Nunca he dispuesto de fogón propio. Por no faltar a la verdad, en una ocasión, en un piso alquilado de mis primeros años en Monzón, el salón del apartamento exhibía una chimenea. Sólo una vez hice uso de ella en un año. Nunca he estado en Londres, pero ese día me aproximé en espíritu a esa ciudad. Pude hacerme una idea. Lo de menos fue el olor del que se impregnó toda la casa. Soporto bien los olores. El susto, la casi tragedia convertida en comedia y la panzada de limpiar tras dominar la situación fue lo más relevante de esa ilusionante jornada.
miércoles, 16 de marzo de 2016
00256 Contemplar el Fuego
DE UN HOGAR

Nunca he dispuesto de fogón propio. Por no faltar a la verdad, en una ocasión, en un piso alquilado de mis primeros años en Monzón, el salón del apartamento exhibía una chimenea. Sólo una vez hice uso de ella en un año. Nunca he estado en Londres, pero ese día me aproximé en espíritu a esa ciudad. Pude hacerme una idea. Lo de menos fue el olor del que se impregnó toda la casa. Soporto bien los olores. El susto, la casi tragedia convertida en comedia y la panzada de limpiar tras dominar la situación fue lo más relevante de esa ilusionante jornada.

Será por eso, porque nunca he contado con chimenea propia que cada vez que tengo oportunidad me quedo extasiado en su contemplación, atraído por el crepitar de la leña mientras regala un fuego juguetón y generoso. En esos momentos mi semblante de idiotez y abstracción alcanzan límites inimaginables. Me puedo llegar a convertir en una ausencia total, en un mueble más de la estancia quedo y complaciente.

En una ocasión leí que "hay fenómenos de la naturaleza que nos causan una fascinación inevitable: el ruido del mar, la mirada puesta en las estrellas o la contemplación del fuego. Algo hay en estos elementos que nos atrae irremediablemente, alguna memoria ancestral que se pone en juego". Puede que la clave esté en esa fascinación inevitable a la que hacía referencia el antropólogo de la cita. Un fuego recogido y controlado que llena mi mirada y que produce en mí una atracción irresistible y placentera. Una situación difícil de explicar con palabras. No existen en ese momento. Sólo sensaciones, pensamientos esquivos, abstracción, dicha plena. Las llamas del fuego parecen bailar un extraño ritual al son de improvisadas notas musicales con olor a encina, a viña, a madera carcomida. Sólo la ceniza pondrá fin a tan sutil danza vestida de llamativos ropajes cálidos, puros y serenos. Y entre el principio y el fin, sólo sensaciones. Del todo a la nada, de la robustez al recuerdo de lo que un día seremos. Y mi alma, que nunca la encuentro, parece sentirse también placentera.
Nunca he dispuesto de fogón propio. Por no faltar a la verdad, en una ocasión, en un piso alquilado de mis primeros años en Monzón, el salón del apartamento exhibía una chimenea. Sólo una vez hice uso de ella en un año. Nunca he estado en Londres, pero ese día me aproximé en espíritu a esa ciudad. Pude hacerme una idea. Lo de menos fue el olor del que se impregnó toda la casa. Soporto bien los olores. El susto, la casi tragedia convertida en comedia y la panzada de limpiar tras dominar la situación fue lo más relevante de esa ilusionante jornada.
martes, 15 de marzo de 2016
00255 Tras los Cristales
DE UNA TARDE INVERNAL

Hace frío fuera. Y dentro. Y más adentro, también.
Te echo de menos. Ahora apenas te conozco. Me inquieta reconocerte cuando te veo vencido en el temporal de la zozobra y te sientes expatriado sin apenas entrañas. Sencillamente me duele. Procuro entonces mirar hacia otro lado para no apretar más los dientes e imaginar un posible mañana.

La vida pasa tras los cristales. Ayer, nítida y esperanzada; hoy, perdida y vagabunda, intentando aferrarse a algún alivio. Nieva. Me he preguntado a menudo si el copo posado sobre una rama es más afortunado que el caído sobre la tierra o el asfalto. Su final es el mismo. Más precipitado el segundo, más auxiliado el primero. Pero al final, el primero y el segundo, apenas son un suspiro en la boca del tiempo.

