martes, 16 de junio de 2015

00058 La Cocina a Fuego Lento

CHUP, CHUP, CHUP...

Esta es la cocina que me gusta. La que huele a otras estancias y fogones y que recuperas de edades casi olvidadas. La aprendida de memoria y olfato cuando todavía había tiempo de memorizar y olfatear. La cocina con sabor a madre y a abuela vestidas con delantal y provecho. Y el puchero, y el caldero, y las cacerolas, la grande y la pequeña, según los comensales. Utensilios de cocina que eran, todavía son, uno más de la familia.

Me gusta la cocina al ralenti, con la que puedes hablar y a la que casi puedes escuchar. La que adquiere vida y movimiento conforme pasan los minutos y hasta las horas. La cocina que habla de hogar y de esperanzada espera.  Esa que por más que insistas y empeñes, nunca sabe igual. Porque aún siguiendo idéntico manual, algo suma o algo resta. Ni mejor ni peor, distinto. También aquí radica su grandeza.

Es la cocina de la cuchara por bandera, de larga mesa, de encuentro y reunión. Cocina generosa, nada ingrata a pesar de su tardanza. Cocina de mil pensamientos mientras se baña la carne, la legumbre, las verduras o todas juntas. Es una llamada a la fiesta de los paladares con sabor a misa de doce.

Mejor de un día para otro, y si algo queda, que lo dudo mucho, guardará la esencia de esa cocina tantas veces mirada, una y otra vez probada, y tantas veces motivada.

Complacer es su gran virtud.




lunes, 15 de junio de 2015

00057 Divisar Entre Árboles

FORMAS, FIGURAS Y ENTRETENIMIENTO


No siempre las piernas están dispuestas a caminar. En ocasiones, tampoco el ánimo. Es entonces cuando engañas a unas y otro para adentrarles, sin darles demasiadas pistas y como restando importancia, en parajes desconocidos con la única intención de jugar, de entretener el tiempo vacío.

El destino, cualquier paraje arbolado. No importa qué especie lo habite o su número de moradores. El único requisito, que los árboles y sus hojas dejen pasar la luz y permitan vislumbrar algún horizonte. Es suficiente.

Caminar despistado, lento y hasta inseguro. Mirada ausente, suelta, y cervicales perfectamente engrasadas. El espectáculo sensitivo y visual está preparado.

Confusión de líneas por cerrar. Algo parecido a un corazón, o quizás a una manzana. Un avión que viene o se va. Una esbelta figura de mujer, o ¿será de niña?. Un organizado desorden. Una maleta preparada para viajar. Un peine que busca cabellera qué peinar. Y entre tanto, nada. No parece nada. Es lo que es, un espacio entre dos ramas, el respiro entre árboles. Es lo que es, un sugerente paisaje deseoso de dejarse inmortalizar.

El tiempo pasa como era de esperar. El tiempo ha pasado sin enterar.




viernes, 12 de junio de 2015

00056 Los Días de Bruma

AMABLE INCOHERENCIA 

No sé si lo he dicho ya, pero soy más de luz y de sol que de oscuridades y días grises. Y aunque intento ser coherente con mis pensamientos y actos, no siempre lo consigo. La perfección no se ha fijado en mí, y  de vez en cuando, y hasta en los gustos, aparece algún que otro chirrido. Ejemplo, el caso que nos ocupa en esta entrada de blog.

¿Cómo gustándome los días de canícula pueden atraerme brumosos paisajes? Me lo he preguntado en más de alguna ocasión. Como dice una amiga, "entre tanto bocadillo de jamón, uno de chorizo pamplonica sienta fenomenal". Algo así debe ser.

El caso es que efectivamente, los días de bruma me atraen. Será por lo que tienen de enigmáticos, de solitario paisaje, de apagado silencio. Será porque la holgazana imaginación se pone a trabajar; no le queda más remedio. O por el especial olor del ambiente que lo invade todo.

En ocasiones, los días brumosos son un respiro, un alivio, un cambio de decorado para otra interpretación improvisada. Pocas huellas que contar y mucho que adivinar. El indefinido horizonte lucha su protagonismo entre formas desdibujadas. El pensamiento no encuentra fácil acomodo y el caminar se vuelve más delicado, más pausado, algo más meditado.

