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jueves, 20 de marzo de 2025

01620 Las Hojas de Laurel

 AROMÁTICO CONSERVANTE NATURAL


Y pensar que hubo un tiempo en el que la hoja de laurel en la cocina no la podía ni ver. Mi madre la incorporaba a casi todo, especialmente a los guisos. Incluso a un sencillo arroz hervido, no le privaba de su hojita de laurel. Recuerdo que, en la despensa de casa, siempre había unos tallos con hojas de laurel colgados de un clavo, amén del consabido tarro de cristal lleno de estas hojas. Yo no las podía ver, ni muchos menos oler. Su presencia me desagradaba sobremanera. Claro, que eran otros tiempos. Aquellos en los que, aun siendo buen comedor, tenía alguna que otra manía. Pocas, pero alguna había. Y esta era una de ellas.

No recuerdo con exactitud cuándo comencé a aceptar su razón de ser. Me imagino que sería en el momento de que acuñé la frase de “a mí me gusta todo”. Y añado, hasta la hoja de laurel en la cocina. Como mi madre, también tenemos hojas de laurel siempre en casa en un bote de cristal. No las pongo como ella hacía a casi todo, pero sí que me gusta su presencia en los platos cocinados a fuego lento, que tanto me gustan.

Se trata de una planta de origen Mediterráneo y está muy presente en la tradición culinaria de los países bañados por este mar. En las antiguas Grecia y Roma se tenía al laurel como un símbolo de distinción y victoria, y con sus hojas se coronaba a emperadores, deportistas y poetas. Además, antiguamente era venerada y empleada, ya no con fines medicinales, sino en rituales de protección y adivinación.

Al igual que la sal, el laurel es un potenciador del sabor y, además, es mucho más saludable. Actúa como conservante natural y alarga la vida del alimento. De aquí, que se acostumbre a usar laurel fresco en marinados, encurtidos, conservas y escabeches. En cuanto a sus aportes para nuestra salud, el laurel es rico en vitaminas, ácido fólico y minerales como el calcio, hierro, magnesio, potasio, zinc, selenio y fósforo. Es un buen diurético, expectorante y carminativo, además de ser un buen estimulante del apetito y de tener propiedades antioxidantes, bactericidas, antisépticas y antiinflamatorias. No obstante, se recomienda no consumir en grandes cantidades.

 

 





lunes, 30 de julio de 2018

00757 Los Sentidos en la Cocina

TODOS NECESARIOS

La cocina es un buen recreo para los sentidos. Se divierten, disfrutan, juegan en equipo sabiendo que cada uno de ellos tiene un papel importante en el mientras tanto y resultado final de la acción culinaria.

A través de la vista accedemos a una buena fuente de información y estímulos: cantidades, disposición y presentación de los alimentos en el plato, formas, matices y colores del bodegón culinario sobre un plato. Será la vista, en un primer paso, quien nos acerque o aleje del deseo de comer.

La cocina evoca recuerdos y si hay un sentido experto en ello, este es el olfato. A través de él, rememoramos aromas que nos transportan a espacios y situaciones vividas en un pasado lejano que se hace presente con el simple hecho de oler. Es el gran archivador de los sentidos, el más ordenador, el que mejor memoria tiene.

La textura de los alimentos también forma parte del disfrute de la cocina. Pelar, cortar, sentir los alimentos entre manos y dedos en el acto previo a la elaboración; es el tacto el que entra en juego. Tacto que a su vez se erige en notario de temperaturas y cocción de los alimentos.

El oído es quizás al que menos atención se le presta en este juego de los sentidos en la cocina. Pero no hay que desdeñarlo. A través de él identificamos el laboreo en una de las piezas principales de la casa: El trajín de "cacharros", de los electrodomésticos ayudantes de cocina, el burbujeo de los guisos, el crujir de los alimentos al ser cortados, el ring del reloj que nos avisa del tiempo solicitado.

Y fnalmente, el gusto; el testador de la armonía en el resultado final. El juez que dicta el veredicto, que no es otro que cada uno de nosotros mismos en función de nuestras apetencias y gustos.