martes, 9 de febrero de 2016

00222 Juntar Palabras

JUNTAPALABRAS



He regresado al erial de mis recuerdos. Quizás encuentre sobre la tierra dormida, debajo de la hierba endeble o en algún lugar esparcido, el punto y seguido que olvidé por perseguir tanta arana. No es fácil comenzar de nuevo. Se hace necesario tener siempre un inicio. Por si acaso, por si mañana, por si un capricho, porque me da la gana.

El poeta lloró su desventura y sus conjuntos. Y allí se quedaron todas las lágrimas. En un verso, en un lamento. Mientras tanto seguiré buscando en el paraíso olvidado, en el  vergel de los sueños, alguno que todavía no esté maltratado.

lunes, 8 de febrero de 2016

00221 Las Mini Hamburguesas de Salmorrejo

SORPRENDENTE

La gastronomía es un continuo saco de sorpresas. Donde menos te lo esperas, surge una nueva emoción. Esto es lo que me ocurrió recientemente en el último Concurso de Tapas de Huesca en el que tuve el privilegio de participar como miembro del jurado.

Durante esos días me encontré con propuestas interesantes, novedosas, algunas arriesgadas y otras para salir dignamente del paso.  Pero hubo una en particular que literalmente me emocionó. Cuando la probé fue como meterme en la boca, en un sólo golpe, toda mi infancia allá en Alcalá de Gurrea, mi adolescencia en casa de mi madre y mi presente cuando Gloria decide hacer un alto en la dieta. En un pequeño bocado se congregaron todos los sabores de la matacía antigua y del actual capricho censurado. Visualicé por un momento la vieja tinaja de la abuela Genoveva de donde sacaba el lomo perpetuado en aceite y la cazuela de barro de mi madre que abandonaba la despensa donde se guardaba para incorporarse a la fiesta y al festín. Me resultó curioso comprobar cómo esas viejas cocinas casi olvidadas se volvían casi presentes,  no exentas de gratificantes recuerdos, a través de un mordisco traído del ayer. No se veían, pero allí estaban en perfecta armonía, el lomo, la torteta, la longaniza, la costilla de cerdo y la tortilla de trampa. Todas las viandas bien compinchadas para regalar al paladar y recordar a mi  particular imaginario un sabor de siempre, el del salmorrejo, en forma de mini hamburguesa.

Ese día era ya un poco tarde. Se podía decir que íbamos cerrando los establecimientos por los que teníamos que pasar a "evaluar" las propuestas presentadas a concurso. En el Bar La Corralaza, Nieves y Mamel recogían ya la agotadora pero gratificante jornada de trabajo. Con mis compañeros de jurado, Mariví y Jorge, apurábamos también la gratificante pero agotadora sesión de cata gastronómica. Al probar la mini hamburguesa de salmorrejo, los tres nos miramos para coincidir en señalar la bondad y originalidad de la tapa.

Por ese final del mes de noviembre iba buscando, como en los últimos años, la tapa que presentar al concurso familiar de tapas de Noche Vieja. Hace algunos años decidimos celebrar la noche más vieja del año con las tapas aportadas por cada asistente y que cada año crece en número pues la gente menuda se va incorporando a esta ya tradición. Este último año superaba la veintena el número de apetitosas y curradas tapas. 

Tenía alguna idea pero no me acababa de convencer. Al probar la mini hamburguesa, todas mis dudas se disiparon. ¡Esta era mi tapa! Sólo me quedaba preguntar por su elaboración. De ella me participó con todo lujo de detalles, Nieves. Del pan me informó Manel. 


Comenzó Nieves diciéndome que era tan sencilla como laboriosa. La receta del salmorrejo, la que siempre había hecho su madre. Mejor de un día para otro. Y a partir de aquí, desmenuzar todos los ingredientes y preparar una masa como si se fueran a hacer albóndigas. Dar forma a  pequeñas hamburguesas, pasarlas por harina y  freír. Y mientras esto decía, a su permanente sonrisa se le unían unos iluminados y emocionados ojos, me imagino que en recuerdo de los buenos momentos de esa cocina familiar.


Y así lo hice. O mejor dicho, hicimos. Gloria fue la encargada de cocinar el salmorrejo y yo de desmenuzar, dar forma y freír. Tengo más paciencia.

El resultado fue tan espectacular como los recuerdos que acudieron a mi memoria. La gastronomía es un saco de sorpresas y más, si viene revestida del ayer. Gracias a Nieves y a Mamel por compartir esta pequeña emoción.

