viernes, 14 de agosto de 2026

01770 De Manera Imprevista

 UN ANALGÉSICO NATURAL


La jornada no ha comenzado del todo bien. La convivencia, ese máster al que nos vemos obligados a estudiar cada día, no ha concordado con los apuntes recopilados. El calor, con lo que me gusta, empieza a hacerse bola en mis rutinas. El huerto, al que siempre acudo feliz y dispuesto a entregarlo todo, este año se me está haciendo muy, muy cuesta arriba. Las flores se agostan en las tomateras, las judías ni están ni se las esperan, algunas plantas han fenecido en el intento y no acabo de asear la parcela, a pesar de los cientos de viajes que he realizado llevando hierbas al contenedor. Y por si todo esto fuese poco, tengo un dolor de espalda y de rodillas, que no me tengo en pie. Sin contar con la hernia inguinal de la que me tengo que operar, pero que no encuentro el momento. Vamos, que hoy ha sido uno de esos días para olvidar. La suerte que tengo es que, a pesar de que a los días le salgan nudos, siempre encuentro algo que me ayude a desanudarlos. También hoy, de manera imprevista, como acostumbra a suceder, lo he hallado.. Me explicaré.

Con todo lo anteriormente dicho a cuestas, y cuando llevaba una decena de viajes realizados a un contenedor próximo al huerto con el carretillo lleno de hierbas, he estado a punto de tirar la toalla. No podía más. De hecho, he pensado en descargar la última carretada, recoger los bártulos y regresar a casa. Pero ha sido, justo al volver una esquina de la calle para dirigirme al contenedor de hierbas, cuando ha aparecido ante mis ojos una imagen espectacular, que ni la mejor IA podría regalarme. He dejado de caminar y me he separado de la carretilla, para embobarme me he quedado embobarme con una imagen de esas que atrapan. Con el teléfono he capturado varias instantáneas del mágico momento, aunque no hicieran del todo justicia a la imagen real y natural. He ido contemplando cómo el sol cambiaba de tonalidades entre una nube que parecía no querer compartirlo con nadie. Un paradójico contraluz al que han acudido muy pocas sombras.

Después de varios minutos de contemplación emocionada, he vuelto a mis quehaceres, olvidándome por completo de las fatigas, de los dolores, de la jornada y de que la carretilla que llevaba ya entre mis manos iba a ser la última. Es curioso cómo en un día torcido, una simple imagen puede llegar a enderezarlo. Ha sido un buen analgésico.

Cuando he regresado a casa y he leído la prensa digital, me he informado de que muy próximo al paraje donde había capturado las imágenes, se había producido un incendio, felizmente controlado. Alguien me ha hecho ver, que posiblemente las tonalidades observadas se debieran al humo y cenizas del incendio. Puede ser. Solo sé, que sigo mirando las imágenes y me siguen pareciendo, en su humildad, como un bálsamo, un antídoto contra el decaimiento.  






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