jueves, 27 de marzo de 2025

01645 Un Momento Preciso

 IRREPETIBLE


Ha sido en un momento preciso. He querido mejorar la imagen sin conseguirlo. He pretendido hacer otra fotografía, pero el momento preciso se había desvanecido.


miércoles, 26 de marzo de 2025

01644 Los Mejillones a las Finas Hierbas

 SENCILLOS Y RECURRENTES


Esta es la novena referencia que hago a tan delicioso molusco. Prueba de que me encantan los mejillones. Son muy agradecidos en la cocina, a tenor del buen número de recetas que existen en torno a ellos. Todas muy sencillas, recurrentes y sobre todo, riquísimas.

Hace escasas fechas, probé unos mejillones en un restaurante, para mí novedosos, que me entusiasmaron. Obedecían al nombre de "mejillones a las finas hierbas". Presté atención al aspecto que presentaban y a los sabores que me fueron llegando. Tomé nota y hoy es el día que los he reinterpretado en casa con bastante similitud a los consumidos en el restaurante. Me parecen una buena propuesta junto a un buen y fresco vino blanco, aunque en esta ocasión, han estado acompañados de una sidra. Y es que los mejillones, nunca dejan de sorprenderme.

Ingredientes: 1 kilo de mejillones, 1/2 vaso de vino blanco, 2 limones, romero, tomillo, pimienta blanca molida, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: Limpiar los mejillones. Introducir los moluscos en una cazuela amplia con un poco de agua, tapar la cazuela, y dejar en el fuego hasta que se abran. Sacar del fuego y reservar. En un cuenco, mezclar un par de cucharadas de aceite, el zumo de dos limones, el vino, una cucharada de romero y otra de tomillo, un poco de pimienta blanca molida y sal. Mezclar bien y verter sobre los mejillones. Cocinar a fuego medio durante unos diez minutos y servir. 





lunes, 24 de marzo de 2025

01643 Las Sobras

 ALGO ESPECIAL


Mi querencia hacia las sobras de comida viene desde que tengo uso de razón. Me encanta, sobre todo, cenar de sobras. Recuerdo, en mi edad juvenil, que según de qué platos se tratara, prefería no repetir en la comida para que de esta manera sobrara para cenar. Algunos ejemplos, paella, macarrones, cualquier carne empanada o algunos de los deliciosos guisos que cocinaba mi madre. Pero sobre todas las cosas, la tortilla de patatas. En ocasiones, cuando la tortilla o tortillas iban algo justas a tenor de los comensales reunidos en torno a la mesa y las raciones iban algo justas, de mi porción guardaba parte para la cena o el desayuno del día siguiente, avisando reiteradamente al resto de moradores de la casa, que ese trozo lleva escrito mi nombre e incluso mis apellidos. Con todo, alguna que otra sorpresa me llevaba, con mi consiguiente enfado y desilusión.

Ahora, mis cenas son más frugales y rara vez me pongo delante de un plato en condiciones, salvo cuando ha quedado algo de la comida. Doy por cumplidas mis cenas con algunas piezas de fruta. También es cierto que no es habitual que sobre comida. Cocinar para tres, tal y como somos en la actualidad, resulta más sencillo en cuanto a cantidades se refiere. Además, siempre acabo comiéndome el "para lo que queda".

Eso sí, cuando hay tortilla de patatas para comer, sí o también, tiene que quedar para cenar. Me sigue pareciendo un escándalo de cosa rica. Me siento delante de ella como un niño con zapatos nuevos, como se decía antes. Además, como esto acontece de manera muy, muy esporádica, todavía me regocijo más, si cabe. En esta ocasión, se han aliados dos sobras: tortilla de patatas y pimientos a la siciliana (ver entrada número 01289). Apoteósica cena. Será que mi nivel de exigencia en las cosas terrenales entró hace tiempo en mínimos, pero qué bien que me he ido a dormir. Y es que las sobras sobras tienen algo de especial.