En un día cualquiera de bruma, nada parece estar,  pero todo se siente.





jueves, 11 de junio de 2015

00055 El Olivo

PAZ Y FERTILIDAD


Me gustan los árboles en general. Me resultan muy plásticos a la vista y despiertan mis emociones si están dormidas. Me siento muy cómodo en su contemplación. Poco a poco los iré trayendo a este "cuaderno vital".

Y como por alguno hay que empezar, lo haré con el olivo. También es cierto que es del que más imágenes he capturado en paseos y excursiones. Me resulta muy atractiva su fisonomía. Su tronco, sus raíces centenarias al descubiero son muy sugerentes, al igual que su historia.

El olivo es un árbol muy arraigado a la cultura mediterránea y aunque resulta, según he podido leer, muy difícil precisar la zona exacta donde se cultivó por vez primera, las investigaciones parecen sugerir que sus orígenes habría que buscarlos 4000 años AC en la antigua Mesopotamia. En monumentos egipcios es notoria su presencia y en la cultura judía está muy presente tanto el árbol como sus hojas, frutos y "néctar". La Antigua Atenas estuvo decorada con jardines donde el olivo fue la planta fundamental del ornamento; nadie podía cortarlos o herirlos sin sufrir sin sufrir la pena del destierro.

Fuente de inspiración de poetas, el olivo y los olivares son un espectáculo en sí. De los muchos poemas sobre el olivo, dejo aquí,
 para el recuerdo y deleite,  uno de Antonio Machado, cuasi aprendido en un aula cualquiera de mi infancia.

¡Viejos olivos sedientos 
bajo el claro sol del día, 
olivares polvorientos 
del campo de Andalucía! 
¡El campo andaluz, peinado 
por el sol canicular, 
de loma en loma rayado 
de olivar y de olivar! 
Son las tierras 
soleadas, 
anchas lomas, lueñes sierras 
de olivares recamadas. 
Mil senderos. Con sus machos, 
abrumados de capachos, 
van gañanes y arrieros. 
¡De la venta del camino 
a la puerta, soplan vino 
trabucaires bandoleros! 
¡Olivares y olivares 
de loma en loma prendidos 
cual bordados alamares! 
¡Olivares coloridos 
de una tarde anaranjada; 
olivares rebruñidos 
bajo la luna argentada! 
¡Olivares centellados 
en las tardes cenicientas, 
bajo los cielos preñados 
de tormentas!... 
Olivares, Dios os dé 
los eneros 
de aguaceros, 
los agostos de agua al pie, 
los vientos primaverales, 
vuestras flores racimadas; 
y las lluvias otoñales 
vuestras olivas moradas. 
Olivar, por cien caminos, 
tus olivitas irán 
caminando a cien molinos. 
Ya darán 
trabajo en las alquerías 
a gañanes y braceros, 
¡oh buenas frentes sombrías 
bajo los anchos sombreros!... 
¡Olivar y olivareros, 
bosque y raza, 
campo y plaza 
de los fieles al terruño 
y al arado y al molino, 
de los que muestran el puño 
al destino, 
los benditos labradores, 
los bandidos caballeros, 
los señores 
devotos y matuteros!... 
¡Ciudades y caseríos 
en la margen de los ríos, 
en los pliegues de la sierra!... 
¡Venga Dios a los hogares 
y a las almas de esta tierra 
de olivares y olivares!





miércoles, 10 de junio de 2015

00054 Imaginar

LA OTRA REALIDAD



Aunque no sea cierto, aunque la realidad, tozuda realidad, se empeñe en que no sea cierto. Me gusta imaginar. Inventar qué se esconde tras unos ventanales. Crear historias en una ciudad sin nombre que se adivina a lo lejos a través de unas luces que tilitan ante mis ojos.

Imaginar que es cierto, que todavía se puede aunque las cartas me digan todo lo contrario. Imaginar cómo seré, qué frontera cruzaré para descubrir otra vida imaginada. Imaginar en tono bajo de luz para que nadie me vea y no sepa que imagino. Me gusta imaginar porque todavía creo, porque aún tengo esperanza.

