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martes, 29 de abril de 2025

01661 Paisajes Escritos 10

 EXCESIVO


Quietud, dulzura y dureza. Pasión con fuerza. Como el altoaragonés y su territorio. Excesivo.

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015




lunes, 21 de abril de 2025

01649 Paisajes Escritos 9

 BRUMAS Y SOLES


Lugares mágicos para la luz y la penumbra, para crecer y soñar. Cresterías imposibles de brumas y soles. 

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015




sábado, 26 de febrero de 2022

00938 Hablar con los Paisajes

 LLAMADME LOCO


Sí, sí, llamadme loco si así se os antoja, pero me gusta hablar con los paisajes. De tanto platicar con ellos, al final se les acaba cogiendo cariño sea cual sea su condición.

No hace falta presentación alguna. Están allí, en su quietud, en su incansable laboreo, en el pasar de sus días, dispuestos a escuchar y a ser escuchados. Les da igual que estés de pie, sentado o tumbado. No hay protocolo escrito. Todo les va bien, hasta el variable y confuso estado de ánimo. Tienen una constatada y dilatada experiencia para adaptarse, como camaleones, a cualquier situación que se les presente. Tampoco les importa quien lleve el peso de la conversación ni quien sea el primero en iniciarla. También en esto son expertos conversadores.

Dejan hablar, porque saben escuchar. No interrumpen ni pisan la palabra. Saben discernir dónde está el límite entre conversar y discutir. Quizás radique aquí su encanto, por lo menos para mí que acostumbro a esquivar los conflictos y las discusiones sin sentido.

Son maestros de la lírica y profesionales de la palabra exacta. Tanto es así, que aunque sin ellos pretenderlo, te hacen sentir muy pequeñito y hasta insignificante. Pero hasta esto me gusta cuando entablo conversación con ellos. Siempre aprendo algo, hasta de su silencio.

Son pacientes y respetuosos. Nunca les he visto mirar el reloj, porque nuestros encuentros son "non tempus", ni plantear excusa alguna para dar por terminado nuestro diálogo. Solo hay un pero y es que todavía no he conseguido darles un fuerte abrazo o un buen apretón de manos cuando llega la despedida. Todo se andará.

Sí, sí, llamadme loco si así se os antoja, pero me encanta hablar con los paisajes.





jueves, 8 de febrero de 2018

00635 El Valle de Tena

CON NOMBRE DE COBIJO


Al margen de su indiscutible belleza, encanto y singular atractivo, este valle altoaragonés tiene para mí un especial significado que me obliga a mirar y pensarlo de manera también peculiar. Fue aquí, en aquellos días del despertar a la vida con los sentimientos, emociones y atenciones algo revueltas, despistadas e incontenidas, donde comencé a apreciar y valorar el regalo de la existencia. Aquí tendría que ir a buscar los primeros sueños que confié a las estrellas, los primeros besos sentidos en la desnudez no solo de palabra y los segundos vómitos de una embriaguez inesperada.

Aquí fue donde puede aprender a retener en mi siempre frágil memoria,  nombres pronunciados de siluetas vigías de un paisaje perfumado de querencias: Foratata, Telera, Tendeñera. Días de asombros en cada paso, en cada mirada, en cada sentir de las humildes incursiones en un territorio que llegué a hacer mío. Sallent, Lanuza, El Pueyo de Jaca, Tramacastilla, Biescas, Hoz de Jaca, Panticosa... vida en piedra sobre piedra esperanzada. Y en cada escapada, una emoción archivada al regreso.

Aquí, en este limpio valle con nombre de cobijo, aprecié el significado del color y del contraste y del sonido del agua en calma. Acaricié músicas, degusté apetitos de pastores, admiré siglos recuperados, respiré dichas entre verdores y brumas. Y aunque nunca se lo he dicho, aquí aprendí a querer a una tierra que desde entonces ha dejado de ser ajena.








jueves, 21 de septiembre de 2017

00531 Los Paisajes Amigos

GUIÑOS TRANQUILIZADORES


Resulta curioso comprobar como un paisaje, tras mucho transitar, es capaz de disipar temores, convertirse en un buen aliado y hasta con el tiempo, regalarte su amistad. Lo he podido comprobar y corroborar en los últimos meses en mis idas y venidas laborales.

En aquellos primeros días hubo preocupación, zozobra, inquietud, desasosiego, inseguridad y algún que otro miedo. Fantasmas que me persiguen cuando en mi vida se produce algún cambio inesperado. En mis iniciales trayectos la cabeza no paraba de barruntar, de cuestionar y de ponerme a prueba día sí y día también. Hacía mucho tiempo que no recordaba lo que era cansarse de uno mismo. Y entre castigo y pensamiento, un paisaje se abría ante mis ojos cada día para lanzarme guiños tranquilizadores que no tardaron mucho en surtir efecto. Horizonte, camino y un verde intenso y esperanzado,  pronto pasaron a formar parte de mi recreo y a relevar a mis otros pensamientos. Pronto el paisaje dejó de emitir guiños para dar paso a la palabra no pronunciada, pero sí interpretada. Pronto el paisaje se adueñó de mi imaginación para pasear por sus verdes campos,  caprichosos torrollones y bailes de agua. Pronto los dos, paisaje y yo, comenzamos a hablarnos sin mediar palabra.

Han pasado ya algunos meses desde aquellos primeros días. El paisaje monegrino sé que cada día me espera y él, sabe que yo cada jornada ansío el encuentro con el amigo que aprecio.



miércoles, 2 de marzo de 2016

00246 Los Paisajes Reposados

DONDE APACIGUAR TANTO DESENCANTO

Una mancha, dos manchas, tres manchas, cuatro borrenes para iniciar un paisaje adherido a una piel que apenas reconozco. Lo pintaré de silencio con colores de horizontes. La factura se repite. Próximo y lejano como el ayer y el hoy. Al fondo, pigmentos claros. Más cercanos, oscuros y azulados. Ramaje, el justo y equilibrado. Es fácil la poda en la pintura.

Un pequeño cauce seco que mañana llevará agua en el que pueda navegar el pequeño barco pirata. Un barco de papel que buscará desconsolado su infancia. Eso será mañana, hoy el cauce está seco porque así lo ha decido mi alma, espejo de mi cara.

Menos árboles y salvo dos o tres, el resto sin importancia. Que haya luz, que penetre en este paisaje reposado algún rayo de sol esperanzado. Lo requiere el cuadro y lo requiero yo. Los dos lo necesitamos. Y una vez acabado, que invite a entrar, a ser paseado.

El resultado es un paisaje reposado. De los que me gusta ver, admirar y sentir. Un paisaje al que pertenecer y llegado el caso,  que me sirva para huir. Un lugar cercano donde apaciguar tanto desencanto.