martes, 28 de abril de 2020

00912 Cada Paso

SERÁ

Cada paso será el recuerdo de una canción de coreada esperanza.

Cada paso traerá un abrazo, un encuentro interrumpido, un te quiero refugiado en el olvido.

Cada paso congregará de nuevo a los sentidos en la fiesta de la apacible y desatendida vida.

Cada paso se hará palabra para una frase de bienaventurada bienvenida.

Cada paso registrará el sonido de un rumor de aleteos y de aires regalados en perfumados días.

Cada paso se tornará mirar, asombro y admiración incontenida.

Cada paso reconstruirá ausencias, aliviará dolores y abrirá el alma a venideras porfías.

Cada paso sostendrá un instante soñado.

Cada paso abrazará el azul del cielo, el verde del cercano prado y el blanco de la inolvidable cima.

Cada paso será el celoso guardián de un entusiasmado, humilde, sencillo y pausado mañana.





miércoles, 1 de abril de 2020

00911 Los Espaguetis Negros

CON GAMBAS Y SEPIA

Los espaguetis negros, a pesar de su color, siempre me han parecido vistosos y elegantes sobre un plato.

Intento recordar cuándo los comí por primera vez, pero no acabo de visualizar la escena. Me imagino que sería en Barcelona donde en mi mocedad, cada vez que acudía a esta bella ciudad, aprendía algo nuevo y donde tantas cosas me llamaban la atención. Sí en cambio, recuerdo perfectamente cuándo los compré. Fue en Andorra, en uno de esos otrora esperados viajes en los que además de los consabidos azúcar, café, queso, mantequilla, chocolate, tabaco y colonia, caía en el cesto de la compra alguna que otra novedad.

Tampoco recuerdo quién me enseñó esta receta, si es que de alguien la aprendí, o fue mera intuición. Es muy sencilla y su resultado me parece delicioso. Es tan simple como calentar en una sartén un buen chorro de aceite de oliva virgen y añadirle tres o cuatro dientes de ajo cortados en láminas gruesas y dos cayenas, una entera y otra desmenuzada. Antes de que los ajos comiencen a coger color, añadir un par de sepias pequeñas cortadas a cuadraditos. Cuando la sepia esté cocinada, añadir un par de docenas de  gambas peladas. Sazonar y reservar.

Cocer los espaguetis negros, según las instrucciones del fabricante, escurrir y mezclarlos con las sepias y gambas. Remover y servir caliente. Si estoy muy inspirado, me gusta acompañar este plato con un alioli.

Sencillo plato de pasta que está de vicio. Si no disponéis de espaguetis negros, utilizar los que tengáis por costumbre. Lo del color, no deja de ser una curiosa anécdota.





domingo, 29 de marzo de 2020

00910 La Tortilla de Pisos

CON PIPARRAS

Hubo un tiempo en el que se convirtió en una de mis especialidades gastronómicas. No había reunión de amigos en la que no estuviera presente mi tortilla de pisos y que en alguna ocasión llegó alcanzar ocho plantas. La sacaba a la mesa atendiendo a dos modalidades: recubierta de mayonesa o de bechamel gratinada con queso, más conocida como "la bomba". Eran otros tiempos, otra edad y otra predisposición más primitiva a la hora de sentarnos a la mesa. Se podía con todo.

De esto han pasado ya muuuuuchos años, pero mi querencia hacia la tortilla de pisos sigue vigente como por aquel entonces, solo que ahora la altura de los pisos como mucho llega a los cuatro y he eliminado el acompañamiento de mayonesas y bechameles. Desnudas, tal cual.

Ya he trasladado hasta este caleidoscopio vital mi gusto por las tortillas y el deleite que me produce, ya no solo degustarlas, sino elaborarlas. A la hora de cocinar una tortilla de pisos no tengo un modelo de preferencia establecido para los sabores a compartir, más bien me guío por lo que hay en el frigorífico. La base dominante son tortillas de verduras y hortalizas a las que incorporo una de carne, -longaniza, jamón, chistorra-, o de pescado, -gambas, bacalao e incluso gulas-. Me encanta el contraste de sabores que se aprecian en la boca conforme vas comiendo las porciones de tortillas.

Lo de acompañar la tortilla con piparras se me ocurrió este verano. Ya no sabía que hacer con tanta guindilla como me dio el huerto. No sé cuántas pudimos llegar a comer, regalar y embotar. Así que un día, como tantos otros, cogí un buen puñado para tomarlas fritas como aperitivo y coincidió que había cocinado una tortilla de tres pisos, -cebolla, berenjena y calabacín-. Cuando estaba a punto de ponerlas en un plato para sacarlas a la mesa, vi la tortilla sobre la encimera y pensé que podrían servir como acompañamiento. Y no fue una mala elección. Todo lo contrario. Resultó un añadido muy grato. Al fin y al cabo era incorporar un sabor más a la mezcolanza de sabores.