Sigue nevando. Fuera hará frío. Dentro menos. Y más adentro, puede que ya también menos. Me gusta ver nevar y deleitarme con la imagen en la que los blancos copos empiezan a saturar el paisaje. Después de una larga vigilia sin abandono, los fríos algodones de olor a invierno me despiertan con diversas actitudes de encantamiento. Las borrosas imágenes que acompañan a mis ojos se muestran como nuevos caminos tan suaves y amenos como los de cualquier cuento alguna vez contado. Formas dispuestas para ser interpretadas sin miedo a errar. Es un juego. Es tan sólo un juego tras los cristales de mi refugio infantil en donde todo vale. Soy consciente, en mis lúcidos desvelos, de la ingenuidad de esos juegos deslumbrantes. ¡Qué más da! Mis ojos sólo persiguen una placentera aventura en una tarde invernal.
Una pareja anónima me devuelve a la realidad con un pasar precipitado. Nieva. Tiene que hacer mucho frío fuera. Dentro nada, el ambiente es cálido y hogareño. Más adentro, ya tranquilo y templado. Hoy la jornada es fría, gris y apesadumbrada. Mañana será más cálida, luminosa y esperanzada. Me lo dice la vida que tantas veces he visto pasar tras los cristales.
Hace frío fuera. Y dentro. Y más adentro, también.
Una pareja anónima me devuelve a la realidad con un pasar precipitado. Nieva. Tiene que hacer mucho frío fuera. Dentro nada, el ambiente es cálido y hogareño. Más adentro, ya tranquilo y templado. Hoy la jornada es fría, gris y apesadumbrada. Mañana será más cálida, luminosa y esperanzada. Me lo dice la vida que tantas veces he visto pasar tras los cristales.
miércoles, 9 de marzo de 2016
00254 Los Calçots
QUÉ GRAN INVENTO
Se cuenta que el origen de los calçots se debe a un agricultor de
la localidad tarraconense de Valls al que llamaban "Xat de Benaiges",
a finales del siglo XIX. Al parecer, en una ocasión quemó unas cebollas
viejas en el fuego y en lugar de tirarlas, las peló y probó. Verificó que su
sabor era muy dulce y su textura poco fibrosa. Según he podido leer, no hay
ninguna documentación que evidencie esta historia. Sin embargo, en el archivo
municipal de esta localidad se acredita la existencia de calçots en esta población
a principios del siglo XX. No así de la existencia del "Xat de
Benaiges", una historia que comenzó a circular en los años 40 del siglo
pasado.
Cierto o no, me parece una historia cuando
menos curiosa. Como curioso es el efecto calçot, llegada esta época del año. No
hay mercado que se precie que no muestre y airee durante estos días unos buenos
manojos de calçots. Grupos de amigos y familias preparando un fin de semana con la excusa de esta aprendiz de cebolla. Restaurantes destacando en sus menús populares calçotadas como algo extraordinario... Vamos, que no pasa desapercibido. Me atrevería a decir incluso, que es esperada y deseada su llegada.
Me ha entrado la curiosidad por saber qué volumen de negocio mueve tan popular cebolla. He encontrado un artículo en el que afirma con contundencia que el calçot es un "auténtico activo económico, del que pueden dar idea algunas cifras: en el año 2013 se produjeron 48 millones de unidades y, sólo en la comarca del Alt Camp, el movimiento económico generado por los visitantes que acudieron a degustarlo fue de 16 millones de euros". Para hacerme una idea creo que es un buen dato.
Siempre he defendido que hay determinados alimentos o elaboraciones culinarias que no deben comerse en soledad. No saben igual. Aquí debería de abrir un paréntesis para remarcar que comer en soledad nunca es bueno. El calçot es un notorio ejemplo; una excusa para reunir a familia o amigos. Y de hecho, así lo hace.
Los he comido en jardín y mesa puesta en la localidad de Salomó, en lo que fuera una enorme bodega convertida en popular destino gastronómico. Un auténtico espectáculo donde el calçot era una mera excusa para acabar comiendo como si no hubiera mañana: calçots, embutidos, judías blancas con butifarra, carne a la brasa, tarta de yema, "músicos", café y licor. Y en torno a la mesa, una veintena de comensales. Todo familia.