Ingredientes para 20 mini hamburguesas: 8 filetes de cinta de lomo de cerdo, 1/2 longaniza semi curada de Graus, 2 tortetas, 1/2 Kgr. de costilla de cerdo, 4 huevos, pan del día anterior, sal, aceite, perejil,  2 ajos,  2 cucharadas de harina y dos vasos de agua.

Elaboración del Salmorrejo: Poner aceite en una cazuela y freír el lomo, la torteta, la longaniza y la costilla. (Aconsejable cada producto por separado). Retirar y reservar. Echar en el mismo aceite los ajos picados y un poco de perejil. Cuando estén un poco dorados, añadir las dos cucharadas de harina y remover hasta que también se dore. Echamos a continuación un vaso de agua y dejamos que espese ligeramente la salsa. Una vez ligados los ajos y el perejil con la harina, añadimos los filetes de lomo, la torteta, la longaniza y  la costilla de cerdo y el segundo vaso de agua. Dejamos que cueza a fuego lento. Desmigamos el pan que lo uniremos a los dos huevos batidos para hacer una tortilla falsa redonda. Esta tortilla la depositaremos en la cazuela sobre los alimentos ya mencionados unos minutos antes de terminar la cocción. El tiempo suficiente para que se empape.

Elaboración de las mini hamburguesas: Picar muy fino todos los ingredientes del salmorrejo. Realizada esta operación añadiremos dos huevos y removeremos hasta que quede bien ligado. Tomaremos trocitos de la masa resultante para darles la forma de una hamburguesa que pasaremos por harina antes de freír.

El pan donde introducir la mini hamburguesa, cuanto más ligero, mejor. A vuestra elección.












domingo, 7 de febrero de 2016

00220 El Merendero de Oliván

PASEO Y RECREO



Fin de trayecto. Es tiempo de recuperar fuerzas. Comida de fiambrera, de empanados y tortilla de patatas. Momento para  recuperar olvidados juegos infantiles en un espacio amigo: marro, el pañuelo, balón parado, a cortar el hilo... La chiquillería se entretiene; los mayores se empeñan en querer arreglar lo que parece tiene difícil apaño.

El ambiente es fresco entre tanta arboleda. Los rayos de sol intentan hacerse un hueco entre los robustos árboles ajenos a ladridos, gritos y chanzas. El tiempo pasa despacio, tan lento que da la impresión que ni pasa. Tampoco se le echa en falta. Un, dos, tres, al escondite inglés. Veo, veo, ¿qué ves?  Es hora de regresar a casa con el recuerdo de una grata jornada.

En dirección a la pequeña localidad de Oliván se encuentra este merendero de uso público donde los niños pueden jugar sin peligro alguno. Ya en Oliván, podemos disfrutar de llamativos ejemplos de arquitectura popular como las casas de Aínsa, Colorao, Chuan y Azón. Su iglesia parroquial dedicada a San Martín, del siglo XI, es una de las más bellas de todas las que forman la atractiva ruta del Serrablo. En las inmediaciones de la localidad se levantan los restos del antiguo molino de agua, elemento etnográfico que nos habla del modo de vida de la población en épocas pasadas.






jueves, 4 de febrero de 2016

00219 La Tortilla

EL SOCORRO DE LA COCINA

Pregunta: ¿Qué puedo cenar? Respuesta: Lo que quieras. Observación: No tengo mucha hambre. Contundente: Pues tómate una tortilla.

¿Cuántas veces hemos sido testigos de esta aproximada situación? Respuesta: Infinidad. ¿Y en cuántas ocasiones la tortilla nos ha sacado de algún apuro o imprevisto? Respuesta: Tantas como apuros e imprevistos hayamos tenido.  Y es que por algo a esta humilde presentación del huevo le llaman el "socorro de la cocina".

El huevo batido para la elaboración en tortilla admite, además de su exclusiva y solitaria presentación, variedad de alimentos. Se me ocurren en estos momentos y sin pararme a pensar, los siguientes: atún, chorizo, bacon, queso, gambas, jamón, chistorra, alcachofas, pimientos, berenjenas, bacalao, patata (aunque esta tiene entrada de blog aparte), jamón cocido, anchoas, calabacín, ajos tiernos, champiñones, espárragos, longaniza... e incluso, la combinación de alguno de ellos en la misma tortilla. Todas me gustan, si bien tengo cierta predilección por las vegetales. Alimento que veo varios días esperando su hora en la nevera, alimento que acaba habitualmente consumido en tortilla. Algo así sucedió con las berenjenas y pimientos que ilustran esta entrada.