01642 Días Sin Nombre

 NI APELLIDO


Me preguntas en qué día vivimos. No lo sé. Es un día sin nombre ni apellido. Es un día más. Es lo único que importa.


01641 Paisajes Escritos 8

 ATALAYA


Atalayas que parecen infinitas, se asoman siempre a una tierra desprendida.

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015





domingo, 23 de marzo de 2025

01640 Los Patios Cordobeses

UN REGALO PARA LOS SENTIDOS


La ciudad de Córdoba atesora muchos motivos para ser visitada una y otra vez. Fuentes, jardines, conventos, conjuntos escultóricos, iglesias, casas, palacios, calles, plazas, murallas, su gente, su impresionante Mezquita-Catedral… y sus patios, declarados por la UNESCO Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. A estos últimos voy a dedicarles su merecido espacio en este caleidoscopio vital. No me canso de mirarlos y admirarlos, aunque sea solo en fotografía. Me parecen todo un espectáculo de sensibilidad y vida.

Aunque la tradición de los patios cordobeses se remonta a la época romana, fue durante la época musulmana cuando se consolidaron como una parte fundamental de la vida cotidiana de la ciudad. Por aquel entonces, estos espacios cubiertos y decorados con plantas, fuentes y elementos ornamentales, se utilizaban como lugares de descanso y de encuentro familiar. Con la llegada de los cristianos, esta tradición se mantuvo y se fue enriqueciendo con nuevos elementos decorativos y arquitectónicos.

Por lo que he podido leer, estos espacios al descubierto de la vivienda, que “sirven como iluminación y ventilación del resto de las dependencias, es herencia de la casa islámica que se caracterizaba por la construcción de fachadas orientadas hacia su exterior. El aspecto exterior carecía de relevancia, pues se construía con un simple muro ciego. “Tras la conquista cristiana de la ciudad, esta estructura arquitectónica se mantuvo y aún perdura en las actuales viviendas”.

Pozos y fuentes embellecen los patios cordobeses que, junto a las flores plantadas en macetas y arriates, eras estrechas y dispuestas para tener plantas de adorno junto a las paredes de jardines y patios, conforman una bella imagen de agua, luz, vegetación y colorido. Para completar el espacio, se acostumbra a incluir muebles antiguos, enseres de cocina o restos arqueológicos, lo que confiere al lugar un plus añadido, ya de por sí hermoso y acogedor.

Los patios cordobeses se agrupan fundamentalmente en dos grupos; los llamados patios monumentales y señoriales, y patios de concurso. En el primero se recogen “aquellos relativos a antiguos palacios de la aristocracia local o a señalados edificios religiosos”. Por ejemplo, el afamado Patio de los Naranjos, el de la sinagoga o el santuario de la Fuensanta. Y en cuanto a los señoriales, destaca el Palacio de Viana que integra doce patios en su interior de diferente estilo arquitectónico.

En cuanto a los patios de concurso, aquí se inscriben todos los que han participado en el concurso municipal desde su inicio en 1921 hasta la actualidad, agrupándose en dos categorías; de arquitectura antigua y de arquitectura moderna o renovada. “Los primeros son aquellos que han sido construidos hasta la década de los sesenta y que conservan sus principales características estructurales. En cambio, los patios de arquitectura moderna son aquellos que pertenecen a una nueva vivienda edificada tras la demolición de una anterior o que han sufrido tal nivel de intervención que han perdido sus elementos más significativos”.

El concurso de los patios cordobeses se celebra en el mes de mayo. Durante estos días, los patios presentados a concurso abren sus puertas al público, así como las casas y edificios públicos.

Se podría decir que los patios son un regalo para los sentidos: el aroma de las plantas y de la húmeda tierra, el sonido del fluir el agua, el colorido de las flores y sus pintorescos maceteros sobre encaladas paredes, y las sensaciones que transmiten la belleza y sensualidad de todos y cada uno de los patios, por muy humilde y sencillo que sea. 