También me he deleitado con ellos en las calçotadas familiares que organizábamos en una casa rural en Lupiñén bajo la dirección y supervisión de mi hermana María Engracia, experta en quemarse los dedos, y la sabrosa salsa romesco elaborada por mi sobrino Miguel. Y en torno a la mesa, más de veinte comensales. Todo familia y algún amigo.
En una ocasión los comí sólo en casa y al horno. También ya pelados, sentado y en plato. A estos respectos, nada más que comentar.
Además del sabor, me gusta el ritual que lleva consigo. La preparación y el olor a sarmiento. El babero que asumirá el goteo de la salsa. Coger el calçot con una mano por la parte superior y con la otra sujetar el tallo chamuscado, deslizarlo y dejar a la vista el corazón de la cebolla, tierno y blanquecino. Untarlo en la salsa, elevarlo hacia el cielo y dejarlo caer suavemente en la boca. Así uno tras otro hasta que se agotan. Y todo ello, rodeado de risas y familia.
No sé si el origen del calçot será real o una mera leyenda. Sea como fuere, qué gran invento.
Los he comido en jardín y mesa puesta en la localidad de Salomó, en lo que fuera una enorme bodega convertida en popular destino gastronómico. Un auténtico espectáculo donde el calçot era una mera excusa para acabar comiendo como si no hubiera mañana: calçots, embutidos, judías blancas con butifarra, carne a la brasa, tarta de yema, "músicos", café y licor. Y en torno a la mesa, una veintena de comensales. Todo familia.
En una ocasión los comí sólo en casa y al horno. También ya pelados, sentado y en plato. A estos respectos, nada más que comentar.
Además del sabor, me gusta el ritual que lleva consigo. La preparación y el olor a sarmiento. El babero que asumirá el goteo de la salsa. Coger el calçot con una mano por la parte superior y con la otra sujetar el tallo chamuscado, deslizarlo y dejar a la vista el corazón de la cebolla, tierno y blanquecino. Untarlo en la salsa, elevarlo hacia el cielo y dejarlo caer suavemente en la boca. Así uno tras otro hasta que se agotan. Y todo ello, rodeado de risas y familia.
No sé si el origen del calçot será real o una mera leyenda. Sea como fuere, qué gran invento.
martes, 8 de marzo de 2016
00253 Pasos
SIEMPRE LISTOS PARA EMPRENDER
Comenzó por un error como se inician algunos puntos de partida. No recuerdo si fue bajo la luz de un agosto o en la premura de una costumbre de domingo. Sólo sé que fue un error sin importancia ni trascendencia. Una equivocación subsanable como son todos los errores desnudos de intención.
Un gesto desordenado en una acción interrumpida. Una mirada vacilante, necesaria e imprecisa. También algo de extrañeza. Miro para ver si son míos, si me pertenecen o es otra casualidad encontrada. Sí, son míos. Inseguros y míos.
Todo comenzó con un clik brusco y arrastrado de algún día de monotonía invariable. De esos días en los que ya no intentas entender. Estar y sobrevivir parece ser más que suficiente. No es conformismo, tiene algo de necesitada tregua.
Miro la imagen que contra todo pronóstico se muestra nítida. Resulta curioso, parecen estar plantados ante la indecisión de si vienen o si van. De cualquier manera, es el inicio de algo. La intención hay que buscarla más arriba. Ellos tan sólo obedecen y conducen. Nada saben de voluntades ni destinos. No me extraña que cuando se empiecen a mover, lleven consigo la esperanza con la sublime e ilimitada fe que tienen los servidores voluntarios.
Son sólo pasos. Ni siquiera eso. Son aprendices de un intento de paso carentes de decisión, sin matices, ni reproches, ni de pesar siquiera. Pasos anónimos, dispuestos, todavía listos para emprender cada travesía de los días. Pisar, pasar, pasear, posar, no pensar. Son sólo pasos.

