miércoles, 31 de mayo de 2017

00485 El Bocadillo de Jamón

CON PAN CON TOMATE


Y de chorizo pamplonica, de anchoas con queso, de mejillones, de lomo ibérico, de chistorra, de panceta, de ternera con pimientos verdes fritos, de pechuga empanada, de salchichón, de fuet, de salmón con crema de queso, de tortilla francesa o rellena de algún buen acompañamiento, de bacon con queso, de foigras, de sardinas con su aceite, de calamares, de atún con pimiento rojo, vegetal, de longaniza, de carne empanada, de tortilla de patata, de lomo..... Vamos, queda claro que me encanta el bocadillo sea cual sea su contenido, si bien, y por razones fáciles de imaginar, no lo tomo con la asiduidad que me gustaría. Ahora solo me acompaña en momentos de auténtico antojo o inesperada excursión.

Me resultaría extremadamente complicado hacer un top sobre bocadillos y si aparece el de jamón, el primero en sumarse a este blog, no es por una cuestión de preferencia, más bien es porque en mi diaria clasificación de imágenes me he encontrado con unas fotografías tomadas en un sarao popular, festivo y multitudinario y recordé lo bien que me sentaron los dos "bocatas" que devoré en un santiamén, máxime cuando hacía tiempo que no accedía a su placentera y grata sensación.

El de jamón, siempre con pan con tomate, es de los bocadillos que creo nos acompañan desde que empezamos a hablar. En cuántas excursiones nos habrá acompañado, cuántas fatigas habrá aliviado, en cuántos pequeños momentos habrá terciado y cuántos gusanillos en las tripas habrá calmado. Sí, el bocadillo de jamón, con pan con tomate, es un buen aliado, tanto que en estos momentos de pasajero recuerdo y dado que hace tiempo que no lo cato y que mi relación con la báscula es de total y absoluta cordialidad, voy a rendirle mi pequeño homenaje.

martes, 30 de mayo de 2017

00484 El Ciclamen

PAN DE PUERCO


Ya he comentado en algún lugar de este lejano, intenso y socorrido blog, que muchas elaboraciones gastronómicas tienen, además de su propio nombre, la gracia de alguien a quien nos recuerda y que finalmente en el ámbito familiar, acabamos bautizándolo con nombre propio. Algo similar se me antoja con las plantas. Hay muchas que su presencia va íntimamente ligada a alguna persona querida o a algún lugar gratamente recordado. La planta que traigo aqui,  y no por casualidad, es una de ellas. Siempre que se cruza en mi camino un ciclamen, me acuerdo de mi hermana María Engracia. Los que ilustran estas líneas están para mí ya inmortalizados en la hermosa isla de Cerdeña, en un parterre cercano a la oficina de turismo de Portonovo.

Su simple visión me llevó a las ventanas de la casa de mi hermana en Barcelona donde seguro, unos como estos, estarían ya alegrando y dulcificando el duro paisaje urbano. De flor blanca, roja o combinadas, pero seguro que allí estarían para el también deleite del vecindario. Hubo un tiempo en el que cuando la planta despedía su ciclo vital, guardaba los bulbos que luego me hacía llegar para ser plantadas en mi terraza. Me parecía mágico ver brotar, primero la planta, y luego estiradas y orgullosas flores de apariencia sin igual. Cada flor tiene su propio lenguaje y en ocasiones, también sus propias atribuciones personales.

Leo que Plinio el viejo sostenía que si una persona cultivaba el ciclamen ya no podrían dañarle los filtros maléficos hechos contra ella. Estaba considerada como un amuleto. En cambio, para Teofrasto se trataba de una planta excitante sexual y que facilitaba la concepción. Esta planta, en el lenguaje de las flores, denota desconfianza y desaliento debido probablemente al hecho de que sus tubérculos son venenosos para el hombre pero no para los cerdos a los que, en cambio, les encantan y hasta son glotones de ellos. De aquí que también sea conocida esta planta como "pan de puerco".


lunes, 29 de mayo de 2017

00483 El Estanque de los Patos

RECUERDO COMPARTIDO


He regresado por el camino alado de inocencia hasta llegar a  un lugar de aguas estancadas y mancharme los zapatos de limpio polvo y de paso, curar alguna herida en las rodillas de mi infancia. Posiblemente ahora no resulte a mis ojos aquel lugar de bello encanto y abstraída visión donde unos asombrados ojos custodiaban un pequeño paraíso de ánades y variopintos peces. Seguramente el mirar será ahora una excusa para un recuerdo compartido.

Unos niños tiran a los patos miguitas de pan. Copos de harina de una herencia transmitida. Las mismas nerviosas y cómplices risas como las de ese ayer cada vez más lejano y que pide necesitado transitorios abrazos. Los mismos torpes saltos de puntillas cada vez que la miguita desaparecía de la superficie del agua tras un sonoro chasquido. El mismo regocijo en una tarde impresa de reflejos en el agua.

