viernes, 11 de diciembre de 2015

00193 Las Naranjas Confitadas

BAÑADAS EN CHOCOLATE

De nuevo, fiesta en la cocina con color y sabor. Naranjas, chocolate y expectación. Se atisba la llegada de la Navidad. Veo a Gloria cortando unas hermosas y redondas naranjas. Le pregunto qué va a hacer. Naranjas confitadas con chocolate, me responde.

No soy muy goloso. No doy un paso por lo dulce, me inclino más por lo salado. Puedo tener ante mí un buen surtido de pasteles o una apetitosa tarta y ni cantearme. Algo que no sucede, por ejemplo, con los snaks. No obstante, dicho lo cual, confieso que tengo alguna que otra debilidad repostera.

Me intereso por su elaboración. Gloria me dice que son sencillas de hacer, si bien requieren su tiempo. Es muy meticulosa en sus quehaceres. En dos horas podrían estar listas pero a ella le gusta que la naranja esté bien seca antes de impregnarla en chocolate. Por este motivo, aún deberán transcurrir dieciocho o veinticuatro horas hasta que podamos catarlas. Merece la pena la espera. El resultado es sobresaliente. Es un pequeño anuncio de la llegada de la Navidad.

Ingredientes: 4 naranjas, 400 gramos de azúcar moreno, 1 litro de agua y 2 tabletas de chocolate para fundir.

Preparación: En una cazuela ponemos el agua y el azúcar moreno a calentar. Mientras tanto, cortamos las naranjas en rodajas finas. Cuando el agua empieza a hervir, introducimos las rodajas de naranja que dejaremos cocer a fuego lento por espacio de 45 minutos. De vez en cuando, removeremos las naranjas con sumo cuidado para que no se partan, con el fin de que se bañen bien y no se peguen entre sí.

Cubrimos con papel de horno una bandeja de horno y depositamos las naranjas que introduciremos en el horno a una temperatura de 70º C por espacio de unos 15 minutos. Es importante que las rodajas de naranja estén bien secas antes de bañarlas en el chocolate fundido. Una vez bañadas las dejaremos enfriar sobre un papel parafinado.











jueves, 10 de diciembre de 2015

00192 Retornar

A LUGARES QUERIDOS

Se hace necesario ocupar los vacíos. Encender luminarias allí donde la oscuridad parece que todo lo llena. Acariciar los aires desnudos de lánguidas siluetas, huérfanos de equipaje y reprimido destino. Saciar el ansia, calmar la dicha, hablar cara a cara, gritar si es preciso a la nada.

Sí, se hace necesario como retornar a los lugares queridos. A aquellos espacios que un día te dieron cobijo y prestaron su alma para evitar la huida y contener un dolor insoportable. Aquellos lugares que dieron un paso al frente para ser esperanzados paraísos, el cero de un volver a empezar, el otro lado de la puerta, la lágrima fugaz ante un nuevo amanecer.

Retornar a los labios de la seguridad, a la abrigada espera, a la muda palabra, a la renuncia de lo futil y al de repente sin habla. Volver para encontrar la ilusión perdida, la infancia dormida y los perfumes con olor a perdón. Regresar para aliviar instantes y renovar motivaciones.
Cualquier pretexto vale para retornar. Un simple susurro, el recuerdo de un contraluz, la aparente soledad de un árbol, una única y privilegiada visión, un suspiro reprimido deseoso de libertad, una vaguedad en la memoria, el eco de un respiro, una bruma, el olvido de una sonrisa o el cautivador color de los madroños.

En ocasiones tengo la sensación de que estamos hechos con  jirones de retornos.




martes, 8 de diciembre de 2015

00191 Recuperar Sensaciones

DE GRATOS INSTANTES

Acabo de escuchar que quienes guardan fotografías lo hacen para suplir la falta de memoria. Puede que sea cierto. En mi caso, además de mi querencia hacia las imágenes, algo de eso hay. Reconozco, y no me queda otra ya, mi memoria de pez. No lo oculto. Cuántas veces he tenido que recurrir a mi archivo fotográfico para constatar una realidad discutida.

Algo así me ha sucedido hoy. El motivo del desencuentro ha venido motivado por la fecha de un acontecimiento familiar. No tenía mayor trascendencia y en este caso era  fácil de averiguar. Sólo había que ir al disco externo, abrir la carpeta correspondiente al asunto en cuestión y confirmar la fecha.

