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miércoles, 12 de abril de 2023

01104 Las Judías Verdes de Fiesta

 CON QUÉ POCO NOS CONFORMAMOS


Unas sencillas y siempre deliciosas judías verdes pueden convertirse, con tres retoques, en algo excepcional. Algo así debían pensar nuestras abuelas y madres cuando sacaban a la mesa estas judías tiernas que traigo hasta este caleidoscopio vital y que en muchos hogares se referían y refieren como “judías de fiesta”.

Hace unos pocos días las preparamos para comer en casa. Y claro, al verlas sobre la mesa, no pude dejar de recordar, una vez más, a mi madre. Efectivamente, si veías a doña Engracia en la cocina preparando unas judías verdes, acompañadas de unas patatas fritas cortadas a cuadraditos, mayonesa y un sofrito de tomate, cebolla y pimiento verde, es que era fiesta o alguien querido venía a comer a casa.

En su humildad “festiva” me parece un plato extraordinario, pleno de sabor y ahora, lleno de recuerdos. Hacía tiempo que no comía las judías de esta guisa y como antaño, me pareció algo excelso. Incluso disfruté de este plato como antes lo hacía. Es decir, una judía, una crujiente y dorada patata y una untadita en el sofrito o en la mayonesa. Y así, hasta dejar el plato limpio como una patena, y con la esperanza de que pronto fuera otra vez “fiesta”.

El otro día, mientras saboreaba los últimos bocados del plato, pensé en las grandes lecciones recibidas y heredadas de madres y abuelas. Y sonrío. “Judías de fiesta”, ya lo creo que sí. Con qué poco podemos llegar a conformarnos y ser felices. 










sábado, 7 de mayo de 2022

00981 Las Judías Verdes

 CON TOMATE CASERO


Reaparece la cocina que sabe a recuerdo. Lo hace de forma sencilla y humilde, aunque en su momento tuviera también algo de fiesta.

Cuando hago referencias a la cocina del recuerdo, un alto porcentaje de las ocasiones tiene que ver con los platos que preparaba mi madre. No puede ser de otra manera. Una cocina sencilla, sin demasiadas alharacas, lo que se llevaba por aquellos años. Pero con todo, deliciosa. Solo en contadas ocasiones y fechas muy señaladas, los platos se vestían casi de fiesta con algún cocinado inhabitual pero sin salirse en exceso del guion que imperaba. Digo esto y recuerdo con grata nostalgia lo que pedía para comer en mis santos y cumpleaños: canelones y pollo asado.

Uno de esos platos sencillos que se vestían de fiesta cuando salían a la mesa, consistía en unas simples judías verdes con patatas fritas cortadas a cuadraditos y un sofrito de tomate casero con cebolla. Me parecía por aquellos entonces y también ahora, una auténtica delicia, un manjar.

Siempre pensé, y me ratifico ahora, que una de las grandezas de esta plato tiene que ver con el tomate natural embotado en casa con los tomates recién cogidos del huerto. Mi madre siempre aprovechaba la llegada a casa de uno de estos botes, habitualmente gentileza de mi abuela o de mis tías, para hacer una de sus exquisitas especialidades. Y esta era una de ellas.

Pasarán los años y con ellos las modas, pero siempre prevalecerá en mi memoria la cocina que sabe a recuerdo.





miércoles, 8 de agosto de 2018

00773 Las Judías Verdes

JUDIETAS Y VAINAS


Ya tenía ganas de coger las primeras vainas del huerto, aunque de momento su recolección ha sido más bien escasa. Algo no habré hecho bien. No sé si las planté tarde, si notaron mi ausencia durante un par de semanas, si  las habré  regado poco, mucho... el caso es que me he quedado un poco con las ganas. Esperaré a ver qué pasa en la segunda floración.

Los ejotes, porotos verdes, vainicas, judietas o vainas, como también se le denomina a la judía verde, me resultan un bocado delicioso. De sabor y textura especial, sobre todo si son de calidad y cocinadas al vapor. Las disfruto. Y a partir de aquí, de cualquier manera. Solas con aceite, o con una simple picadita de ajo, en menestra, en ensalada, estofadas, con algún que otro alimento bien avenido... Algunas de mis recetas favoritas de judietas verdes están ya recogidas en este caleidoscopio vital.

Y hablando de vital, es la judía verde, tras la leche,  uno de los primeros alimentos que se incorporan a nuestra alimentación. Nuestro primer contacto con el mundo de los vegetales y las legumbres mediante nuestros primeros purés. Y es, como no, protagonista de las primeras peleas en torno al "no me gustan", "que te las comas". También protagonista y buen ayudante en el objetivo de perder peso, como lo es en las imágenes de recuerdos domésticos: Una cocina, las manos de una abuela o una madre y  unas verdes vainas despojadas de una fina hebra antes de ser introducidas en el agua hirviendo. Y como siempre, un olor inconfundible que delataba qué había para comer.

La buena fama generalizada de esta hortaliza por fuera y legumbre por dentro la tiene bien ganada. Las judías verdes tienen pocas calorías, con alto porcentaje de agua y apenas contienen grasa. Cuentan con un notable aporte en fibra y es rica sobre todo en vitamina C, vitaminas del grupo B. Ejercen un efecto muy positivo sobre los niveles de azúcar, regulan el colesterol y es un buen antioxidante, además de ser unas grandes aliadas contra la hipertensión y la eliminación del exceso de líquido en nuestro organismo.

Según la mayoría de los historiadores, las judías verdes proceden del continente americano y se incorporaron a la alimentación europea en el siglo XVI.