 





01639 Arraigo, Belleza y Armonía

SANTUARIO DE LORETO


El arraigo, la belleza y la armonía ni se esconden ni se buscan. Como la vida, salen a tu encuentro con apenas la cara lavada y un olor a buenos días.


01638 La Historia Interminable

 EL HUERTO Y YO


Si tuviera que poner una melodía a mi relación con el huerto, sería, sin lugar a ninguna duda, "La historia interminable". Una hermosa canción para una no menos deliciosa película de gratos recuerdos. Con todo, me encanta el huerto. Me da más, y no me refiero a sus frutos, de lo que yo le entrego, que no es poco. 


01637 Los Milhojas de Merengue

 UNA TARDE DE DOMINGO


La lluvia nos viene acompañando durante toda la semana. Salvo las tres obligadas salidas diarias a la calle con Humphrey, no piso la calle. Me he atrincherado en casa. La lectura, algunas películas, este caleidoscopio vital, las tareas domésticas y la obligada siesta después de comer, ocupan mis días y horas. Con todo, empiezo a cansarme de tanta casa. Como vulgarmente se dice, "empiezo a notar que se me viene encima". Tanto mi cabeza como mi cuerpo necesitan con urgencia volver a ver el sol, la luz, y tomarle de nuevo el pulso a la vida. 

Mientras esto pensaba, he visto en el frigorífico, en una de mis innumerables visitas en una interminable tarde lluviosa de domingo, un recipiente lleno de claras de huevo. He preguntado si tenían algún destino. Ninguno, me han dicho. Son las claras, 14, de los espaguetis a la carbonara con guanchale que cocinó ayer Jara.

La experiencia me ha recordado que se hacía algo con ellas o acabarían por desaprovecharse. Así que no se me ha ocurrido otra cosa mejor que hacer: unos milhojas de merengue. Con esta decisión he conseguido tres cosas: dar salida a unas "olvidadas" claras de huevo, unos deliciosos milhojas y dar contenido a una tarde lluviosa de domingo. Bueno, en realidad no se trata de un mil hojas al uso, sino de un doscientas o trescientas hojas como mucho, pues la masa de hojaldre era comercial. Es una gracieta que si no la escribo, reviento. Han salido cuatro piezas y se han dejado comer. No diré que estaban excepcionales, ni mucho menos, pero sí aceptables. De hecho, no ha quedado ni uno para muestra.

Ingredientes: Una lámina de hojaldre, claras de huevo, agua y azúcar. 

Elaboración: Extender la lámina de hojaldre e introducir en el horno precalentado a 220 grados centígrados durante unos 15 minutos o hasta que se vea que la masa comienza a dorarse. Sacar del horno el hojaldre y partirlo en trozos iguales, según el tamaño que se desee. Mientras se hornea el hojaldre, batir las claras a punto de nieve. Reservar. En una cazuela pequeña, introducir 100 ml de agua fría y 200 gramos de azúcar blanco. Calentar a fuego medio, evitando que el azúcar se adhiera a las paredes de la cazuela, hasta alcanzar los 120 grados centígrados. Si no se dispone de termómetro de cocina, se puede dejar caer sobre un vaso de agua fría un poco del preparado de almíbar. Si se forma una bolita blanda, ya está listo. Sobre el merengue y batiendo nuevamente, incorporar todo el almíbar muy despacio y poco. Solo restará colocar sobre un trozo del hojaldre, una buena cantidad de merengue y cubrirlo con otro de los trozos de la masa. Introducir los milhojas en el frigorífico durante un par de horas y consumir.

 





01636 Un Recuerdo Otoñal

 PARA SIEMPRE ADIÓS


Si haría frío el día que nos dijimos adiós para siempre, que hasta los árboles portaban calcetines. Fue lo mejor que todos pudimos hacer; ellos y nosotros.


