lunes, 30 de diciembre de 2024

01559 Eterno Agradecimiento

 POR DEVOLVERME A LA VIDA


Dos imágenes. Idéntico escenario. Solo seis meses las separan. Es curioso comprobar, cómo en tan poco espacio de tiempo, cambian tanto las cosas. Los caprichos de la sin razón humana miden sus tiempos en décimas de segundo. La naturaleza, por aquel entonces, llamaba a la vida y a su renovación. En los preliminares de la primavera, “alguien”, de forma brutal y egoísta, quiso que cambiara por completo mi vida, y donde había luz, apareció la oscuridad, la desconfianza y la desolación. Pasaron seis meses entre una y otra imagen. En la primera había luz, y en mí, miedos, muchos miedos. Medio año más tarde, cuando el otoño comenzó a desnudar a la naturaleza, me volví, contra todo pronóstico, a sentir vivo. Y en lugar de temer a mis miedos, dialogué con ellos. Hacía seis meses, otro "alguien", esta vez bondadoso, confió en mí. Creyó en mi eterna primavera. Llegó el otoño, y como en la segunda imagen, también yo me desnudé para decir, simplemente, gracias por devolverme a la vida.


01558 Mañana de Domingo

 ESPONTÁNEO DESTINO


Así, tal se ven y se sufren las cosas del día a día, se tornan grandes las cosas sencillas. Una improvisada mañana de domingo y un espontáneo destino. Recuerdos de infancia, como en su día lo serán de mis hijas. Un paseo de la mano sobre el crujir de las ya cansadas bellotas. Y el espíritu con el ánimo se congracian y se abrazan. El paisaje es humilde, natural y hermoso. Olvido la plomiza pesadez de los días y de sus reiterados e indeseables acontecimientos. Cada rincón es una pintura, y en su conjunto, un museo de la naturaleza. Regreso a casa feliz.  


01557 El Cartero de Neruda

 ANTONIO SKÁRMETA


En los últimos meses estoy volviendo a leer libros que en su día me cautivaron. Me apetece meterme de nuevo entre sus páginas. Es el caso que traigo en esta ocasión hasta este caleidoscopio vital: “El cartero de Neruda”, del chileno Antonio Skármeta. Lo acabo de releer hace escasos minutos y, al igual que la primera vez que lo sentí, allá por finales de los ochenta del siglo pasado, lo he disfrutado de un tirón, con algunas breves interrupciones, cuyos motivos obviaré.

Su lectura me entusiasmó hace más de treinta años y ahora lo ha vuelto a conseguir. Se trata de una pequeña novela llena de ternura, que versa sobre el amor, la amistad y que rezuma poesía a lo largo de toda la obra. Algo natural si Neruda está de por medio.

La historia es muy sencilla, como sencilla es la novela Skármeta. Una sencillez plena de matices, interpretaciones y sensibilidad. Toda la novela es un homenaje a la poesía, en la que un joven de 17 años es contratado, al disponer de una bicicleta, para llevar a Isla Negra las cartas que Neruda recibe a diario. Mario, que así se llama el joven cartero, a través de sus conversaciones con el vate chileno, acaba adorando al poeta, además de utilizar su poesía para conquistar a su amada. Pero también la novela recoge una historia amarga; el proceso histórico que lleva del régimen de Allende a la dictadura de Pinochet. La novela se inicia en 1969, y llega hasta los días del golpe militar y la muerte de Neruda, 11 y 23 de septiembre de 1973, respectivamente.

Según cuenta Skármeta en el prólogo del libro cuando escribió esta novela, “… trabajaba yo como redactor cultural de un diario de quinta categoría. La sección a mi cargo se guiaba por el concepto de arte del director, quien ufano de sus amistades en el ambiente, me obligaba a incurrir en entrevistas a vedettes de compañías frívolas, reseñas de libros escritos por ex detectives, notas a circos ambulantes o alabanzas desmedidas al hit de la semana que pudiera pergeñar cualquier hijo de vecino”. El director del rotativo le encargó que asaltara “la paz costeña del poeta Pablo Neruda, y a través de entrevistas con él, lograr para los depravados lectores de nuestro pasquín algo así, palabras de mi director, `como la geografía erótica del poeta’. En buenas cuentas, y en chileno, hacerle hablar del modo más gráfico posible sobre las mujeres que se había tirado”.