Y lo que comenzó como un error se ha convertido en curiosa costumbre. Pasos que pisan el paso del tiempo. Pasos desnudos sorprendidos a destiempo. Clik, clik, clik, clik, clik....
Y lo que comenzó como un error se ha convertido en curiosa costumbre. Pasos que pisan el paso del tiempo. Pasos desnudos sorprendidos a destiempo. Clik, clik, clik, clik, clik....
lunes, 7 de marzo de 2016
00252 El Pollo Asado
CON UN LIMÓN EN EL CULO (con perdón)

Que me gusta el pollo no es novedad alguna. Me resulta grato de cualquier manera: guisado, empanado, a la plancha, en ensalada..., pero si tuviera que hacer un ranking personal, éste estaría encabezado por el pollo asado. Es otra de mis debilidades culinarias. Me conformo con bien poco.


El pollo asado ha sido una de mis preferencias, creo, que desde que tengo uso de razón. Mientras estuve bajo la tutela de mi madre, no hubo santo ni cumpleaños, 30 de mayo y 5 de septiembre, en los que no estuvieran presentes en la mesa sus espectaculares canelones y el pollo asado. No hacía falta preguntar qué quería para esas comidas especiales porque la respuesta era siempre la misma: canelones y pollo asado.
Cuando sale esta cuestión a colación con mis hijas, Loreto y Jara me miran como si fuese un extraterrestre. ¿Pollo?, se interrogan. ¿Pedías pollo? Insisten. Pues sí, les digo. Pedía siempre pollo. A mi categórica afirmación siempre añado aquello de que en aquellos años el pollo no era alimento tan corriente de consumo como lo es ahora y que para mí era un plato que lo identificaba con la fiesta y bla, bla, bla..., que de las pizzas, el entrecot al roquefort o el salmón ahumado, por ejemplo, sabía de su existencia de oídas y que bla, bla, bla... Mientras esto pronuncio, las miro y veo en sus caras la misma que yo debía poner cuando mi madre me hablaba de sus otros tiempos.
Siempre me hizo gracia lo del limón en el culo, con perdón. Así lo decía mi madre cuando explicaba cómo hacía el pollo asado. Colocaba el pollo en la fuente de horno, embadurnaba con manteca el ave, salpimentaba, exprimía sobre ella un limón e introducía los restos del ácido fruto por el ano del pollo. Delicioso!
Yo he seguido el mismo modus operandi que mi madre, salvo que en lugar de manteca utilizo aceite de oliva. Y es curioso, pero siempre que como pollo asado con limón o sin limón en el culo, con perdón, me sigue sabiendo a fiesta.
Que me gusta el pollo no es novedad alguna. Me resulta grato de cualquier manera: guisado, empanado, a la plancha, en ensalada..., pero si tuviera que hacer un ranking personal, éste estaría encabezado por el pollo asado. Es otra de mis debilidades culinarias. Me conformo con bien poco.
Yo he seguido el mismo modus operandi que mi madre, salvo que en lugar de manteca utilizo aceite de oliva. Y es curioso, pero siempre que como pollo asado con limón o sin limón en el culo, con perdón, me sigue sabiendo a fiesta.
domingo, 6 de marzo de 2016
00251 La Laguna de "El Portil"
PLÁCIDO ESCENARIO NATURAL
Es un lugar tranquilo y sereno que suelo visitar en mis vacaciones onubenses. De mirada plácida y también curiosa por observar algún movimiento en sus tranquilas y hospitalarias aguas. Mejor al atardecer; el momento es más cómplice.

Es una laguna de agua dulce con una importante población de aves acuáticas. Junto con los Parajes Naturales Marismas del Odiel y Marismas del Río Piedras y Flecha del Rompido, constituye un entramado de zonas húmedas, vital para la supervivencia de las aves que emigran a la Península.
Según leo, "el origen de la laguna se encuentra en la lenta acumulación de arenas proveniente de los frentes dunares móviles. El tapón creado fue cerrando el paso del agua de los pequeños arroyos de la zona, impidiendo su desembocadura en el mar. Su evolución, dada la cercanía, está muy unida la dinámica de movimientos de arenas de este litoral".

