domingo, 23 de marzo de 2025

01640 Los Patios Cordobeses

UN REGALO PARA LOS SENTIDOS


La ciudad de Córdoba atesora muchos motivos para ser visitada una y otra vez. Fuentes, jardines, conventos, conjuntos escultóricos, iglesias, casas, palacios, calles, plazas, murallas, su gente, su impresionante Mezquita-Catedral… y sus patios, declarados por la UNESCO Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. A estos últimos voy a dedicarles su merecido espacio en este caleidoscopio vital. No me canso de mirarlos y admirarlos, aunque sea solo en fotografía. Me parecen todo un espectáculo de sensibilidad y vida.

Aunque la tradición de los patios cordobeses se remonta a la época romana, fue durante la época musulmana cuando se consolidaron como una parte fundamental de la vida cotidiana de la ciudad. Por aquel entonces, estos espacios cubiertos y decorados con plantas, fuentes y elementos ornamentales, se utilizaban como lugares de descanso y de encuentro familiar. Con la llegada de los cristianos, esta tradición se mantuvo y se fue enriqueciendo con nuevos elementos decorativos y arquitectónicos.

Por lo que he podido leer, estos espacios al descubierto de la vivienda, que “sirven como iluminación y ventilación del resto de las dependencias, es herencia de la casa islámica que se caracterizaba por la construcción de fachadas orientadas hacia su exterior. El aspecto exterior carecía de relevancia, pues se construía con un simple muro ciego. “Tras la conquista cristiana de la ciudad, esta estructura arquitectónica se mantuvo y aún perdura en las actuales viviendas”.

Pozos y fuentes embellecen los patios cordobeses que, junto a las flores plantadas en macetas y arriates, eras estrechas y dispuestas para tener plantas de adorno junto a las paredes de jardines y patios, conforman una bella imagen de agua, luz, vegetación y colorido. Para completar el espacio, se acostumbra a incluir muebles antiguos, enseres de cocina o restos arqueológicos, lo que confiere al lugar un plus añadido, ya de por sí hermoso y acogedor.

Los patios cordobeses se agrupan fundamentalmente en dos grupos; los llamados patios monumentales y señoriales, y patios de concurso. En el primero se recogen “aquellos relativos a antiguos palacios de la aristocracia local o a señalados edificios religiosos”. Por ejemplo, el afamado Patio de los Naranjos, el de la sinagoga o el santuario de la Fuensanta. Y en cuanto a los señoriales, destaca el Palacio de Viana que integra doce patios en su interior de diferente estilo arquitectónico.

En cuanto a los patios de concurso, aquí se inscriben todos los que han participado en el concurso municipal desde su inicio en 1921 hasta la actualidad, agrupándose en dos categorías; de arquitectura antigua y de arquitectura moderna o renovada. “Los primeros son aquellos que han sido construidos hasta la década de los sesenta y que conservan sus principales características estructurales. En cambio, los patios de arquitectura moderna son aquellos que pertenecen a una nueva vivienda edificada tras la demolición de una anterior o que han sufrido tal nivel de intervención que han perdido sus elementos más significativos”.

El concurso de los patios cordobeses se celebra en el mes de mayo. Durante estos días, los patios presentados a concurso abren sus puertas al público, así como las casas y edificios públicos.

Se podría decir que los patios son un regalo para los sentidos: el aroma de las plantas y de la húmeda tierra, el sonido del fluir el agua, el colorido de las flores y sus pintorescos maceteros sobre encaladas paredes, y las sensaciones que transmiten la belleza y sensualidad de todos y cada uno de los patios, por muy humilde y sencillo que sea. 

 





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