lunes, 12 de agosto de 2024

01456 Cielo Azul

 ACALORADO VERANO


Ni una nube.
Ni una palabra escrita.
Ni una interpretación. 
Solo un cielo azul,
limpio y evocador,
en una tarde de acalorado verano.


01455 El Estadal de San Lorenzo

BLANCO Y VERDE LAURENTINOS


En 2010, la Real Cofradía de San Lorenzo de Huesca recuperó la tradición de los estadales bendecidos y dedicados a la figura del Santo Patrón oscense, a raíz de los estudios aportados por Bizén d’o Río, estudioso de la historia, lingüística y antropología aragonesa. Se trata de un cordón blanco y verde, colores laurentinos por excelencia, que se atan, una vez bendecidos, a la muñeca o alrededor del cuello.

La tradición de llevar este cordón bendecido se remonta a la Edad Media, cuando los peregrinos hacían una promesa al santo o a la virgen. Así, cortaban una liza para después llevarla atada en la muñeca hasta que esta se cumpliera. Según Bizén d’o Río, hay documentación de los siglos XIV, XVI y XVII, donde “se sitúa el origen del cordón dedicado a San Lorenzo. Tras las epidemias de peste, se utilizaría para testificar el cumplimiento del Voto de los Siete Lugares, siendo una simple ‘ligarza’ que se ataba a la mano y no teniendo continuidad en el tiempo”. Al parecer, dejó de usarse como resultado de los aires renovadores llegados con la revolución septembrina, tras la que las prácticas religiosas y la propia cofradía de San Lorenzo quedaron algo relegadas.

Se trata de una tradición muy extendida por toda España. En Aragón existe la cinta de la Virgen del Pilar o la de San Ramón Nonato, así como el cordón de la Virgen de la Carrodilla, en blanco y azul, o el “Cordoné” de Graus o cordón del Santo Cristo, en rojo y amarillo.

El mismo año que se recuperó esta tradición, adquirí estadales para repartir entre la familia. Sabía que, a mis hermanos, todos oscenses en la diáspora, les haría ilusión portarlos, como así fue. Con el tiempo, si alguno de los pequeños cordones se desataba de sus muñecas y se perdía, la llamada no se hacía esperar para su pronta reposición. Tanto es así, que siempre tengo en casa estadales de San Lorenzo para “emergencias”.

Cada uno lo llevamos atado a la muñeca por algún motivo. Ya sea por fe, por devoción a San Lorenzo, por una promesa o por cualquier otro motivo. Lo que no me cabe la menor duda, es que el estadal blanco y verde de nuestro querido santo, nos recuerda a todos que nacimos en Huesca al amparo de nuestro Copatrón San Lorenzo y que tan apegado ha estado a nuestras vidas. 


miércoles, 7 de agosto de 2024

01454 Apenas un Suspiro

 EL PESO DE LA MOCHILA


Llega un momento que hay que quitarle peso a la mochila de la vida. De su ligereza depende la comodidad para el resto de los días. Cada uno sabemos lo que más nos pesa y lo pesada que puede llegar a ser su carga. Al principio cuesta elegir, pero una vez que se comienza... ¡ay, una vez que se empieza! Es como vaciar un trastero lleno de cosas inútiles.

Llega un momento en el que el peso de la mochila, debería ser apenas un suspiro.  

martes, 6 de agosto de 2024

01453 ¿Será Cierto?

 SERÁ


¿Será cierto que detrás de cada obstáculo siempre hay luz?

Será. 


01452 Los Helados

SENTADO Y EN COMPAÑÍA


Traigo en esta ocasión un doble placer. De una parte, el alimento. De otra, el momento de tomarlo y disfrutarlo. Juntos, helado y momento, me parecen un escándalo. ¡Y qué grandes helados he llegado a consumir y qué enormes momentos me han deparado!

El helado es uno de los grandes protagonistas del verano. Es bien cierto. Pero no lo es menos, decir que un buen helado siempre tiene su hueco en cualquier época del año. Hasta en pleno invierno me siento incapaz de darle una negativa. También tiene sus momentos precisos. Entiendo que el helado ha dejado de ser un producto de temporada y que, gracias a los nuevos sabores y a las sorpresivas combinaciones gastronómicas, nos llega a acompañar durante todo el año.

Mientras escribía hace dos líneas “nuevos sabores”, me han venido a la cabeza los gustos más curiosos que he llegado a probar y todos han sido de mi agrado. Por ejemplo, recuerdo en una Feria del Jabalí que se celebraba en la localidad altoaragonesa de Boltaña, -no sé si sigue existiendo esta cita ferial-, llegué a probar, gentileza de la empresa Helados Sarrate, afincada en la localidad oscense de Alcampell, un helado de torteta blanca, (La torteta es un alimento típico altoaragonés elaborado a base de sangre de cerdo, pan rallado, harina y manteca. Las tortetas blancas, más dulces, sustituyen la sangre por manteca de cerdo), que me resultó todo un espectáculo al paladar, no así a mis acompañantes. En mi caso, hacía mucho tiempo que no probaba la torteta blanca y cuando la caté en versión helado, se me llenó la boca de gratos e inolvidables recuerdos. En Asturias, también hace muchos años, llegué a probar un helado de fabada. Curiosamente, por aquella época había visto en la televisión un reportaje sobre este helado. Mientras observaba la información pensé, ¡qué excentricidad! A los pocos meses en un viaje a esa hermosa tierra tuve la oportunidad de probarlo y me encantó. Estaba muy logrado. Sí, me gustó. Ya, más cercano a nuestros días, en un reciente viaje a Girona me acerqué hasta la heladería “Rocambolesc”, fundada por Alejandra Rivas y Jordi Roca, el reconocido pastelero de Celler de Can Roca. ¡Menudo espectáculo tanto de presentaciones como de sabores! No sabría reproducir en estos momentos el contenido del helado que llegué a tomar. Solo sé que estaba delicioso. Y ya no digo nada de los helados que he llegado a disfrutas en mis viajes a Italia y Cerdeña; son de otra división.

