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lunes, 21 de abril de 2025

01648 La Ensaladilla Rusa con Gambas de Cristal

DE CAPRICHO


El mundo de la ensaladilla rusa es apasionante, máxime cuando, como en mi caso, se encuentra entre mis platos favoritos. Cuando, ingenuo de mí, pienso que ya ninguna ensaladilla me va a sorprender, zas, aparece una propuesta que te deja con la boca abierta. Es lo que aconteció no hace mucho con una ensaladilla rusa con gambas de cristal. Fue un auténtico disfrute dar con este descubrimiento. Suave, sabrosa y difícil de olvidar. Como acostumbro en estos casos de novedad para mí absoluta, diseccioné el plato para poder imitarlo en casa. En este caso, no había mucho que darle vueltas a la cabeza. Los ingredientes eran registrados de manera inconfundible por el paladar y la vista: patata, mayonesa, huevo duro, zanahoria y gambas de cristal. Solo era cuestión de dar en la diana con las cantidades, cosa no siempre fácil. La puesta en práctica doméstica de tan curiosa ensaladilla rusa dio el resultado esperado.

Ingredientes: 4 patatas cocidas con piel, 3 huevos cocidos, 1 huevo para la mayonesa, 2 zanahorias, 250 gramos de gambas de cristal, harina, aceite de oliva virgen extra, aceite de girasol y sal.

Elaboración: Cocer las patatas con piel, dejar enfriar, pelarlas y desmenuzarlas con los dedos. Cocer las zanahorias y cortarlas en tiras. Cocer los huevos y una vez fríos, quitarles la cáscara y desmenuzar con los dedos. Montar una mayonesa con aceite de girasol y un poco de aceite de oliva virgen extra, y sal. Mezclar bien los ingredientes e incorporar la mayonesa. Volver a mezclar. Sazonar y enharinar las gambas de cristal y freír en aceite. Emplatar la ensaladilla y coronar con las gambas de cristal. 





miércoles, 14 de junio de 2023

01137 La Gamba Cristal

DULCE REGALO DEL MAR


Desde hace un par de décadas, mi asistencia a restaurantes es mínima. Lo que significa que no estoy muy “al loro” de las tendencias y novedades en materia de gastronomía. Bueno, algo sé, pero la información me llega a través de otros canales. Digo esto, porque recientemente, tan reciente como en el pasado mes de diciembre, descubrí la existencia de la gamba de cristal. Fue en uno de los restaurantes que el valenciano Grupo de Restauración Saona tiene en Zaragoza y al que acudí por recomendación de mis hijas. El restaurante me pareció acogedor, con un atento y rápido servicio, bien de precio e interesantes propuestas en el menú.

Como no acostumbro ya a frecuentar restaurantes, cuando surge la ocasión, a la hora de elegir el menú, me inclino por productos y elaboraciones nuevas para mí. Alguna vez, pocas, la he pifiado. Pero lo más habitual, es que la novedad, bien sea en la elaboración o en el producto, cumplan con mis expectativas. Es más, o menos, lo que me sucedió en este restaurante con su plato de “Gambas de cristal con huevo a baja temperatura y aceite de ajo tierno”. Lo recuerdo como una delicia de intenso sabor a mar. Al igual que recuerdo, que sentí que se acabara. ¡Qué bueno me pareció! Tomé nota para intentar reproducir el plato en casa, pero de momento, todavía no ha sido posible. Todo se andará.

De entrada, me pareció curioso y atractivo el nombre dado al pequeño, casi diminuto, marisco. Mi profunda ignorancia acerca de su existencia, me llevó a pensar que el apelativo “cristal” era cosa de la casa. Pero no, al conocer que se trataba de un tipo de gamba, me entró la risa tonta, aunque perfectamente, me podría haber echado a llorar.

El caso es que su incorporación a la gastronomía data de hace tan solo una década. La gamba cristal ha existido siempre, pero no fue hasta hace unos diez años que se empezó a capturar para su comercialización, al comprobar que el también llamado camarón blanco, no eran especímenes inmaduros de la afamada gamba blanca de Huelva, ni un diminuto camarón ni un proyecto de quisquilla.

Se trata de una especie, la “Pasiphaea Sivado”, que mantiene su pequeño tamaño y color durante toda su vida. Su color blanco, casi transparente, desvela a la gran profundidad que vive esta gamba. En cuanto a su sabor, lo más destacado de este diminuto crustáceo, es su sensación de dulzor, frente al resto de crustáceos que, por norma general, acostumbran a ser más amargos.

La gamba cristal habitualmente se cocina rebozada con dos huevos fritos encima, tal y como los malagueños hacen con los chanquetes, aunque sus posibilidades en la cocina son infinitas.