jueves, 15 de mayo de 2025

01671 Verdes Imposibles

 COLORES IMAGINADOS


No siempre los colores se muestran tal y como se han imaginado. Tampoco la vida, ni los sueños, ni las ilusiones acaban por parecerse a la historia que un día escribimos en un  diario, que acabó en el contenedor azul de una mudanza. Al final, independientemente del resultado, hay que conformarse, sí, conformarse, con el tiempo vivido buscando los colores imaginados.


01670 La Empanada de Atún

 DELICIOSO UNIVERSO DE LA EMPANADA GALLEGA


Desde hace ya algunas décadas, en mi imaginario personal, las empanadas están asociadas a momentos de encuentro, reunión familiar o celebración. Me lo recuerda y ratifica esta empanada de atún que cocinó mi hermana Gemma recientemente para festejar un multitudinario cumpleaños. La verdad es que las borda. Algo tendrá que ver, además de su buen hacer en la cocina, sus años vividos en Pontevedra. Fue de ella de quien aprendí a elaborarlas y, al igual que ella, no hay encuentro en el que no me ponga manos a la masa, nunca mejor dicho, y me presente con una empanada de berberechos, también aprendida de Gemma, y que tanto me fascina (Ver entrada número 00048).

Dentro del delicioso universo de la empanada gallega, la de atún es una de las más tradicionales y populares. En la actualidad, por su sencillez y rapidez, están imperando las elaboradas con masa de hojaldre o con masas adquiridas en supermercados que facilitan la tarea. Esto está muy bien, pero tanto a mi hermana como a mí, nos gusta prepararlas con la masa de empanada. Sí, es algo más laboriosa, pero para mi gusto, nada que ver con las otras propuestas. No sé qué tendrá esta empanada, pero cuando sale a la mesa, todas las miradas se centran en ella.

Ingredientes: Para la masa: 1/4 de litro de leche, 1/4 de litro de aceite de oliva, 1 kilo aprox. de harina, una pizca de sal y una cucharadita de pimentón dulce. Para el relleno: 300 gramos de atún en conserva de aceite de oliva, 1 cebolla grande dulce, 2 pimientos rojos, 4 tomates maduros, 3 huevos duros, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: Preparar la masa. En un recipiente, incorporar la leche, el aceite, la sal y el pimentón dulce. Mezclar e ir añadiendo poco a poco la harina hasta que ya no admita más. Primero remover con una cuchara de madera y cuando ya no se pueda más, con las manos. Para unos doscientos decilitros de aceite y otros tantos de leche, aproximadamente un kilo de harina. Una vez hecha la masa se deja reposar tapada durante una hora. Una vez reposada, se divide la masa en dos y ayudados de un rodillo, estiramos la masa lo más fina posible. Para el relleno: Pochar la cebolla, los pimientos y los tomates en una sartén, todo cortado en trozos más bien pequeños, con un poco de aceite y sazonar. Mientras tanto, cocer los huevos. Una vez pochados los vegetales, incorporarles los huevos cocidos cortados también en trozos pequeños y el atún. Mezclar todo y dejar atemperar durante unos minutos. Colocar en una bandeja de horno, previa colocación de un papel de horno sobre la bandeja, una de las láminas de masa y extender sobre ella toda la mezcla. Colocar encima la otra lámina de masa y sellar el perímetro de la empanada con un tenedor o con los dedos. Precalentar el horno a 200 grados centígrados. Introducir la empanada y hornear con el calor arriba y abajo durante media hora aproximadamente. Sacar y lista para consumir. Se puede comer tanto en caliente como en frío.




01669 Los Buñuelos de Cuaresma

 DE GRATO SABOR Y DOMÉSTICOS RECUERDOS


Puedo contar con los dedos de las manos, las veces que tomo postre en las comidas al cabo del año. Acostumbran a ser en días señalados y en mor de la tradición y costumbre familiar. Es el caso de la comida de Viernes Santo, donde no pueden faltar las sabrosas y humildes torrijas de pan. Este año, además de las populares torrijas, hemos querido recordar en este día a nuestras madres y abuelas con un dulce, también humilde, de grato sabor y domésticos recuerdos; los populares buñuelos de Cuaresma.

He tenido curiosidad por conocer el origen de este simpático y orondo dulce, pero me he quedado con las ganas, pues no están muy claros sus inicios. Los historiadores no han dado con el origen de los buñuelos, si bien, existen varias leyendas al respecto. Resumo algunas de las teorías que he podido leer.