He aprovechado esta oportunidad  para proseguir con mi inagotable clasificación de imágenes y carpetas de archivos fotográficos. He elegido al azar una  que rezaba "Reyes 2013". Desconocía su contenido. Efectivamente, las primeras instantáneas hacían referencia al amanecer de ese día tan especial. Pero había más. Alerre, un fin de semana de calçotada en Lupiñén y nuestras vacaciones de Semana Santa en Huelva. Cerca de cuatrocientas fotografías que he distribuido en cuatro nuevas carpetas.

Motivado por el recuerdo que guardo de esa familiar calçotada he empezado a enumerar, descartar, titular y argumentar las fotografías de este archivo hasta que han llegado unos paisajes captados en las proximidades de Montmesa. Llegamos hasta allí para avistar grullas y que la chiquillería, sí también nosotros, disfrutaran del fantástico espectáculo.

Las imágenes entonces me han devuelto al frío de la espera, a la placidez de una tarde con sonrisas inquietas, a un cielo cambiante de presurosas nubes buscando su alberca, a horizontes pugnando por ser gris, por ser luz. Me han regresado a un instante feliz y aparentemente olvidado, a un paraíso cercano, a una húmeda tarde de contrastes encontrados, a una sierra perfilada, y al lejano gruir de las grullas llegando a un merecido descanso.

Será cierto que quienes guardamos fotografías lo hacemos para suplir nuestra falta de memoria, aunque prefiero pensar que las atesoramos para recuperar sensaciones que el desorden y el olvido imponen.









  

sábado, 5 de diciembre de 2015

00190 Tener Alternativas

PLAN B

Día de setas. Me dicen que está siendo un  buen año hasta para los que no suelen coger. Allí me incluyo yo. No soy nada hábil. Diríamos que me las tienen que poner delante y señalizarlas para volver a casa con algún ejemplar. El día es hermoso y la cesta grande.

Quien me acompaña me confiesa que la semana anterior, en este lugar, los hongos salían a su paso. El terreno parece propicio. No tengo ni idea pero me parece el territorio adecuado. Por aquí, por allá, en ese pinar, bajo los helechos, en ese campo tras el bosque, sigue la línea... Ni una. Ni buena ni mala. Cero. La búsqueda infructuosa me empieza a cansar. Igual las setas sabían de mi llegada y habían decidido en asamblea emigrar a otros lares. Será eso. Mi acompañante es tenaz y no sabe de desalientos. Yo también soy constante, pero a diferencia de él, me considero bastante proclive al desánimo. Se me invita a intentarlo en otro escenario pero como el croupier sobre la ruleta no me queda otra que pronunciar un escueto "rien va plus".

Me quedo sólo. Sólo con mi cámara fotográfica, el paquete de tabaco y una ligera desazón. Me siento sobre una piedra para encender un cigarrillo. Declino la sugerencia. No debo fumar. Elevo la mirada y una bofetada de color me saca de mi micológico letargo. De tanto rastrear y mirar la tierra se me olvidó de que también hay un cielo y un horizonte azul y multicolor. Imágenes imprevistas que me devolvían a la realidad tiznada de ensueño y  construida a golpe de matices y contrastes. Imágenes hermosas, en número de 36, que ahora reviso con la ilusión que desata un tesoro recién encontrado.

Ese día, como tantos otros, volví  a casa sin setas y con un carrete que esperaba ansioso ser revelado para recuperar tres docenas de imágenes de otros tantos sensoriales instantes fruto de una casual alternativa. Como alternativa y casual es esta entrada. No estaba prevista. Estoy vago. Ni siquiera sé si está bien traída. No me apetece escribir y de cuantas entradas se me ocurrían, todas requerían empeño y esfuerzo. Hoy, como aquel día, el plan b me ha vuelto a constatar de su necesaria valía.














viernes, 4 de diciembre de 2015

00189 Las Paredes Vestidas

COQUETERÍA EN LA PIEDRA


Igual que se viste el alma se envuelve la piedra. No me hago a la idea de si es capricho u olvido. Se me antoja y adivino un sorprendente abrazo entre flor y muro, yedra y fachada, pared y musgo.

Será que la piedra tiene frío o simplemente el destino de un incontrolado capricho. Será que la rama encontró placidez en la roca como el sueño lo hace en el anhelo. Será un encuentro inesperado como la última palabra pronunciada y decidida. En cualquier caso es y eso basta para gustar y recordar armonías.

Por qué tanta duda exigida, para qué tanto interrogante errado si todo es intrascendente y bien querido. Piedra y hoja se gustan, se alinean para experimentar. Demuestran que son compatibles en una fervorosa demostración de mutuo cariño.