Por cierto, nunca me he preguntado sobre el origen de la tortilla francesa. Lo acabo de hacer ahora y es curioso. Según acabo de leer, de francesa no tiene nada más que el nombre ya que su origen es andaluz. Los historiadores siempre han considerado que habría sido un alimento que ha acompañado al ser humano desde hace innumerables siglos. Como tortilla francesa se conoce desde hace un par de siglos y fue en Cádiz, durante la Guerra de la Independencia, dónde se le empezó a llamar así. El asedio de los galos a las localidades de San Fernando y Cádiz provocó la escasez de alimentos y de materia prima para cocinar. En las casas donde había gallinas, la tortilla sin ningún ingrediente extra fue la mejor solución para muchos durante aquellos años y para los siguientes, que aún cuando no había bloqueo, sí una gran crisis que impedía el acceso a ciertos alimentos. Fue entonces cuando la gente empezó a referirse a las tortillas como "las de cuando los franceses".

00218 Las Palabras

CERCANAS, CUERDAS, SINCERAS

Será por deformación profesional después de treinta años dedicado a la radiodifusión, a la radio, que tenga cierta debilidad por la palabra. Voz y palabra han ido estrechamente unidas a mí hasta el punto de convertirse en mi segunda piel, en mi dermis adoptada. Es por aquí por donde se tamizan una buena parte de las sensaciones y emociones que me hacen estremecer.

Me gusta la palabra bien pronunciada, cercana, cuerda y sincera. La palabra que sana el desaliento y cubre de armonía cualquier desvelo. Aquella palabra que dicta el corazón a golpe de latido y que se acentúa con la mirada. Me gusta la palabra que pide y acepta el perdón, la que corrige el error aunque sea a destiempo.

Palabras de aire y espuma en días sin sombras. Palabras desnudas de artificios, descalzas de atributos, huérfanas de desatinos. Una palabra tuya bastará para alegrarme, una palabra vuestra bastará para congraciarme con un mundo que a veces me parece extraño y ajeno.

Quiero palabras sin acertijo, de recorrido brillante que besen la mejilla. Sin sorpresas, salvo la que traiga la emoción pronunciada. Huyo de las palabras de los charlatanes mediatizados. Esas no. No las quiero. Tampoco las de halago trasnochado. Quiero palabras de regreso y encuentro. Palabras que no adviertan ni avisen, sólo las que observen y mediten. Palabras de instante y generoso contenido.  Palabras de fácil anclaje en tanta confusión mal aprovechada.

Fluir, vivir, sentir, aprender, deslumbrar con la palabra. No disimulo labor más apreciada








miércoles, 3 de febrero de 2016

00217 Casa Gervasio de Alquézar

EL REENCUENTRO


Hacía muchos años que no me sentaba a la mesa del Restaurante Casa Gervasio de Alquézar. Si la memoria no me falla, tendría que remontarme a un día de Año Nuevo del siglo pasado. Se pagaba en pesetas; 1.000 para ser exactos. Habíamos pasado el fin de año en unos apartamentos de la hermosa villa altoaragonesa. Mi madre todavía estaba entre nosotros.

Casa Gervasio era por aquel entonces un icono de la gastronomía de la pequeña localidad que vivía con inquietud el presente, aunque esperanzada por el incipiente turismo que comenzaba a recalar con el reclamo del descenso de cañones por el río Vero bajo la majestuosa y vigilante Colegiata. Por aquellos años, un amigo montisonense solía decir que si no habías comido en Casa Gervasio, no habías estado en Alquézar.

Recuerdo un restaurante austero en la decoración y de amplias mesas. Al comedor se accedía por unas escaleras. No había que pedir. Sólo había que mentar el número de comensales y a partir de aquí, Doña Maribel, genio y figura de la casa, empezaba a sacar comida como si no hubiese un mañana. Primero, una fuente de canelones fritos, una auténtica especialidad. A continuación, una fuente de jamón y otra de queso que no dejaban ver el color del recipiente. Se continuaba con una sopera de alubias a la izquierda y otra de garbanzos a la derecha, o al revés. Eso sí, sin miramientos. Llegaba el turno de la carne. A un lado, costillas a la brasa con patatas y al otro, pierna de cordero guisada. Y cuando ya los ojos se te escapaban de las órbitas, se oía la voz de Doña Maribel, "sobre todo, no os marchéis con hambre". Antes de finalizar la frase, dejaba, con horror por nuestra parte, una fuente de conejo guisado. La frugal comida finalizaba con unas almendras tostadas, unos coquitos, café de puchero y una botella de orujo.