He regresado a mi infancia por si me necesitaba, por si quería decirme algo cuando se quedó sin palabras. El agua, el estanque, los patos, el sol, la luz, los reflejos y la estampa estaban allí. También mi infancia, que solo quería abrazarme.




miércoles, 17 de mayo de 2017

00482 Las Últimas Nieves

CUANDO EL SOL ANUNCIA RETIRADA


No es un adiós, es un hasta luego desvestido del frío invernal. Una promesa necesaria que volverá a pintar horizontes para mí inalcanzables. Recuerdos de un ventanal abierto a tantas mañanas de aires norteños que posaron sobre las cumbres un vistoso manto blanco de mariposas que dejaron allí en descanso sus diminutas alas.

Recrearos ojos en el último descanso por este año, en el último aliento invernal antes de que las crisálidas emprendan de nuevo su vuelo y dejen al aire la milenaria piedra. Estampa soñada al cobijo de una lumbre que no cesa. Admiro, remiro y suspiro entre la luz de un sol que anuncia retirada.

No es un adiós, es el hasta luego de un paisaje que penetra en el alma. Las últimas nieves se desvanecen para ser agua, río y vida. Mi mirar se despide emocionado con un sentido hasta la vista mientras el ventanal se cierra despacio, suavemente, en señal de cortesía.





00481 El Queso

UN REGALO DE LOS DIOSES


No sé por dónde empezar. Enumerar los que me gustan resultaría un castigo de memoria y escritura. Me gustan todos, aunque con algún tipo de queso disfruto más que con otro. Citar el que podría ser mi preferido sería tan injusto como la pregunta trampa de a quien quieres más a papá o a mamá. Decir que me alimentaría solo de queso, ya está dicho. Y que un momento de placer lo encuentro delante de un surtido de quesos, un buen pan, un buen vino y una grata compañía, también dicho queda.

Está clara mi devoción por el queso, una querencia que me acompaña desde niño, aún cuando por aquel entonces el muestrario al que podía acceder era muy limitado. Pasados algunos años, cuando con mi familia nos trasladábamos a Francia o Andorra y visitábamos unos grandes almacenes, mientras mis acompañantes adultos dedicaban su tiempo de ocio a comparar precios con España de artículos varios, yo me perdía entre las vitrinas dedicadas a los quesos y sus olores. Grandes, pequeños, triangulares, envasados, con aromas, de bola, que no sé por qué me hacían tanta gracia, tiernos, curados, de colores, de aspecto horrible pero que seguro tenían que estar de vicio, curados, tiernos, cremosos, de hierbas, ahumados, con especias..... era mi quesoland particular. Pasados algunos otros años, es decir, en la actualidad, sigo con la misma práctica y entretenimiento. Tengo debilidad por el muestrario de quesos y descubrir nuevos sabores.


Hubo un tiempo, cuando comía o cenaba fuera de casa, que mi postre consistía en queso. Me gustaba acabar con unos trozos de queso. Sin predilección, el que me ofrecieran en el restaurante en cuestión.Si no tomaba queso parecía que no había comido o cenado. Dejé de seguir esta apetitosa costumbre por los continuos decires de los comensales. ¿Te has quedado con hambre? ¿No has tenido suficiente? Yo que no soy de muy replicar, me limitaba a mirar los platos de mis compañeros de mesa, con sus natillas, tartas de chocolate, flanes o lo que hubiere. Pareciera que el plato de queso era más contundente.

Algo tendrá el queso cuando para los antiguos griegos este alimento "era un regalo de los dioses".







lunes, 15 de mayo de 2017

00480 La Alegría

SENCILLA CALIDEZ


Cada vez que veo una alegría no puedo dejar de recordar a mi madre. Cómo disfrutaba de su presencia y del contar de sus flores y cómo también, cuando por una causa u otra comenzaba a mustiarse hasta desaparecer, que era cada año, repetía, "no puedo tener alegría ni en maceta". Para estas cosas era de un sentenciar tremendo.

Nunca he tenido en casa una alegría en maceta. A veces, por ese maternal recuerdo, he estado tentado en adquirirlas pero finalmente he declinado el intento. A pesar de lo que dicen de sus sencillos cuidados, siempre me ha parecido una planta complicada de sacar adelante. Quizás sea por la pretérita experiencia. Si la tengo ahora es fruto de la casualidad y de la generosidad de Juan. Un día traeré a Juan hasta este caleidoscopio vital. Es un ser fantástico, un héroe anónimo que sin él saberlo me regala cada día una lección de vida. El caso es que entre sus aficiones está la jardinería. Tiene buena mano y un magnífico lugar donde cuidarlas. El día que conocí por primera vez su vergel, y de ello hace casi dos meses, de todas las formidables plantas que engalanan el espacio, una me atrajo especialmente; una hermosa y florida alegría con diminutas flores rojas. Me acordé de mi madre y su sentencia y no pude dejar de esgrimir una sonrisa. Desde ese entonces la visito todos los días. Me gusta fumarme un cigarrillo mientras la observo. Me relajo en su mirar.

