
Existen varias formas de elaborar esta fritada. Hay quien a la patata, cebolla, pimiento verde y calabacín le añade unos trocitos de papada de tocino e incluso tomate natural frito. Mi madre, por ejemplo, a la fritada le llamaba pisto y le incorporaba tomate y atún en escabache. Hacía también otra variación que era con arroz blanco, en sustitución de la patata, y que algún día también traeré por aquí. Hay quien elabora el pisto en una única sartén, es mi caso, y quien por un lado fríe los vegetales y por otro la patata para finalmente unir el contenido de las sartenes.
Ingredientes: un par de calabacines no muy grandes, un par de cebollas, cuatro patatas, tres pimientos verdes, sal y aceite.
Elaboración: En una sartén y a fuego medio con un poco de aceite, escasamente cubrir la base, empezamos a freír las patatas cortadas como para tortilla de patata. Cuando las patatas empiezan a dorarse, incorporamos cortados el resto de alimentos: calabacín, cebolla y pimiento verde. Sazonamos y tapamos la sartén. De vez en cuando vamos removiendo para evitar que los ingredientes se adhieran a la sartén. Seguimos cocinando y removiendo hasta que observemos que los alimentos están en su punto. Se puede comer en caliente y en frío; sola o como acompañamiento de alguna carne o pescado. Deliciosamente bueno y sencillo de elaborar este plato traído de la huerta.
En Aragón, en según qué comarcas, a esta fritada se le llama también pisto o firigolla.
En Aragón, en según qué comarcas, a esta fritada se le llama también pisto o firigolla.
00765 El Hibisco
ABUNDANCIA Y BIENESTAR
Traigo hasta este caleidoscopio vital una de mis plantas favoritas y más preciada: El hibisco. He tenido pocos ejemplares, todos rojos; tres si mal no recuerdo. El clima de esta tierra en la que habito no le es propicio, aunque también es cierto que por aquí he visto hibiscos, pocos, pero algunos tengo controlados que, maravilla de la naturaleza, se han adaptado con fuerza y parece que se sienten a gusto.
Los tres ejemplares que he llegado a tener me los regaló mi hermana María Engracia, conocedora de mi asombro cuando vi esta planta en su casa por primera vez. Me pareció una planta hermosa, muy atractiva, sugerente, vistosa y alegre. Me sorprendió la breve vida de sus flores, apenas veinticuatro horas, apenas un lento abrir y cerrar de ojos. Pero incluso esta breve existencia tenía su atractivo.

La primera atención del día era para ella, con un aseo personalizado y recuento de flores de las que disfrutar a lo largo de la jornada. Era como un pequeño y efímero micro mundo. Creo que es de las plantas con las que más he llegado a disfrutar y más orgulloso me sentía de su desarrollo hasta que llegaba el invierno y observaba con desencanto su definitiva despedida. Y sí, la echaba en falta.
Ahora me conformo con el deleite de su contemplación cuando me topo con ellas. No cuento sus flores ni aseo las plantas, solo las contemplo y dejo que me transmitan su bienestar. Es más que suficiente. Por cierto, esta flor típica del estado de Hawai y delicada belleza es símbolo de abundancia, bienestar y alegría.
Ahora me conformo con el deleite de su contemplación cuando me topo con ellas. No cuento sus flores ni aseo las plantas, solo las contemplo y dejo que me transmitan su bienestar. Es más que suficiente. Por cierto, esta flor típica del estado de Hawai y delicada belleza es símbolo de abundancia, bienestar y alegría.
jueves, 2 de agosto de 2018
00764 El Pan de Moños
DE TRES MOÑOS
Me encanta el pan, me pirro por el pan, estaría todo el día comiendo pan, me enloquece el pan.... aunque ahora apenas lo coma. No entendía la vida sin el pan, hasta el punto que si en una comida, por la razón que fuere, no estaba presente este alimento, era como si no hubiese comido. ¡Qué cosas!
Hace unos años me puse a régimen y entre los alimentos "prohibidos" se encontraba el pan. El resto de alimentos no permitidos me daba lo mismo, pero el pan... Los primeros días tengo que reconocer que lo pasé fatal, sobre todo cuando relacionaba algunos alimentos con él. Llegué casi a dar al traste con el régimen. Pero uno se acostumbra a todo, hasta de pasar de comer pan. Tanto es así, que transcurridos ya algunos años desde aquel entonces, prácticamente ha desaparecido de mi dieta diaria. Eso sí, los fines de semana que no falte por si me apetece darme algún capricho. Y además, que sea bueno, bueno, de masa madre si es posible o algún pan caprichoso. También, si como fuera de casa y el pan que sirven es apetitoso, a por él que voy sin más miramientos.