01635 Las Tostadas de Salmón Ahumado

UN BOCADO GRATIFICANTE Y EXTRAORDINARIO


Soy un auténtico fanático del salmón y especialmente en su versión ahumado. Tanto que, cuando está frente a mí, tengo que controlar mi querencia hacia este delicioso manjar. Es tremenda mi adicción. Dicho esto, parecería que estoy comiendo salmón ahumado todos los días y a todas las horas. Nada más lejos de la realidad. Afortunadamente, la vida me ha enseñado a no echar nada en falta. Eso sí, cuando tengo la oportunidad de tenerlo cerca, soy el primero en darle o darme un homenaje.

El salmón ahumado soporta un buen número de ingredientes y salsas con lo que nos permiten elaborar no pocas propuestas bien interesantes. Algunas ya han sido recogidas en este caleidoscopio vital. Si cuando vivía con mi madre, tanto para las comidas de los días de mi santo, San Fernando, 30 de mayo, como mi cumpleaños, 5 de septiembre, no había qué preguntarme por mi deseado menú, consistente en canelones y pollo asado, ahora es el salmón ahumado quien se ha aupado en mis preferencias para estos y otros días señalados. Además, me gusta sin demasiados artificios. Basta con un buen pan, tipo rústico o de pueblo, tostado, y montar sobre ella una generosa porción de mantequilla y un buen filete de salmón ahumado. Sin más. Me parece un bocado gratificante y extraordinario. 






01634 La Tortuga Varada

 LENTO CAMINAR


Fue tan lento el caminar de la tortuga que, sin ella darse cuenta, el tiempo la convirtió en piedra para terminar sus días dónde ella más quería. 


01633 Cosas Que Pasan

 UN CIELO DE ASOMBRO


¿Quién tiñó, igual que ayer, el cielo de asombro
en un día gris y pensamiento difuso?

Resulta curioso comprobar,
cómo en este mismo lugar,
la tarde anterior,
no supe captar
la magia singular
de una tarde al azar,
que invitaba a conjugar
el verbo amar.

Yo amo, tu amas, el ama, ella ama...
con el corazón de amar.
Ayer,
no lo alcancé a ver. 









01632 Ansiada Primavera

 PACIENTE ESPERA


Soy paciente. De los de libro en mano, cigarrillo en boca y mil imágenes que recordar. Más temprano que tarde llegará como anuncio de vida, que nos sacará del letargo invernal.


01631 El Socorrido Arroz Hervido

 PARA LO QUE HAGA FALTA


No siempre se acierta a la hora de elaborar un menú especial. Ya no solo por las propuestas de los platos, sino también por las cantidades. El intento de agradar a todos los comensales y que nadie se quede con hambre, en ocasiones resulta fallido. Esto es lo que sucedió recientemente en casa en una comida de celebración familiar.

En otra edad, hubiese dado la talla. Pero a estas alturas de la vida, me vi superado por el menú elaborado: Aperitivo, espaguetis con guanchale, carrilleras ibéricas y postre. Solo escribirlo y recordarlo ya me angustia. Por otro lado, el resto de componentes de la mesa, aun siendo jóvenes, sus gustos gastronómicos van por otros derroteros. El caso es que comenzó bien la reunión, dando buena cuenta del aperitivo preparado a base de unas gildas, patatas fritas y paté. No quedó nada en animada conversación. Llegaron los espaguetis y todos nos comportamos, aunque se empezó a notar algún que otro signo de debilidad. Visto el percal, se preguntó  quién quería carrilleras. La respuesta unánime no se hizo esperar. Nadie quiso ni tan siquiera probarlas. Alguna voz se disculpó, inclinando su preferencia por el postre, que no era otra cosa, que una siempre deliciosa Trenza de Almudévar. Acabamos de comer y sobre la encimera de la cocina quedaron una docena de suculentas carrilleras ibéricas. Para el día siguiente, ya teníamos la comida hecha. Y para las siguientes dos comidas.