Senderos pavimentados que atraviesan jardines de piedra. Sugestivos, apaciguadores de muda presencia. Acertada imitación a una misteriosa entrega. Así son mis paredes vestidas que veo y disfruto.










miércoles, 2 de diciembre de 2015

00188 El Bacalao

INCLINACIÓN CULINARIA

Hoy la cocina de casa está de fiesta y festín. No hay invitados verdes ni rojos. Hay trasiego de fuegos y cacharros y olores sugerentes. Es domingo, día festivo también para la comida frugal. Hay bacalao al horno con puré de patatas y cebolla.

Me gusta el bacalao. Tengo cierta debilidad por este pescado. De hecho, suele ser una de mis inclinaciones culinarias cuando tengo opción de elegir. No importa cómo esté elaborado. Me complace de cualquier manera.

Mientras Gloria está preparando el condumio me he acordado de un libro que me regaló para mi cumpleaños en nuestro primer año de matrimonio. Hace tiempo que no visito la librería donde descansan los ejemplares de nuestro amplio recetario gastronómico. Hace años que la báscula orienta y corrige nuestra dieta. Aquí está, "264 recetas de bacalao". Siempre me hizo gracia el título. Ni 250, ni 260, ni 300; 264 recetas. Miro el índice: Bacalao en sanfaina, al sandwich, albardado, al círculo, sueños de bacalao, a la lechera, al vals, a la saboya, a la piamontesa, bacalao urgente, a la perigoir, en salsa verde, a la señora, condecorado, a la mochila, al rocío, con palos, a la vizcaína con tres recetas a falta de una, al escorial, a la naranjera, con espuma, a la pirámide, al azúcar, agridulce, con alcaparras.... y así hasta 264 recetas. Un papel se ha desprendido del libro. Contiene la letra de Gloria, "Quiero que este recetario sea el primer eslabón de una nueva ilusión que quiero compartir contigo. Muchas felicidades! Un millón de besos. Gloria". No recordaba la nota. Fue en septiembre de 1993.

A partir de aquí ya no se me ocurre decir nada más sobre el bacalao. Se me acaba de romper el esquema.  Creo que es suficiente. Lo reservaré para peor ocasión. Nunca me ha sabido mejor este bacalao al horno con puré de patata y cebolla.

Ingredientes para 4 personas: 4 lomos de bacalao desalado, 1/2 litro de leche, 4 patatas grandes, 2 cebollas grandes, aceite de oliva virgen y mayonesa.

Preparación: Llevar al fuego una cacerola con la leche y cocer el bacalao en ella por espacio de cinco minutos. Colar la leche y reservar el bacalao. Hacer un puré de patata espeso con la leche, según se tenga costumbre. Pochar la cebolla con aceite de oliva hasta que se dore.

Colocar el puré en una fuente de horno y sobre él, la cebolla pochada y los lomos de bacalao sobre los que añadiremos una mayonesa casera hecha con aceite de oliva. Meter la fuente en el horno a gratinar a 220º C hasta que la superficie esté dorada, unos 15 minutos aproximadamente.











martes, 1 de diciembre de 2015

00187 Adoptar Paisajes

A FUERZA DE MIRARLOS

El día es gris otoñal y apagado de ánimo. Todo huele a humedad; el sueño, los veinte primeros pasos, la terraza y el parque. Respiro profundo, necesito respirar hasta adentro. Sentirme parte de un todo excluyente. Aprovechar el instante de un olor a limpio prematuro y emergente.

Empiezo a pensar que lo que viene por delante es algo instintivo y nada controlable. Recorro el conocido paisaje, hoy de silencios cautivos. No hay griterío, ni apresuradas pisadas, ni voces ni ruidos. Sólo indecisión en un paraje dormido como indeciso es el color en el lento atavío. No hay definición a pesar de los contrastes.

Miro al horizonte de forma extraña como si quisiera leer un pensamiento en las copas teñidas de los árboles. Entre el humo y el frío atisbo un guiño, una carantoña, una ligera mueca de huérfana estampa deseosa de ser adoptada.

Somos los de siempre los que se cruzan las miradas aunque los ropajes cambien cada mañana. Somos los mismos de ayer, de hoy y de cuanto viene. No escogimos el destino, fue él quien nos eligió de entre el camino, me dice y le digo.

En un intento por restar importancia al asunto susurro un sincero hasta luego, hasta dentro de un rato o hasta mañana. Yo regreso a mis desquehaceres mientras mi adoptado paisaje hermosea su pelaje en un día gris otoñal y encendido ánimo.