La imaginación es un antídoto contra la pesadumbre, contra la tozuda realidad. Imagino tules y disfraces, cánticos y palabras, etéreos paisajes de impronunciables nombres, voces que todavía creen en mí y manos que se acercan para abrazarme.

Imaginar es un cántico a mi libertad, un verso jalonado de locura y sensatez alocada. Un verbo acabado en ar,  igual que el de desear. Imaginar es visualizar un océano transparente o un alma en tres dimensiones; es apagar la luz y que el color ilumine toda la instancia. Imaginar es averiguar quien habita en la nube, de qué vive el deseo o qué fue de quien pisó tu última huella en la arena.


Es fácil imaginar.  Es gratificante imaginar. Es un incordio para la realidad.

martes, 9 de junio de 2015

00053 El Café

QUIZÁS EN DEMASÍA

Inseparable y mudo amigo de mañanas y deshoras. Se inicia el día. Uno, dos y hasta tres besos en estancias y pasillos. Uno, dos y hasta tres bostezos interrumpidos. Y comienza el ritual del despertar, de coger al día por los pies.

Olor, sabor, legaña y mucho en  qué  pensar. Cada día igual. Y te cuento y me recuerdo para no olvidar. Pero da igual. Como sucediera ayer, olvidaré. Y vuelta a empezar. Te dejas mirar, observar, saborear, y llegado el caso, hasta  dibujar un guiño o algo parecido a una sonrisa. Me robas tiempo, creo que mucho tiempo, demasiado tiempo. Pero se está también. Tu y yo, frente a frente, de arriba hacia abajo. O será a la inversa. ¡Qué más da! Tu, yo y el silencio, "rien va plus".

La costumbre, la reiteración y el mimetismo llegan a su fin aunque todavía quede mucho que murmurar entre dientes, que decir y sentir. Apuro el oscuro líquido con la tentación de repetir. El reloj, juez de todos los tiempos, recomienda que puede ser un error. Se acabó el placer y la confesión.

Habrá más encuentros. Solos o en compañía. Y volverás a ser testigo de una chanza, un cumplido, un aviso, diez esperas, cien recuerdos o un te quiero. Y te vestirás de nuevo para mí de agua o de hielo cuantas veces lo requiera.

Por favor, un americano con sacarina.






lunes, 8 de junio de 2015

00052 La Casita de Blancanieves

RETAZOS DE INFANCIAS COMPARTIDAS

Sin hallarte, te he buscado en cuentos aprendidos, en poesías escritas en el aire y en guijarros esparcidos al capricho. Y allí no estabas. Seguí explorando paisajes con agua por si te encontraba nadando.  Rincones ocultos donde a lo mejor dejaste caer  tus lágrimas. Exploré parajes de fiesta por si me conducían hasta tí tus risas. Y tampoco estabas.

Seguí rebuscando entre tu diario por si encontraba alguna pista. En la sombra de un olivo, en la polvorienta era, en el alejado olvido, en la arena haciendo un castillo. Tampoco, tampoco allí te encontrabas.

Y seguí buscando entre fotografías y cuadernos de caligrafía, entre estampas de colores y chapas de cera; entre peonzas y helados con sabor a chocolate y vainilla.

Investigué sobre tu paradero en la caja polvorienta de recuerdos y en los recuerdos de polvorienta memoria. Me lo temía. Allí tampoco estabas. Y seguí buscando, rebuscando, indagando, persiguiendo. Y al final, allí te encontrabas, tan pequeño y cercano. Sólo mirabas. Supongo que en algún momento también jugabas. Pero en ese instante, sólo mirabas. Igual también imaginabas, había tanto que fantasear.







Hoy a los ojos resulta pequeña.  Ayer se mostraba a esos mismos ojos como un palacio. Lo que hoy es real, ayer fue un misterio de brujas y princesas, de tules y espejos. Y te veo contando piedrecillas y arañando por el suelo tus rodillas. Y me miras. No me reconoces. He cambiado mucho. Yo ahora me acuerdo de tí. Te veo asomado a una diminuta ventana ahora cerrada. Eres como tantas veces he creído imaginarte. Y la vieja casita del parque, "La Casita de Blancanieves", continúa  almacenando infancias para devolverlas cuando alguien la reclame.