sábado, 1 de agosto de 2026

01763 Las Acelgas Rojas

 ATRACTIVA Y ENIGMÁTICA PLANTA


Este año he dado la bienvenida al huerto a una nueva planta; la acelga roja. Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza incorporarla a mi trocito de bendita tierra, pero no encontraba suministrador. Por fin, este año he dado con ella. Para probar, en el mes de mayo, para San Isidro, por más señas, planté seis diminutas plantas. Tenía curiosidad por probar su sabor y también, por comprobar cómo se aclimataba al terreno.

En algo más de un mes, la media docena de plantas comenzaron a llamar poderosamente mi atención. Sus tallos de color rojo, intenso color rojo, era imposible que pasaran desapercibidas en contraste con el verdor del resto de especies hortícolas. Lo primero que hacía al llegar al huerto era detenerme ante ellas para entusiasmarme con su crecimiento. Me resultaba una planta curiosa y enigmática en medio de las tradicionales acelgas verdes y otras, también novedad este año, de hoja amarilla. El huerto ofrece muchos entretenimientos; observar crecer las plantas es uno de ellos, y más si cabe, cuando se trata de una planta nueva para mí. Al principio, sus brotes son rojizos, pero conforme pasa el tiempo se vuelven verdes, exceptuando el tallo. Cuando la planta está madura, la penca fija en su tallo un llamativo color rojizo, mientras la hoja combina el verdor de la planta con rojizos nervios. Un pequeño espectáculo.

Llegó el día de probar tan curiosa acelga de la que tan poco sabía. Corté sus tallos como hago habitualmente con la acelga tradicional; es decir, en lugar de cortar toda la planta, lo hice tallo por tallo. Esta forma de cortar la acelga la aprendí de un viejo y sabio hortelano, quien me hizo observar que de esta forma la planta está más activa y dura. Al llegar a casa, me interesé por su forma de cocción, así como de sus características.

Leí que acostumbra a cultivarse en climas templados y cera del mar, lo que le aporta un sabor característico, con cierto sabor a tierra. Mal comenzamos, pensé, ya que mi huerto dista muchos kilómetros del mar y para nada se ubica en un clima templado. También es cierto, que visto los ejemplares de acelga que obtengo, tampoco le importa mucho a la planta. También pude saber que se trata de una variedad de acelga, similar al Ruibarbo, con un leve sabor amargo, pero a diferencia de este, sus hojas no son tóxicas.

En lo leído aprendí que la versatilidad de esta variedad de acelga es más amplia que cualquier otra y que se emplea tanto en revueltos, guisos o cocida. Además, resulta muy agradable como acompañamiento en platos con base de carne o pescado, arroces, pasta, wok, salsas y cremas.

Para hacerme con su sabor en mi bautizo, opté por una simple cocción con patata y rehogadas posteriormente a fuego lento con ajo y unos pequeños tacos de jamón. Para su cocción fueron suficientes 15 minutos a partir de la ebullición del agua con sal.

A la hora de probarlas, no me decepcionaron. Gustándome como me gusta la acelga, esta roja, me pareció un plus y respondió a cuanto había leído sobre ella; de fuerte sabor y ligera terrosidad. Solo le puse un reparo. A pesar de que la olla donde las cocí estaba casi a rebozar de acelga roja, tras su cocción quedó en nada. Me supieron a poco. Ya sé que, para la próxima vez, tendré que disponer del doble. E incluso, conociendo ya su sabor, ampliaré horizontes con otras alternativas que no sea su simple cocción. 




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