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domingo, 2 de septiembre de 2018

00788 La Tarta de Chema

DE MANZANA


Ya he comentado en alguna ocasión mi inclinación a poner nombres propios a determinados platos; nombres con los que identifico elaboraciones gastronómicas caseras que voy aprendiendo y que tras hacerme con la receta realizo con cierta frecuencia. Esta es mi última adquisición: la tarta de manzana de Chema.

Mi querido Chema, un personaje entrañable y polifacético donde los hubiere, elaboró la tarta para culminar un encuentro guión cena de teatrales amigos. Personalmente llegué a los postres como vulgarmente se dice "afogao"; no podía meterme nada más en el cuerpo. Mi intención era pasar de postre,  tomarme un café doble y ponerme una cremallera en la boca. Pero cuando vi aparecer la tarta de manzana... yo, apasionado de las tartas de manzana... no pude dejarla pasar de largo. Además, no podía hacerle un feo tal a mi amigo Chema. Así que, como el que no quiere la cosa, dije aquello de "nada, un señalín, solo para probarla". Y así fue, el autor de la tarta me puso algo más que un señalín. Me pareció un bocado delicioso, suave, sabroso y tentador. Tan tentador, que me vine hacia arriba y con el café ya delante de mí, cogí una pala de servir y me agencié con un buen trozo de la suculenta tarta de manzana.

Pero la cosa no acabó aquí. Cuando el grupo comenzó a cantar el repertorio de populares canciones con las que se acostumbra a cerrar este tipo de veladas, yo,  que de cantar, ni el la, la, la, entre aplauso y aplauso, hurras y vivas, fui dando buena cuenta de tan honorable tarta. ¡Qué buena estaba! Y qué poco talento el mío.

Huelga decir que junto al abrazo de despedida a Chema, incorporé la petición de la receta. Al día siguiente la recibía a través de un was.

Ingredientes: 6 manzanas grandes, 200 gramos de mantequilla, 100 gramos de harina, 160 gramos de azúcar,135 cls de leche, 3 huevos, 15 gramos de levadura y mermelada de melocotón o de albaricoque.

Elaboración: Pelar y trocear 4 manzanas y ponerlas a cocer durante 15 minutos. A continuación, mezclar todos los ingredientes con la manzana cocida y triturar con la batidora. Pre calentar el horno a 200 grados centígrados. Coger un molde redondo de cierre latera o similar y untar la base con mantequilla y un poco de harina. Poner toda la mezcla en el molde y cubrirlo con las dos manzanas restantes fileteadas. Introducir en el horno a 180 grados entre 50 y 55 minutos. Pinchar con un cuchillo y si sale seco es que ya está. A la hora de servir, cubrir con mermelada de melocotón o de albaricoque.

El was finalizaba con un "Espero que te salga bien buena" y dos caritas sonrientes. Así también lo deseo para quien se anime a elaborarla.




viernes, 17 de abril de 2015

00050 Las Tartas de Jara

HUMMMMM!

Postres y dulces los pruebo en contadas ocasiones. No doy un paso por ellos y tampoco les dedico pensamiento alguno. No es algo por lo que tenga debilidad. Me gusta la fruta pero fuera de lo establecido. Por lo que se refiere a los dulces, cuento con una seleccionada variedad para cuando necesito restaurar emociones. Ya irán apareciendo. Y en cuanto a las tartas, salvo las de cumpleaños, no recuerdo ir ex profeso a comprar una o llevarla de embajadora a un domicilio. Es más, en mi boda no hubo tarta. La cambiamos por empanadico. Pero cuando se trata de las tartas de Jara... Eso es otro cantar.

Jara va a cumplir 15 años. Es mi segundo retoño. En casa nos gusta la cocina y todo lo que tiene que ver con la gastronomía, si bien últimamente la tenemos un tanto abandonada. Ya se sabe, esto engorda, aquello también y lo siguiente para qué decir. El caso es que a Jara desde hace unos meses le ha entrado el gusanillo de trastear con el horno para especializarse en tartas y dulces. Y lo cierto es que no se le da nada mal. Estamos viendo la tele y de repente, se levanta para dirigirse hacia la cocina con un "me voy a hacer una tarta". Y yo la sigo. Me gusta contemplar cómo se desenvuelve entre cacharros.

Mientras Jara se prepara para la elaboración de una nueva aventura culinaria, yo me hago un café, me enciendo un pitillo, por cierto, que tengo que tengo que apartarlos a los dos de mi vida, y me siento para observarla y también, admirarla.

Es cuidadosa en la factura. "Mancho, limpio", se dice a media voz. Ahora huevos, azúcar. Enciendo el horno. ¿Queda papel? Ahora a montar claras. Todavía no están a punto de nieve. "Aunque no tenga buen aspecto, seguro que de sabor estará buena", me adelanta. Y prosigue con la elaboración. Y yo, ajeno a toda maniobra, la sigo mirando. Me gusta. Jara se sonríe entre la timidez y el incordio de verse observada. ¿Por qué me miras?, me pregunta. Me complace ver cómo trabajas, le digo. ¿Ya estará?, es su siguiente pregunta. No lo sé, yo solo estoy de espectador, le vuelvo a responder.



Puede parecer absurdo cuanto escribo, pero es que hay sentimientos y situaciones difíciles de describir y compartir. La veo feliz, delicada, entregada a una labor que seguro después complacerá. Y la miro y remiro. Hace cuatro años era una niña a la que implicaba en la cocina para que comiera tal o cual cosa. Hoy es una pequeña niña/mujer que se desenvuelve entre chocolates, azúcares y harinas como si lo hubiese hecho toda la vida. Y sobre todas las cosas, la veo feliz. Es mi gran satisfacción.

Su nueva recreación sale del horno. ¡Qué bien huele! ¡Qué pinta tiene! ¡Hummm, Jara, delicioso! Y Jara se sonríe. ¡Qué va a decir su padre! Pero es cierto, sus tartas son deliciosas, aunque yo no dé un paso por los dulces.