UNA DELICIA
Regresan a este caleidoscopio vital los canelones con su fantástico sabor y apetitosos rellenos. Es cierto que en la última ocasión que los menté aquí, me comprometí a traer, a no mucho tardar, los que me hacía mi madre para mi santo y cumpleaños. Pero todavía no he tenido oportunidad de elaborarlos. En casa esos canelones no gustan a todo el personal. Uno de sus ingredientes se les "atraganta" y para mí solo es un incordio. No obstante, aunque sea, haré media docena para compartir mis canelones "de toda la vida".
Los que hoy propongo son una pasada de buenos: rellenos de langostinos. Me parecen deliciosos. Hay que dedicarles algo de tiempo, pero merece la pena.
Ingredientes: Para el relleno de los canelones; medio kilo de langostinos, una cebolla o un puerro, aceite de oliva, leche, harina y sal. Para la salsa; una nuez de mantequilla, leche, harina, sal y un fumet elaborado con las cabezas de los langostinos, una copa de brandy, una cebolla y sal.
Elaboración: Una vez pelados los langostinos, reservamos las cabezas y las doramos en un cazo junto con una cebolla troceada. A continuación, flambeamos con el brandy y cubrimos de agua. Dejamos cocer por espacio de unos veinte minutos. Trituramos, colamos y reservamos el fumet resultante.
En una sartén pochamos una cebolla troceada y cuando comience a estar transparente añadimos los cuerpos de los langostinos. Cocinamos unos cinco minutos y trituramos. La mezcla resultante la volvemos a depositar en la sartén y añadimos una cucharada de harina. A continuación, vamos echando leche hasta conseguir una masa consistente que nos servirá de relleno de los canelones. Retiramos del fuego y dejamos enfriar. Una vez fría la masa, rellenamos los canelones y los depositamos en una fuente para horno cuya base habremos untado previamente con mantequilla.
El siguiente paso es poner en una cazuela una nuez de mantequilla y una cucharada de harina e incorporar el fumet con un poco de leche hasta que espese la salsa. Reservamos.
Por otro lado, elaboramos una bechamel más bien espesa y una vez obtenida la vamos depositando de forma individual por encima de los canelones que tenemos dispuestos ya en la fuente para horno. Espolvoreamos queso rallado para gratinar e introducimos la fuente en el horno a 180 grados en la doble función de cocinar y gratinar. Cuando los canelones estén gratinados, sacamos la fuente del horno y emplatamos.
Para emplatar, comenzamos poniendo en el plato una base de fumet y sobre este los canelones. Solo resta antes de sacar a la mesa, espolvorear por el plato cebollino cortado muy fino. Una delicia.
Mostrando entradas con la etiqueta Canelones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Canelones. Mostrar todas las entradas
miércoles, 14 de noviembre de 2018
martes, 8 de mayo de 2018
00680 Los Canelones
CON RECUERDO A CELEBRACIÓN
Durante muchos años formaron parte de las celebraciones en las que yo era el protagonista; es decir, de mis santos y cumpleaños. No hacía falta que mi madre me preguntara lo que quería para comer llegados el 30 de mayo y el 5 de septiembre. Sabía que no había otra respuesta posible: canelones y pollo asado. Siempre, siempre canelones y pollo asado. Y si esas dos señaladas fechas para mí me coincidían fuera de casa, si así ocurría acostumbraba a ser en los domicilios de mis hermanas Gemma y María Engracia, también canelones y pollo asado. Pero no unos canelones cualquiera, no, canelones como los que hacía mi madre y que todos aprendimos en su día a elaborar. Me gusta cualquier tipo de canelón, y aunque soy poco amigo de los top ten, aquí si que haré una mayúscula excepción; los number one, los de doña Engracia.
Hace tiempo que no los hago. Todo canelón requiere su dedicación y no ando muy sobrado de tiempo. Así que la próxima vez que los haga, muy gustosamente compartiré su receta, aunque no sé qué me da que más de uno hará una mueca de desaprobación. Tengo ya experiencia y alguna que otra anécdota al respecto. Lo dejaré así.
Los canelones es de esos platos que cuando como fuera de casa, al igual que me ocurre con las manitas de cerdo, si los veo en la carta del restaurante me lanzo a por ellos. No hay duda en la elección. Si leo o escucho la palabra canelón, no hay ya titubeo ni alternativa posible.
Es el caso de los canelones que ilustran esta entrada. Mira que había ese día cosas ricas para elegir, pero vi en el menú "canelones" y me cegué. Francamente estaban deliciosos; canelones rellenos de carne y bechamel de trufa. Espectaculares, sí, pero como los de mi madre...
Es el caso de los canelones que ilustran esta entrada. Mira que había ese día cosas ricas para elegir, pero vi en el menú "canelones" y me cegué. Francamente estaban deliciosos; canelones rellenos de carne y bechamel de trufa. Espectaculares, sí, pero como los de mi madre...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