Skármeta se hospedó en la hostería de isla Negra, y aunque no consiguió el encargo encomendado, conocería a los personajes de su preciada novela, que llegaría a publicar en 1985 bajo el título de “Ardiente paciencia”, y que no era otro trabajo, que el desarrollo del guion de la película homónima que el escritor había estrenado en 1983. En 1994, Michel Radford la llevaría a la gran pantalla con el título de “Il Postino” (El cartero), con la participación de Philippe Noiret, María Grazia Cucinotta y Massimo Troisi, escritor y protagonista, que pospuso una cirugía cardíaca para poder terminar la filmación. Un día después de terminar la película sufrió un infarto cardíaco que le causó la muerte. Fue nominado póstumamente al Óscar al mejor actor. Si tanto la novela como la película original se localiza en la localidad chilena de Isla Negra y en torno a la década de 1970, “Il Postino” traslada la acción a la isla italiana de Salina en la década de 1950. Después del éxito de la película de Radford, la novela, por razones comerciales, pasó a llamarse El cartero de Neruda.

La película fue galardonada con más de 25 premios internacionales y recibió cinco nominaciones al Óscar, incluyendo a Mejor película, convirtiéndola en la quinta película de habla no inglesa en conseguir dicha nominación. Finalmente, obtendría una estatuilla en la categoría de mejor banda sonora.

En cuanto acabe de publicar en el blog esta entrada, me pondré a ver por tercera vez la película “Il Postino”. Me apetece disfrutar de nuevo con su historia. Seguro que seguiré encontrando nuevos matices.




lunes, 28 de octubre de 2024

01556 No Llevarse a Engaño

LA BELLEZA NO SIEMPRE ES VISIBLE


No llevarse a engaño.

La belleza no siempre es visible.

Muchas veces está oculta a los ojos,
que no saben de detalles.

Otras, pasa desapercibida,
como los días a los que no se les atiende.

La belleza no siempre salta a la vista.

Los ojos y el corazón
tienen que estar siempre atentos para encontrarla.




01555 El Osobuco

ESTOFADO CON ROBELLONES


Me apetece guarecerme en la cocina e impregnarme de algún olor familiar. Bueno, más que una apetencia, se trata de una necesidad. Desconozco el motivo, pero me he levantado con esa idea. Llegado a este punto, lo acostumbrado sería acudir al recetario que fui aprendiendo de mi madre. Quedan pocas recetas ya que traer hasta este caleidoscopio vital. Así, que he acudido a otra de mis fuentes de sabor e inspiración familiar; la de mi hermano Antonio.

Sus recetas las tengo recopiladas en una carpeta en folios y papeles. Hace tiempo que quiero pasarlas a un cuaderno, como hice con las de mi madre, pero no encuentro nunca el momento. Me lo apunto en mi larga lista de pendientes que no urgen. He comenzado a pasar papeles hasta que me he detenido en una receta para mí muy especial. Entre otras cosas, porque la primera vez que probé este manjar fue a través de uno de sus guisos. Lo recuerdo como algo excepcional. Me estoy refiriendo al estofado de osobuco con robellones.

A mí, que me encantan los guisos y la cocina sin tiempo ni prisas, me pareció un señor plato, de los de toma pan y moja. Nunca mejor dicho. La melosidad de la carne, la salsa y el acompañamiento de los robellones son de auténtico bodegón y homenaje al buen sabor. He tomado nota de los ingredientes necesarios y me he ido a la calle para hacer acopio de ellos.

