jueves, 20 de marzo de 2025

01621 Pasaba por Aquí

 CAMINO IMPRECISO


Pasaba por aquí de manera imprevista, sin esperar nada, sin buscar luz en los grises de una tarde indecisa. Para aliviar el camino impreciso, alguien pintó unos árboles en flor, algodones de esperanza para un mañana, hoy desprovisto,


01620 Las Hojas de Laurel

 AROMÁTICO CONSERVANTE NATURAL


Y pensar que hubo un tiempo en el que la hoja de laurel en la cocina no la podía ni ver. Mi madre la incorporaba a casi todo, especialmente a los guisos. Incluso a un sencillo arroz hervido, no le privaba de su hojita de laurel. Recuerdo que, en la despensa de casa, siempre había unos tallos con hojas de laurel colgados de un clavo, amén del consabido tarro de cristal lleno de estas hojas. Yo no las podía ver, ni muchos menos oler. Su presencia me desagradaba sobremanera. Claro, que eran otros tiempos. Aquellos en los que, aun siendo buen comedor, tenía alguna que otra manía. Pocas, pero alguna había. Y esta era una de ellas.

No recuerdo con exactitud cuándo comencé a aceptar su razón de ser. Me imagino que sería en el momento de que acuñé la frase de “a mí me gusta todo”. Y añado, hasta la hoja de laurel en la cocina. Como mi madre, también tenemos hojas de laurel siempre en casa en un bote de cristal. No las pongo como ella hacía a casi todo, pero sí que me gusta su presencia en los platos cocinados a fuego lento, que tanto me gustan.

Se trata de una planta de origen Mediterráneo y está muy presente en la tradición culinaria de los países bañados por este mar. En las antiguas Grecia y Roma se tenía al laurel como un símbolo de distinción y victoria, y con sus hojas se coronaba a emperadores, deportistas y poetas. Además, antiguamente era venerada y empleada, ya no con fines medicinales, sino en rituales de protección y adivinación.

Al igual que la sal, el laurel es un potenciador del sabor y, además, es mucho más saludable. Actúa como conservante natural y alarga la vida del alimento. De aquí, que se acostumbre a usar laurel fresco en marinados, encurtidos, conservas y escabeches. En cuanto a sus aportes para nuestra salud, el laurel es rico en vitaminas, ácido fólico y minerales como el calcio, hierro, magnesio, potasio, zinc, selenio y fósforo. Es un buen diurético, expectorante y carminativo, además de ser un buen estimulante del apetito y de tener propiedades antioxidantes, bactericidas, antisépticas y antiinflamatorias. No obstante, se recomienda no consumir en grandes cantidades.

 

 





01619 Afuera Hacía Frío

 RECUERDOS DE INFANCIA


De repente, sin saber cómo ni porqué, llamó a mi puerta la nostalgia vestida de infancia. La dejé entrar. Afuera hacía frío. Y comenzamos a recordar.


01618 Paisajes Escritos 6

 ALMA E IMAGEN


Tierra y cielo se contemplan en una boscosa franja de verdes que luchan por imponer su alma, su imagen.

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015



01617 Un Corazón por Navidad

 MI IMPROVISADO CALENDARIO DE ADVIENTO


Accedí a la lectura de este libro de manera involuntaria. En casa, como en multitud de hogares, cuando las niñas eran pequeñas, tenían cada una su calendario de Adviento. Los primeros años los colocábamos en la cocina para gestionar los dulces que contenían las 24 pequeñas puertas del calendario. Más tarde, adquirimos una gran tela con 24 bolsillitos, que llenábamos con 48 monedas de chocolate, 2 por día, y que colgábamos en la habitación de las niñas y más tarde en el salón de casa. En la actualidad, mi hija pequeña, con sus 24 años, sigue fiel a la tradición, y continúa reclamando su calendario de Adviento.

A finales de noviembre del año pasado, acudí con Gloria a un centro comercial para comenzar a preparar las Navidades. Cuál sería nuestra sorpresa, cuando vimos en una gran estantería, calendarios de Adviento de todas las formas, colores y contenidos. ¡Hasta para perros y gatos! Jara ya se había comprado el suyo, así que nada se nos había perdido en ese espacio. Íbamos a cambiar de sección, cuando Gloria vio un calendario que contenía 24 productos de higiene personal. No estaba mal de precio, le hizo gracia y acabó comprándolo.

El día 1 de diciembre, Gloria y Jara estrenaron sus respectivos calendarios. Y yo, en un tono jocoso e infantil, mostré mi tristeza por carecer de él. Jara me dijo: “Tranquilo, papá, que esta tarde tendrás tu calendario”. Y efectivamente, esa misma tarde, apareció Jara con un libro de Adviento y que llevaba por título “Un corazón por Navidad”.