Desconozco el motivo, pero el guiso salió un tanto caldoso. Las cocinamos como siempre, si bien no con tanta salsa. Por no repetir de nuevo la receta, se puede encontrar en la entrada número 01366 de este blog. Estaban exquisitas y me puse de untar pan como si no hubiese un mañana. Al día siguiente, más de lo mismo. Solo que en esta ocasión, y a modo de plato único, incorporé una taza de arroz hervido que haría las veces del pan al empaparse de la sabrosa salsa. Me gusta el arroz en esta función, en este papel de sustituto. Aunque, en realidad, no sustituye sino que aporta.

Tres días estuve comiendo carrilleras. Y aún quedó un poco de salsa que, por supuesto, no desperdicié. Se acompañó para cenar con una tortilla francesa. Y es que como vengo repitiendo hasta la saciedad, en esta casa no se tira nada de comida.





01630 Paisajes Escritos 7

 UN GRITO TRONCAL


Sombras que, como en la vida, rompen la previsión. Un campo de sol y libertad, un grito troncal ante tanto desahucio humano.

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015





01629 Sean Bienvenidos

JACINTOS


Pase lo que pase, ajenos a las cuitas cotidianas, con las primeras templanzas y ánimos del año, aquí están sin desfallecer, regalando su olor a limpio penetrante, deseado y evocador. Y yo, como todos los años, les recibo agradecido y entusiasmado. Sean bienvenidos.


jueves, 20 de marzo de 2025

01628 Fresas y Frutos

 ALGO EXCEPCIONAL


Me aficioné a incluir frutas y frutos secos en las ensaladas, gracias a las que preparaba mi hermano Antonio. Parecían ensaladas imposibles, pero su resultado era espectacular. Las combinaciones que presentaban sus ensaladas eran, cuando menos, curiosas y, sobre todo, muy vistosas cuando salían a la mesa.

Tengo que reconocer que la mezcla de frutas y frutos secos en una ensalada, al principio me resultaba algo “fuera de lugar”. Por aquel entonces, lo más atrevido para mí, era incluir en las ensaladas pipas de girasol. Pero dicho esto, también tengo que añadir, que en materia gastronómica, siempre me ha gustado probar cosas nuevas y máxime si era Antonio quien me las ofrecía.

Nos encontramos en los inicios de la temporada de la fresa y me he acordado de una ensalada que hacía mi hermano. La recuerdo como algo excepcional, por lo que se refiere a su mezcla de sabores bien distintos y su variedad de texturas. El dulzor de las fresas, el crujir de la cebolla, el suave amargor de la rúcula y la firmeza de nueces y tomates cherry hacen de esta ensalada un plato muy interesante al paladar, además de saludable. En cuanto al aliño, los consabidos aceite, vinagre y sal. 

01627 Alguna Verdad

 UN BIEN ESCASO


Verde, verdor, verdura, vergel, verdear, verdoso... solo echo en falta alguna verdad. 

01626 Las Almendras Tostadas

 EN SARTÉN


Estas pasadas navidades, entre pitos y flautas, se nos pasó hacer turrón de guirlache, siguiendo la tradición de mi suegro. Eso sí, compramos las almendras, pero cuando nos quisimos dar cuenta, llegaron los Reyes Magos.

Hace escasos días, Gloria propuso elaborar el descuidado turrón, ya que teníamos las almendras. A lo que me negué. No me seduce para nada tomar turrón en marzo, igual que no me apetece ingerir un cocido navideño en el mes de agosto por muy delicioso que sea este plato de cuchara.

Intuyendo, por mi experiencia, lo que les sucedería a las almendras si no les dábamos una urgente salida, formulé que las podíamos hacer fritas. Me acordé que tengo un amigo que siempre que tomo una caña con él, la pide acompañada de unas almendras fritas. Es auténtica devoción lo que tiene por este popular, pequeño y nutritivo alimento. También recordé la sencilla forma de tostarlas, no en el horno, sino en la sartén, que en su día me ilustró mi cocinero de referencia local Antonio Arazo.