Es lo que me sucedió recientemente en una comida en la Venta del Sotón. Me puse de pan como el kiko. De ajo, de pueblo, crujiente y de moños. Al ver el pan de moños no pude dejar de recordar la panadería que había, no sé si existe todavía, cerca de casa de mis padres, en la calle San Lorenzo. Elaboraban un pan delicioso, de pecado mortal. Para mi madre y para mí, la barra o las dos barras caían diariamente. Como digo, mi relación con el pan era tremenda. Y si venían mis hermanos algún fin de semana, dos panes de moños crujientes por fuera y de suave y esponjosa miga por dentro. De uno o de dos kilos. No he vuelto a probar otra cosa igual.
Por cierto, el pan de moños es típico y originario de la Hoya de Huesca. No recuerdo haber visto en panaderías de otras zonas geográficas este tipo de pan y eso que he visitado obradores. Se caracteriza por su corteza un poco más dura y su masa algo más compacta que la del pan común. De larga fermentación y buena aportación de masa madre. Su peculiar forma le permite aguantar más su humedad interior y le protege para que no se seque. Aunque es preferible comerlo en el día, o de un día para otro, el tipo de elaboración permite una conservación más larga de lo habitual en un pan.
Es lo que me sucedió recientemente en una comida en la Venta del Sotón. Me puse de pan como el kiko. De ajo, de pueblo, crujiente y de moños. Al ver el pan de moños no pude dejar de recordar la panadería que había, no sé si existe todavía, cerca de casa de mis padres, en la calle San Lorenzo. Elaboraban un pan delicioso, de pecado mortal. Para mi madre y para mí, la barra o las dos barras caían diariamente. Como digo, mi relación con el pan era tremenda. Y si venían mis hermanos algún fin de semana, dos panes de moños crujientes por fuera y de suave y esponjosa miga por dentro. De uno o de dos kilos. No he vuelto a probar otra cosa igual.
Por cierto, el pan de moños es típico y originario de la Hoya de Huesca. No recuerdo haber visto en panaderías de otras zonas geográficas este tipo de pan y eso que he visitado obradores. Se caracteriza por su corteza un poco más dura y su masa algo más compacta que la del pan común. De larga fermentación y buena aportación de masa madre. Su peculiar forma le permite aguantar más su humedad interior y le protege para que no se seque. Aunque es preferible comerlo en el día, o de un día para otro, el tipo de elaboración permite una conservación más larga de lo habitual en un pan.
00763 La Sopa Fría de Pepino
CON AGUACATE
Me preguntan qué voy a hacer hoy para comer. Tenía alguna que otra duda, pero he visto el verdulero del frigorífico lleno de pepinos que he ido recogiendo del huerto y está más que claro. Calor, mucho calor, y pepinos, muchos pepinos; es obvio, una sopa fría de pepino con aguacate.

He trasladado mi decisión a quienes me han preguntado sobre qué iba a hacer para comer y las caras no han sido precisamente de aprobación. El pepino no es muy bien aceptado en esta casa, así que me veo elaborando un menú personalizado. Será por tiempo en mi nueva de nuevo situación laboral.
A lo que vamos. Una de las bondades que nos ofrece el verano en materia culinaria es la ausencia de complicaciones a la hora de elaborar platos. La consigna: ligeros, fríos y sabrosos. Producto de temporada hay mucho donde elegir, es cuestión de combinar. En esta ocasión, voy a unir al pepino y al aguacate.
Ingredientes: medio kilo de pepinos, un cuarto de kilo de aguacates, un diente de ajo, aceite de oliva virgen, vinagre de Jerez, agua fría, sal y pimienta.

Elaboración: Tan sencillo como pelar los pepinos y el aguacate, cortarlos e introducirlos en la batidora. Triturarlos, añadir el diente de ajo, la sal, el vinagre de Jerez y el aceite, volver a triturar y probar. No pongo las cantidades de aceite y vinagre, pues lo dejo al gusto del consumidor. Solo nos queda añadir el agua fría, unos 300 ml, dependiendo del espesor que se desee conseguir. Introducimos el resultado en el frigorífico y servimos bien frío. A la hora de servir, espolvorear pimienta molida, un chorrito de aceite y unas hojas de menta fresca para aromatizar el plato.
Y te preguntarás, ¿y cómo está?
He trasladado mi decisión a quienes me han preguntado sobre qué iba a hacer para comer y las caras no han sido precisamente de aprobación. El pepino no es muy bien aceptado en esta casa, así que me veo elaborando un menú personalizado. Será por tiempo en mi nueva de nuevo situación laboral.
A lo que vamos. Una de las bondades que nos ofrece el verano en materia culinaria es la ausencia de complicaciones a la hora de elaborar platos. La consigna: ligeros, fríos y sabrosos. Producto de temporada hay mucho donde elegir, es cuestión de combinar. En esta ocasión, voy a unir al pepino y al aguacate.
Elaboración: Tan sencillo como pelar los pepinos y el aguacate, cortarlos e introducirlos en la batidora. Triturarlos, añadir el diente de ajo, la sal, el vinagre de Jerez y el aceite, volver a triturar y probar. No pongo las cantidades de aceite y vinagre, pues lo dejo al gusto del consumidor. Solo nos queda añadir el agua fría, unos 300 ml, dependiendo del espesor que se desee conseguir. Introducimos el resultado en el frigorífico y servimos bien frío. A la hora de servir, espolvorear pimienta molida, un chorrito de aceite y unas hojas de menta fresca para aromatizar el plato.
Y te preguntarás, ¿y cómo está?
miércoles, 1 de agosto de 2018
00762 El Calabacín en Tempura
DELICIOSAMENTE CRUJIENTE
El huerto está ya dando sus frutos. De momento, judías verdes, lechugas, pepinos, calabacines, más calabacines y más pepinos. Y yo, encantado. Hemos entrado en la fase de comer el mismo alimento pero cocinado de distinta manera, bien como protagonista o como coprotagonista.

