lunes, 28 de octubre de 2024

01524 Recordatorio

 EN EL CAMINAR DE CADA DÍA


Con el paso del tiempo, aprendí que no hay que evaluar el camino por su belleza, sino por la calidad de los pasos. 

Me lo recuerdo en el caminar de cada día.




01523 Totum Revolutum

 Y PORQUE NO CABÍA MÁS EN EL PLATO


Me ha costado un ratito encontrar el título adecuado a este pedazo de plato combinado. Se me han ido ocurriendo varios, pero ninguno acababa de convencerme. De repente, me ha venido a la cabeza la popular locución latina "Totum revolutum", que viene a significar literalmente "todo revuelto". Algo así como mi propia vida, con sus sentimientos y emociones. Ni que al pelo.

Este plato combinado, apoteósico y sublime, igual me he venido un poco arriba, pero así lo he disfrutado, nace, para variar, de unos restos de ventresca de atún al horno con patatas. Y a partir de aquí, se ha ido completando el plato con ricos caprichos y apetencias. Improvisando.

De esta manera, a los restos de ventresca les he incorporado una cebolla dulce del huerto con unas anchoas en conserva y unas piparras en vinagre. Se complementan estupendamente. Las patatas al horno tampoco han tenido mala compañía; unos pimientos rojos asados y aliñados con ajo y aceite. En el frigorífico acostumbra haber un envase con pimientos asados. Nos encanta el pimiento rojo asado. El colorista plato se culmina con una berenjena, también del huerto, frita rebozada en huevo y harina.

Me lo he pasado pipa comiendo este "totum revolutum". Y mientras me deleitaba con él, he pensado que ya sería bueno que mi vida, con sus sentimientos y emociones, fuese tan sencilla de apañar como este plato.




01522 Cierra los Ojos

 ANTES DE QUE ACABE EL DÍA


Cierra los ojos.

Escucha la mar en calma 

y siente en la piel el suspiro del aire.

Lidera el momento,

este instante de ilusionado influjo,

ante la marcada despedida.

Prescinde de todo antes de que acabe el día. 



lunes, 30 de septiembre de 2024

01521 El Hallazgo

 CASUALIDAD


Me costó muchos años. Desgasté decenas de zapatillas recorriendo caminos y senderos. Crucé ríos. Miré mares y acantilados. Dormí bajo las estrellas y a la sombra de una higuera. Quemé mis pies en asfaltos y arenas. Lloré lágrimas de emoción y algunas que me hicieron saber qué es el dolor. Me hice amigo de la soledad huyendo de la multitud. Alivié mis pies en lagos y badinas. Me enamoré de los almendros y cerezos en flor. Me alegré con los amaneceres y me estremecí con su hermano atardecer. Y un día, casualidades de la vida, hallé lo que tanto estuve buscando: la farola que ilumina el cielo.


01520 Nunca Igual

 PATATAS BRAVAS CASERAS


Cómo se nota ya que los días van acortando sus horas de luz y que las tardes son de recogida en casa. Comienza para mí y para cuantos me rodean, un periodo continuo de tentaciones gastronómicas y culinarias. A algunas me enfrentaré con continuos, mayúsculos y rotundos noes. A otras, en cambio, me veré imposibilitado de ofrecer una negativa por respuesta. Es el caso de las patatas bravas.

Si hay en casa una auténtica fan de este popular plato, esa es mi hija Jara. Es experta en degustar tan humilde manjar. E incluso tiene su particular listado de dónde comerlas, lugares de grato recuerdo, así como de decepciones.

Cuando en casa Jara dice que le apetecen unas patatas bravas, no se habla más. Yo soy el primero en secundar su propuesta. Solo hay un problema, que nunca sabes de qué manera se van a cocinar. Y es que todo depende de las últimas que haya probado fuera de casa y que le encantaron. Intuye cómo estaban cocinadas y las pone en práctica. Así, que las hemos degustado de todos los pelajes. Que si en gajos, en cuadraditos, chasqueadas, tersas, blandas, solo cocidas, cocidas y pasadas ligeramente por la sartén con un poco de aceite de oliva, en el microondas, con patatas nuevas, con unas bolsas de patatas preparadas para microondas... yo que sé de cuántas maneras. Lo único que hasta hace poco las igualaba a todas era la tradicional salsa picante. Y hablo en pasado, porque hasta esto, últimamente, también tiene su aquel con la inclusión de algún nuevo sabor, aportado por alguna salsa invitada al agasajo.