Nada tienen que envidiar estas humildes tortillas de pisos a esas otras tortillas "bomba" de aquellos jóvenes años. Igual que cada día tiene su afán, cada edad debe saber disfrutar de su condición.






martes, 24 de marzo de 2020

00909 Los Mini Sándwiches

DE POLLO Y LECHUGA

Me disponía a revisar fotografías para sumar una nueva entrada a este caleidoscopio vital, cuando me he topado con unos deliciosos mini sándwiches que me enseñó a elaborar mi concuñada Sara este pasado verano. Nuestros encuentros, ya sean en Bilbao o en Huesca, siempre me deparan gratas y originales propuestas culinarias.

En esta ocasión, el culpable fue un resto de pollo asado y que Sara, cada vez que abría el frigorífico de casa, preguntaba por el destino que pensábamos darle. En punto y seguido proponía hacer unos mini sándwiches de pollo, lechuga, mostaza y mayonesa, que decía "se comen sin querer". Así, una tarde en la que dimos descanso a la carretera para conocer rincones de nuestra hermosa provincia oscense, Sara se puso manos a la obra y nos obsequió con estos sándwiches que duraron un suspiro.

Ingredientes: pan de molde sin corteza, restos de pollo asado, lechuga, mostaza y mayonesa. En cuanto a las cantidades, para una pechuga de pollo se utilizaron tres hojas de lechuga, dos cucharadas de mayonesa y cuatro de mostaza. Tanto la mayonesa como la mostaza, podéis utilizar la que acostumbréis a usar en casa habitualmente. Yo soy muy fan de la mayonesa Heinz y de la mostaza de Ikea.

Elaboración: Tras lavar las hojas de lechuga, las vamos cortando muy finamente con la ayuda de unas tijeras. A continuación, cogemos la pechuga o restos de pollo y los desmenuzamos también en trozos muy pequeños. Mezclamos el pollo y la lechuga, y añadimos la mayonesa y la mostaza. Mezclamos bien hasta conseguir una masa untuosa. Reservamos.

Ayudados de un rodillo de cocina, estiramos las rebanadas de pan de molde sin corteza y las cortamos en cuatro triángulos. Una vez hecha esta operación,  solo nos restará coger un triángulo, untarlo con la masa de pollo, lechuga, mayonesa y mostaza y cubrirlo con otro triángulo. Una vez montados todos los mini sándwiches los depositaremos en el frigorífico, bien dentro de un recipiente tapado o en una bandeja con papel film.

Lo cierto es que son sumamente sencillos, pero llevan su tiempo de elaboración por lo entretenidos que son. Bien pensado, creo que son una buena excusa para matar el rato en estos días de confinamiento, mor de la pandemia del coronavirus, Covid-19. Lo digo por experiencia. También confieso que mientras hay existencias, es un continuo ir y venir al frigorífico.

Realmente son deliciosos estos mini sándwiches de "la tía Sara".






viernes, 20 de marzo de 2020

00908 La Iglesia de las Conchas

LA TOJA

Por más que mi memoria quiso traerme su recuerdo, no hubo manera. Aunque bien mirado, ese día todo fue nuevo para mí. La iglesia, el entorno, el paseo marítimo, los edificios, la isla entera. Calculo que habrían pasado unos cincuenta y cinco años cuando estuve con mis padres por última vez. Puede que incluso fuera el último viaje que hiciera con mi padre a Galicia antes de que falleciera. Siempre en agosto, en la semana de las fiestas de San Lorenzo, para visitar a mi hermana Gemma que por aquellos años vivía en Pontevedra.

Ahora volvía, después de largo tiempo, con mi familia y con el deseo de compartir con mis hijas los recuerdos de un niño que correteó por esas brisas y sus arenas. Pero por más que lo intenté, nada pude traer al presente de aquellos días de mi diminuta infancia. Ni recordaba la iglesia revestida de conchas que ahora tanto llamaba mi atención, ni las instalaciones, ni tan siquiera su olor a mar. En nuestra breve estancia apenas pude acceder a breves flashes de idas y venidas por la arena con los pies descalzos, a una alegría desmedida y a la felicidad de mis padres por verme feliz. Aún sigo empeñado en el intento de recuperar algún recuerdo, pero no hay forma. Cierro con fuerza los ojos y me parece adivinar a mi madre comprando un oloroso y oscuro jabón de manos y a mi padre aplacando el nerviosismo de un niño enfundado en un pantalón blanco y un niki de color beige que cuando se lo quitaba "daba garrampas". Poca cosa para unos años de tanta felicidad solapada por el tiempo.

