lunes, 24 de marzo de 2025

01643 Las Sobras

 ALGO ESPECIAL


Mi querencia hacia las sobras de comida viene desde que tengo uso de razón. Me encanta, sobre todo, cenar de sobras. Recuerdo, en mi edad juvenil, que según de qué platos se tratara, prefería no repetir en la comida para que de esta manera sobrara para cenar. Algunos ejemplos, paella, macarrones, cualquier carne empanada o algunos de los deliciosos guisos que cocinaba mi madre. Pero sobre todas las cosas, la tortilla de patatas. En ocasiones, cuando la tortilla o tortillas iban algo justas a tenor de los comensales reunidos en torno a la mesa y las raciones iban algo justas, de mi porción guardaba parte para la cena o el desayuno del día siguiente, avisando reiteradamente al resto de moradores de la casa, que ese trozo lleva escrito mi nombre e incluso mis apellidos. Con todo, alguna que otra sorpresa me llevaba, con mi consiguiente enfado y desilusión.

Ahora, mis cenas son más frugales y rara vez me pongo delante de un plato en condiciones, salvo cuando ha quedado algo de la comida. Doy por cumplidas mis cenas con algunas piezas de fruta. También es cierto que no es habitual que sobre comida. Cocinar para tres, tal y como somos en la actualidad, resulta más sencillo en cuanto a cantidades se refiere. Además, siempre acabo comiéndome el "para lo que queda".

Eso sí, cuando hay tortilla de patatas para comer, sí o también, tiene que quedar para cenar. Me sigue pareciendo un escándalo de cosa rica. Me siento delante de ella como un niño con zapatos nuevos, como se decía antes. Además, como esto acontece de manera muy, muy esporádica, todavía me regocijo más, si cabe. En esta ocasión, se han aliados dos sobras: tortilla de patatas y pimientos a la siciliana (ver entrada número 01289). Apoteósica cena. Será que mi nivel de exigencia en las cosas terrenales entró hace tiempo en mínimos, pero qué bien que me he ido a dormir. Y es que las sobras sobras tienen algo de especial.





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