Me ha recordado, con reprimenda, los días de hacer campana y las salidas del instituto cuando quería alargar la mañana. Y he querido de nuevo ver a Esther, a Luis, a Blanca, a Víctor, a Celia, a Merche, a Paco y a tantos otros con los que vestí pantalón de elefante y chaqueta de pana. Queridos fueron como esta fuente que hoy me acompaña.
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domingo, 22 de octubre de 2017
00564 La Fuente del Ibón
FUENTE DE RECORDADA INOCENCIA
Algo pasa por mis adentros que últimamente me da por visitar lugares que en algún momento fueron escenarios vividos. Acudo, los paseo, los miro y remiro, me veo, recuerdo, me siento, busco, siento, actualizo y los vuelvo a guardar. Hoy, todo esto es lo que he puesto en práctica en la Fuente del Ibón del parque Miguel Servet de Huesca. No sé por qué hoy mis pies han querido dirigirse hasta aquí. Al contrario de otras ocasiones, esta vez no ha sido un acto premeditado. Sin darme cuenta, me he encontrado sentado frente a ella y ha empezado a hablarme.


Me ha recordado que fue punto de quedada en los fines de semana en la edad del despertar. Cuando se convirtió en el punto de encuentro esperado donde lanzar cómplices miradas, no siempre bien atendidas, y esperar que alguien recogiera sentimientos soñados. Lugar de confesión y donde compartir dudas, además de inocentes juegos de una juguetona inocencia. También duda la fuente si fue testigo de mi primer beso de aprendiz de enamorado. Intento averiguar con ella si fue aquí o en un lugar de frondoso arbolado.
Me ha recordado, con reprimenda, los días de hacer campana y las salidas del instituto cuando quería alargar la mañana. Y he querido de nuevo ver a Esther, a Luis, a Blanca, a Víctor, a Celia, a Merche, a Paco y a tantos otros con los que vestí pantalón de elefante y chaqueta de pana. Queridos fueron como esta fuente que hoy me acompaña.
Me ha recordado, con reprimenda, los días de hacer campana y las salidas del instituto cuando quería alargar la mañana. Y he querido de nuevo ver a Esther, a Luis, a Blanca, a Víctor, a Celia, a Merche, a Paco y a tantos otros con los que vestí pantalón de elefante y chaqueta de pana. Queridos fueron como esta fuente que hoy me acompaña.
lunes, 9 de octubre de 2017
00551 La Fuente de las Musas
LA FUENTE DE LA PLAZA DE NAVARRA
No sé si hay un oscense que entre sus fotografías infantiles no tenga una imagen con esta fuente de fondo. Al igual que tampoco creo que haya muchos visitantes que al pasar por la Plaza de Navarra no hayan inmortalizado su estancia en la ciudad al reclamo del agua y de las musas que se hacen compañía. Por cierto, que tampoco sé si hay muchos ciudadanos que la citen por su original nombre, "Fuente de la Musas", en favor de la popular "Fuente de la Plaza de Navarra".
La fuente, de las Musas o de la Plaza de Navarra, se ha ganado a pulso y también por ser un espacio céntrico, en un punto de referencia y de quedada acostumbrada en pequeña ciudad, a falta de renombrado establecimiento comercial de ubicada referencia. Testigo de encuentros para celebrar y donde vitorear, para predicar y pregonar, de manifestación y de reivindicación, de juegos infantiles, de conversaciones al sol y confesiones a la luna, de "capazos" interminables, de encuentros y despedidas, de caminares presurosos y también de fatiga. Si las musas hablaran, qué no dirían.

Una imagen que sale al paso a diario pero que sé poco de ella. Sé poco de nada. Sé que está allí y que su solo mirar me da confianza y algo de tranquilidad. Me dice que estoy en casa. De esta noche no pasa que me intereso por su causa.