Hay un sendero muy cómodo que recorre el perímetro de la laguna. Además de su singular vegetación, en su mayoría castañuelas, espadañas y juncos, en sus aguas se pueden contemplar un buen número de aves acuáticas como el somormujo lavanco, espátulas, ánades silbones, cormoranes o el zampullín chico. Resulta curioso observar la presencia de gaviotas que utilizan estas aguas para eliminar el salitre de su plumaje.
El gran escenario termina por completarse con un hermoso entorno bien servido de sabinas, enebros, pinos, jaras y arbustos aromáticos.
Según leo, "el origen de la laguna se encuentra en la lenta acumulación de arenas proveniente de los frentes dunares móviles. El tapón creado fue cerrando el paso del agua de los pequeños arroyos de la zona, impidiendo su desembocadura en el mar. Su evolución, dada la cercanía, está muy unida la dinámica de movimientos de arenas de este litoral".
El gran escenario termina por completarse con un hermoso entorno bien servido de sabinas, enebros, pinos, jaras y arbustos aromáticos.
00250 La Iglesia Monasterio de San Pedro de Siresa
MONUMENTO SINGULAR
Durante algunos años fue una imagen cotidiana de mis breves estancias en la vecina Hecho. Destino final de breves paseos, apenas tres kilómetros, acompasados por el run run de un río inquieto y perfumados por el boj que se dejaba acariciar por un sol cercano, el mismo sol que secaba sus diminutas y brillantes hojas tras las tormentas sin previo aviso. Llegar, admirar, recrear y volver de nuevo al lugar de origen.

Pudo incluso ser el escenario donde Gloria y yo contrajéramos nuestro compromiso vital hace 22 años. Por aquel entonces, el estado de rehabilitación de tan magnífica obra nos llevó hasta Roda de Isábena.
Monumento histórico artístico de carácter nacional desde el año 1931, para algunos estudiosos es uno de los monumentos más importantes de Aragón y más singulares y extraños de la arquitectura medieval española. Leo en arteguia.com, portal del románico y arte medieval, que a pesar de los numerosos especialistas que lo han estudiado son muchas las dudas que todavía arroja, en cuanto a sus fases constructivas.

Por este lugar pasaba una calzada romana que comunicaba el interior de la Península con Francia. "Lo primero que llama la atención es encontrarnos un edificio de dimensiones catedralicias, notables sus medidas de largo y ancho, y sobresaliente en altura, en un pueblecito donde lo normal sería encontrarnos con las habituales y encantadoras iglesias o ermitas del románico rural".

"La razón para explicar tan magno edificio hay que buscarla en su origen monástico y en el apoyo regio con que contó. Se sabe que el conde carolingio Aznar Galíndez estableció aquí un monasterio en el año 833 bajo la regla de San Crodegando y que pronto se convertiría en uno de los corazones espirituales de los jóvenes condados aragoneses y también uno de los motores altomedievales que impulsaría el reino de Aragón. De hecho, Alfonso I el Batallador pasó su infancia y fue educado en este monasterio de San Pedro de Siresa".

En el año 922 se convirtió en sede episcopal, pero fue abandonado durante la destrucción de Pamplona por parte de Almanzón. En 1603 pasó a depender de la Diócesis de Jaca y en 1077, Sancho Ramírez lo cedió a una comunidad de monjes agustiniano. En 1145, San Pedro de Siresa pasó a depender realmente de la Catedral de Jaca, motivo por el comenzó un proceso de pérdida de vitalidad e importancia.
Desde su origen, el monasterio ha sufrido varias fases constructivas no exentas de especulaciones y sólo se conserva la iglesia. Lo que ha llegado hasta nuestros días es "un misterioso templo de grandes dimensiones, construido con sillería y desnudo completamente de escultura monumental. Tiene planta de cruz latina, formada por una sola nave y transepto acusado en planta. Tiene la iglesia una cabecera con ábside poligonal al exterior y semicircular al interior. Este ábside se levanta sobre una cripta, al tener que adaptarse a un terreno desigual y más bajo en esta zona".
Pudo incluso ser el escenario donde Gloria y yo contrajéramos nuestro compromiso vital hace 22 años. Por aquel entonces, el estado de rehabilitación de tan magnífica obra nos llevó hasta Roda de Isábena.
Por este lugar pasaba una calzada romana que comunicaba el interior de la Península con Francia. "Lo primero que llama la atención es encontrarnos un edificio de dimensiones catedralicias, notables sus medidas de largo y ancho, y sobresaliente en altura, en un pueblecito donde lo normal sería encontrarnos con las habituales y encantadoras iglesias o ermitas del románico rural".
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