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domingo, 4 de agosto de 2024

01450 La Ensalada de Asalto al Frigorífico

 TODO SIRVE


La báscula me está diciendo en los últimos días que "ojo cuidado". Y cuidado ya tengo, pero al parecer no el suficiente. 

Así, que he decidido esmerarme y luchar contra todas las tentaciones veraniegas, pero no puedo enfrentarme a tanto enemigo que me sale al paso. Hoy lo he llevado bastante bien, e incluso me había propuesto no cenar, tras vencer a la tentación de comerme un helado, de tomarme una cerveza y de prepararme un sándwich de jamón y queso, que es lo que más me apetecía. Bien salvado.

Por la tarde, me he dado una buena dosis televisiva con los Juegos Olímpicos de París, y a la hora de la cena, me he salido a la terraza con un libro para evitar tentaciones. La estrategia ha ido fenomenal, hasta que una legión de afilados e impertinentes insectos se han adueñado del espacio. ¡Horroroso! ¡Qué manera de picar e incordiar! Me han dejado el cuerpo en poco más de media hora como un colador. Contra todo pronóstico, he abandonado la terraza y mis pies me han guiado hasta el frigorífico. Sin tener nada premeditado, he empezado a sacar alimentos: una escarola, un mango, unas fresas y un trozo de queso manchego. He limpiado y cortado la escarola, lavado las fresas, pelado y cortado el mango y troceado a taquitos el queso. Cuando me he dispuesto a aliñar la ensalada con sal, vinagre y aceite, he visto que no había vinagre. Así, que me he desplazado hasta la despensa para coger una botella. Nada más abrir la puerta, me he dado de narices con unas nueces, y justo al lado, se encontraban unas pasas. Y me he dicho, pues vengan ustedes conmigo. Sobre la ensalada, en teoría acabada, todavía he añadido unas nueces y unas pasas. He aliñado el colorido plato y colocado la fruta a su alrededor, he vuelto a encender el televisor y he seguido viendo los Juegos Olímpicos, con la ensalada de mi inesperado asalto al frigorífico. ¡Bien buena que estaba! Hasta me ha hecho olvidar, momentáneamente, que mi cuerpo está plagadito de picotazos de mosquitos.


lunes, 1 de agosto de 2016

00337 El Salmorejo con Sorpresa

SALMOREJO CON LANGOSTINOS REBOZADOS



Desde que visitamos tierras onubenses, el salmorejo ha pasado a formar parte de nuestra dieta estival. Siempre es bien recibido y de él ya di cuenta en alguna entrada anterior de este blog.


Es una de las preparaciones que yo califico como "expectante". Ningún salmorejo sabe igual al anterior. Todos tienen su particular personalidad y depende en gran parte de la mano ejecutora. En casa es Gloria la experta y la que intenta conseguir el salmorejo de diez. A mí me gustan todos los que hace en sus distintas versiones. Con miga de pan, sin pan y con almendras, con tropezones o sin ellos. Todos están de vicio. 

Este que hasta aquí traigo y que denomino con "sorpresa" estaba fabuloso. Desconozco cómo lo hizo y qué ingredientes utilizó, pero estaba de sobresaliente. El salmorejo espectacular, y ya sólo faltó el acompañamiento: langostinos rebozados en corteza de cerdo triturada. ¡Qué cosa más buena!. ¡Qué competición de sabores más delicada entablaron el salmorejo y los crujientes langostinos! 



Gloria me sorprendió con esta elaboración en una cena. Hacía tiempo que no me daba tanta lástima que el plato llegara a su fin.




jueves, 28 de julio de 2016

00332 La Ensalada de Arroz

OTRO AUXILIO DE EXCURSIONES


Es habitual escuchar en los últimos meses un "no vendré a comer, papá". Cuando no es la elaboración de algún trabajo colectivo de la facultad, es con unas amigas con las que "he quedado", o  con los abuelos,  o simplemente, "no vendré a comer, papá".

Hoy,  Loreto me ha sorprendido con un "me voy a comer al río". Frase nueva para mí en este continuo aprendizaje acerca de la libertad de mis pupilas. Ha sido sobre la marcha y casi no me ha dado tiempo a reaccionar. Mis defensas, esas con las que vengo trabajando desde hace mucho tiempo y que me ayudan a superar mis temores con mayor o menor fortuna,  se han puesto a trabajar. Pocas e interesadas preguntas para tener un mínimo de información, más la consabida "¿qué vas a comer?. La respuesta ha sido de manual, "Cualquier cosa. Igual me compro en el supermercado una ensalada César".

No soy muy amigo de los pre cocinados y preparados industriales salvo en casos de auténtica emergencia. Este no era el caso. He tenido poco más de una hora para preparar algún plato que reuniera las condiciones aptas para una excursión al río y sin necesidad de ir a comprar la  materia prima para elaborarlo. Un par de vistazos al armario despensa y al frigorífico han sido suficiente. En el primero todavía sobrevivía un paquete de mezcla de arroces,  especial para ensaladas y guarniciones. He puesto a hervir agua y cuando han empezado a asomar las burbujas de la ebullición, he vertido dos tazas de café repletas de arroz y una pizca más de propina. Seguro que compartirá con sus amigas excursionistas. Mientras el arroz cogía en el agua la textura idónea, he troceado lechuga, queso y jamón de york que he encontrado en el frigorífico. ¿Y si le añado un par de huevos revueltos? Dicho y hecho. Listo el arroz y los ingredientes troceados. Todavía me ha dado tiempo de introducirlo por espacio de media hora en el frigorífico una vez mezclado todo, probado el punto de sal y regado con aceite y vinagre.

La media hora prevista en el frigorífico se ha prolongado hasta casi una hora. Mejor, la ensalada estará algo más fresquita. Mientras le daba a Loreto el envase hermético con la ensalada de arroz no he podido dejar de pronunciar las frases tantas veces repetidas: "cuidado con la carretera", "¿llevas cremas"?, "manda un was, por favor, cuando lleguéis al río", "tened precaución dónde os bañáis y controlad las piedras"...

Cuando por la noche ha llegado Loreto a casa me he sentido aliviado. Siempre me siento aliviado cuando por la noche cierro la puerta de casa con los cuatro dentro. En cuanto a la ensalada de arroz, debía estar buena. No ha regresado grano alguno.