Hace unas semanas,  y a petición de mi hermano Antonio que quiso celebrar su cumpleaños por la Sierra de Guara, recalamos a comer en Casa Gervasio. El negocio ha sido ampliado. Dispone de un pequeño hotel y de una atractiva terraza de verano. Al comedor se accede por las mismas escaleras que yo recordaba. Ahora la estancia tiene más luz, hay más mesas y unos cuadros cuelgan por las paredes antes desnudas. Algo han cambiado las cosas a como yo las recordaba aunque la esencia es la misma. El servicio está más adaptado a las exigencias de hoy en día y al menú antes descrito le han añadido otras especialidades.

Al igual que antaño no se pregunta "qué van a comer", sino "cuántos serán". Y a partir de aquí, un nuevo sin vivir. El festival gastronómico comienza con una Tabla Casa Gervasio que consiste en jamón de Teruel, paté casero, cecina de vaca, chorizo y secallona de Graus, y quesos de romero, ceniza y Radiquero. A continuación el canelón en tempura, -un canelón, a diferencia de la montaña de canelones de mi juventud, lo cual se agradece-, ajoarriero, una sopera de judías blancas y otra de garbanzos con sepia, excepcionales sendos, jarretes guisados, costillas a la brasa con patatas fritas caseras,  y de propina, y fuera de menú, porque sí, conejo guisado. El menú se cierra con postre, café, chupito, almendras y coquitos. Precio del menú, 25 euros, IVA incluido.Un menú sin trampa ni cartón; producto, producto y producto.

Como he dicho con anterioridad, algo han cambiado las cosas a como yo recordaba este singular establecimiento, pero sobre todo, algo hemos cambiado nosotros. O nuestra capacidad de ingerir. Me temo que ya no es la misma.

Me gustó que mi hermano Antonio eligiera para celebrar su cumpleaños la hermosa Sierra de Guara y que se declinara, también para recordar, Casa Gervasio. Fue un día de los de guardar en el corazón. Todavía caben.

Ya cuando nos íbamos del restaurante tuve la oportunidad de hablar unos minutos con Doña Maribel. Fue como si no hubiese pasado el tiempo. Estaba en la cocina preparando canelones. La encontré igual. Le indiqué que la última vez que había comido en su casa fue un día de Año Nuevo. Se acordaba. No de mí, sino de una familia que estuvo comiendo, hace muchos años, un primer día de año. Me confesó que en aquella ocasión no tenía pensado abrir sino comer con sus padres. Cuando le dijimos si podíamos comer ese día, cambió los planes por atender nuestra demanda. Me transmitió que en numerosas ocasiones lo había puesto de ejemplo y como enseñanza de cómo se debía llevar un negocio. Me comprometí a que no tardaría tanto en volver, y por supuesto, que no sería en Año Nuevo. Nos despedimos con un beso, una sonrisa y un hasta pronto.





















00216 Las Borrajas con Bacalao

ENREDANDO EN LA COCINA

Hoy es de esos días que estoy juguetón con el tiempo. Jugamos a saber quien es más vago y quien se hace mejor el despistado. Entre juego y juego a los dos se nos ha pasado la mañana en un suspiro. Tanto, que son cerca de las dos de la tarde y todavía no le he dedicado ni un pensamiento a la cocina. Estoy tan acostumbrado a trabajar bajo presión que ya no me incomoda. Además, como ya he comentado en alguna ocasión, me gusta improvisar en la cocina.

Descarto la comida pre cocinada. Sólo la contemplo en casos muy, muy extremos. Abro la nevera para ver con qué mimbres cuento. En primera línea y bien visible,  un recipiente hermético a rebosar de borrajas que limpié ayer. Y muy próximo, otro envase con dos hermosos lomos de bacalao. Borraja y bacalao comparten el mismo gusto por el ajo frito, así que manos a la obra.

La cocción de las borrajas llevará poco minutos. Es muy tierna. Mientras tanto freiré el bacalao con unos ajos y una guindilla. En media hora estará listo.

La mezcla de sabores es excepcional. Suave y sabroso. Se llevan bien. Prueba superada.

En cuanto a quien ganó el juego de saber quien es más vago y quien se hace mejor el de


spistado, la cosa quedó en tablas. Hemos quedado para otro día, igual mañana, para desempatar.