No conocía ni el libro, ni a su autora, ni que existiera un libro de Adviento. Así que, con ilusión, porqué no confesarlo, esa noche comencé la “aventura” de leer un libro romántico juvenil a mis 67 primaveras. Cada día, del 1 al 24 de diciembre, un capítulo de media docena de páginas, cuyas hojas liberaba con un abrecartas. Cogí el libro con ganas y aunque su lectura y argumento me resultó básica, predecible y lineal, tengo que reconocer que me enganchó. Tras la lectura de cada capítulo, deseaba que llegara el día siguiente para seguir de cerca la vida de Avril, la protagonista de esta historia de amor y ternura. Lo siento, pero también, en según qué circunstancias, yo soy muy básico.

Dice Avril, la protagonista, al inicio del libro: “Mi historia es sencilla: a los dieciséis años sufrí una parada cardíaca, me pusieron un marcapasos, me pasé meses viviendo al ralentí y, de la noche a la mañana, me dijeron que ya no podía dar más de veinte pasos seguidos porque me podía fallar el corazón. Vegeté en un hospital hasta que me trasplantaron un órgano nuevo, ocho días antes de cumplir los diecisiete años”. “Volver a pasar la Navidad en los Alpes con mi padre está siendo difícil. Y más tras mi trasplante de corazón. Durante este tiempo, mi vida ha sido muy… precavida: dieta exhaustiva, deporte controlado… Vamos, que apenas he hecho nada más que estudiar.  Así que mi reto es alejarme del escrutinio de mi madre para pasar este mes con mi alocado padre. Y quizás, a pesar de mi miedo, hacerle caso y empezar a creer en los milagros”. Y a partir de estas revelaciones: 24 días en una estación de esquí invernal, un romance inesperado con el hermano de su mejor amiga, vencer miedos, relaciones interpersonales y cómo escapar de la super protección de sus progenitores.

Sophie Jomain, autora del libro “Un corazón por Navidad”, es licenciada en arqueología. En 2010, publicó su primera novela. A partir de ese momento, ha ido consolidando su carrera en Francia como escritora de novelas de fantasía y romance contemporáneo tanto para jóvenes como para adultos.

 

 




01616 La Cocina China

 TODO UN MUNDO CULINARIO POR DESCUBRIR


Ya he comentado en algún momento del transcurrir de este caleidoscopio vital, que me gusta la cocina china. De hecho, incluso he recogido aquí alguna que otra receta puesta en práctica. Recetas sencillas y al alcance de cualquier aficionado a la cocina.

No obstante, una cosa es que me guste, y otra, que sea un asiduo consumidor de esta cocina. En mi unidad familiar no tiene buena prensa, así que tengo que aprovechar las contadísimas ocasiones que me salen al paso para darme un homenaje.

Reconozco, por lo que a mí respecta, que la cocina china me entra por los ojos, gracias al color que acostumbra a presentar en sus platos. En una ocasión leí que la cocina china ha dedicado mucho interés al aspecto estético de sus presentaciones gastronómicas. Que habitualmente presenten un color brillante no es una casualidad, sino el hecho de ofrecer un plato “placentero y armonioso”, uno de los principios básicos en la gastronomía china. Por lo general, un ingrediente principal va acompañado por otros ingredientes de distinto color como decoración. Y ya, puestos en materia, me encantan las mezclas dulces, saladas, ácidas y picantes que contienen sus propuestas culinarias, y que tanto tienen que ver con su tradición y cultura.

Por lo que he podido comprobar en mi acercamiento hasta esta cocina, la comida china tiene una gran capacidad para combinar ingredientes sencillos y convertirlos en algo inolvidable. Se me ocurren, por ejemplo, el cerdo agridulce, el chop suey o el pollo con almendras.

Lo cierto es que, aunque me gusta la cocina china, mis conocimientos al respecto son mínimos. Entre otras cosas, porque China es un país extenso con climas y culturas muy variados. Hecho este que hace que obviamente se refleje en sus cocinas, adquiriendo su propio estilo culinario. Por lo que he podido leer, la cocina cantonesa se caracteriza por los sabores suaves; la de Sichuán, por su picante intenso; la de Shanghái, por sus platos más dulces y guisos; y la de Pekín, por su pato pekinés y diferentes platos asados. Todo un mundo.

Y si hay algo que me encanta sobremanera de esta cocina es que se trata de una comida para compartir. Servir los platos al centro de la mesa y probar un poco de cada uno, me parece algo muy a tener en consideración por lo que representa. En la cultura china, comer es un evento social y dejar los platos en el centro promueve la convivencia.

Seguiré ampliando conocimientos al respecto. Que de eso se trata, de seguir aprendiendo sea lo que sea.





01615 Paciente Espera

 GRATIFICANTE COMPAÑÍA


Me espera del mismo modo que yo lo deseo. Él, paciente. Yo, ansioso. Han pasado dos años desde la última vez que nos vimos. No hubo desencuentro, ni mucho menos. Digamos que fue un daño colateral inesperado quien nos separó. Esta primavera regresaré a él con la misma ilusión de aquel primer día. Es puro egoísmo. Le necesito como el respirar, porque él es mi respiro, mi sustento, mi dicha, mi tabla en el naufragio, mi deseado silencio, mi diario cuidado, mi paraíso encontrado. Huerto querido, que ganas tengo de pisar tu tierra y volver a sentir tu serena y gratificante compañía.