Las almendras iban con su piel. Así, que comencé por “desnudarlas”. Para ello, puse un cazo con agua a hervir. Mientras esperaba a que el agua rompiera a hervir, me vinieron a la memoria algunos datos que mi amigo me trasladó en algún momento acerca de las almendras. Por ejemplo, que es el fruto seco más consumido a nivel mundial y que solo en España se llegan a consumir 12 millones de kilos al año. También que este fruto aporta numerosos beneficios para la salud por su alto contenido en vitamina E, que actúa como un antioxidante natural, además de ser una fuente de proteínas, fibra y grasas saludables.

Una vez que el agua comenzó a sacar burbujas, añadí las almendras y las dejé un minuto hirviendo, removiéndolas continuamente con una espátula. Transcurrido este tiempo, las saqué del cazo, escurrí, les quité la piel y dejé secar durante un par de horas.

En una sartén un poco grande, cubrí la base de aceite de oliva y calenté a fuego medio.  Incorporé las almendras en una única capa y dejé que se fueran tostando lentamente, removiéndolas de vez en cuando para evitar que se quemaran. Cuando comenzaron a adquirir un tono dorado, las retiré de la sartén y las coloqué sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Espolvoreé sal gorda sobre las almendras todavía calientes y mezclé para distribuir la sal de manera uniforme. Dejé enfriar y estuvieron listas para consumir.

La almendra era de calidad y resultaron estar excepcionales. Llamé a mi amigo para que viniera a casa a tomar una cerveza con mis adorables almendras, pero me comunicó que se encontraba en Málaga pasando unos días. Le dije que le guardaría un buen puñado para cuando regresara del viaje. Esa fue mi intención, pero lo cierto que en dos días agotamos existencias. La caña en casa con mi amigo sigue en pie. Solo que las almendras no serán caseras sino de compra. Y ya que lo siento. 











01625 Caía la Tarde

 ME RENDÍ A SUS PIES


Los Mallos de Riglos (Huesca)
Caía la tarde. La lectura del libro llegaba a su fin. Y al levantar la vista, una pétrea imagen pareció querer enamorarme, sabedora de su atractivo y belleza. No me pude resistir. Lo consiguió. Me rendí a sus pies.


01624 Esto es lo Que Hay

 PUNTO Y FINAL


Tengo una amiga a la que aprecio muchísimo, pero que me saca de mis casillas cuando pronuncia la breve frase de "Esto es lo que hay".  Expresión, por otro lado, que escucho con relativa frecuencia en otras voces. 

Mi querida amiga, cuando en una conversación, da igual que sea seria o desenfadada, pronuncia la traída frase, se acaba el asunto tratado. Además, la pronuncia de forma tan tajante y categórica, que no hay manera, por más que uno quiera, de retomar el discurso. A mí, me pone de los nervios, ya que muchas de las conversaciones, me da la impresión de que se quedan incompletas con el esto es lo que hay de marras. Es como decir, "confórmate con lo que hay, porque no hay más remedio que aceptarlo". O lo que es lo mismo, "lo tomas o lo dejas, porque no hay otra cosa". Aún así, la sigo queriendo. A un amigo se le perdona todo, hasta la reiterada pronunciación de esta frase tan lapidaria.

No obstante, reconozco que me estoy empezando a preocupar. Yo, que soy un recalcitrante inconformista, últimamente la estoy pronunciando con relativa frecuencia. No sé si será la edad, la imposibilidad de cambiar muchas de las cosas y actitudes que me rodean, y que me desagradan, el caso es que me sorprendo recreándome con la manida frase. No diré que le estoy cogiendo gustillo a ella, pero sí que es cierto, que me relaja en según qué circunstancias. Observo que acostumbro a pronunciarla cuando no me apetece dar muchas explicaciones ni quiero discutir. Es también, como le sucede a mi amiga, mi punto y final.

Si será tan popular la frase, que hasta se ha colado en casa. Recientemente celebramos un acontecimiento familiar y la protagonista recibió un hermoso y perfumado ramo de liliums blancos. Me encanta esta flor y sobre todo, el olor que de ella se desprende. Cuando las vi aparecer por la puerta de casa, fueron por mí recibidas como un venerado huésped. ¡Qué bonitas eran! Y ¡qué bien olían!. Es una planta que me transporta a momentos muy, muy felices.

