Hago aquí un punto y aparte porque me acaban de venir a la memoria los "huevos señoritos" que ya hacía mi padre y después mi madre cuando en su recuerdo quería darle a la mesa un toque de alegría. Un día los traeré por este caleidoscopio vital.
Las adversas informaciones sobre el huevo y la incorporación de nuevas tendencias y prácticas gastronómicas irían haciendo desaparecer de nuestros acostumbrados hábitos culinarios al ahora denostado huevo duro.
A mí me encantan los huevos rellenos y son bien recibidos cuando alguien tiene la genial idea de servirlos a la mesa o hacer de ellos una de sus especialidades. Los que ilustran esta entrada los he recuperado de una comida en casa de mi amiga Chus hará hace un par de años. Estaban deliciosos y sabrosos. No se trataba de huevos rellenos al uso, más bien el huevo duro formaba parte de un todo. Pero a la vista, parecían rellenos. Sobre una rebanada de pan tostado, Chus colocó unas tiras de pimiento rojo, una lámina de huevo duro, una anchoa ahumada y sobre todo ello, una buena y equilibrada mayonesa. No era el huevo relleno al uso, pero mis dos mordiscos no encontraron mucha diferencia a no ser por el pan tostado.
Hace tiempo que no hago huevos rellenos de los de entonces. Mañana es sábado, mañana puede ser un gran día para recuperar ese sabor de huevo duro relleno de...
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