La más reconocida apunta a que el buñuelo es original de los moriscos, musulmanes convertidos al cristianismo en el siglo XV. Hay quien considera que, durante la Inquisición, los judíos que habían sido forzados a convertirse al cristianismo elaboraban buñuelos en secreto como recordatorio de sus raíces culturales. También hay quien esgrime que en España era un postre popular en la Edad Media y que se elaboraba tanto en las cocinas de los monasterios como en las casas.

Pensaba que en el recetario que fui escribiendo con las recetas de mi madre, pocas quedan ya por compartir en este caleidoscopio vital, podría encontrarse la de los buñuelos de Cuaresma. Pero no, por lo que sea no llegué a recogerla. Y eso que la veo, como si fuese ayer, frente a la pequeña y blanca freidora doméstica, elaborando buñuelos para un regimiento, pues algo así parecía su casa, cuando en Semana Santa nos daba por juntarnos a todos. Así que he tenido que acudir a mis libros de repostería para sacar la receta. Aunque los ingredientes básicos para hacer buñuelos son la harina de trigo, leche, azúcar, huevo y levadura, en la actualidad hay multitud de variedades a la hora de prepararlos. Finalmente, como no podía ser de otra manera, opté por aquella receta que más se parecía a la que recordaba de mi madre, si no era la misma. La más sencilla. Y sí, me recordaron mucho a los que ella elaboraba. Para el próximo año, estoy convencido que volverán a la mesa junto a las torrijas. Ya lo creo.

Ingredientes: 170 gramos de harina de trigo, 4 huevos, ¼ de litro de leche, 3 gramos de levadura, 50 gramos de mantequilla, una pizca de sal, ralladura de limón, azúcar y aceite de oliva virgen extra.

Elaboración: Verter en un cazo la leche, la mantequilla, la ralladura de limón y una pizca de sal, y llevar a ebullición. Retirar la ralladura de limón y añadir la harina mezclada con la levadura. Remover hasta conseguir una masa espesa. Retirar el cazo del fuego y dejar reposar por espacio de 5 minutos. Añadir los huevos de uno en uno, removiendo la masa continuamente. Cuando la masa la observemos homogénea, dejarla reposar durante una media hora. Calentar abundante aceite en una sartén. Formar bolas con la masa y freír. Según están fritos los buñuelos, depositar sobre una bandeja con papel absorbente de cocina. Todavía calientes, rebozar en azúcar y listos para servir.

 

 






01668 A Fuerza de Admirar

 UN EXCITANTE MOMENTO


A fuerza de admirar,
la arena aprendió
de la belleza de las olas.

Fue un instante,
un excitante momento,
cuando la arena,
en su empeño,
supo lo que era ser ola.


01667 La Melanzane alla Parmigiana

 ¡QUÉ PLATAZO!


Ya he dejado claro en entradas precedentes mi pasión por la berenjena. Menos cruda, misión imposible, me gusta de cualquier manera.

Por regla general, en este caleidoscopio vital intento que todas las recetas que me gustan vayan ligadas a un recuerdo o anécdota. En esta ocasión, se trata de la melanzane alla parmigiana; un plato típico de Nápoles y de la Italia meridional. En síntesis, es como una lasaña hecha de berenjenas, queso rallado y salsa de tomate.

El caso es que, recientemente, mi familia realizó un viaje de cinco días a Roma. Yo no fui por mi pavor a volar. Sí, ya sé que me estoy perdiendo muchas cosas, pero no termino por superar esta fobia. Quizás algún día. 

Me quedé cinco días con mi inseparable compañero perruno Humphry y el frigorífico lleno de comida que me dejó preparada Gloria para que no tuviera que hacer nada. Y cuando digo lleno, no es una forma de hablar; podría haber invitado a todo el vecindario. Entre otras cosas, me provisionó con una fuente enorme de melanzane alla parmigiana, berenjena a la parmesana. Debió pensar que con este cocinado, me sentiría un poco parte de la expedición romana. ¡Qué platazo! No eché de menos el viaje, pero sí que deseaba que llegara la hora de comer, algo que ya ha pasado a la historia, para deleitarme con esta exquisitez. ¡Excepcional! Huelga decir, que no tuve valor de acabar con todo lo que Gloria me dejó para sus días de ausencia.

