ATRACTIVA Y ENIGMÁTICA PLANTA
Este año he dado la bienvenida al huerto a una nueva planta;
la acelga roja. Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza incorporarla a mi
trocito de bendita tierra, pero no encontraba suministrador. Por fin, este año
he dado con ella. Para probar, en el mes de mayo, para San Isidro, por más
señas, planté seis diminutas plantas. Tenía curiosidad por probar su sabor y
también, por comprobar cómo se aclimataba al terreno.
En algo más de un mes, la media docena de plantas comenzaron
a llamar poderosamente mi atención. Sus tallos de color rojo, intenso color
rojo, era imposible que pasaran desapercibidas en contraste con el verdor del
resto de especies hortícolas. Lo primero que hacía al llegar al huerto era
detenerme ante ellas para entusiasmarme con su crecimiento. Me resultaba una
planta curiosa y enigmática en medio de las tradicionales acelgas verdes y
otras, también novedad este año, de hoja amarilla. El huerto ofrece muchos
entretenimientos; observar crecer las plantas es uno de ellos, y más si cabe,
cuando se trata de una planta nueva para mí. Al principio, sus brotes son
rojizos, pero conforme pasa el tiempo se vuelven verdes, exceptuando el tallo.
Cuando la planta está madura, la penca fija en su tallo un llamativo color
rojizo, mientras la hoja combina el verdor de la planta con rojizos nervios. Un
pequeño espectáculo.
Leí que acostumbra a cultivarse en climas templados y cera
del mar, lo que le aporta un sabor característico, con cierto sabor a tierra.
Mal comenzamos, pensé, ya que mi huerto dista muchos kilómetros del mar y para
nada se ubica en un clima templado. También es cierto, que visto los ejemplares
de acelga que obtengo, tampoco le importa mucho a la planta. También
pude saber que se trata de una variedad de acelga, similar al Ruibarbo, con un
leve sabor amargo, pero a diferencia de este, sus hojas no son tóxicas.
En lo leído aprendí que la versatilidad de esta variedad de
acelga es más amplia que cualquier otra y que se emplea tanto en revueltos,
guisos o cocida. Además, resulta muy agradable como acompañamiento en platos
con base de carne o pescado, arroces, pasta, wok, salsas y cremas.
Para hacerme con su sabor en mi bautizo, opté por una simple
cocción con patata y rehogadas posteriormente a fuego lento con ajo y unos pequeños tacos de jamón. Para su cocción fueron
suficientes 15 minutos a partir de la ebullición del agua con sal.
A la hora de probarlas, no me decepcionaron. Gustándome como
me gusta la acelga, esta roja, me pareció un plus y respondió a cuanto había
leído sobre ella; de fuerte sabor y ligera terrosidad. Solo le puse un reparo.
A pesar de que la olla donde las cocí estaba casi a rebozar de acelga roja,
tras su cocción quedó en nada. Me supieron a poco. Ya sé que, para la próxima
vez, tendré que disponer del doble. E incluso, conociendo ya su sabor, ampliaré
horizontes con otras alternativas que no sea su simple cocción.
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