Le toca el turno al calabacín, que tras ser cocinado en forma de puré, como espagueti y en fritada, divino de todas las maderas, hoy lo he servido en tempura para acompañar a un lomo a la plancha. Ya comenté hace escasas fechas mi inclinación y predilección por la tempura. De este vegetal todavía no había tenido la oportunidad de pasarlo por tempura y ha sido todo un acierto. Lo he cortado en ruedas muy finas y ha quedado, una vez frito, deliciosamente crujiente. Tanto es así que un calabacín, del que habrán salido medio centenar de redondas rodajas, nos ha sabido a poco. Así que he prometido una nueva ronda en próximos días con los calabacines que estoy a punto de coger del huerto. En el frigorífico hay cuatro más, pero esos ya tienen destino: rellenos de carne.
En fin, y así va pasando la vida. Disfrutando de las pequeñas, pequeñísimas cosas, como de un calabacín en tempura.
En fin, y así va pasando la vida. Disfrutando de las pequeñas, pequeñísimas cosas, como de un calabacín en tempura.
00761 Las Judías Verdes Salteadas
CON JAMÓN
Lo de "salteadas" siempre me llamó la atención a la par que me hacía gracia. Pasaron muchos años, hasta que me interesé por las cosas de los fogones, en entender lo de los alimentos salteados. Cuando llegaba a casa y preguntaba qué había para comer y mi madre decía que unas judías verdes salteadas, además de alegrarme la comida, no podía de dejar esbozar una sonrisa al imaginarme a las judías saltando a sus anchas a lo largo y ancho de la sartén. Me resultaba algo divertido.
Mi madre, que yo recuerde, hacía varias versiones: sofrito de ajo, cebolla y jamón; sofrito de ajo, cebolla y tomate; y la que más me emocionaba, sofrito de ajo, cebolla, longaniza de Graus y patatas fritas cortadas a cuadraditos. Memorables. Las que ilustran la entrada son las de sofrito de ajo, cebolla y jamón. Tan sencillo como hervir las judías como se tenga por costumbre. Hacer un sofrito de ajo y cebolla en un buen aceite de oliva virgen y en el último momento, incorporar los tacos de jamón. Remover unos treinta segundos y añadir las judías verdes por espacio de un minuto. Remover bien y a la mesa.
Por cierto, el salteado no es otra cosa que un método de cocina que se utiliza para cocinar alimentos con una pequeña cantidad de aceite en una sartén, con una fuente de calor más bien alta. Es muy similar al proceso empleado en la cocina en wok china.
Por cierto, el salteado no es otra cosa que un método de cocina que se utiliza para cocinar alimentos con una pequeña cantidad de aceite en una sartén, con una fuente de calor más bien alta. Es muy similar al proceso empleado en la cocina en wok china.
00760 Los Cogollos con Anchoas
UNA PAREJA PERFECTA
Ya tenía ganas. Desde que los adquirí en mi querida Huerta Barbereta soñaba con este delicioso momento. Los he visto crecer, no a todos Algunos no pasaron ni una sola noche en el huerto. A algunos pájaros les gustan tanto como a mí, tanto es así que tuve que incorporar una segunda plantación escondidos entre borrajas, acelgas y tomateras para que estuvieron fuera del alcance de su vista.
Cuando empezaron a tomar forma até sus hojas uno por uno y esperé al día señalado por la naturaleza. Al sacarlos de la tierra me dio la impresión de que me estaba llevando un tesoro, un preciado bien. Al hacer este tipo de consideraciones hay quien dice que soy un exagerado y muy "tremendo". Puede que tenga razón. Puede que sea más apropiado y rutinario decir que planté unos cogollos, que los fui regando, que crecieron, que los arranqué, que me los he comido y que no estaban mal. Creo que voy a seguir apostando por mi "tremendismo", me resulta más apasionante.
Fue para cenar. Había que acompañarlos con algún otro alimento. Hubiera sido suficiente per sé, con su identidad y sabor propio, pero quería duplicar el disfrute de ese momento. Así que me dirigí al frigorífico y me hice con un bote de anchoas de Santoña. La combinación no puede ser más sensitiva y delicada. Las hojas del cogollo se deshacían en la boca con un dulce sabor en contraposición al salazón de la anchoa.
Una pareja perfecta, para una perfecta cena, que dio cumplimiento a un sueño perfecto.
Una pareja perfecta, para una perfecta cena, que dio cumplimiento a un sueño perfecto.
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