sábado, 26 de septiembre de 2026

01787 Aquella Pizza en Venecia

 EN UN SOÑADO VIAJE


La trattoria estaba a rebosar de clientes. Afuera hacía un calor infernal. El hambre ya acuciaba. Era cuestión de esperar a que una mesa quedara libre. No pasaron muchos minutos cuando pudimos sentarnos.

Nos hicimos con una carta llena de sugerencias y llamativas fotografías. Una de las muchas señales que me indican que me he hecho mayor es mi rechazo a las cartas largas y con multitud de propuestas. Me dan pereza, algo que nunca he tenido, y que se muestra en la actualidad con más frecuencia de lo que me gustaría. A punto de desistir, una joven, creo que inglesa, que se encontraba sola con su mochila en la mesa de al lado, me dio la pista. No sabía muy bien qué es lo que estaba comiendo. A simple vista se trataba de una pizza, pero desconocía sus ingredientes. Sólo sé que a cada bocado, la joven mostraba una mueca de satisfacción, de contagiosa satisfacción, que acabó por infectarme. Cuando fui atendido, demandé una pizza como la que se estaba comiendo mi eventual vecina de mesa.

A no mucho tardar, tenía delante de mi una pizza de alcachofas, setas, jamón y aceitunas negras, que por cierto, son denostadas por mí. Ya he comentado en más de una ocasión que me gusta absolutamente todo, salvo las aceitunas negras y las aceitunas con su casco, no así las rellenas. Alguna manía tenía que tener. Trasladé las aceitunas al plato de Gloria y comencé a dar cuenta de la pizza. Con razón, la joven vecina, a quien imité, se mostraba tan emocionada con cada bocado. No era para menos. La masa estaba excepcional y los ingredientes muy acertados en su combinación. Nunca había comido una pizza de estas características. No quedaron ni las miguitas.

De esto han pasado ya cuatro años. Acabo de entretenerme mirando las fotografías de aquel soñado viaje a Italia y me he detenido en estas imágenes. Posiblemente no sea la mejor pizza que he probado en mi vida, aun siendo sobresaliente. Siempre la recordaré como aquella pizza que tomé en Venecia, en aquel soñado viaje que perseguí desde mi juventud y que no pude realizar hasta cumplir los 65 años. No sé si la volvería a tomar, si se cruzara en mi camino cuando acudo a una pizzería fuera de Italia. Habitualmente, acostumbro a pedir la popular cuatro quesos. De lo que sí estoy seguro es de que si vuelvo a la ciudad de los canales, no dudaré en volver a probarla. Me pareció excepcional, igual que todos los días que pasé en aquel soñado viaje a la hermosa y sorprendente Italia.  




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