Desde la antigüedad el hombre ha comerciado y cultivado especias respondiendo fundamentalmente a dos razones básicas. De una parte, a la necesidad de tener algún tipo de condimento para dar sabor a determinados tipos de alimentos o enmascarar posibles olores desagradables, y de otra, porque son capaces de preservar los alimentos al desarrollo de microorganismos.
Su gran capacidad para potenciar el sabor permite que se consigan grandes efectos aromáticos y sabrosos en los alimentos con cantidades muy pequeñas.
La cantidad de platos que se pueden cocinar con unas y otras, tanto solas como mezcladas, es muy elevada; esto hace que las distintas cocinas de cada cultura adquieran un toque característico.
Mi última adquisición ha sido la denominada, "Ras el Hanout"; una mezcla de hierbas y especias. Al parecer, no existe una receta única y cada vendedor o cocinero lo elabora de una forma especial que le caracteriza. De hecho, el nombre de esta mezcla en árabe significa literalmente "la cabeza de la tienda", haciendo referencia a la mejor mezcla de especies que el comerciante puede ofrecer.
Recientemente, una amiga, María Jesús, improvisó una comida en su casa. Nos sorprendió con una paella de marisco difícil de olvidar. Excepcional y de curioso e inesperado sabor. Comentó que al sofrito tradicional le había añadido "Ras el Hanout" y azafrán. El resultado, lo dicho, excepcional.