Pero todo da lo mismo. Al final, aunque nunca igual, todas están deliciosas. Lo más importante para mí, es que es la forma de improvisar una merienda/cena con todos a la mesa, ante la llegada del otoño. Y yo, tan feliz.

Ah! Y nunca ha quedado en el plato un trozo de patata ni para muestra.



01519 Los Hojaldres de Astorga

 MIELITOS


Contra todo pronóstico, no fue mi hija Jara quien nos los trajo de uno de sus viajes. Fuimos Gloria y yo quienes, también contra todo pronóstico, los compramos. Me explicaré.

Los hojaldres de Astorga los conocíamos de verlos en las estanterías de un buen número de restaurantes de carretera y áreas de servicio de las zonas centro y norte de España, que es por donde más viajamos. No acostumbramos a comprar nada, aunque sí nos gusta mirar y ver cosas cuando menos curiosas. Mucho nos tiene que llamar la atención para que adquiramos alguno de estos productos.

En un reciente viaje a tierras gallegas, pasamos por la provincia de León. Hicimos una parada técnica en un área de servicio y mientras yo me tomaba mi acostumbrado café americano, Gloria invirtió su tiempo en ver lo que allí se ofrecía. Cuál fue mi sorpresa al verla aparecer con una caja de hojaldres de Astorga. Me hizo saber que nos vendrían muy bien para los desayunos en el apartamento de nuestro destino gallego.

Y así fue, como a la mañana siguiente de nuestra llegada a Sanxenxo, conocí estos afamados bocados tantas veces vistos, pero nunca catados. Esa mañana, abrí la caja, cogí un dulce, lo desenvolví del plástico que lo preservaba y me llevé medio a la boca. Me encantó. Tanto, que me comí tres como el que no quiere la cosa. Me parecieron adictivos, pues no solo me nutría de ellos en el desayuno, sino que por la noche, aun habiendo cenado opíparamente, antes de acostarme sucumbían otros tres. Así, hasta agotar las existencias.

Pero la historia no acaba aquí. Al regreso de las mini vacaciones gallegas, en una incursión a la despensa de casa, sobre una de las estanterías vi una caja igualita a la que Gloria había comprado en el viaje. Pregunté. Y me respondió que como me habían gustado tanto, ya en Huesca, compró otra caja en un popular supermercado.

Y aquí que ando desayunando tres hojaldres cada día, más alguno que se despista durante la jornada. Ya le he dicho a Gloria que sí, que me encantan, pero que no vuelva a comprar más, que me conozco.

El dulce en cuestión consiste en dos placas de hojaldre superpuestas y horneadas, bañadas en un almíbar hecho con azúcar y miel. Por lo que he podido leer, comenzaron a comercializarse sobre los años 60 del pasado siglo y, aunque son típicos de Astorga, se encuentran también en otros lugares de la geografía española.

En cuanto a su origen no está muy claro. Así, que lo dejaremos estar. Solo sé que son buenísimos. Ah! Y se pueden hacer en casa. No parece complicado, pero sí entretenido. Lo que me faltaba. Mi perdición.





01518 Naturaleza Ilusionada

 ANTE LA LLEGADA DEL OTOÑO


Llegarán días de mera contemplación, 
de ofrecer el tiempo a la naturaleza,
que, sin prisa ni pudor,
mudará sus vestimentas de esperada añoranza.

Será mi deseado esparcimiento,
en un mundo empeñado en airear
engaños, guerras, mentiras y trampas.
Ya no os compro nada.

Solo me quedo con la naturaleza todavía ilusionada.