Como he comentado, tomarme un helado tiene su pequeña liturgia y su momento. Nunca lo tomo de pie o paseando, al igual que tampoco lo consumo en solitario. Para que su ingesta sea una dicha plena, tengo que degustarlo sentado, pausadamente y en compañía. Me da lo mismo que sea en cucurucho, copa o tarrina; depende del momento elegido. Y en cuanto a los sabores del helado, me gustan todos. Si bien, tengo especial querencia por los de stracciatella, los de menta after eight y los de vainilla acompañados con otros tradicionales sabores. Por cierto, acabo de leer que el de stracciatella es uno de los helados más consumidos del mundo. El padre de este helado fue Enrico Panattoni a principios de los años 60 del siglo pasado en su pastelería La Marianna.

También acabo de leer que el origen del helado data de al menos hace 3.000 años y que fue inventado por los chinos, quienes preparaban una especie de pasta de leche de arroz mezclada con nieve para su mejor conservación. Sería, según la tradición, Marco Polo, “después de viajar 20 años por Oriente”, quien lo introduciría en Italia a finales del siglo XIII. No obstante, hay historiadores que este dato lo ponen en duda, ya que, en sus escritos no se habla nada sobre los helados.

Más curiosidades, en Florencia, el arquitecto, escenógrafo e ingeniero militar Bernardo Buontalenti (1531-1608), que estaba al servicio de los Médicis, inventó el “gelato”, el precursor del helado, enriqueciendo el sorbete con una rica crema. En 1686, el siciliano Francesco Procopio dei Coltelli abrió en París la primera heladería del mundo: “Café Procope”. Una de sus recetas más famosas estaba compuesta por una mezcla de leche, crema, mantequilla y huevos. Francesco inventó una máquina que homogeneizaba las frutas, el azúcar y el hielo, obteniendo lo que conocemos en la actualidad por crema. Y una última curiosidad de las muchas que acabo de leer y que me ha sorprendido. Según datos de la Asociación Internacional de Productos Lácteos, en Nueva Zelanda se consumen cada año por persona 26,3 litros de helado, casi cuatro veces más que en España. 




domingo, 4 de agosto de 2024

01451 Plácido y Sugerente Contraluz

 MERECIÓ LA PENA


Cuando me quise dar cuenta, de tanto esperar, todo enfrente de mí se convirtió en un plácido y sugerente contraluz. En ocasiones, por no decir siempre, la espera mereció la pena. 


01450 La Ensalada de Asalto al Frigorífico

 TODO SIRVE


La báscula me está diciendo en los últimos días que "ojo cuidado". Y cuidado ya tengo, pero al parecer no el suficiente. 

Así, que he decidido esmerarme y luchar contra todas las tentaciones veraniegas, pero no puedo enfrentarme a tanto enemigo que me sale al paso. Hoy lo he llevado bastante bien, e incluso me había propuesto no cenar, tras vencer a la tentación de comerme un helado, de tomarme una cerveza y de prepararme un sándwich de jamón y queso, que es lo que más me apetecía. Bien salvado.

Por la tarde, me he dado una buena dosis televisiva con los Juegos Olímpicos de París, y a la hora de la cena, me he salido a la terraza con un libro para evitar tentaciones. La estrategia ha ido fenomenal, hasta que una legión de afilados e impertinentes insectos se han adueñado del espacio. ¡Horroroso! ¡Qué manera de picar e incordiar! Me han dejado el cuerpo en poco más de media hora como un colador. Contra todo pronóstico, he abandonado la terraza y mis pies me han guiado hasta el frigorífico. Sin tener nada premeditado, he empezado a sacar alimentos: una escarola, un mango, unas fresas y un trozo de queso manchego. He limpiado y cortado la escarola, lavado las fresas, pelado y cortado el mango y troceado a taquitos el queso. Cuando me he dispuesto a aliñar la ensalada con sal, vinagre y aceite, he visto que no había vinagre. Así, que me he desplazado hasta la despensa para coger una botella. Nada más abrir la puerta, me he dado de narices con unas nueces, y justo al lado, se encontraban unas pasas. Y me he dicho, pues vengan ustedes conmigo. Sobre la ensalada, en teoría acabada, todavía he añadido unas nueces y unas pasas. He aliñado el colorido plato y colocado la fruta a su alrededor, he vuelto a encender el televisor y he seguido viendo los Juegos Olímpicos, con la ensalada de mi inesperado asalto al frigorífico. ¡Bien buena que estaba! Hasta me ha hecho olvidar, momentáneamente, que mi cuerpo está plagadito de picotazos de mosquitos.