De regreso en casa, y antes de ponerme manos a la obra, me he servido una copa de vino. No acostumbro a cocinar con una copa de vino al lado, pero la ocasión, así lo requería. He bebido un pequeño sorbo, alzado la copa y brindado por mi querido y añorado hermano. Con todos los ingredientes a la vista, he comenzado a impregnar la cocina de ese olor familiar que necesitaba.

Ingredientes para 6 personas: 4 piezas de osobuco, 3 zanahorias, 2 cebollas, 4 dientes de ajo, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 250 gramos de  robellones, 500 ml de caldo de carne, 50 ml de vino de Jerez, 2 hojas de laurel, aceite de oliva, harina, sal y pimienta.

Elaboración: Enharinar los trozos de osobuco, salpimentar, dorar en una sartén y reservar. En una olla, dorar la cebolla y el resto de hortalizas en trocitos muy pequeños. Añadir el vino y cocinar hasta que se evapore el alcohol. Incorporar la carne con el laurel y los ajos. Verter el caldo de carne, en cantidad suficiente que cubra todos los ingredientes. Cocer a fuego medio/alto hasta que observemos que la carne esté tierna. Mientras tanto, saltear los robellones en una sartén con un poco de aceite de oliva y un diente de ajo muy picado. Cuando la carne vaya a estar a punto, incorporar los robellones al estofado y cocinar durante unos cinco minutos más. Servir caliente.

El nombre de osobuco, ossobuco, proviene del idioma italiano y significa “hueso hueco”, “osso” hueso, “buco” hueco. Se trata de un corte longitudinal de carne, que va desde la pantorrilla hasta la corva de la vaca o ternera, pero sin llegar a ser una pieza totalmente cilíndrica. Su grosor se estrecha en la parte inferior y se ensancha en la parte superior. Es una pieza muy gelatinosa, perfecta para asados.  Este corte de carne también es conocido como morcillo, zancarrón o jarrete.




01554 Un Lugar Donde Soñar

HABLANDO CON LOS SUEÑOS


Los sueños parecen no tener cobijo ya. Buscan lugares donde guarecerse, crecer y reconfortarse. Todo parece estar ocupado por el engaño, la mentira y el odio, me dicen. No tenemos cabida. Y sonrío. Sonrío por no llorar. Anoche les dije que mirasen en el mar, porque seguro que, en la orilla o en el ataviado horizonte, siempre hay un espacio para soñar.




01553 Los Jurelillos Fritos

 SANO PESCADO AZUL


El pez que traigo a este caleidoscopio vital lo vengo consumiendo habitualmente en conserva. Me encanta tenerlo presente en mis variopintas ensaladas. No hace mucho tiempo lo pude degustar a modo de pescadito frito. Me gustó y sorprendió.

El jurelillo, conocido también como chicharro, txitxarro o escribano, es un pescado azul rico en ácidos poliinsaturados muy saludables para nuestro organismo. De fácil digestión, es un alimento que aporta proteínas de alto valor biológico, similares a las del huevo o la carne, además de aportar vitaminas y minerales como el magnesio, hierro, yodo y calcio.

Se trata de un pez gregario, que recala periódicamente en nuestras costas. Los más adultos acostumbran a encontrarse a unas millas mar adentro, mientras que los más jóvenes, sobre todo en verano, pasan mucho tiempo al resguardo de las bahías y los muelles.

El nombre de Jurel procede del mozárabe, surel, y este, del latín, saurus, lagarto, y antiguamente, en la actualidad las cosas han cambiado, se consideraba comida de pobres. Leo que “la puesta de huevos se realiza en la superficie y es de más de 120.000 huevos de 1mm de diámetro. Los huevos dan a larvas que al nacer tienen un tamaño de 2.5mm de longitud y que adquieren rápidamente la forma de pequeños chicharros”. Las crías de este pez sobreviven con facilidad, ya que durante la mayor parte de la primera fase de sus vidas viven al refugio de los tentáculos de las medusas.