La iglesia en cuestión, salvada mi perplejidad por el olvido, resultó curiosa a mis ojos. Toda ella se encuentra recubierta con conchas de vieiras y según la posición en la que se encuentre el sol, le confiere al edificio distintas tonalidades. La capilla se construyó en el siglo XIX con planta de cruz latina y nave única.  Estuvo dedicada a San Sebastián, pero tras una reforma, se colocó como imagen principal a la Virgen del Carmen. Aquí se da culto a San Caralampio, mártir del siglo III.

Existe una costumbre, que no una tradición, en la que los visitantes escriben en las conchas su nombre y la fecha para dejar constancia de su visita. Huelga decir que apenas quedan conchas a una altura razonable donde dejar firma y fecha. Huelga decir también, que aún encontrando vieira en blanco, ni se me pasó por la cabeza dejar grafía alguna. Me parece todo un atentado.

Estuve durante mucho tiempo mirando la iglesia, ermita, capilla desde diversos ángulos,  a cada cual más curioso y relajante. En la despedida de la isla de A Toxa mi última mirada fue para su fisonomía. Mi pensamiento le dijo, "a no ser que me lo impida la enfermedad del olvido, difícil será que no recuerde ya tu imagen nacarada entre brisas y aromas de dulce atardecer".














lunes, 17 de febrero de 2020

00907 La Zarzuela de Pescado y Marisco

DE RECREO Y CONTEMPLACIÓN

Cuando mi madre hacía zarzuela de pescado y marisco, solo su olor anunciaba que algo bueno estaba por venir; un encuentro o reunión familiar, la celebración de alguna festividad o la llegada a casa de alguien querido. De aquí, que este plato de arraigado origen marinero, siempre lo asocie a  pequeños momentos de felicidad.

Siempre me ha parecido un plato muy entretenido, ya no solo por su exclusivo sabor, sino por la variedad de las texturas de sus ingredientes. Si habitualmente me deleito con la comida, con esta elaboración puedo llegar a ser el colmo de la lentitud. Despacio. Poco a poco, de sabor en sabor. De recreo y contemplación.

Hay muchas recetas al respecto, según la zona geográfica donde nos encontremos o autor que la elabore. La base es muy similar en todas las preparaciones, si bien la diferencia estriba en los ingrediente empleados, las cantidades propuestas, las especias a utilizar, trucos... En fin, todo un mundo.

La receta que aquí comparto es la que cocinaba mi madre y que transcribo tal y como en su día apunté en mi cuaderno.

"Ingredientes para 4 personas: 4 medallones de merluza, 4 trozos de rape, 12 almejas, 16 mejillones, 300 gramos de anillas de calamar, 8 gambas, 8 cigalas, medio vaso de vino blanco, dos vasos de caldo de pescado, tres dientes de ajo, tres tomates, aceite, sal, pimienta,  una cucharada de harina y perejil.

Elaboración: "En una cazuela de barro se fríen en un poco de aceite los ajos cortados a láminas y los tomates. A continuación se añaden los mejillones, las gambas, las almejas y las anillas de calamar. Se incorpora el perejil picado muy fino, dos vasos de caldo de pescado y medio vaso de vino blanco con la cucharada de harina desleída, y se deja que se vayan rehogando los ingredientes a fuego medio.

Cuando observemos que está todo cocido, se añaden los medallones de merluza y el rape. Se deja cocer hasta que se haga el pescado, -preferiblemente con la cazuela tapada-, sazonamos con sal y pimienta y se sirve caliente".

Con toda seguridad,  no será la mejor receta de zarzuela de pescado y marisco que se haya escrito, pero a mí me parecía un delicioso manjar. Y así me lo sigue pareciendo.






viernes, 14 de febrero de 2020

00906 Llámalo Pescar

POR DECIR ALGO

No llevarse a equívoco. Pescar, lo que se dice pescar, ni me gusta ni me disgusta. Creo que habré echado la caña al río en media docena de ocasiones. Y puede que hasta esté exagerando.
Me refiero a otro tipo de pesca. A esa pesca sin muerte que alimenta a la imaginación cuando esta no tiene nada que hacer.

Me gusta pescar imágenes que algún día me harán recordar y casi con toda seguridad, emocionar. Pescar alguna palabra amable y sosegada entre el vocerío y las prisas. Pescar una conversación por el mero placer de conversar. Pescar alivios que calmen temores, miedos y heridas. Fragancias y aromas que transporten y devuelvan la dicha.

Me gusta pescar la nada en el estanque del aire que se hace todo bajo la luz radiante. Pescar en los bolsillos un olvido y en el forro del abrigo un bolígrafo querido que creía perdido. Pescar sonrisas y ojos brillantes en el caminar errante. Pescar, pescar y pescar. Tal es mi afición a pescar, que hasta un día pesqué en el mar una luz que quería ser farola.