El caso es que, feliz y contento, fui a buscar un jarrón para depositar el ramo de flores y colocarlo en un lugar que se viera bien e inundara toda la casa con su perfume. Con el recipiente en la mano, oí una voz que me espetó: "¿Dónde vas con ese jarrón?". A lo que contesté: "A poner el ramo de liliums". En punto y seguido, fui informado de que el ramo salía de casa de inmediato. Miré a los ojos de mi interlocutora y pude comprobar que las flores ya habían surtido efecto despertando a su alergia. Media docena de ininterrumpidos estornudos pusieron el broche final a la mini conversación. Regresé el jarrón a su lugar de origen, hice tres fotografías a las bellas flores y antes de que pudiera plantear una solución intermedia, que siempre existe para todo, escuché: "Esto es lo que hay".

Punto y final.








01623 Los Dulces de los Conventos

 ARRAIGO Y TRADICIÓN


¿Dónde radica el atractivo y apego a los dulces de los conventos? ¿Será por su sabor a arraigo y tradición? ¿Tendrá que ver con que no hay nada qué demostrar ni con qué competir, salvo con el trabajo bien hecho? ¿Quizás su sencillez? ¿O será por la justa medida de los tiempos, sin zozobras, en la quietud y calma de los días y horas sin saetas? Algo tienen, sin duda, que tanto me cautivan.


01622 Lanjarón

 AGUA Y POESÍA


En un siempre recordado viaje a la cautivadora ciudad de Granada, visité la localidad de Lanjarón, camino de La Alpujarra. Apasionado de la poesía, tal y como me considero, mis pasos me llevaron hasta Lanjarón, conocedor de la tradición de inscribir poemas en las fuentes de la villa. Podría ser, como así lo fue, una original y entretenida forma de conocer este destino. Y no me decepcionó.

El poeta granadino de Fuente Vaqueros, Federico García Lorca, tuvo una relación muy especial con Lanjarón, un pueblo conocido por su rica tradición en aguas termales. Desconozco cómo surgió la idea, ni quién fue el artífice de tan original propuesta, pero vaya desde aquí mi más sonoro aplauso. Cuando visité Lanjarón, se contabilizaban 23 fuentes de las que no solo manaban agua, sino que también se inscribían poemas, muchos ellos de García Lorca. Fuentes repartidas por todo el pueblo, todas distintas y con su propia personalidad. Así, conocí la fuente de las Adelfas, una de las más populares y visitadas; la de las Cuatro Esquinas, única fuente que conserva su diseño original; el manantial de la Capuchina, símbolo del amor del pueblo por sus manantiales; o fuente Casa del Tello o la fuente del Salado, conocida por sus propiedades y su estratégica ubicación.

De las 23 fuentes, 14 recogen motivos lorquianos, además de tres espacios muy significativos de la presencia del poeta en el municipio alpujarreño, como son la ermita de San Sebastián, el Hotel España, que recientemente restauraba la habitación de Lorca, y el Balneario de Lanjarón, al que acudía para acompañar a su madre en sus tratamientos.

Recorrí la localidad sin itinerario definido, dejando que las poéticas fuentes me sorprendieran al paso. Agua y verso acompañaron mi breve estancia por calles angostas, luminosas placetas y los tradicionales tinaos; “una solución arquitectónica, propia de la comarca de La Alpujarra. Su origen era crear espacios cubiertos de ámbito semiprivado o semipúblico, colocando una estructura de vigas sobre la calle para dejar la zona cubierta. De esta forma, se creaba, por un lado, una zona cubierta y por otra, una habitación o vivienda particular en la parte superior”.

Se me pasó la disfrutada mañana en un suspiró. Repasando mi cuaderno de aquella breve estancia, lo último que llegué a escribir fue “A Lanjarón hay que venir sin prisas. Volveré”. Y digo ahora, ya lo creo que regresaré.