domingo, 23 de marzo de 2025

01631 El Socorrido Arroz Hervido

 PARA LO QUE HAGA FALTA


No siempre se acierta a la hora de elaborar un menú especial. Ya no solo por las propuestas de los platos, sino también por las cantidades. El intento de agradar a todos los comensales y que nadie se quede con hambre, en ocasiones resulta fallido. Esto es lo que sucedió recientemente en casa en una comida de celebración familiar.

En otra edad, hubiese dado la talla. Pero a estas alturas de la vida, me vi superado por el menú elaborado: Aperitivo, espaguetis con guanchale, carrilleras ibéricas y postre. Solo escribirlo y recordarlo ya me angustia. Por otro lado, el resto de componentes de la mesa, aun siendo jóvenes, sus gustos gastronómicos van por otros derroteros. El caso es que comenzó bien la reunión, dando buena cuenta del aperitivo preparado a base de unas gildas, patatas fritas y paté. No quedó nada en animada conversación. Llegaron los espaguetis y todos nos comportamos, aunque se empezó a notar algún que otro signo de debilidad. Visto el percal, se preguntó  quién quería carrilleras. La respuesta unánime no se hizo esperar. Nadie quiso ni tan siquiera probarlas. Alguna voz se disculpó, inclinando su preferencia por el postre, que no era otra cosa, que una siempre deliciosa Trenza de Almudévar. Acabamos de comer y sobre la encimera de la cocina quedaron una docena de suculentas carrilleras ibéricas. Para el día siguiente, ya teníamos la comida hecha. Y para las siguientes dos comidas.

Desconozco el motivo, pero el guiso salió un tanto caldoso. Las cocinamos como siempre, si bien no con tanta salsa. Por no repetir de nuevo la receta, se puede encontrar en la entrada número 01366 de este blog. Estaban exquisitas y me puse de untar pan como si no hubiese un mañana. Al día siguiente, más de lo mismo. Solo que en esta ocasión, y a modo de plato único, incorporé una taza de arroz hervido que haría las veces del pan al empaparse de la sabrosa salsa. Me gusta el arroz en esta función, en este papel de sustituto. Aunque, en realidad, no sustituye sino que aporta.

Tres días estuve comiendo carrilleras. Y aún quedó un poco de salsa que, por supuesto, no desperdicié. Se acompañó para cenar con una tortilla francesa. Y es que como vengo repitiendo hasta la saciedad, en esta casa no se tira nada de comida.





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