La instalación de la fuente se debe gracias a la concesión de la traída de aguas del manantial de San Julián de Banzo a Huesca. Entró en funcionamiento el 10 de noviembre de 1885, si bien la pretensión del Ayuntamiento oscense fue inaugurarla en las fiestas de San Lorenzo de ese año. Un contratiempo ligado al transporte de los sillares desde las canteras de Bandaliés impidió el deseo del consistorio. La fuente, adquirida por catálogo, costó 6.500 pesetas y su origen se encuentra en un prototipo de fuente que la Fundición Durenne presentó en primicia en la Exposición Internacional de Londres de 1862, realizado a partir de un modelo del escultor y decorador francés Jean-Baptiste Jules Klagmann. Dicho prototipo fue adquirido por Daniel Ross, quien lo donó a la ciudad de Edimburgo. Durenne decidió introducir el prototipo en su catálogo de fuentes y producirlo en serie añadiéndoles una taza y cuatro esculturas de hipocampos montados por amazonas. Con el fin de llegar a más clientes decidió elaborar dos variantes más: una versión idéntica pero de menores dimensiones y una versión, también de menores dimensiones y simplificada, a la que corresponde la Fuente de las Musas. Las diferencias principales de esta fuente con respecto a la versión industrializada del prototipo son: el menor tamaño; la eliminación de la taza de fundición con hipocampos; la sustitución del coronamiento superior, formado por una figura femenina semidesnuda con una cornacupia, por un simple plato rematado por un surtidor; y la estilización de las proporciones generales de la fuente. Por lo demás, las distintas esculturas y elementos decorativos son los mismos que elaboró Klagmann para el prototipo presentado en 1862. El encargado del diseño de la taza y zócalo de la fuente y quien elaboró las condiciones facultativas para la construcción e instalación fue el arquitecto municipal Federico Villasante. La fuente fue objeto de restauración en los años 1996 y 2011.
Una imagen que sale al paso a diario pero que sé poco de ella. Sé poco de nada. Sé que está allí y que su solo mirar me da confianza y algo de tranquilidad. Me dice que estoy en casa. De esta noche no pasa que me intereso por su causa.
lunes, 9 de marzo de 2015
00025 La Fuente de Marcelo
HUMILDE Y SENCILLA
Así, tal se ven y se sufren las cosas del día a día, cuán grandes se tornan las cosas sencillas. Una improvisada mañana de domingo y un espontáneo destino. Recuerdos de infancia como en su día lo serán de nuestros hijos. Un paseo de la mano sobre el crujir de las ya cansadas bellotas. Y el espíritu con el ánimo se congracian y se dan la mano también.


El paisaje es humilde, natural y hermoso. Olvido la plomiza pesadez de las cosas y de los reiterados hechos indeseables. Cada rincón es una pintura y en su conjunto un museo de la naturaleza.
Pasa el tiempo, apenas tres meses, y vuelvo a visitarte. Me sugiere ahora tu plácido dormir, sin sobresaltos, al compás del dulce y casi imperceptible susurro del gélido manantial. Y aún en tu desnudez, desprovista de ornamentos, te adivino coqueta, atractiva y misteriosa.
Y pronuncio en silencio, "mirad dónde pisáis, no quebréis rama alguna que la pueda despertar. Que duerma, dejad que también sueñe. Que sea la primavera y sus prodigios quien la retorne a la vida".
Prometo regresar en otros tres y seis meses para dar el visto bueno a tu mudanza, para no olvidarme de tu placidez y volver a recordar los sonidos de la infancia con sabor a pan y chocolate.
Para los oscenses, huelga decir dónde está y cómo llegar hasta este paraje. Pero si por una casualidad alguien ajeno a la ciudad leyera este blog y le entrara la curiosidad por visitarlo, copio literal las indicaciones que se muestran en la página web del Ayuntamiento de Huesca: "Un estimulante paseo por las solitarias orillas del Isuela, donde la tranquilidad y la naturaleza son las únicas compañeras de excursión. En el Convento de las Miguelas parte el camino rural que enseguida se instala en la ribera del río. Remontando su curso entre sombreados restos del antiguo soto fluvial y bordeando campos de labor se alcanzan las praderas de Marcelo, después de haber superado los viaductos de la autovía. Bajo un multicolor parasol de temblones, chopos, acacias, quejigos... brotan borboteantes las incesantes aguas de sus manantiales. Unas fuentes recuperadas para sus visitantes más asiduos, varios bancos y mesas y un pequeño cobertizo de madera bajo el que guarecerse de unas inoportunas gotas o del sofocantes calor del verano adornan este lugar de recreo".
El paisaje es humilde, natural y hermoso. Olvido la plomiza pesadez de las cosas y de los reiterados hechos indeseables. Cada rincón es una pintura y en su conjunto un museo de la naturaleza.
Prometo regresar en otros tres y seis meses para dar el visto bueno a tu mudanza, para no olvidarme de tu placidez y volver a recordar los sonidos de la infancia con sabor a pan y chocolate.
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