Hace pocos días le pedí a Juan si podía cogerme un esqueje de su alegría. Me dijo que los que quisiera y cuando me disponía a cortar uno para llevármelo a casa me chistó, seguido de un "espera y acompáñame". Fui tras él hasta una maceta grande donde había trasplantado recientemente unas alegrías. De un cuarto próximo sacó una maceta pequeña donde alojó una de las plantas recién trasplantadas. Unos treinta centímetros de alegría con nueve flores. Huelga decir la ilusión que me hizo.

Cuando llegué a casa la coloqué en la terraza siguiendo las instrucciones de Juan. Que tenga luz pero que no le de el sol directo y sobre todo, cuando esté en plena floración, no dejes secar la tierra, que siempre tenga humedad. De momento parece sentirse a gusto y hasta me da la impresión de que ha crecido. Eso sí, no la llamo alegría sino miramelindo, por si acaso.









jueves, 11 de mayo de 2017

00479 Una Maqueta Muy Especial

MONASTERIO DE VILLANUEVA DE SIJENA



La casa que viera nacer al teólogo y científico Miguel Servet fue convertida en 2002 en un centro de interpretación para el conocimiento de la vida y obra del sabio aragonés. Su visita al completo centro expositivo es ya de por sí un atractivo aliciente, ya no solo por los importantes fondos bibliográficos que atesora, sino por facilitar el acercamiento a la figura de este inquieto hombre del siglo XVI interesado por la astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología, física, matemáticas, anatomía o el estudio de la Biblia y cuyo reconocimiento posterior se debió a su trabajo sobre la circulación pulmonar.

Desde hace un mes, a todo lo dicho, se ha sumado un nuevo, elaborado y curioso encanto: una maqueta a escala del Monasterio de Villanueva de Sijena, Monasterio femenino de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, fundado el 25 de abril de 1188 por la reina Sancha de Castilla, esposa de Alfonso II el Casto, rey de Aragón. La autoría de la impresionante maqueta es de los miembros de la Asociación Belenista de Fraga, quienes a partir de una fotografía del año 1975, imágenes aéreas y distintas investigaciones, han conseguido recrear un día cualquiera en los inicios y esplendor del monasterio.

Marcial Yusá, presidente de la Asociación Belenista de Fraga, me contó que la maqueta, en su origen, sirvió estas pasadas navidades para albergar un Belén y cuya escena del Nacimiento se ubicaba en el interior de un molino de harina que suministraba a las 600 personas que por aquel entonces dependían del monasterio. Todos los años, desde hacer 38, la asociación confecciona maquetas para belenes y pasadas las fechas navideñas, abandonan o destruyen. En esta ocasión, y dada la envergadura del proyecto, se determinó cederla al Ayuntamiento de Villanueva de Sijena, que finalmente decidió instalarla en la Casa Natal de Miguel Servet.

Según me dijo Marcial, el número de horas invertidas en la confección de la maqueta es incalculable. Se trabajó en ella desde el mes de agosto todos los sábados por la tarde y algunos días más de extra hasta bien entrado diciembre. Solo para su montaje en su nueva ubicación fueron necesarios cuatro días.

La maqueta no escatima en detalles y el espectador se pierde en ellos entre signos de admiración: Doña Sancha y su hija, caballeros de la Orden de Malta, cuerpo Real de la reina, palomas sobre los tejados, un fructífero huerto, el Palacio Prioral, la Iglesia Monacal, el claustro, ábsides y arquivoltas, monjes y hermanas trinitarias... y un toro abrevando en unas cristalinas aguas, tal y como narra la leyenda y la tradición. Según se cuenta, el emplazamiento escogido para construir el monasterio, fue una isla que se encontraba en el centro de una laguna cercana al río Alcanadre y donde aparecía la Virgen de la cercana iglesia de Sijena, la Virgen del Coro. Trasladada en repetidas ocasiones a su emplazamiento en la iglesia parroquial, esta siempre volvía a la isla, por lo que la reina Sancha, enterada del acontecimiento, ordenó levantar un monasterio en su honor en el centro de la isleta. El hallazgo de la imagen fue obra de un toro que separándose del rebaño, se acercaba una y otra vez al lugar. Por cierto, las figuras que salpican la maqueta también son nacidas de las manos de los miembros de la asociación fragatina.

En síntesis, un monasterio en miniatura que recrea la vida en torno a una joya arquitectónica aragonesa y en la que se imaginan unos bienes culturales y patrimoniales ajenos a su posterior expolio.