Ingredientes para 4 personas: 3 berenjenas, 600 gramos de tomate, 2 dientes de ajo, 150 gramos de queso parmesano, aceite de oliva virgen extra, orégano, albahaca y sal. 

Elaboración: Cortar las berenjenas longitudinalmente y sazonar. Pelar los tomates y cortarlos en cuadraditos. Picar los ajos y sofreír en una sartén con un poco de aceite de oliva. Añadir los tomates, sazonar y sofreír durante unos diez minutos. En una sartén con un poco de aceite de oliva, pasar las lonchas de berenjena hasta que se hagan un poco e ir colocándolas en una fuente de horno. Sobre las láminas de berenjena, añadir una capa de sofrito de tomate, orégano, unas hojas de albahaca y espolvorear queso parmesano. Repetir esta operación hasta acabar con las berenjenas. Finalizar con una capa de tomate y espolvorear con abundante queso. Precalentar el horno a 180 grados centígrados y hornear durante unos veinte minutos o hasta que observemos la cubierta dorada. Servir caliente.






01666 Feliz Reencuentro

 PINCELES Y PINTURAS


Mi relación con los pinceles y las pinturas me produce bienestar. Consiguen regalarme ese equilibrio tan necesario para afrontar los días. No hay pretensión alguna en mis cuadros, salvo mi propio recreo. Ni demostrar, ni demostrarme. Simplemente, disfrutar, mezclar colores y aprender cada día.

Hace unos años abandoné esta hermosa terapia. Estuve un lustro apartado de los lienzos. Eché en falta esta actividad, al igual que los días que no junto letras, por no decir escribir. Todo tiene su fecha de caducidad, hasta el abandono. Hace dos veranos, en una mañana en la que el huerto me dio un respiro, me reencontré con los pinceles. Solo el olor de las pinturas al óleo y el disolvente, me devolvieron la ilusión. No sabía qué iba a pintar. Solo quería retomar la afición. Tras varios trazos apareció un trocito de mis felices veranos en Somo. Fue un feliz reencuentro. Le prometí que nunca más volvería a suceder.


01665 El Arroz Negro con Sepia y Berberechos

 PARA VARIAR (IRONÍA)


No sé si pasará en muchos hogares, pero en casa, en materia gastronómica, cuando cogemos un carril es que no hay manera de apearnos. Un ejemplo, el arroz negro en cualquiera de sus modalidades. El motivo, se desconoce.

Hasta hace no mucho tiempo, no había sábado o domingo que no nos sentáramos a la mesa en torno a un arroz con mejillones. Resulta fácil de preparar, además de sabroso y rápido de cocinar. Así estuvimos varios meses, hasta que de repente, y sin saber el motivo, el amarillo condimento se tornó en negra tinta de calamar. Igual es que nos hemos contagiado del panorama social y político que nos ha tocado vivir. Yo qué sé. El caso es que raro es el fin de semana que no nos acompaña un arroz negro con algo. Es fin de semana, y para variar, se nos anuncia un arroz negro. En esta ocasión, había en el supermercado unos magníficos ejemplares de berberechos y además, estaban a buen precio. La ocasión la pintaban calva. No había mucho que pensar: para comer, arroz negro con sepia, que es lo que estaba previsto, con berberechos. A mí ya me estaba bien, aun siendo novedad. Los berberechos han sido un plus bien interesante, pues le han aportado al arroz un delicioso sabor a mar, como a mí me gusta. Lo he disfrutado y hasta he repetido, cosa inhabitual en mí en los últimos tiempos.

Ingredientes para 4 personas: 1 taza de arroz por persona y una más de propina, 1 kilo de berberechos, 500 gramos de sepia, 2 bolsitas de tinta de calamar, 1 pimiento verde, 2 dientes de ajo, pimentón, caldo de pescado y sal.

Elaboración: Hacer un sofrito con los ajos y el pimiento bien troceado. A continuación, añadir la sepia troceada y cocina durante unos cinco minutos. En una cazuela, abrir los berberechos al vapor y reservar. Incorporar el arroz al sofrito con la sepia y remover durante un par de minutos. Incorporar el caldo de pescado, así como el de los berberechos, los sobres de tinta, el pimentón y la sal. Dejar cocinar hasta que el arroz esté al punto. Dejar reposar durante de cinco a diez minutos. Servir en los platos y coronar con los berberechos. Acompañar con un alioli.